jose gregorio de la rivera espiritismo

Mons. Marcos Gregorio McGrath. (1924-2000) was Archbishop of Panama from 1969 to 1994, and he was succeeded by Mon- signor José Dimas Cedeño. [email protected]@: 21602 DIN: 21603 Dorada: 21604 Gregorio: 21605 aches: 21606 doctora: inspecciones: 24386 quise: 24387 visitamos: 24388 ribera: 24389 Camagüey. Rivera Núñez, Gregorio. Pasts of the Present, edited by Miguel Bandeira Jerónimo and José Pedro Monteiro, 327–52. El Espiritismo como una Religión.

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José Gregorio Rivera

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Источник: http://classify.oclc.org/classify2/ClassifyDemo?search-author-txt=%22Aponte%2C+Aponte%2C%22&orderBy=hold+desc&startRec=50

Vivir Para Contarla Gabriel Garcia Marquez

by JAVIER DUEÑAS ALTUNA

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Vivir para contarla es la novela de una vida y, a lo largo de sus páginas el lector de García Márquez descubrirá ecos de personajes e historias que han poblado sus inolvidables novelas como Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera. Además, esta obra incluye muchas más sorpresas. Seguiremos los primeros pasos de García Márquez en el mundo de la creación artística, el trabajo incansable en el proceso de redacción y corrección de La hojarasca, los distintos escenarios de una juventud bohemia plagada de burdeles, bailes y hoteluchos de mala muerte en Barranquilla, Cartagena de Indias y Bogotá. Y todo aderezado con reflexiones sobre el oficio de escritor, en un entramado que avanza y retrocede en el tiempo con la seguridad que sólo pueden dar cincuenta años de oficio maestro.

Gabriel García Márquez Vivir para contarla

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

1 Mi madre me pidió que la acompañara a vender la casa. Había llegado a Barranquilla esa mañana desde el pueblo distante donde vivía la familia y no tenía la menor idea de cómo encontrarme. Preguntando por aquí y por allá entre los conocidos, le indicaron que me buscara en la librería Mundo o en los cafés vecinos, donde iba dos veces al día a conversar con mis amigos escritores. El que se lo dijo le advirtió: « Vay a con cuidado porque son locos de remate» . Llego a las doce en punto. Se abrió paso con su andar ligero por entre las mesas de libros en exhibición, se me plantó enfrente, mirándome a los ojos con la sonrisa picara de sus días mejores, y antes que y o pudiera reaccionar, me dijo: —Soy tu madre. Algo había cambiado en ella que me impidió reconocerla a primera vista. Tenía cuarenta y cinco años. Sumando sus once partos, había pasado casi diez años encinta y por lo menos otros tantos amamantando a sus hijos. Había encanecido por completo antes de tiempo, los ojos se le veían más grandes y atónitos detrás de sus primeros lentes bifocales, y guardaba un luto cerrado y serio por la muerte de su madre, pero conservaba todavía la belleza romana de su retrato de bodas, ahora dignificada por un aura otoñal. Antes de nada, aun antes de abrazarme, me dijo con su estilo ceremonial de costumbre: —Vengo a pedirte el favor de que me acompañes a vender la casa. No tuvo que decirme cuál, ni dónde, porque para nosotros sólo existía una en el mundo: la vieja casa de los abuelos en Aracataca, donde tuve la buena suerte de nacer y donde no volví a vivir después de los ocho años. Acababa de abandonar la facultad de derecho al cabo de seis semestres, dedicados más que nada a leer lo que me cay era en las manos y recitar de memoria la poesía irrepetible del Siglo de Oro español. Había leído y a, traducidos y en ediciones prestadas, todos los libros que me habrían bastado para aprender la técnica de novelar, y había publicado seis cuentos en suplementos de periódicos, que merecieron el entusiasmo de mis amigos y la atención de algunos críticos. Iba a cumplir veintitrés años el mes siguiente, era y a infractor del servicio militar y veterano de dos blenorragias, y me fumaba cada día, sin premoniciones, sesenta cigarrillos de tabaco bárbaro. Alternaba mis ocios entre Barranquilla y Cartagena de Indias, en la costa caribe de Colombia, sobreviviendo a cuerpo de rey con lo que me pagaban por mis notas diarias en El Heraldo, que era casi menos que nada, y dormía lo mejor acompañado posible donde me sorprendiera la noche. Como si no fuera bastante la incertidumbre sobre mis pretensiones y el caos de mi vida, un grupo de amigos inseparables nos disponíamos a publicar una revista temeraria y sin recursos que Alfonso Fuenmay or planeaba desde hacía tres años.

¿Qué más podía desear? Más por escasez que por gusto me anticipé a la moda en veinte años: bigote silvestre, cabellos alborotados, pantalones de vaquero, camisas de flores equívocas y sandalias de peregrino. En la oscuridad de un cine, y sin saber que y o estaba cerca, una amiga de entonces le dijo a alguien: « El pobre Gabito es un caso perdido» . De modo que cuando mi madre me pidió que fuera con ella a vender la casa no tuve ningún estorbo para decirle que sí. Ella me planteó que no tenía dinero bastante y por orgullo le dije que pagaba mis gastos. En el periódico en que trabajaba no era posible resolverlo. Me pagaban tres pesos por nota diaria y cuatro por un editorial cuando faltaba alguno de los editorialistas de planta, pero apenas me alcanzaban. Traté de hacer un préstamo, pero el gerente me recordó que mi deuda original ascendía a más de cincuenta pesos. Esa tarde cometí un abuso del cual ninguno de mis amigos habría sido capaz. A la salida del café Colombia, junto a la librería, me emparejé con don Ramón Viny es, el viejo maestro y librero catalán, y le pedí prestados diez pesos. Sólo tenía seis. Ni mi madre ni y o, por supuesto, hubiéramos podido imaginar siquiera que aquel cándido paseo de sólo dos días iba a ser tan determinante para mí, que la más larga y diligente de las vidas no me alcanzaría para acabar de contarlo. Ahora, con más de setenta y cinco años bien medidos, sé que fue la decisión más importante de cuantas tuve que tomar en mi carrera de escritor. Es decir: en toda mi vida. Hasta la adolescencia, la memoria tiene más interés en el futuro que en el pasado, así que mis recuerdos del pueblo no estaban todavía idealizados por la nostalgia. Lo recordaba como era: un lugar bueno para vivir, donde se conocía todo el mundo, a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. Al atardecer, sobre todo en diciembre, cuando pasaban las lluvias y el aire se volvía de diamante, la Sierra Nevada de Santa Marta parecía acercarse con sus picachos blancos hasta las plantaciones de banano de la orilla opuesta. Desde allí se veían los indios aruhacos corriendo en filas de hormiguitas por las cornisas de la sierra, con sus costales de jengibre a cuestas y masticando bolas de coca para entretener a la vida. Los niños teníamos entonces la ilusión de hacer pelotas con las nieves perpetuas y jugar a la guerra en las calles abrasantes. Pues el calor era tan inverosímil, sobre todo durante la siesta, que los adultos se quejaban de él como si fuera una sorpresa de cada día. Desde mi nacimiento oí repetir sin descanso que las vías del ferrocarril y los campamentos de la United Fruit Company fueron construidos de noche, porque de día era imposible agarrar las herramientas recalentadas al sol. La única manera de llegar a Aracataca desde Barranquilla era en una

destartalada lancha de motor por un caño excavado a brazo de esclavo durante la Colonia, y luego a través de una vasta ciénaga de aguas turbias y desoladas, hasta la misteriosa población de Ciénaga. Allí se tomaba el tren ordinario que había sido en sus orígenes el mejor del país, y en el cual se hacía el tray ecto final por las inmensas plantaciones de banano, con muchas paradas ociosas en aldeas polvorientas y ardientes, y estaciones solitarias. Ése fue el camino que mi madre y y o emprendimos a las siete de la noche del sábado 18 de febrero de 1950 — vísperas del carnaval— bajo un aguacero diluvial fuera de tiempo y con treinta y dos pesos en efectivo que nos alcanzarían apenas para regresar si la casa no se vendía en las condiciones previstas. Los vientos alisios estaban tan bravos aquella noche, que en el puerto fluvial me costó trabajo convencer a mi madre de que se embarcara. No le faltaba razón. Las lanchas eran imitaciones reducidas de los buques de vapor de Nueva Orleáns, pero con motores de gasolina que le transmitían un temblor de fiebre mala a todo lo que estaba a bordo. Tenían un saloncito con horcones para colgar hamacas en distintos niveles, y escaños de madera donde cada quien se acomodaba a codazos como pudiera con sus equipajes excesivos, bultos de mercancías, huacales de gallinas y hasta cerdos vivos. Tenían unos pocos camarotes sofocantes con dos literas de cuartel, casi siempre ocupados por putitas de mala muerte que prestaban servicios de emergencia durante el viaje. Como a última hora no encontramos ninguno libre, ni llevábamos hamacas, mi madre y y o nos tomamos por asalto dos sillas de hierro del corredor central y allí nos dispusimos a pasar la noche. Tal como ella temía, la tormenta vapuleó la temeraria embarcación mientras atravesábamos el río Magdalena, que a tan corta distancia de su estuario tiene un temperamento oceánico. Yo había comprado en el puerto una buena provisión de cigarrillos de los más baratos, de tabaco negro y con un papel al que poco le faltaba para ser de estraza, y empecé a fumar a mi manera de entonces, encendiendo uno con la colilla del otro, mientras releía Luz de agosto, de William Faulkner, que era entonces el más fiel de mis demonios tutelares. Mi madre se aferró a su camándula como de un cabrestante capaz de desencallar un tractor o sostener un avión en el aire, y de acuerdo con su costumbre no pidió nada para ella, sino prosperidad y larga vida para sus once huérfanos. Su plegaria debió llegar a donde debía, porque la lluvia se volvió mansa cuando entramos en el caño y la brisa sopló apenas para espantar a los mosquitos. Mi madre guardó entonces el rosario y durante un largo rato observó en silencio el fragor de la vida que transcurría en torno de nosotros. Había nacido en una casa modesta, pero creció en el esplendor efímero de la compañía bananera, del cual le quedó al menos una buena educación de niña rica en el colegio de la Presentación de la Santísima Virgen, en Santa Marta. Durante las vacaciones de Navidad bordaba en bastidor con sus amigas, tocaba el

clavicordio en los bazares de caridad y asistía con una tía chaperona a los bailes más depurados de la timorata aristocracia local, pero nadie le había conocido novio alguno cuando se casó contra la voluntad de sus padres con el telegrafista del pueblo. Sus virtudes más notorias desde entonces eran el sentido del humor y la salud de hierro que las insidias de la adversidad no lograrían derrotar en su larga vida. Pero la más sorprendente, y también desde entonces la menos sospechable, era el talento exquisito con que lograba disimular la tremenda fuerza de su carácter: un Leo perfecto. Esto le había permitido establecer un poder matriarcal cuy o dominio alcanzaba hasta los parientes más remotos en los lugares menos pensados, como un sistema planetario que ella manejaba desde su cocina, con voz tenue y sin parpadear apenas, mientras hervía la marmita de los frijoles. Viéndola sobrellevar sin inmutarse aquel viaje brutal, y o me preguntaba cómo había podido subordinar tan pronto y con tanto dominio las injusticias de la pobreza. Nada como aquella mala noche para ponerla a prueba. Los mosquitos carniceros, el calor denso y nauseabundo por el fango de los canales que la lancha iba revolviendo a su paso, el trajín de los pasajeros desvelados que no encontraban acomodo dentro del pellejo, todo parecía hecho a propósito para desquiciar la índole mejor templada. Mi madre lo soportaba inmóvil en su silla, mientras las muchachas de alquiler hacían la cosecha de carnaval en los camarotes cercanos, disfrazadas de hombres o de manolas. Una de ellas había entrado y salido del suy o varias veces, siempre con un cliente distinto, y al lado mismo del asiento de mi madre. Yo pensé que ella no la había visto. Pero a la cuarta o quinta vez que entró y salió en menos de una hora, la siguió con una mirada de lástima hasta el final del corredor. —Pobres muchachas —suspiró—. Lo que tienen que hacer para vivir es peor que trabajar. Así se mantuvo hasta la medianoche, cuando me cansé de leer con el temblor insoportable y las luces mezquinas del corredor, y me senté a fumar a su lado, tratando de salir a flote de las arenas movedizas del condado de Yoknapatawpha. Había desertado de la universidad el año anterior, con la ilusión temeraria de vivir del periodismo y la literatura sin necesidad de aprenderlos, animado por una frase que creo haber leído en Bernard Shaw: « Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela» . No fui capaz de discutirlo con nadie, porque sentía, sin poder explicarlo, que mis razones sólo podían ser válidas para mí mismo. Tratar de convencer a mis padres de semejante locura cuando habían fundado en mí tantas esperanzas y habían gastado tantos dineros que no tenían, era tiempo perdido. Sobre todo a mi padre, que me habría perdonado lo que fuera, menos que no colgara en la pared cualquier diploma académico que él no pudo tener. La comunicación se interrumpió. Casi un año después seguía

pensando en visitarlo para darle mis razones, cuando mi madre apareció para pedirme que la acompañara a vender la casa. Sin embargo, ella no hizo ninguna mención del asunto hasta después de la medianoche, en la lancha, cuando sintió como una revelación sobrenatural que había encontrado por fin la ocasión propicia para decirme lo que sin duda era el motivo real de su viaje, y empezó con el modo y el tono y las palabras milimétricas que debió madurar en la soledad de sus insomnios desde mucho antes de emprenderlo. —Tu papá está muy triste —dijo. Ahí estaba, pues, el infierno tan temido. Empezaba como siempre, cuando menos se esperaba, y con una voz sedante que no había de alterarse ante nada. Sólo por cumplir con el ritual, pues conocía de sobra la respuesta, le pregunté: —¿Y eso por qué? —Porque dejaste los estudios. —No los dejé —le dije—. Sólo cambié de carrera. La idea de una discusión a fondo le levantó el ánimo. —Tu papá dice que es lo mismo —dijo. A sabiendas de que era falso, le dije: —También él dejó de estudiar para tocar el violín. —No fue igual —replicó ella con una gran vivacidad—. El violín lo tocaba sólo en fiestas y serenatas. Si dejó sus estudios fue porque no tenía ni con qué comer. Pero en menos de un mes aprendió telegrafía, que entonces era una profesión muy buena, sobre todo en Aracataca. —Yo también vivo de escribir en los periódicos —le dije. —Eso lo dices para no mortificarme —dijo ella—. Pero la mala situación se te nota de lejos. Cómo será, que cuando te vi en la librería no te reconocí. —Yo tampoco la reconocí a usted —le dije. —Pero no por lo mismo —dijo ella—. Yo pensé que eras un limosnero. —Me miró las sandalias gastadas, y agregó—: Y sin medias. —Es más cómodo —le dije—. Dos camisas y dos calzoncillos: uno puesto y otro secándose. ¿Qué más se necesita? —Un poquito de dignidad —dijo ella. Pero enseguida lo suavizó en otro tono —: Te lo digo por lo mucho que te queremos. —Ya lo sé —le dije—. Pero dígame una cosa: ¿usted en mi lugar no haría lo mismo? —No lo haría —dijo ella— si con eso contrariara a mis padres. Acordándome de la tenacidad con que logró forzar la oposición de su familia para casarse, le dije riéndome:" —Atrévase a mirarme. Pero ella me esquivó con seriedad, porque sabía demasiado lo que y o estaba pensando. —No me casé mientras no tuve la bendición de mis padres —dijo—. A la fuerza, de acuerdo, pero la tuve.

Interrumpió la discusión, no porque mis argumentos la hubieran vencido, sino porque quería ir al retrete y desconfiaba de sus condiciones higiénicas. Hablé con el contramaestre por si había un lugar más saludable, pero me explicó que él mismo usaba el retrete común. Y concluy ó, como si acabara de leer a Conrad: « En el mar todos somos iguales» . Así que mi madre se sometió a la ley de todos. Cuando salió, al contrario de lo que y o temía, apenas si lograba dominar la risa. —Imagínate —me dijo—, ¿qué va a pensar tu papá si regreso con una enfermedad de la mala vida? Pasada la medianoche tuvimos un retraso de tres horas, pues los tapones de anémonas del caño embotaron las hélices, la lancha encalló en un manglar y muchos pasajeros tuvieron que jalarla desde las orillas con las cabuy as de las hamacas. El calor y los zancudos se hicieron insoportables, pero mi madre los sorteó con unas ráfagas de sueños instantáneos e intermitentes, y a célebres en la familia, que le permitían descansar sin perder el hilo de la conversación. Cuando se reanudó el viaje y entró la brisa fresca, se despabiló por completo. —De todos modos —suspiró—, alguna respuesta tengo que llevarle a tu papá. —Mejor no se preocupe —le dije con la misma inocencia—. En diciembre iré, y entonces le explicaré todo. —Faltan diez meses —dijo ella. —A fin de cuentas, este año y a no se puede arreglar nada en la universidad —le dije. —¿Prometes en serio que irás? —Lo prometo —le dije. Y por primera vez vislumbré una cierta ansiedad en su voz: —¿Puedo decirle a tu papá que vas a decirle que sí? —No —le repliqué de un tajo—. Eso no. Era evidente que buscaba otra salida. Pero no se la di. —Entonces es mejor que le diga de una vez toda la verdad —dijo ella—. Así no parecerá un engaño. —Bueno —le dije aliviado—. Dígasela. Quedamos en eso, y alguien que no la conociera bien habría pensado que ahí terminaba todo, pero y o sabía que era una tregua para recobrar alientos. Poco después se durmió a fondo. Una brisa tenue espantó los zancudos y saturó el aire nuevo con un olor de flores. La lancha adquirió entonces la esbeltez de un velero. Estábamos en la Ciénaga Grande, otro de los mitos de mi infancia. La había navegado varias veces, cuando mi abuelo el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía —a quien sus nietos llamábamos Papalelo— me llevaba de Aracataca a Barranquilla para visitar a mis padres. « A la ciénaga no hay que tenerle miedo, pero sí respeto» , me había dicho él, hablando de los humores imprevisibles de sus aguas, que lo mismo se comportaban como un estanque que como un océano

indómito. En la estación de lluvias estaba a merced de las tormentas de la sierra. Desde diciembre hasta abril, cuando el tiempo debía ser manso, los alisios del norte la embestían con tales ímpetus que cada noche era una aventura. Mi abuela materna, Tranquilina Iguarán —Mina—, no se arriesgaba a la travesía sino en casos de urgencia may or, después de un viaje de espantos en que tuvieron que buscar refugio hasta el amanecer en la desembocadura del Riofrío. Aquella noche, por fortuna, era un remanso. Desde las ventanas de proa, donde salí a respirar poco antes del amanecer, las luces de los botes de pesca flotaban como estrellas en el agua. Eran incontables, y los pescadores invisibles conversaban como en una visita, pues las voces tenían una resonancia espectral en el ámbito de la ciénaga. Acodado en la barandilla, tratando de adivinar el perfil de la sierra, me sorprendió de pronto el primer zarpazo de la nostalgia. En otra madrugada como ésa, mientras atravesábamos la Ciénaga Grande, Papalelo me dejó dormido en el camarote y se fue a la cantina. No sé qué hora sería cuando me despertó una bullaranga de mucha gente a través del zumbido del ventilador oxidado y el traqueteo de las latas del camarote. Yo no debía tener más de cinco años y sentí un gran susto, pero muy pronto se restableció la calma y pensé que pudo ser un sueño. Por la mañana, y a en el embarcadero de Ciénaga, mi abuelo estaba afeitándose a navaja con la puerta abierta y el espejo colgado en el marco. El recuerdo es preciso: no se había puesto todavía la camisa, pero tenía sobre la camiseta sus eternos cargadores elásticos, anchos y con ray as verdes. Mientras se afeitaba, seguía conversando con un hombre que todavía hoy podría reconocer a primera vista. Tenía un perfil de cuervo, inconfundible; un tatuaje de marinero en la mano derecha, y llevaba colgadas del cuello varias cadenas de oro pesado, y pulseras y esclavas, también de oro, en ambas muñecas. Yo acababa de vestirme y estaba sentado en la cama poniéndome las botas, cuando el hombre le dijo a mi abuelo: —No lo dude, coronel. Lo que querían hacer con usted era echarlo al agua. Mi abuelo sonrió sin dejar de afeitarse, y con una altivez muy suy a, replicó: —Más les valió no atreverse. Entonces entendí el escándalo de la noche anterior y me sentí muy impresionado con la idea de que alguien hubiera echado al abuelo en la ciénaga. El recuerdo de ese episodio nunca esclarecido me sorprendió aquella madrugada en que iba con mi madre a vender la casa, mientras contemplaba las nieves de la sierra que amanecían azules con los primeros soles. El retraso en los caños nos permitió ver a pleno día la barra de arenas luminosas que separa apenas el mar y la ciénaga, donde había aldeas de pescadores con las redes puestas a secar en la play a, y niños percudidos y escuálidos que jugaban al fútbol con pelotas de trapo. Era impresionante ver en las calles los muchos pescadores con el brazo mutilado por no lanzar a tiempo los tacos de dinamita. Al paso de la lancha, los niños se echaban a bucear las monedas que les tiraban los pasajeros.

Iban a ser las siete cuando atracamos en un pantano pestilente a poca distancia de la población de Ciénaga. Cuadrillas de cargadores con el fango a la rodilla nos recibieron en brazos y nos llevaron chapaleando hasta el embarcadero, por entre un revuelo de gallinazos que se disputaban las inmundicias del lodazal. Desay unábamos despacio en las mesas del puerto, con las sabrosas mojarras de la ciénaga y tajadas fritas de plátano verde, cuando mi madre reanudó la ofensiva de su guerra personal. —Entonces dime de una vez —me dijo, sin levantar la vista—, ¿qué le voy a decir a tu papá? Traté de ganar tiempo para pensar. —¿Sobre qué? —Sobre lo único que le interesa —dijo ella un poco irritada—: Tus estudios. Tuve la suerte de que un comensal impertinente, intrigado con la vehemencia del diálogo, quiso conocer mis razones. La respuesta inmediata de mi madre no sólo me intimidó un poco, sino que me sorprendió en ella, tan celosa de su vida privada. —Es que quiere ser escritor —dijo. —Un buen escritor puede ganar buen dinero —replicó el hombre con seriedad—. Sobre todo si trabaja con el gobierno. No sé si fue por discreción que mi madre le escamoteó el tema, o por temor a los argumentos del interlocutor imprevisto, pero ambos terminaron compadeciéndose de las incertidumbres de mi generación, y repartiéndose las añoranzas. Al final, rastreando nombres de conocidos comunes, terminaron descubriendo que éramos parientes dobles por los Cotes y los Iguarán. Esto nos ocurría en aquella época con cada dos de tres personas que encontrábamos en la costa caribe y mi madre lo celebraba siempre como un acontecimiento insólito. Fuimos a la estación del ferrocarril en un coche victoria de un solo caballo, tal vez el último de una estirpe legendaria y a extinguida en el resto del mundo. Mi madre iba absorta, mirando la árida llanura calcinada por el salitre que empezaba en el lodazal del puerto y se confundía con el horizonte. Para mi era un lugar histórico: a mis tres o cuatro años, en el curso de mi primer viaje a Barranquilla, el abuelo me había llevado de la mano a través de aquel y ermo ardiente, caminando deprisa y sin decirme para qué, y de pronto nos encontramos frente a una vasta extensión de aguas verdes con eructos de espuma, donde flotaba todo un mundo de gallinas ahogadas. —Es el mar —me dijo. Desencantado, le pregunté qué había en la otra orilla, y él me contestó sin dudarlo: —Del otro lado no hay orilla. Hoy, después de tantos mares vistos al derecho y al revés, sigo pensando que aquélla fue una más de sus grandes respuestas. En todo caso, ninguna de mis

imágenes previas se correspondía con aquel piélago sórdido, en cuy a play a de caliche era imposible caminar por entre ramazones de mangles podridos y astillas de caracoles. Era horrible. Mi madre debía pensar lo mismo del mar de Ciénaga, pues tan pronto como lo vio aparecer a la izquierda del coche, suspiró: —¡No hay mar como el de Riohacha! En esa ocasión le conté mi recuerdo de las gallinas ahogadas y, como a todos los adultos, le pareció que era una alucinación de la niñez. Luego siguió contemplando cada lugar que encontrábamos en el camino, y y o sabía lo que pensaba de cada uno por los cambios de su silencio. Pasamos frente al barrio de tolerancia al otro lado de la línea del tren, con casitas de colores con techos oxidados y los viejos loros de Paramaribo que llamaban a los clientes en portugués desde los aros colgados en los aleros. Pasamos por el abrevadero de las locomotoras, con la inmensa bóveda de hierro en la cual se refugiaban para dormir los pájaros migratorios y las gaviotas perdidas. Bordeamos la ciudad sin entrar, pero vimos las calles anchas y desoladas, y las casas del antiguo esplendor, de un solo piso con ventanas de cuerpo entero, donde los ejercicios de piano se repetían sin descanso desde el amanecer. De pronto, mi madre señaló con el dedo. —Mira —me dijo—. Ahí fue donde se acabó el mundo. Yo seguí la dirección de su índice y vi la estación: un edificio de maderas descascaradas, con techos de cinc de dos aguas y balcones corridos, y enfrente una plazoleta árida en la cual no podían caber más de doscientas personas. Fue allí, según me precisó mi madre aquel día, donde el ejército había matado en 1928 un número nunca establecido de jornaleros del banano. Yo conocía el episodio como si lo hubiera vivido, después de haberlo oído contado y mil veces repetido por mi abuelo desde que tuve memoria: el militar ley endo el decreto por el que los peones en huelga fueron declarados una partida de malhechores; los tres mil hombres, mujeres y niños inmóviles bajo el sol bárbaro después que el oficial les dio un plazo de cinco minutos para evacuar la plaza; la orden de fuego, el tableteo de las ráfagas de escupitajos incandescentes, la muchedumbre acorralada por el pánico mientras la iban disminuy endo palmo a palmo con las tijeras metódicas e insaciables de la metralla. El tren llegaba a Ciénaga a las nueve de la mañana, recogía los pasajeros de las lanchas y los que bajaban de la sierra, y proseguía hacia el interior de la zona bananera un cuarto de hora después. Mi madre y y o llegamos a la estación pasadas las ocho, pero el tren estaba demorado. Sin embargo, fuimos los únicos pasajeros. Ella se dio cuenta desde que entró en el vagón vacío, y exclamó con un humor festivo: —¡Qué lujo! ¡Todo el tren para nosotros solos! Siempre he pensado que fue un júbilo fingido para disimular su desencanto,

pues los estragos del tiempo se veían a simple vista en el estado de los vagones. Eran los antiguos de segunda clase, pero sin asientos de mimbre ni cristales de subir y bajar en las ventanas, sino con bancas de madera curtidas por los fondillos lisos y calientes de los pobres. En comparación con lo que fue en otro tiempo, no sólo aquel vagón sino todo el tren era un fantasma de sí mismo. Antes tenía tres clases. La tercera, donde viajaban los más pobres, eran los mismos huacales de tablas donde transportaban el banano o las reses de sacrificio, adaptados para pasajeros con bancas longitudinales de madera cruda. La segunda clase, con asientos de mimbre y marcos de bronce. La primera clase, donde viajaban las gentes del gobierno y altos empleados de la compañía bananera, con alfombras en el pasillo y poltronas forradas de terciopelo rojo que podían cambiar de posición. Cuando viajaba el superintendente de la compañía, o su familia, o sus invitados de nota, enganchaban en la cola del tren un vagón de lujo con ventanas de vidrios solares y cornisas doradas, y una terraza descubierta con mesitas para viajar tomando el té. No conocí ningún mortal que hubiera visto por dentro esa carroza de fantasía. Mi abuelo había sido alcalde dos veces y además tenía una noción alegre del dinero, pero sólo viajaba en segunda si iba con alguna mujer de la familia. Y cuando le preguntaban por qué viajaba en tercera, contestaba: « Porque no hay cuarta» . Sin embargo, en otros tiempos, lo más recordable del tren había sido la puntualidad. Los relojes de los pueblos se ponían en la hora exacta por su silbato. Aquel día, por un motivo o por otro, partió con una hora y media de retraso. Cuando se puso en marcha, muy despacio y con un chirrido lúgubre, mi madre se persignó, pero enseguida volvió a la realidad. —A este tren le falta aceite en los resortes —dijo. Eramos los únicos pasajeros, tal vez en todo el tren, y hasta ese momento no había nada que me causara un verdadero interés. Me sumergí en el sopor de Luz de agosto, fumando sin tregua, con rápidas miradas ocasionales para reconocer los lugares que íbamos dejando atrás. El tren atravesó con un silbido largo las marismas de la ciénaga, y entró a toda velocidad por un trepidante corredor de rocas bermejas, donde el estruendo de los vagones se volvió insoportable. Pero al cabo de unos quince minutos disminuy ó la marcha, entró con un resuello sigiloso en la penumbra fresca de las plantaciones, y el tiempo se hizo más denso y no volvió a sentirse la brisa del mar. No tuve que interrumpir la lectura para saber que habíamos entrado en el reino hermético de la zona bananera. El mundo cambió. A lado y lado de la vía férrea se extendían las avenidas simétricas e interminables de las plantaciones, por donde andaban las carretas de buey es cargadas de racimos verdes. De pronto, en intempestivos espacios sin sembrar, había campamentos de ladrillos rojos, oficinas con anjeo en las ventanas y ventiladores de aspas colgados en el techo, y un hospital solitario en un campo de amapolas. Cada río tenía su pueblo y su puente de hierro por donde

el tren pasaba dando alaridos, y las muchachas que se bañaban en las aguas heladas saltaban como sábalos a su paso para turbar a los viajeros con sus tetas fugaces. En la población de Riofrío subieron varias familias de aruhacos cargados con mochilas repletas de aguacates de la sierra, los más apetitosos del país. Recorrieron el vagón a saltitos en ambos sentidos buscando dónde sentarse, pero cuando el tren reanudó la marcha sólo quedaban dos mujeres blancas con un niño recién nacido, y un cura joven. El niño no paró de llorar en el resto del viaje. El cura llevaba botas y casco de explorador, una sotana de lienzo basto con remiendos cuadrados, como una vela de marear, y hablaba al mismo tiempo que el niño lloraba y siempre como si estuviera en el púlpito. El tema de su prédica era la posibilidad de que la compañía bananera regresara. Desde que ésta se fue no se hablaba de otra cosa en la Zona y los criterios estaban divididos entre los que querían y los que no querían que volviera, pero todos lo daban por seguro. El cura estaba en contra, y lo expresó con una razón tan personal que a las mujeres les pareció disparatada: —La compañía deja la ruina por donde pasa. Fue lo único original que dijo, pero no logró explicarlo, y la mujer del niño acabó de confundirlo con el argumento de que Dios no podía estar de acuerdo con él. La nostalgia, como siempre, había borrado los malos recuerdos y magnificado los buenos. Nadie se salvaba de sus estragos. Desde la ventanilla del vagón se veían los hombres sentados en la puerta de sus casas y bastaba con mirarles la cara para saber lo que esperaban. Las lavanderas en las play as de caliche miraban pasar el tren con la misma esperanza. Cada forastero que llegaba con un maletín de negocios les parecía que era el hombre de la United Fruit Company que volvía a restablecer el pasado. En todo encuentro, en toda visita, en toda carta surgía tarde o temprano la frase sacramental: « Dicen que la compañía vuelve» . Nadie sabía quién lo dijo, ni cuándo ni por qué, pero nadie lo ponía en duda. Mi madre se creía curada de espantos, pues una vez muertos sus padres había cortado todo vínculo con Aracataca. Sin embargo, sus sueños la traicionaban. Al menos, cuando tenía alguno que le interesaba tanto como para contarlo al desay uno, estaba siempre relacionado con sus añoranzas de la zona bananera. Sobrevivió a sus épocas más duras sin vender la casa, con la ilusión de cobrar por ella hasta cuatro veces más cuando volviera la compañía. Al fin la había vencido la presión insoportable de la realidad. Pero cuando le oy ó decir al cura en el tren que la compañía estaba a punto de regresar, hizo un gesto desolado y me dijo al oído: —Lástima que no podamos esperar un tiempecito más para vender la casa por más plata.

Mientras el cura hablaba pasamos de largo por un lugar donde había una multitud en la plaza y una banda de músicos que tocaba una retreta alegre bajo el sol aplastante. Todos aquellos pueblos me parecieron siempre iguales. Cuando Papalelo me llevaba al flamante cine Oly mpia de don Antonio Daconte y o notaba que las estaciones de las películas de vaqueros se parecían a las de nuestro tren. Más tarde, cuando empecé a leer a Faulkner, también los pueblos de sus novelas me parecían iguales a los nuestros. Y no era sorprendente, pues éstos habían sido construidos bajo la inspiración mesiánica de la United Fruit Company, y con su mismo estilo provisional de campamento de paso. Yo los recordaba todos con la iglesia en la plaza y las casitas de cuentos de hadas pintadas de colores primarios. Recordaba las cuadrillas de jornaleros negros cantando al atardecer, los galpones de las fincas donde se sentaban los peones a ver pasar los trenes de carga, las guardarray as donde amanecían los macheteros decapitados en las parrandas de los sábados. Recordaba las ciudades privadas de los gringos en Aracataca y en Sevilla, al otro lado de la vía férrea, cercadas con mallas metálicas como enormes gallineros electrificados que en los días frescos del verano amanecían negras de golondrinas achicharradas. Recordaba sus lentos prados azules con pavorreales y codornices, las residencias de techos rojos y ventanas alambradas y mesitas redondas con sillas plegables para comer en las terrazas, entre palmeras y rosales polvorientos. A veces, a través de la cerca de alambre, se veían mujeres bellas y lánguidas, con trajes de muselina y grandes sombreros de gasa, que cortaban las flores de sus jardines con tijeras de oro. Ya en mi niñez no era fácil distinguir unos pueblos de los otros. Veinte años después era todavía más difícil, porque en los pórticos de las estaciones se habían caído las tablillas con los nombres idílicos —Tucurinca, Guamachito, Neerlandia, Guacamay al— y todos eran más desolados que en la memoria. El tren se detuvo en Sevilla como a las once y media de la mañana para cambiar de locomotora y abastecerse de agua durante quince minutos interminables. Allí empezó el calor. Cuando reanudó la marcha, la nueva locomotora nos mandaba en cada vuelta una ráfaga de cisco que se metía por la ventana sin vidrios y nos dejaba cubiertos de una nieve negra. El cura y las mujeres se habían desembarcado en algún pueblo sin que nos diéramos cuenta y esto agravó mi impresión de que mi madre y y o íbamos solos en un tren de nadie. Sentada frente a mí, mirando por la ventanilla, ella había descabezado dos o tres sueños, pero se despabiló de pronto y me soltó una vez más la pregunta temible: —Entonces, ¿qué le digo a tu papá? Yo pensaba que no iba a rendirse jamás, en busca de un flanco por donde quebrantar mi decisión. Poco antes había sugerido algunas fórmulas de compromiso que descarté sin argumentos, pero sabía que su repliegue no sería muy largo. Aun así me tomó por sorpresa esta nueva tentativa. Preparado para otra batalla estéril, le contesté con más calma que en las veces anteriores:

—Dígale que lo único que quiero en la vida es ser escritor, y que lo voy a ser. —Él no se opone a que seas lo que quieras —dijo ella—, siempre que te gradúes en cualquier cosa. Hablaba sin mirarme, fingiendo interesarse menos en nuestro diálogo que en la vida que pasaba por la ventanilla. —No sé por qué insiste tanto, si usted sabe muy bien que no voy a rendirme —le dije. Al instante me miró a los ojos y me preguntó intrigada: —¿Por qué crees que lo sé? —Porque usted y y o somos iguales —dije. El tren hizo una parada en una estación sin pueblo, y poco después pasó frente a la única finca bananera del camino que tenía el nombre escrito en el portal: Macondo. Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni me pregunté siquiera qué significaba. Lo había usado y a en tres libros como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuy a madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tangany ika existe la etnia errante de los macondos y pensé que aquél podía ser el origen de la palabra. Pero nunca lo averigüé ni conocí el árbol, pues muchas veces pregunté por él en la zona bananera y nadie supo decírmelo. Tal vez no existió nunca. El tren pasaba a las once por la finca Macondo, y diez minutos después se detenía en Aracataca. El día en que iba con mi madre a vender la casa pasó con una hora y media de retraso. Yo estaba en el retrete cuando empezó a acelerar y entró por la ventana rota un viento ardiente y seco, revuelto con el estrépito de los viejos vagones y el silbato despavorido de la locomotora. El corazón me daba tumbos en el pecho y una náusea glacial me heló las entrañas. Salí a toda prisa, empujado por un pavor semejante al que se siente con un temblor de tierra, y encontré a mi madre imperturbable en su puesto, enumerando en voz alta los lugares que veía pasar por la ventana como ráfagas instantáneas de la vida que fue y que no volvería a ser nunca jamás. —Ésos son los terrenos que le vendieron a papá con el cuento de que había oro —dijo. Pasó como una exhalación la casa de los maestros adventistas, con su jardín florido y un letrero en el portal: The sun shines for all. —Fue lo primero que aprendiste en inglés —dijo mi madre. —Lo primero no —le dije—: Lo único. Pasó el puente de cemento y la acequia con sus aguas turbias, de cuando los gringos desviaron el río para llevárselo a las plantaciones.

—El barrio de las mujeres de la vida, donde los hombres amanecían bailando la cumbiamba con mazos de billetes encendidos en vez de velas —dijo ella. Las bancas del camellón, los almendros oxidados por el sol, el parque de la escuelita montessoriana donde aprendí a leer. Por un instante, la imagen total del pueblo en el luminoso domingo de febrero resplandeció en la ventanilla. —¡La estación! —exclamó mi madre—. Cómo habrá cambiado el mundo que y a nadie espera el tren. Entonces la locomotora acabó de pitar, disminuy ó la marcha y se detuvo con un lamento largo. Lo primero que me impresionó fue el silencio. Un silencio material que hubiera podido identificar con los ojos vendados entre los otros silencios del mundo. La reverberación del calor era tan intensa que todo se veía como a través de un vidrio ondulante. No había memoria alguna de la vida humana hasta donde alcanzaba la vista, ni nada que no estuviera cubierto por un rocío tenue de polvo ardiente. Mi madre permaneció todavía unos minutos en el asiento, mirando el pueblo muerto y tendido en las calles desiertas, y por fin exclamó aterrada: —¡Dios mío! Fue lo único que dijo antes de bajar. Mientras el tren permaneció allí tuve la sensación de que no estábamos solos por completo. Pero cuando arrancó, con una pitada instantánea y desgarradora, mi madre y y o nos quedamos desamparados bajo el sol infernal y toda la pesadumbre del pueblo se nos vino encima. Pero no nos dijimos nada. La vieja estación de madera y techo de cinc con un balcón corrido era como una versión tropical de las que conocíamos por las películas de vaqueros. Atravesamos la estación abandonada cuy as baldosas empezaban a cuartearse por la presión de la hierba, y nos sumergimos en el marasmo de la siesta buscando siempre la protección de los almendros. Yo detestaba desde niño aquellas siestas inertes porque no sabíamos qué hacer. « Cállense, que estamos durmiendo» , susurraban los durmientes sin despertar. Los almacenes, las oficinas públicas, las escuelas, se cerraban desde las doce y no volvían a abrirse hasta un poco antes de las tres. El interior de las casas quedaba flotando en un limbo de sopor. En algunas era tan insoportable que colgaban las hamacas en el patio o recostaban taburetes a la sombra de los almendros y dormían sentados en plena calle. Sólo permanecían abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo detrás de la iglesia. Todo era idéntico a los recuerdos, pero más reducido y pobre, y arrasado por un ventarrón de fatalidad: las mismas casas carcomidas, los techos de cinc perforados por el óxido, el camellón con los escombros de las bancas de granito y los almendros tristes, y todo transfigurado por aquel polvo invisible y ardiente que engañaba la vista y calcinaba la piel. El paraíso privado de la compañía bananera, al otro lado de la vía férrea, y a sin la cerca de

alambre electrificado, era un vasto matorral sin palmeras, con las casas destruidas entre las amapolas y los escombros del hospital incendiado. No había una puerta, una grieta de un muro, un rastro humano que no tuviera dentro de mí una resonancia sobrenatural. Mi madre caminaba muy derecha, con su paso ligero, sudando apenas dentro del traje fúnebre y en un silencio absoluto, pero su palidez mortal y su perfil afilado delataban lo que le pasaba por dentro. Al final del camellón vimos el primer ser humano: una mujer menuda, de aspecto empobrecido, que apareció por la esquina de Jacobo Beracaza y pasó a nuestro lado con una ollita de peltre cuy a tapa mal puesta marcaba el compás de su paso. Mi madre me susurró sin mirarla: —Es Vita. Yo la había reconocido. Trabajó desde niña en la cocina de mis abuelos, y por mucho que hubiéramos cambiado nos habría reconocido, si se hubiera dignado mirarnos. Pero no: pasó en otro mundo. Todavía hoy me pregunto si Vita no había muerto mucho antes de aquel día. Cuando doblamos la esquina, el polvo me ardía en los pies por entre el tejido de las sandalias. La sensación de desamparo se me hizo insoportable. Entonces me vi a mí mismo y vi a mi madre, tal como vi de niño a la madre y la hermana del ladrón que María Consuegra había matado de un tiro una semana antes, cuando trataba de forzar la puerta de su casa. A las tres de la madrugada la había despertado el ruido de alguien que trataba de forzar desde fuera la puerta de la calle. Se levantó sin encender la luz, buscó a tientas en el ropero un revólver arcaico que nadie había disparado desde la guerra de los Mil Días y localizó en la oscuridad no sólo el sitio donde estaba la puerta sino la altura exacta de la cerradura. Entonces apuntó el arma con las dos manos, cerró los ojos y apretó el gatillo. Nunca antes había disparado, pero el tiro dio en el blanco a través de la puerta. Fue el primer muerto que vi. Cuando pasé para la escuela a las siete de la mañana estaba todavía el cuerpo tendido en el andén sobre una mancha de sangre seca, con el rostro desbaratado por el plomo que le deshizo la nariz y le salió por una oreja. Tenía una franela de marinero con ray as de colores, un pantalón ordinario con una cabuy a en lugar de cinturón, y estaba descalzo. A su lado, en el suelo, encontraron la ganzúa artesanal con que había tratado de forzar la cerradura. Los notables del pueblo acudieron a la casa de María Consuegra a darle el pésame por haber matado al ladrón. Fui esa noche con Papalelo, y la encontramos sentada en una poltrona de Manila que parecía un enorme pavorreal de mimbre, en medio del fervor de los amigos que le escuchaban el cuento mil veces repetido. Todos estaban de acuerdo con ella en que había disparado por puro miedo. Fue entonces cuando mi abuelo le preguntó si había

oído algo después del disparo, y ella le contestó que había sentido primero un gran silencio, después el ruido metálico de la ganzúa al caer en el cemento del piso y enseguida una voz mínima y dolorida: « ¡Ay, mi madre!» . Al parecer, María Consuegra no había tomado conciencia de este lamento desgarrador hasta que mi abuelo le hizo la pregunta. Sólo entonces rompió a llorar. Esto sucedió un lunes. El martes de la semana siguiente, a la hora de la siesta, estaba jugando trompos con Luis Carmelo Correa, mi amigo más antiguo en la vida, cuando nos sorprendió que los dormidos despertaban antes de tiempo y se asomaban a las ventanas. Entonces vimos en la calle desierta a una mujer de luto cerrado con una niña de unos doce años que llevaba un ramo de flores mustias envuelto en un periódico. Se protegían del sol abrasante con un paraguas negro, ajenas por completo a la impertinencia de la gente que las veía pasar. Eran la madre y la hermana menor del ladrón muerto, que llevaban flores para la tumba. Aquella visión me persiguió durante muchos años, como un sueño unánime que todo el pueblo vio pasar por las ventanas, hasta que conseguí exorcizarla en un cuento. Pero la verdad es que no tomé conciencia del drama de la mujer y la niña, ni de su dignidad imperturbable, hasta el día en que fui con mi madre a vender la casa y me sorprendí a mí mismo caminando por la misma calle solitaria y a la misma hora mortal. —Me siento como si y o fuera el ladrón —dije. Mi madre no me entendió. Más aún: cuando pasamos frente a la casa de María Consuegra no miró siquiera la puerta donde todavía se notaba el remiendo de la madera en el boquete del balazo. Años después, rememorando con ella aquel viaje, comprobé que se acordaba de la tragedia, pero habría dado el alma por olvidarla. Esto fue aún más evidente cuando pasamos frente a la casa donde vivió don Emilio, más conocido como el Belga, un veterano de la primera guerra mundial que había perdido el uso de ambas piernas en un campo minado de Normandía, y que un domingo de Pentecostés se puso a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro. Yo no tenía más de seis años, pero recuerdo como si hubiera sido ay er el revuelo que causó la noticia a las siete de la mañana. Tan memorable fue, que cuando volvíamos al pueblo para vender la casa, mi madre rompió por fin su mutismo al cabo de veinte años. —El pobre Belga —suspiró—. Como tú dijiste, más nunca volvió a jugar ajedrez. Nuestro propósito era ir derecho a la casa. Sin embargo, cuando estábamos a sólo una cuadra, mi madre se detuvo de pronto y dobló por la esquina anterior. —Mejor vamos por aquí —me dijo. Y como quise saber por qué, me contestó—: Porque tengo miedo. Así supe también la razón de mi náusea: era miedo, y no sólo de enfrentarme a mis fantasmas, sino miedo de todo. De manera que seguimos por una calle

paralela para hacer un rodeo cuy o único motivo era no pasar por nuestra casa. « No hubiera tenido valor para verla sin antes hablar con alguien» , me diría después mi madre. Así fue. Llevándome casi a rastras, entró sin ninguna advertencia en la botica del doctor Alfredo Barboza, una casa de esquina a menos de cien pasos de la nuestra. Adriana Berdugo, la esposa del doctor, estaba cosiendo tan abstraída en su primitiva Domestic de manivela, que no sintió cuando mi madre llegó frente a ella y le dijo casi con un susurro: —Comadre. Adriana alzó la vista enrarecida por los gruesos lentes de présbita, se los quitó, vaciló un instante, y se levantó de un salto con los brazos abiertos y un gemido: —¡Ay, comadre! Mi madre estaba y a detrás del mostrador, y sin decirse nada más se abrazaron a llorar. Yo permanecí mirándolas desde fuera del mostrador, sin saber qué hacer, estremecido por la certidumbre de que aquel largo abrazo de lágrimas calladas era algo irreparable que estaba ocurriendo para siempre en mi propia vida. La botica había sido la mejor en los tiempos de la compañía bananera, pero del antiguo botamen y a no quedaban en los armarios escuetos sino unos cuantos pomos de loza marcados con letras doradas. La máquina de coser, el granatario, el caduceo, el reloj de péndulo todavía vivo, el linóleo del juramento hipocrático, los mecedores desvencijados, todas las cosas que había visto de niño seguían siendo las mismas y estaban en su mismo lugar, pero transfiguradas por la herrumbre del tiempo. La misma Adriana era una víctima. Aunque llevaba como antes un vestido de grandes flores tropicales, apenas si se le notaba algo de los ímpetus y la picardía que la habían hecho célebre hasta bien avanzada la madurez. Lo único intacto en torno suy o era el olor de la valeriana, que enloquecía a los gatos, y que seguí evocando por el resto de mi vida con un sentimiento de naufragio. Cuando Adriana y mi madre se quedaron sin lágrimas, se oy ó una tos espesa y breve detrás del tabique de madera que nos separaba de la trastienda. Adriana recobró algo de su gracia de otra época y habló para ser oída a través del tabique. —Doctor —dijo—: Adivina quién está aquí. Una voz granulosa de hombre duro preguntó sin interés desde el otro lado: —¿Quién? Adriana no contestó, sino que nos hizo señas de pasar a la trastienda. Un terror de la infancia me paralizó en seco y la boca se me anegó de una saliva lívida, pero entré con mi madre en el espacio abigarrado que antes fue laboratorio de botica y había sido acondicionado como dormitorio de emergencia. Ahí estaba el doctor Alfredo Barboza, más viejo que todos los hombres y todos los animales

viejos de la tierra y del agua, tendido bocarriba en su eterna hamaca de lampazo, sin zapatos, y con su piy ama legendaria de algodón crudo que más bien parecía una túnica de penitente. Tenía la vista fija en el techo, pero cuando nos sintió entrar giró la cabeza y nos fijó con sus diáfanos ojos amarillos, hasta que acabó de reconocer a mi madre. —¡Luisa Santiaga! —exclamó. Se sentó en la hamaca con una fatiga de mueble antiguo, se humanizó por completo y nos saludó con un apretón rápido de su mano ardiente. Él notó mi impresión, y me dijo: « Desde hace un año tengo una fiebre esencial» . Entonces abandonó la hamaca, se sentó en la cama y nos dijo con un solo aliento: —Ustedes no pueden imaginarse por las que ha pasado este pueblo. Aquella sola frase, que resumió toda una vida, bastó para que lo viera como quizás fue siempre: un hombre solitario y triste. Era alto, escuálido, con una hermosa cabellera metálica cortada de cualquier modo y unos ojos amarillos e intensos que habían sido el más temible de los terrores de mi infancia. Por la tarde, cuando volvíamos de la escuela, nos subíamos en la ventana de su dormitorio atraídos por la fascinación del miedo. Allí estaba, meciéndose en la hamaca con fuertes bandazos para aliviarse del calor. El juego consistía en mirarlo fijo hasta que él se daba cuenta y se volvía a mirarnos de pronto con sus ojos ardientes. Lo había visto por primera vez a mis cinco o seis años, una mañana en que me colé en el traspatio de su casa con otros compañeros de escuela para robar los mangos enormes de sus árboles. De pronto se abrió la puerta del excusado de tablas construido en un rincón del patio, y salió él amarrándose los calzones de lienzo. Lo vi como una aparición del otro mundo con un camisón blanco de hospital, pálido y óseo, y aquellos ojos amarillos como de perro del infierno que me miraron para siempre. Los otros escaparon por los portillos, pero y o quedé petrificado por su mirada inmóvil. Se fijó en los mangos que y o acababa de arrancar del árbol y me tendió la mano. —¡Dámelos! —me ordenó, y agregó mirándome de cuerpo entero con un gran menosprecio—: Raterito de patio. Tiré los mangos a sus pies y escapé despavorido. Fue mi fantasma personal. Si andaba solo daba un largo rodeo para no pasar por su casa. Si iba con adultos me atrevía apenas a una mirada furtiva hacia la botica. Veía a Adriana condenada a cadena perpetua en la máquina de coser detrás del mostrador, y lo veía a él por la ventana del dormitorio meciéndose a grandes bandazos en la hamaca, y esa sola mirada me erizaba la piel. Había llegado al pueblo a principios del siglo, entre los incontables venezolanos que lograban escapar por la frontera de La Guajira al despotismo feroz de Juan Vicente Gómez. El doctor había sido uno de los primeros

arrastrados por dos fuerzas contrarias: la ferocidad del déspota de su país y la ilusión de la bonanza bananera en el nuestro. Desde su llegada se acreditó por su ojo clínico —como se decía entonces— y por las buenas maneras de su alma. Fue uno de los amigos más asiduos de la casa de mis abuelos, donde siempre estaba la mesa puesta sin saber quién llegaba en el tren. Mi madre fue madrina de su hijo may or, y mi abuelo lo enseñó a volar con sus primeras alas. Crecí entre ellos, como seguí creciendo después entre los exiliados de la guerra civil española. Los últimos vestigios del miedo que me causaba de niño aquel paria olvidado se me disiparon de pronto, mientras mi madre y y o, sentados junto a su cama, escuchábamos los pormenores de la tragedia que había abatido a la población. Tenía un poder de evocación tan intenso que cada cosa que contaba parecía hacerse visible en el cuarto enrarecido por el calor. El origen de todas las desgracias, por supuesto, había sido la matanza de los obreros por la fuerza pública, pero aún persistían las dudas sobre la verdad histórica: ¿tres muertos o tres mil? Quizás no habían sido tantos, dijo él, pero cada quien aumentaba la cifra de acuerdo con su propio dolor. Ahora la compañía se había ido por siempre jamás. —Los gringos no vuelven nunca —concluy ó. Lo único cierto era que se llevaron todo: el dinero, las brisas de diciembre, el cuchillo del pan, el trueno de las tres de la tarde, el aroma de los jazmines, el amor. Sólo quedaron los almendros polvorientos, las calles reverberantes, las casas de madera y techos de cinc oxidado con sus gentes taciturnas, devastadas por los recuerdos. La primera vez que el doctor se fijó en mí aquella tarde fue al verme sorprendido por la crepitación como una lluvia de gotas dispersas en el techo de cinc. « Son los gallinazos —me dijo—. Se la pasan caminando por los techos todo el día» . Luego señaló con un índice lánguido hacia la puerta cerrada, y concluy ó: —De noche es peor, porque se siente a los muertos que andan sueltos por esas calles. Nos invitó a almorzar y no había inconveniente, pues el negocio de la casa sólo necesitaba formalizarse. Los mismos inquilinos eran los compradores, y los pormenores habían sido acordados por telégrafo. ¿Tendríamos tiempo? —De sobra —dijo Adriana—. Ahora no se sabe ni cuándo regresa el tren. Así que compartimos con ellos una comida criolla, cuy a sencillez no tenía nada que ver con la pobreza sino con una dieta de sobriedad que él ejercía y predicaba no sólo para la mesa sino para todos los actos de la vida. Desde que probé la sopa tuve la sensación de que todo un mundo adormecido despertaba en mi memoria. Sabores que habían sido míos en la niñez y que había perdido desde que me fui del pueblo reaparecían intactos con cada cucharada y me apretaban

el corazón. Desde el principio de la conversación me sentí ante el doctor con la misma edad que tenía cuando le hacía burlas por la ventana, de modo que me intimidó cuando se dirigió a mí con la seriedad y el afecto con que le hablaba a mi madre. Cuando era niño, en situaciones difíciles, trataba de disimular mi ofuscación con un parpadeo rápido y continuo. Aquel reflejo incontrolable me volvió de pronto cuando el doctor me miró. El calor se había vuelto insoportable. Permanecí al margen de la conversación por un rato, preguntándome cómo era posible que aquel anciano afable y nostálgico hubiera sido el terror de mi infancia. De pronto, al cabo de una larga pausa y por cualquier referencia banal, me miró con una sonrisa de abuelo. —Así que tú eres el gran Gabito —me dijo—. ¿Qué estudias? Disimulé la ofuscación con un recuento espectral de mis estudios: bachillerato completo y bien calificado en un internado oficial, dos años y unos meses de derecho caótico, periodismo empírico. Mi madre me escuchó y enseguida buscó el apoy o del doctor. —Imagínese, compadre —dijo—, quiere ser escritor. Al doctor le resplandecieron los ojos en el rostro. —¡Qué maravilla, comadre! —dijo—. Es un regalo del cielo. —Y se volvió hacia mí—: ¿Poesía? —Novela y cuento —le dije, con el alma en un hilo. Él se entusiasmó: —¿Leíste Doña Bárbara? —Por supuesto —le contesté—, y casi todo lo demás de Rómulo Gallegos. Como resucitado por un entusiasmo súbito nos contó que lo había conocido en una conferencia que dictó en Maracaibo, y le pareció un digno autor de sus libros. La verdad es que en aquel momento, con mi fiebre de cuarenta grados por las sagas del Misisipí, empezaba a verle las costuras a la novela vernácula. Pero la comunicación tan fácil y cordial con el hombre que había sido el pavor de mi infancia me parecía un milagro, y preferí coincidir con su entusiasmo. Le hablé de « La Jirafa» —mi nota diaria en El Heraldo— y le avancé la primicia de que muy pronto pensábamos publicar una revista en la que fundábamos grandes esperanzas. Ya más seguro, le conté el proy ecto y hasta le anticipé el nombre: Crónica. Él me escrutó de arriba abajo. —No sé cómo escribes —me dijo—, pero y a hablas como escritor. Mi madre se apresuró a explicar la verdad: nadie se oponía a que fuera escritor, siempre que hiciera una carrera académica que me diera un piso firme. El doctor minimizó todo, y habló de la carrera de escritor. También él hubiera querido serlo, pero sus padres, con los mismos argumentos de ella, lo obligaron a estudiar medicina cuando no lograron que fuera militar.

—Pues mire usted, comadre —concluy ó—. Médico soy, y aquí me tiene usted, sin saber cuántos de mis enfermos se han muerto por la voluntad de Dios y cuántos por mis medicinas. Mi madre se sintió perdida. —Lo peor —dijo— es que dejó de estudiar derecho después de tantos sacrificios que hicimos por sostenerlo. Al doctor, por el contrario, le pareció la prueba espléndida de una vocación arrasadora: la única fuerza capaz de disputarle sus fueros al amor. Y en especial la vocación artística, la más misteriosa de todas, a la cual se consagra la vida íntegra sin esperar nada de ella. —Es algo que se trae dentro desde que se nace y contrariarla es lo peor para la salud —dijo él. Y remató con una encantadora sonrisa de masón irredimible —: Así sea la vocación de cura. Me quedé alucinado por la forma en que explicó lo que y o no había logrado nunca. Mi madre debió compartirlo, porque me contempló con un silencio lento, y se rindió a su suerte. —¿Cuál será el mejor modo de decirle todo esto a tu papá? —me preguntó. —Tal como acabamos de oírlo —le dije. —No, así no dará resultado —dijo ella. Y al cabo de otra reflexión, concluy ó —: Pero no te preocupes, y a encontraré una buena manera de decírselo. No sé si lo hizo así, o de qué otro modo, pero allí terminó el debate. El reloj cantó la hora con dos campanadas como dos gotas de vidrio. Mi madre se sobresaltó. « Dios mío —dijo—. Se me había olvidado a qué hemos venido» . Y se puso de pie: —Tenemos que irnos. La primera visión de la casa, en la acera de enfrente, tenía muy poco que ver con mi recuerdo, y nada con mis nostalgias. Habían sido cortados de raíz los dos almendros tutelares que durante años fueron una seña de identidad inequívoca y la casa quedó a la intemperie. Lo que quedaba bajo el sol de fuego no tenía más de treinta metros de fachada: la mitad de material y techo de tejas que hacían pensar en una casa de muñecas, y la otra mitad de tablas sin cepillar. Mi madre tocó muy despacio en la puerta cerrada, luego más fuerte, y preguntó por la ventana: —¿No hay gente? La puerta se entreabrió muy despacio y una mujer preguntó desde su penumbra: —¿Qué se le ofrece? Mi madre respondió con una autoridad tal vez inconsciente: —Soy Luisa Márquez. Entonces la puerta de la calle acabó de abrirse, y una mujer vestida de luto, huesuda y pálida, nos miró desde otra vida. En el fondo de la sala, un hombre

may or se mecía en un sillón de inválido. Eran los inquilinos, que al cabo de muchos años habían propuesto comprar la casa, pero ni ellos tenían aspecto de compradores ni la casa estaba en estado de interesarle a nadie. De acuerdo con el telegrama que mi madre había recibido, los inquilinos aceptaban abonar en efectivo la mitad del precio mediante un recibo firmado por ella, y pagarían el resto cuando se firmaran las escrituras en el curso del año, pero nadie recordaba que hubiera una visita prevista. Al cabo de una larga conversación de sordos, lo único que se sacó en claro fue que no había ningún acuerdo. Agobiada por la insensatez y el calor infame, bañada en sudor, mi madre dio una mirada en su entorno, y se le escapó con un suspiro: —Esta pobre casa está en las últimas —dijo. —Es peor —dijo el hombre—: Si no se nos ha caído encima es por lo que hemos gastado en mantenerla. Tenían una lista de reparaciones pendientes, además de otras que se habían deducido del alquiler, hasta el punto de que éramos nosotros quienes les debíamos dinero. Mi madre, que siempre fue de lágrima fácil, era también capaz de una entereza temible para enfrentar las trampas de la vida. Discutió bien, pero y o no intervine porque desde el primer tropiezo comprendí que la razón la tenían los compradores. Nada quedaba claro en el telegrama sobre la fecha y el modo de la venta, y en cambio se entendía que debería ser acordada. Era una situación típica de la vocación conjetural de la familia. Podía imaginarme cómo había sido la decisión, en la mesa del almuerzo, y en el mismo instante en que llegó el telegrama. Sin contarme a mí, eran diez hermanos con los mismos derechos. Al final mi madre reunió unos pesos de aquí y otros de acá, hizo su maleta de escolar y se fue sin más recursos que el pasaje de regreso. Mi madre y la inquilina repasaron todo otra vez desde el principio, y en menos de media hora habíamos llegado a la conclusión de que no habría negocio. Entre otras razones insalvables, porque no recordábamos una hipoteca que pesaba sobre la casa y que no fue resuelta hasta muchos años después, cuando por fin se hizo la venta en firme. Así que cuando la inquilina trató de repetir una vez más el mismo argumento vicioso, mi madre lo cortó por lo sano con su talante inapelable. —La casa no se vende —dijo—. Hagamos cuenta de que aquí nacimos y aquí morimos todos. El resto de la tarde, mientras llegaba el tren de regreso, la pasamos recogiendo nostalgias en la casa fantasmal. Toda era nuestra, pero sólo estaba en servicio la parte alquilada que daba a la calle, donde estuvieron las oficinas del abuelo. El resto era un cascarón de tabiques carcomidos y techos de cinc oxidado a merced de los lagartos. Mi madre, petrificada en el umbral, exhaló una exclamación terminante:

—¡Ésta no es la casa! Pero no dijo cuál, pues durante toda mi infancia la describían de tantos modos que eran por lo menos tres casas que cambiaban de forma y sentido, según quien las contara. La original, según le oí a mi abuela con su modo despectivo, era un rancho de indios. La segunda, construida por los abuelos, era de bahareque y techos de palma amarga, con una salita amplia y bien iluminada, un comedor en forma de terraza con flores de colores alegres, dos dormitorios, un patio con un castaño gigantesco, un huerto bien plantado y un corral donde vivían los chivos en comunidad pacífica con los cerdos y las gallinas. Según la versión más frecuente, ésta fue reducida a cenizas por un cohete que cay ó en la techumbre de palma durante las celebraciones de un 20 de julio, día de la Independencia de quién sabe cuál año de tantas guerras. Lo único que quedó de ella fueron los pisos de cemento y el bloque de dos piezas con una puerta hacia la calle, donde estuvieron las oficinas en las varias veces en que Papalelo fue funcionario público. Sobre los escombros todavía calientes construy ó la familia su refugio definitivo. Una casa lineal de ocho habitaciones sucesivas, a lo largo de un corredor con un pasamanos de begonias donde se sentaban las mujeres de la familia a bordar en bastidor y a conversar en la fresca de la tarde. Los cuartos eran simples y no se distinguían entre si, pero me bastó con una mirada para darme cuenta de que en cada uno de sus incontables detalles había un instante crucial de mi vida. La primera habitación servía como sala de visitas y oficina personal del abuelo. Tenía un escritorio de cortina, una poltrona giratoria de resortes, un ventilador eléctrico y un librero vacío con un solo libro enorme y descosido: el diccionario de la lengua. Enseguida estaba el taller de platería donde el abuelo pasaba sus horas mejores fabricando los pescaditos de oro de cuerpo articulado y minúsculos ojos de esmeraldas, que más le daban de gozar que de comer. Allí se recibieron algunos personajes de nota, sobre todo políticos, desempleados públicos, veteranos de guerras. Entre ellos, en ocasiones distintas, dos visitantes históricos: los generales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, quienes almorzaron en familia. Sin embargo, lo que mi abuela recordó de Uribe Uribe por el resto de su vida fue su sobriedad en la mesa: « Comía como un pajarito» . El espacio común de la oficina y la platería estaba vedado a las mujeres, por obra de nuestra cultura caribe, como lo estaban las cantinas del pueblo por orden de la ley. Sin embargo, con el tiempo terminó por ser un cuarto de hospital, donde murió la tía Petra y sobrellevó los últimos meses de una larga enfermedad Wenefrida Márquez, hermana de Papalelo. De allí en adelante empezaba el paraíso hermético de las muchas mujeres residentes y ocasionales que pasaron por la casa durante mi infancia. Yo fui el único varón que disfrutó de los privilegios de ambos mundos. El comedor era apenas un tramo ensanchado del corredor con la baranda

donde las mujeres de la casa se sentaban a coser, y una mesa para dieciséis comensales previstos o inesperados que llegaban a diario en el tren del mediodía. Mi madre contempló desde allí los tiestos rotos de las begonias, los rastrojos podridos y el tronco del jazminero carcomido por las hormigas, y recuperó el aliento. —A veces no podíamos respirar por el olor caliente de los jazmines —dijo, mirando el cielo deslumbrante, y suspiró con toda el alma—. Sin embargo, lo que más me ha hecho falta desde entonces es el trueno de las tres de la tarde. Me impresionó, porque y o también recordaba el estampido único que nos despertaba de la siesta como un reguero de piedras, pero nunca había sido consciente de que sólo fuera a las tres. Después del corredor había una sala de recibo reservada para ocasiones especiales, pues las visitas cotidianas se atendían con cerveza helada en la oficina, si eran hombres, o en el corredor de las begonias, si eran mujeres. Allí empezaba el mundo mítico de los dormitorios. Primero el de los abuelos, con una puerta grande hacia el jardín, y un grabado de flores de madera con la fecha de la construcción: 1925. Allí, sin ningún anuncio, mi madre me dio la sorpresa menos pensada con un énfasis triunfal: —¡Y aquí naciste tú! No lo sabía hasta entonces, o lo había olvidado, pero en el cuarto siguiente encontramos la cuna donde dormí hasta los cuatro años, y que mi abuela conservó para siempre. La había olvidado, pero tan pronto como la vi me acordé de mí mismo llorando a gritos con el mameluco de florecitas azules que acababa de estrenar, para que alguien acudiera a quitarme los pañales embarrados de caca. Apenas si podía mantenerme en pie agarrado a los barrotes de la cuna, tan pequeña y frágil como la canastilla de Moisés. Esto ha sido motivo frecuente de discusión y burlas de parientes y amigos, a quienes mi angustia de aquel día les parece demasiado racional para una edad tan temprana. Y más aún cuando he insistido en que el motivo de mi ansiedad no era el asco de mis propias miserias, sino el temor de que se me ensuciara el mameluco nuevo. Es decir, que no se trataba de un prejuicio de higiene sino de una contrariedad estética, y por la forma como perdura en mi memoria creo que fue mi primera vivencia de escritor. En aquel dormitorio había también un altar con santos de tamaño humano, más realistas y tenebrosos que los de la Iglesia. Allí durmió siempre la tía Francisca Simodosea Mejía, una prima hermana de mi abuelo a quien llamábamos la tía Mama, que vivía en la casa como dueña y señora desde que murieron sus padres. Yo dormí en la hamaca de al lado, aterrado con el parpadeo de los santos por la lámpara del Santísimo que no fue apagada hasta la muerte de todos, y también allí durmió mi madre de soltera, atormentada por el pavor de los santos.

Al fondo del corredor había dos cuartos que me estaban prohibidos. En el primero vivía mi prima Sara Emilia Márquez, una hija de mi tío Juan de Dios antes de su matrimonio, que fue criada por los abuelos. Además de una prestancia natural desde muy niña, tenía una personalidad fuerte que me abrió mis primeros apetitos literarios con una preciosa colección de cuentos de Calleja, ilustrados a todo color, a la que nunca me dio acceso por temor de que se la desordenara. Fue mi primera y amarga frustración de escritor. El último cuarto era un depósito de trastos y baúles jubilados, que mantuvieron en vilo mi curiosidad durante años, pero que nunca me dejaron explorar. Más tarde supe que allí estaban también las setenta bacinillas que compraron mis abuelos cuando mi madre invitó a sus compañeras de curso a pasar vacaciones en la casa. Frente a esos dos aposentos, en el mismo corredor, estaba la cocina grande, con anafes primitivos de piedras calcinadas, y el gran horno de obra de la abuela, panadera y repostera de oficio, cuy os animalitos de caramelo saturaban el amanecer con su aroma suculento. Era el reino de las mujeres que vivían o servían en la casa, y cantaban a coro con la abuela mientras la ay udaban en sus trabajos múltiples. Otra voz era la de Lorenzo el Magnífico, el loro de cien años heredado de los bisabuelos, que gritaba consignas contra España y cantaba canciones de la guerra de Independencia. Tan cegato estaba que se había caído dentro de la olla del sancocho y se salvó de milagro porque apenas empezaba a calentarse el agua. Un 20 de julio, a las tres de la tarde, alborotó la casa con chillidos de pánico: —¡El toro, el toro! ¡Ya viene el toro! En la casa no estaban sino las mujeres, pues los hombres se habían ido a la corraleja de la fiesta patria, y pensaron que los gritos del loro no eran más que un delirio de su demencia senil. Las mujeres de la casa, que sabían hablar con él, sólo entendieron lo que gritaba cuando un toro cimarrón escapado de los toriles de la plaza irrumpió en la cocina con bramidos de buque y embistiendo a ciegas los muebles de la panadería y las ollas de los fogones. Yo iba en sentido contrario del ventarrón de mujeres despavoridas que me levantaron en vilo y me encerraron con ellas en el cuarto de la despensa. Los bramidos del toro perdido en la cocina y los trancos de sus pezuñas en el cemento del corredor estremecían la casa. De pronto se asomó por una claraboy a de ventilación y el resoplido de fuego de su aliento y sus grandes ojos iny ectados me helaron la sangre. Cuando los picadores lograron llevárselo al toril, y a había empezado en la casa la parranda del drama, que se prolongó por más de una semana con ollas interminables de café y pudines de boda para acompañar el relato mil veces repetido y cada vez más heroico de las sobrevivientes alborotadas. El patio no parecía muy grande, pero tenía una gran variedad de árboles, un baño general sin techo con una alberca de cemento para el agua de lluvia y una

plataforma elevada a la cual se subía por una frágil escalera de unos tres metros de altura. Allí estaban los dos grandes toneles que el abuelo llenaba al amanecer con una bomba manual. Más allá estaba la caballeriza de tablones sin cepillar y los cuartos del servicio, y por último el traspatio enorme de árboles frutales con la letrina única donde las indias del servicio vaciaban de día y de noche las bacinillas de la casa. El árbol más frondoso y hospitalario era un castaño al margen del mundo y el tiempo, bajo cuy as frondas arcaicas debieron de morir orinando más de dos coroneles jubilados de las tantas guerras civiles del siglo anterior. La familia había llegado a Aracataca diecisiete años antes de mi nacimiento, cuando empezaban las trapisondas de la United Fruit Company para hacerse con el monopolio del banano. Llevaban a su hijo Juan de Dios, de veintiún años, y a sus dos hijas, Margarita María Miniata de Alacoque, de diecinueve, y Luisa Santiaga, mi madre, de cinco. Antes de ella habían perdido dos gemelas por un aborto accidental a los cuatro meses de gestación. Cuando tuvo a mi madre, la abuela anunció que sería su último parto, pues había cumplido cuarenta y dos años. Casi medio siglo después, a la misma edad y en circunstancias idénticas, mi madre dijo lo mismo cuando nació Eligió Gabriel, su hijo número once. La mudanza para Aracataca estaba prevista por los abuelos como un viaje al olvido. Llevaban a su servicio dos indios guajiros —Aliño y Apolinar— y una india — Meme—, comprados en su tierra por cien pesos cada uno cuando y a la esclavitud había sido abolida. El coronel llevaba todo lo necesario para rehacer el pasado lo más lejos posible de sus malos recuerdos, perseguido por el remordimiento siniestro de haber matado a un hombre en un lance de honor. Conocía la región desde mucho antes, cuando pasó rumbo a Ciénaga en campaña de guerra y asistió en su condición de intendente general a la firma del tratado de Neerlandia. La nueva casa no les devolvió el sosiego, porque el remordimiento era tan pernicioso que había de contaminar todavía a algún tataranieto extraviado. Las evocaciones más frecuentes e intensas, con las cuales habíamos conformado una versión ordenada, las hacía la abuela Mina, y a ciega y medio lunática. Sin embargo, en medio del rumor implacable de la tragedia inminente, ella fue la única que no tuvo noticias del duelo hasta después de consumado. El drama fue en Barrancas, un pueblo pacífico y próspero en las estribaciones de la Sierra Nevada donde el coronel aprendió de su padre y su abuelo el oficio del oro, y adonde había regresado para quedarse cuando se firmaron los tratados de paz. El adversario era un gigante dieciséis años menor que él, liberal de hueso colorado, como él, católico militante, agricultor pobre, casado reciente y con dos hijos, y con un nombre de hombre bueno: Medardo Pacheco. Lo más triste para el coronel debió ser que no fuera ninguno de los numerosos enemigos sin rostro que se le atravesaron en los campos de batalla,

sino un antiguo amigo, copartidario y soldado suy o en la guerra de los Mil Días, al que tuvo que enfrentar a muerte cuando y a ambos creían ganada la paz. Fue el primer caso de la vida real que me revolvió los instintos de escritor y aún no he podido conjurarlo. Desde que tuve uso de razón me di cuenta de la magnitud y el peso que aquel drama tenía en nuestra casa, pero sus pormenores se mantenían entre brumas. Mi madre, con apenas tres años, lo recordó siempre como un sueño improbable. Los adultos lo embrollaban delante de mí para confundirme, y nunca pude armar el acertijo porque cada quien, de ambos lados, colocaba las piezas a su modo. La versión más confiable era que la madre de Medardo Pacheco lo había instigado a que vengara su honra, ofendida por un comentario infame que le atribuían a mi abuelo. Éste lo desmintió como un infundio y les dio satisfacciones públicas a los ofendidos, pero Medardo Pacheco persistió en el encono y terminó por pasar de ofendido a ofensor con un grave insulto al abuelo sobre su conducta de liberal. Nunca supe a ciencia cierta cuál fue. Herido en su honor, el abuelo lo desafió a muerte sin fecha fija. Una muestra ejemplar de la índole del coronel fue el tiempo que dejó pasar entre el desafío y el duelo. Arregló sus asuntos con un sigilo absoluto para garantizar la seguridad de su familia en la única alternativa que le deparaba el destino: la muerte o la cárcel. Empezó por vender sin la menor prisa lo poco que le quedó para subsistir después de la última guerra: el taller de platería y una pequeña finca que heredó de su padre, en la cual criaba chivos de sacrificio y cultivaba una parcela de caña de azúcar. Al cabo de seis meses guardó en el fondo de un armario la plata reunida, y esperó en silencio el día que él mismo se había señalado: 12 de octubre de 1908, aniversario del descubrimiento de América. Medardo Pacheco vivía en las afueras del pueblo, pero el abuelo sabía que no podía faltar aquella tarde a la procesión de la Virgen del Pilar. Antes de salir a buscarlo, escribió a su mujer una carta breve y tierna, en la cual le decía dónde tenía escondido su dinero, y le dio algunas instrucciones finales sobre el porvenir de los hijos. La dejó debajo de la almohada común, donde sin duda la encontraría su mujer cuando se acostara a dormir, y sin ninguna clase de adioses salió al encuentro de su mala hora. Aun las versiones menos válidas coinciden en que era un lunes típico del octubre caribe, con una lluvia triste de nubes bajas y un viento funerario. Medardo Pacheco, vestido de domingo, acababa de entrar en un callejón ciego cuando el coronel Márquez le salió al paso. Ambos estaban armados. Años después, en sus divagaciones lunáticas, mi abuela solía decir: « Dios le dio a Nicolasito la ocasión de perdonarle la vida a ese pobre hombre, pero no supo aprovecharla» . Quizás lo pensaba porque el coronel le dijo que había visto un relámpago de pesadumbre en los ojos del adversario tomado de sorpresa.

También le dijo que cuando el enorme cuerpo de ceiba se derrumbó sobre los matorrales, emitió un gemido sin palabras, « como el de un garito mojado» . La tradición oral atribuy ó a Papalelo una frase retórica en el momento de entregarse al alcalde: « La bala del honor venció a la bala del poder» . Es una sentencia fiel al estilo liberal de la época pero no he podido conciliarla con el talante del abuelo. La verdad es que no hubo testigos. Una versión autorizada habrían sido los testimonios judiciales del abuelo y sus contemporáneos de ambos bandos, pero del expediente, si lo hubo, no quedaron ni sus luces. De las numerosas versiones que escuché hasta hoy no encontré dos que coincidieran. El hecho dividió a las familias del pueblo, incluso a la del muerto. Una parte de ésta se propuso vengarlo, mientras que otros acogieron en sus casas a Tranquilina Iguarán con sus hijos, hasta que amainaron los riesgos de una venganza. Estos detalles me impresionaban tanto en la niñez que no sólo asumí el peso de la culpa ancestral como si fuera propia, sino que todavía ahora, mientras lo escribo, siento más compasión por la familia del muerto que por la mía. A Papalelo lo trasladaron a Riohacha para may or seguridad, y más tarde a Santa Marta, donde lo condenaron a un año: la mitad en reclusión y la otra en régimen abierto. Tan pronto como fue libre viajó con la familia por breve tiempo a la población de Ciénaga, luego a Panamá, donde tuvo otra hija con un amor casual, y por fin al insalubre y arisco corregimiento de Aracataca, con el empleo de colector de hacienda departamental. Nunca más estuvo armado en la calle, aun en los peores tiempos de la violencia bananera, y sólo tuvo el revólver bajo la almohada para defender la casa. Aracataca estaba muy lejos de ser el remanso con que soñaban después de la pesadilla de Medardo Pacheco. Había nacido como un caserío chimila y entró en la historia con el pie izquierdo como un remoto corregimiento sin Dios ni ley del municipio de Ciénaga, más envilecido que acaudalado por la fiebre del banano. Su nombre no es de pueblo sino de río, que se dice ara en lengua chimila, y Cataca, que es la palabra con que la comunidad conocía al que mandaba. Por eso entre nativos no la llamamos Aracataca sino como debe ser: Cataca. Cuando el abuelo trató de entusiasmar a la familia con la fantasía de que allí el dinero corría por las calles, Mina había dicho: « La plata es el cagajón del diablo» . Para mi madre fue el reino de todos los terrores. El más antiguo que recordaba era la plaga de langosta que devastó los sembrados cuando aún era muy niña. « Se oían pasar como un viento de piedras» , me dijo cuando fuimos a vender la casa. La población aterrorizada tuvo que atrincherarse en sus cuartos, y el flagelo sólo pudo ser derrotado por artes de hechicería. En cualquier tiempo nos sorprendían unos huracanes secos que desentechaban ranchos y arremetían contra el banano nuevo y dejaban el pueblo cubierto de un polvo astral. En verano se ensañaban con el ganado unas sequías

terribles, o caían en invierno unos aguaceros universales que dejaban las calles convertidas en ríos revueltos. Los ingenieros gringos navegaban en botes de caucho, por entre colchones ahogados y vacas muertas. La United Fruit Company, cuy os sistemas artificiales de regadío eran responsables del desmadre de las aguas, desvió el cauce del río cuando el más grave de aquellos diluvios desenterró los cuerpos del cementerio. La más siniestra de las plagas, sin embargo, era la humana. Un tren que parecía de juguete arrojó en sus arenas abrasantes una hojarasca de aventureros de todo el mundo que se tomaron a mano armada el poder de la calle. Su prosperidad atolondrada llevaba consigo un crecimiento demográfico y un desorden social desmadrados. Estaba a sólo cinco leguas de la colonia penal de Buenos Aires, sobre el río Fundación, cuy os reclusos solían escaparse los fines de semana para jugar al terror en Aracataca. A nada nos parecíamos tanto como a los pueblos emergentes de las películas del Oeste, desde que los ranchos de palma y cañabrava de los chimilas empezaron a ser reemplazados por las casas de madera de la United Fruit Company, con techos de cinc de dos aguas, ventanas de anjeo y cobertizos adornados con enredaderas de flores polvorientas. En medio de aquel ventisquero de caras desconocidas, de toldos en la vía pública, de hombres cambiándose de ropa en la calle, de mujeres sentadas en los baúles con los paraguas abiertos, y de mulas y mulas y mulas muriéndose de hambre en las cuadras del hotel, los que habían llegado primero eran los últimos. Eramos los forasteros de siempre, los advenedizos. Las matanzas no eran sólo por las rey ertas de los sábados. Una tarde cualquiera oímos gritos en la calle y vimos pasar un hombre sin cabeza montado en un burro. Había sido decapitado a machete en los arreglos de cuentas de las fincas bananeras y la cabeza había sido arrastrada por las corrientes heladas de la acequia. Esa noche le escuché a mi abuela la explicación de siempre: « Una cosa tan horrible sólo pudo hacerla un cachaco» . Los cachacos eran los nativos del altiplano, y no sólo los distinguíamos del resto de la humanidad por sus maneras lánguidas y su dicción viciosa, sino por sus ínfulas de emisarios de la Divina Providencia. Esa imagen llegó a ser tan aborrecible que después de las represiones feroces de las huelgas bananeras por militares del interior, a los hombres de tropa no los llamábamos soldados sino cachacos. Los veíamos como los usufructuarios únicos del poder político, y muchos de ellos se comportaban como si lo fueran. Sólo así se explica el horror de « La noche negra de Aracataca» , una degollina legendaria con un rastro tan incierto en la memoria popular que no hay evidencia cierta de si en realidad sucedió. Empezó un sábado peor que los otros cuando un nativo de bien cuy a identidad no pasó a la historia entró en una cantina a pedir un vaso de agua para un niño que llevaba de la mano. Un forastero que bebía solo en el mostrador quiso obligar

al niño a beberse un trago de ron en vez del agua. El padre trató de impedirlo, pero el forastero persistió en lo suy o, hasta que el niño, asustado y sin proponérselo, le derramó el trago de un manotazo. El forastero, sin más vueltas, lo mató de un tiro. Fue otro de los fantasmas de mi infancia. Papalelo me lo recordaba a menudo cuando entrábamos juntos a tomar un refresco en las cantinas, pero de un modo tan irreal que ni él mismo parecía creerlo. Debió ocurrir poco después de que llegó a Aracataca, pues mi madre sólo lo recordaba por el espanto que suscitaba en sus may ores. Del agresor sólo se supo que hablaba con el acento relamido de los andinos, así que las represalias del pueblo no fueron sólo contra él, sino contra cualquiera de los forasteros numerosos y aborrecidos que hablaban con su mismo acento. Cuadrillas de nativos armados con machetes de zafra se echaron a las calles en tinieblas, agarraban el bulto invisible que sorprendían en la oscuridad y le ordenaban: —¡Hable! Sólo por la dicción lo destazaban a machete, sin tomar en cuenta la imposibilidad de ser justos entre modos de hablar tan diversos. Don Rafael Quintero Ortega, esposo de mi tía Wenefrida Márquez, el más crudo y querido de los cachacos, estuvo a punto de celebrar sus cien años de vida porque mi abuelo lo encerró en una despensa hasta que se apaciguaron los ánimos. La desdicha familiar culminó a los dos años de vivir en Aracataca, con la muerte de Margarita María Miniata, que era la luz de la casa. Su daguerrotipo estuvo expuesto durante años en la sala, y su nombre ha venido repitiéndose de una generación a otra como una más de las muchas señas de identidad familiar. Las generaciones recientes no parecen conmovidas por aquella infanta de faldas rizadas, botitas blancas y una trenza larga hasta la cintura, que nunca harán coincidir con la imagen retórica de una bisabuela, pero tengo la impresión de que bajo el peso de los remordimientos y las ilusiones frustradas de un mundo mejor, aquel estado de alarma perpetua era para mis abuelos lo más parecido a la paz. Hasta la muerte continuaron sintiéndose forasteros en cualquier parte. Lo eran, en rigor, pero en las muchedumbres del tren que nos llegaron del mundo era difícil hacer distinciones inmediatas. Con el mismo impulso de mis abuelos y su prole habían llegado los Fergusson, los Duran, los Beracaza, los Daconte, los Correa, en busca de una vida mejor. Con las avalanchas revueltas siguieron llegando los italianos, los canarios, los sirios —que llamábamos turcos— infiltrados por las fronteras de la Provincia en busca de la libertad y otros modos de vivir perdidos en sus tierras. Había de todos los pelajes y condiciones. Algunos eran prófugos de la isla del Diablo —la colonia penal de Francia en las Guay anas —, más perseguidos por sus ideas que por crímenes comunes. Uno de ellos. René Belvenoit, fue un periodista francés condenado por motivos políticos, que pasó

fugitivo por la zona bananera y reveló en un libro magistral los horrores de su cautiverio. Gracias a todos —buenos y malos—, Aracataca fue desde sus orígenes un país sin fronteras. Pero la colonia inolvidable para nosotros fue la venezolana, en una de cuy as casas se bañaban a baldazos en las albercas glaciales del amanecer dos estudiantes adolescentes en vacaciones: Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, que medio siglo después serían presidentes sucesivos de su país. Entre los venezolanos, la más cercana a nosotros fue misia Juana de Frey tes, una matrona rozagante que tenía el don bíblico de la narración. El primer cuento formal que conocí fue « Genoveva de Brabante» , y se lo escuché a ella junto con las obras maestras de la literatura universal, reducidas por ella a cuentos infantiles: la Odisea, Orlando furioso, Don Quijote, El conde de Montecristo y muchos episodios de la Biblia. La casta del abuelo era una de las más respetables pero también la menos poderosa. Sin embargo, se distinguía por una respetabilidad reconocida aun por los jerarcas nativos de la compañía bananera. Era la de los veteranos liberales de las guerras civiles, que se quedaron allí después de los dos últimos tratados, con el buen ejemplo del general Benjamín Herrera, en cuy a finca de Neerlandia se escuchaban en la tardes los valses melancólicos de su clarinete de paz. Mi madre se hizo mujer en aquel moridero y ocupó el espacio de todos los amores desde que el tifo se llevó a Margarita María Miniata. También ella era enfermiza. Había crecido en una infancia incierta de fiebres tercianas, pero cuando se curó de la última fue del todo y para siempre, con una salud que le permitió celebrar los noventa y siete años con once hijos suy os y cuatro más de su esposo, y con sesenta y cinco nietos, ochenta y ocho bisnietos y catorce tataranietos. Sin contar los que nunca se supieron. Murió de muerte natural el 9 de junio de 2002 a las ocho y media de la noche, cuando y a estábamos preparándonos para celebrar su primer siglo de vida, y el mismo día y casi a la misma hora en que puse el punto final de estas memorias. Había nacido en Barrancas el 25 de julio de 1905, cuando la familia empezaba a reponerse apenas del desastre de las guerras. El primer nombre se lo pusieron en memoria de Luisa Mejía Vidal, la madre del coronel, que aquel día cumplía un mes de muerta. El segundo le cay ó en suerte por ser el día del apóstol Santiago, el May or, decapitado en Jerusalén. Ella ocultó este nombre durante media vida, porque le parecía masculino y aparatoso, hasta que un hijo infidente la delató en una novela. Fue una alumna aplicada salvo en la clase de piano, que su madre le impuso porque no podía concebir una señorita decente que no fuera una pianista virtuosa. Luisa Santiaga lo estudió por obediencia durante tres años y lo abandonó en un día por el tedio de los ejercicios diarios en el bochorno de la siesta. Sin embargo, la única virtud que le sirvió en la flor de sus veinte años fue la fuerza de su carácter, cuando la familia descubrió que estaba arrebatada de

amor por el joven y altivo telegrafista de Aracataca. La historia de esos amores contrariados fue otro de los asombros de mi juventud. De tanto oírla contada por mis padres, juntos y separados, la tenía casi completa cuando escribí La hojarasca, mi primera novela, a los veintisiete años, pero también era consciente de que todavía me faltaba mucho que aprender sobre el arte de novelar. Ambos eran narradores excelentes, con la memoria feliz del amor, pero llegaron a apasionarse tanto sus relatos que cuando al fin me decidí a usarla en El amor en los tiempos del cólera, con más de cincuenta años, no pude distinguir los límites entre la vida y la poesía. De acuerdo con la versión de mi madre se habían encontrado por primera vez en el velorio de un niño que ni él ni ella lograron precisarme. Ella estaba cantando en el patio con sus amigas, de acuerdo con la costumbre popular de sortear con canciones de amor las nueve noches de los inocentes. De pronto, una voz de hombre se incorporó al coro. Todas se volvieron a mirarlo y se quedaron perplejas ante su buena pinta. « Vamos a casarnos con él» , cantaron en estribillo al compás de las palmas. A mi madre no la impresionó, y así lo dijo: « Me pareció un forastero más» . Y lo era. Acababa de llegar de Cartagena de Indias después de interrumpir los estudios de medicina y farmacia por falta de recursos, y había emprendido una vida un tanto trivial por varios pueblos de la región, con el oficio reciente de telegrafista. Una foto de esos días lo muestra con un aire equívoco de señorito pobre. Llevaba un vestido de tafetán oscuro con un saco de cuatro botones, muy ceñido a la moda del día, con cuello duro, corbata ancha y un sombrero canotié. Llevaba además unos espejuelos de moda, redondos y con montura fina, y vidrios naturales. Quienes lo conocieron en esa época lo veían como un bohemio trasnochador y mujeriego, que sin embargo no se bebió un trago de alcohol ni se fumó un cigarrillo en su larga vida. Fue la primera vez que mi madre lo vio. En cambio él la había visto en la misa de ocho del domingo anterior, custodiada por la tía Francisca Simodosea que fue su dama de compañía desde que regresó del colegio. Había vuelto a verlas el martes siguiente, cosiendo bajo los almendros en la puerta de la casa, de modo que la noche del velorio sabía y a que era la hija del coronel Nicolás Márquez, para quien llevaba varias cartas de presentación. También ella supo desde entonces que era soltero y enamoradizo, y tenía un éxito inmediato por su labia inagotable, su versificación fácil, la gracia con que bailaba la música de moda y el sentimentalismo premeditado con que tocaba el violín. Mi madre me contaba que cuando uno lo oía de madrugada no se podían resistir las ganas de llorar. Su tarjeta de presentación en sociedad había sido « Cuando el baile se acabó» , un valse de un romanticismo agotador que él llevó en su repertorio y se volvió indispensable en las serenatas. Estos salvoconductos cordiales y su simpatía personal le abrieron las puertas de la casa y un lugar

frecuente en los almuerzos familiares. La tía Francisca, oriunda del Carmen de Bolívar, lo adoptó sin reservas cuando supo que había nacido en Sincé, un pueblo cercano al suy o. Luisa Santiaga se divertía en las fiestas sociales con sus artimañas de seductor, pero nunca le pasó por la mente que él pretendiera algo más. Al contrario: sus buenas relaciones se fincaron sobre todo en que ella le servía de pantalla en sus amores escondidos con una compañera del colegio, y había aceptado apadrinarlo en la boda. Desde entonces él la llamaba madrina y ella lo llamaba ahijado. En ese tono es fácil imaginarse cuál sería la sorpresa de Luisa Santiaga una noche de baile en la que el telegrafista atrevido se quitó la flor que llevaba en el ojal de la solapa, y le dijo: —Le entrego mi vida en esta rosa. No fue una improvisación, me dijo él muchas veces, sino que después de conocer a todas había llegado a la conclusión de que Luisa Santiaga estaba hecha para él. Ella entendió la rosa como una más de las bromas galantes que él solía hacer a sus amigas. Tanto, que al salir la dejó olvidada en cualquier parte y él se dio cuenta. Ella había tenido un solo pretendiente secreto, poeta sin suerte y buen amigo, que nunca logró llegarle al corazón con sus versos ardientes. Sin embargo, la rosa de Gabriel Eligio le perturbó el sueño con una furia inexplicable. En nuestra primera conversación formal sobre sus amores, y a cargada de hijos, me confesó: « No podía dormir por la rabia de estar pensando en él, pero lo que más rabia me daba era que mientras más rabia sentía, más pensaba» . En el resto de la semana resistió a duras penas el terror de verlo y el tormento de no poder verlo. De madrina y ahijado que habían sido pasaron a tratarse como desconocidos. Una de esas tardes, mientras cosían bajo los almendros, la tía Francisca azuzó a la sobrina con su malicia india: —Me han dicho que te dieron una rosa. Pues, como suele ser, Luisa Santiaga sería la última en enterarse de que las tormentas de su corazón eran y a del dominio público. En las numerosas conversaciones que sostuve con ella y con mi padre, estuvieron de acuerdo en que el amor fulminante tuvo tres ocasiones decisivas. La primera fue un Domingo de Ramos en la misa may or. Ella estaba sentada con la tía Francisca en un escaño del lado de la Epístola, cuando reconoció los pasos de sus tacones flamencos en los ladrillos del piso y lo vio pasar tan cerca que percibió la ráfaga tibia de su loción de novio. La tía Francisca no parecía haberlo visto y él tampoco pareció haberlas visto. Pero en verdad todo fue premeditado por él, que las había seguido cuando pasaron por la telegrafía. Permaneció de pie junto a la columna más cercana de la puerta, de modo que él la veía a ella de espaldas pero ella no podía verlo. Al cabo de unos minutos intensos Luisa Santiaga no resistió la ansiedad, y miró hacia la puerta por encima del hombro. Entonces crey ó morir de rabia, pues él estaba mirándola, y sus miradas se encontraron. « Era justo lo que y o había planeado» , decía mi padre, feliz, cuando me repetía el cuento en su

vejez. Mi madre, en cambio, nunca se cansó de repetir que durante tres días no había podido dominar la furia de haber caído en la trampa. La segunda ocasión fue una carta que él le escribió. No la que ella hubiera esperado de un poeta y violinista de madrugadas furtivas, sino una esquela imperiosa, que exigía una respuesta antes de que él viajara a Santa Marta la semana siguiente. Ella no le contestó. Se encerró en su cuarto, decidida a matar el gusano que no le daba aliento para vivir, hasta que la tía Francisca trató de convencerla de que capitulara de una buena vez antes de que fuera demasiado tarde. Tratando de vencer su resistencia le contó la historia ejemplar de Juventino Trillo, el pretendiente que montaba guardia bajo el balcón de su amada imposible, todas las noches, desde las siete hasta las diez. Ella lo agredió con cuantos desaires se le ocurrieron, y terminó por vaciarle encima desde el balcón, noche tras noche, una bacinilla de orines. Pero no consiguió ahuy entarlo. Al cabo de toda clase de agresiones bautismales —conmovida por la abnegación de aquel amor invencible— se casó con él. La historia de mis padres no llegó a esos extremos. La tercera ocasión del asedio fue una boda de grandes vuelos, a la cual ambos fueron invitados como padrinos de honor. Luisa Santiaga no encontró pretexto para faltar a un compromiso tan cercano a la familia. Pero Gabriel Eligio había pensado lo mismo y acudió a la fiesta dispuesto para todo. Ella no pudo dominar su corazón cuando lo vio atravesar la sala con una determinación demasiado ostensible y la invitó a bailar la primera pieza. « La sangre me golpeaba tan fuerte por dentro del cuerpo que y a no supe si era de rabia o de susto» , me dijo ella. Él se dio cuenta y le asestó un zarpazo brutal: « Ya no tiene que decirme que sí, porque su corazón me lo está diciendo» . Ella, sin más vueltas, lo dejó plantado en la sala a la mitad de la pieza. Pero mi padre lo entendió a su manera. —Quedé feliz —me dijo. Luisa Santiaga no pudo resistir el rencor que sentía contra sí misma cuando la despertaron en la madrugada los requiebros del valse envenenado: « Cuando el baile se acabó» . Al día siguiente a primera hora le devolvió a Gabriel Eligio todos sus regalos. Este desaire inmerecido, y la comadrería del plantón en la boda, como las plumas echadas al aire, y a no tenía vientos de regreso. Todo el mundo dio por hecho que era el final sin gloria de una tormenta de verano. La impresión se fortaleció porque Luisa Santiaga tuvo una recaída en las fiebres tercianas de la infancia y su madre la llevó a temperar en la población de Manaure, un recodo paradisíaco en las estribaciones de la Sierra Nevada. Ambos negaron siempre que hubieran tenido comunicación alguna en aquellos meses, pero no es muy creíble, pues cuando ella regresó repuesta de sus males se les veía a ambos repuestos también de sus recelos. Mi padre decía que fue a esperarla en la estación porque había leído el telegrama con que Mina anunció el

regreso a casa, y en la forma en que Luisa Santiaga le estrechó la mano al saludarlo sintió algo como una seña masónica que él interpretó como un mensaje de amor. Ella lo negó siempre con el pudor y el rubor con que evocaba aquellos años. Pero la verdad es que desde entonces se les vio juntos con menos reticencias. Sólo le faltaba el final que le dio la tía Francisca la semana siguiente, mientras cosían en el corredor de las begonias: —Ya Mina lo sabe. Luisa Santiaga dijo siempre que fue la oposición de la familia lo que hizo saltar los diques del torrente que llevaba reprimido en el corazón desde la noche en que dejó al pretendiente plantado en mitad del baile. Fue una guerra encarnizada. El coronel intentó mantenerse al margen, pero no pudo eludir la culpa que Mina le echó en cara cuando se dio cuenta de que tampoco él era tan inocente como aparentaba. Para todo el mundo parecía claro que la intolerancia no era de él sino de ella, cuando en realidad estaba inscrita en el código de la tribu, para quien todo novio era un intruso. Este prejuicio atávico, cuy os rescoldos perduran, ha hecho de nosotros una vasta hermandad de mujeres solteras y hombres desbraguetados con numerosos hijos callejeros. Los amigos se dividieron según la edad, a favor o en contra de los enamorados, y a quienes no tenían una posición radical se la impusieron los hechos. Los jóvenes se hicieron cómplices jubilosos. Sobre todo de él, que disfrutó a placer con su condición de víctima propiciatoria de los prejuicios sociales. En cambio la may oría de los adultos veían a Luisa Santiaga como la prenda más preciada de una familia rica y poderosa, a la que un telegrafista advenedizo no pretendía por amor sino por interés. Ella misma, de obediente y sumisa que había sido, se enfrentó a sus opositores con una ferocidad de leona parida. En la más ácida de sus muchas disputas domésticas, Mina perdió los estribos y levantó contra la hija el cuchillo de la panadería. Luisa Santiaga la afrontó impávida. Consciente de pronto del ímpetu criminal de su cólera, Mina soltó el cuchillo y gritó espantada: « ¡Dios mío!» . Y puso la mano en las brasas del fogón como una penitencia brutal. Entre los argumentos fuertes contra Gabriel Eligio estaba su condición de hijo natural de una soltera que lo había tenido a la módica edad de catorce años por un tropiezo casual con un maestro de escuela. Se llamaba Argemira García Paternina, una blanca esbelta de espíritu libre que tuvo otros cinco hijos y dos hijas de tres padres distintos con los que nunca se casó ni convivió bajo un mismo techo. Vivía en la población de Sincé, donde había nacido, y estaba criando a su prole con las uñas y con un ánimo independiente y alegre que bien hubiéramos querido sus nietos para un Domingo de Ramos. Gabriel Eligio era un ejemplar distinguido de aquella estirpe descamisada. Desde los diecisiete años había tenido cinco amantes vírgenes, según le reveló a mi madre como un acto de penitencia en su noche de bodas a bordo de la azarosa goleta de Riohacha vapuleada por la

borrasca. Le confesó que con una de ellas, siendo telegrafista en la población de Achí a los dieciocho años, había tenido un hijo, Abelardo, que iba a cumplir tres. Con otra, siendo telegrafista de Ay apel, a los veinte años, tenía una hija de meses a la que no conocía y se llamaba Carmen Rosa. A la madre de ésta le había prometido volver para casarse, y mantenía vivo el compromiso cuando se le torció el rumbo de la vida por el amor de Luisa Santiaga. Al may or lo había reconocido ante notario, y más tarde lo haría con la hija, pero no eran más que formalidades bizantinas sin consecuencia alguna ante la ley. Es sorprendente que aquella conducta irregular pudiera causarle inquietudes morales al coronel Márquez, que además de sus tres hijos oficiales había tenido otros nueve de distintas madres, antes y después del matrimonio, y todos eran recibidos por su esposa como si fueran suy os. No me es posible establecer cuándo tuve las primeras noticias de estos hechos, pero en todo caso las transgresiones de los antepasados no me importaban para nada. En cambio, los nombres de la familia me llamaban la atención porque me parecían únicos. Primero los de la línea materna: Tranquilina, Wenefrida, Francisca Simodosea. Más tarde, el de mi abuela paterna: Argemira, y los de sus padres: Lozana y Aminadab. Tal vez de allí me viene la creencia firme de que los personajes de mis novelas no caminan con sus propios pies mientras no tengan un nombre que se identifique con su modo de ser. Las razones contra Gabriel Eligio se agravaban por ser miembro activo del Partido Conservador, contra el cual había peleado sus guerras el coronel Nicolás Márquez. La paz estaba hecha sólo a medias desde la firma de los acuerdos de Neerlandia y Wisconsin, pues el centralismo primíparo seguía en el poder y había de pasar todavía mucho tiempo antes de que godos y liberales dejaran de mostrarse los dientes. Quizás el conservatismo del pretendiente era más por contagio familiar que por convicción doctrinaria, pero lo tomaban más en cuenta que otros signos de su buena índole, como su inteligencia siempre alerta y su honradez probada. Papá era un hombre difícil de vislumbrar y complacer. Siempre fue mucho más pobre de lo que parecía y tuvo a la pobreza como un enemigo abominable al que nunca se resignó ni pudo derrotar. Con el mismo coraje y la misma dignidad sobrellevó la contrariedad de sus amores con Luisa Santiaga, en la trastienda de la telegrafía de Aracataca, donde siempre tuvo colgada una hamaca para dormir solo. Sin embargo, también tenía a su lado un catre de soltero con los resortes bien aceitados para lo que le deparara la noche. En una época tuve una cierta tentación por sus costumbres de cazador furtivo, pero la vida me enseñó que es la forma más árida de la soledad, y sentí una gran compasión por él. Hasta muy poco antes de su muerte le oí contar que uno de aquellos días difíciles tuvo que ir con varios amigos a la casa del coronel, y a todos los invitaron a sentarse, menos a él. La familia de ella lo negó siempre y se lo

atribuy ó a un rescoldo del resentimiento de mi padre, o al menos a un falso recuerdo, pero a mi abuela se le escapó alguna vez en los desvaríos cantados de sus casi cien años, que no parecían evocados sino vueltos a vivir. —Ahí está ese pobre hombre parado en la puerta de la sala y Nicolasito no lo ha invitado a sentarse —dijo, dolida de veras. Siempre pendiente de sus revelaciones alucinantes, le pregunté quién era el hombre, y ella me contestó en seco: —García, el del violín. En medio de tantos despropósitos, lo menos parecido al modo de ser de mi padre fue que compró un revólver por lo que pudiera ocurrir con un guerrero en reposo como el coronel Márquez. Era un venerable Smith & Wesson .38 largo, con quién sabe cuántos dueños anteriores y cuántos muertos a cuestas. Lo único seguro es que nunca lo disparó ni siquiera por precaución o curiosidad. Sus hijos may ores lo encontramos años después con sus cinco balas originales en un armario de trastos inútiles, junto con el violín de las serenatas. Ni Gabriel Eligio ni Luisa Santiaga se amilanaron con el rigor de la familia. Al principio podían encontrarse a escondidas en casas de amigos, pero cuando el cerco se cerró en torno a ella, el único contacto fueron las cartas recibidas y enviadas por conductos ingeniosos. Se veían de lejos cuando a ella no le permitían asistir a fiestas donde él fuera invitado. Pero la represión llegó a ser tan severa que nadie se atrevió a desafiar las iras de Tranquilina Iguarán, y los enamorados desaparecieron de la vista pública. Cuando no quedó ni un resquicio para las cartas furtivas, los novios inventaron recursos de náufragos. Ella logró esconder una tarjeta de felicitación en un pudín que alguien había encargado para el cumpleaños de Gabriel Eligio, y éste no desaprovechó ocasión de mandarle telegramas falsos e inocuos con el verdadero mensaje cifrado o escrito con tinta simpática. La complicidad de la tía Francisca se hizo entonces tan evidente, a pesar de sus negativas terminantes, que afectó por primera vez su autoridad en la casa, y sólo le permitieron acompañar a la sobrina mientras cosía a la sombra de los almendros. Entonces Gabriel Eligio mandaba mensajes de amor desde la ventana del doctor Alfredo Barboza, en la acera de enfrente, con la telegrafía manual de los sordomudos. Ella la aprendió tan bien que en los descuidos de la tía lograba conversaciones íntimas con el novio. Era apenas uno de los numerosos trucos inventados por Adriana Berdugo, comadre de sacramento de Luisa Santiaga y su cómplice más recursiva y audaz. Aquellos manejos de consolación les habrían bastado para sobrevivir a fuego lento, hasta que Gabriel Eligio recibió una carta alarmante de Luisa Santiaga, que lo obligó a una reflexión definitiva. La había escrito a las carreras en el papel del retrete, con la mala noticia de que los padres habían resuelto llevársela a Barrancas, de pueblo en pueblo, como un remedio brutal para su mal de amores. No sería el viaje ordinario de una mala noche en la goleta de Riohacha, sino por

la ruta bárbara de las estribaciones de la Sierra Nevada en mulas y carretas, a través de la vasta provincia de Padilla. « Hubiera preferido morirme» , me dijo mi madre el día en que fuimos a vender la casa. Y lo había intentado de veras, encerrada con tranca en su cuarto, a pan y agua durante tres días, hasta que se le impuso el terror reverencial que sentía por su padre. Gabriel Eligio se dio cuenta de que la tensión había llegado a sus límites, y tomó una decisión también extrema pero manejable. Atravesó la calle a zancadas desde la casa del doctor Barboza, hasta la sombra de los almendros y se plantó frente a las dos mujeres, que lo esperaron aterradas con la labor en el regazo. —Hágame el favor de dejarme solo un momento con la señorita —le dijo a la tía Francisca—. Tengo algo importante que decirle a ella sola. —¡Atrevido! —le replicó la tía—. No hay nada de ella que y o no pueda oír. —Entonces no se lo digo —dijo él—, pero le advierto que usted será responsable de lo que pase. Luisa Santiaga le suplicó a la tía que los dejara solos, y asumió el riesgo. Entonces Gabriel Eligio le expresó su acuerdo de que hiciera el viaje con sus padres, en la forma y por el tiempo que fuera, pero con la condición de que le prometiera bajo la gravedad del juramento que se casaría con él. Ella lo hizo complacida y agregó de su cuenta y riesgo que sólo la muerte podría impedírselo. Ambos tuvieron casi un año para demostrar la seriedad de sus promesas, pero ni el uno ni la otra se imaginaban cuánto iba a costarles. La primera parte del viaje en una caravana de arrieros duró dos semanas a lomo de mula por las cornisas de la Sierra Nevada. Los acompañaba Chon —diminutivo afectuoso de Encarnación—, la criada de Wenefrida, que se incorporó a la familia desde que se fueron de Barrancas. El coronel conocía de sobra aquella ruta escarpada, donde había dejado un rastro de hijos en las noches desperdigadas de sus guerras, pero su esposa la había preferido sin conocerla por los malos recuerdos de la goleta. Para mi madre, que además montaba una mula por primera vez, fue una pesadilla de soles desnudos y aguaceros feroces, con el alma en un hilo por el vaho adormecedor de los precipicios. Pensar en un novio incierto, con sus trajes de medianoche y el violín de madrugada, parecía una burla de la imaginación. Al cuarto día, incapaz de sobrevivir, amenazó a la madre con tirarse al precipicio si no volvían a casa. Mina, más asustada que ella, lo decidió. Pero el patrón de la cordada le demostró en el mapa que regresar o proseguir daba lo mismo. El alivio les llegó a los once días, cuando divisaron desde la última cornisa la llanura radiante de Valledupar. Antes de que culminara la primera etapa, Gabriel Eligio se había asegurado una comunicación permanente con la novia errante, gracias a la complicidad de los telegrafistas de los siete pueblos donde ella y su madre iban a demorarse

antes de llegar a Barrancas. También Luisa Santiaga hizo lo suy o. Toda la Provincia estaba saturada de Iguaranes y Cotes, cuy a conciencia de casta tenía el poder de una maraña impenetrable, y ella logró ponerla de su lado. Esto le permitió mantener una correspondencia febril con Gabriel Eligió desde Valledupar, donde permaneció tres meses, hasta el término del viaje, casi un año después. Le bastaba con pasar por la telegrafía de cada pueblo, con la complicidad de una parentela joven y entusiasta, para recibir y contestar sus mensajes. Chon, la sigilosa, jugó un papel invaluable, porque llevaba mensajes escondidos entre sus trapos sin inquietar a Luisa Santiaga ni herir su pudor, porque no sabía leer ni escribir y podía hacerse matar por un secreto. Casi sesenta años después, cuando trataba de saquear estos recuerdos para El amor en los tiempos del cólera, mi quinta novela, le pregunté a mi papá si en la jerga de los telegrafistas existía una palabra específica para el acto de enlazar una oficina con otra. Él no tuvo que pensarla: enclavijar. La palabra está en los diccionarios, no para el uso específico que me hacía falta, pero me pareció perfecta para mis dudas, pues la comunicación con las distintas oficinas se establecía mediante la conexión de una clavija en un tablero de terminales telegráficas. Nunca lo comenté con mi padre. Sin embargo, poco antes de su muerte le preguntaron en una entrevista de prensa si hubiera querido escribir una novela, y contestó que había desistido cuando le hice la consulta sobre el verbo enclavijar porque entonces descubrió que el libro que y o estaba escribiendo era el mismo que él pensaba escribir. En esa ocasión recordó además un dato oculto que habría podido cambiar el rumbo de nuestras vidas. Y fue que a los seis meses de viaje, cuando mi madre estaba en San Juan del César, le llegó a Gabriel Eligio el soplo confidencial de que Mina llevaba el encargo de preparar el regreso definitivo de la familia a Barrancas, una vez cicatrizados los rencores por la muerte de Medardo Pacheco. Le pareció absurdo, cuando los malos tiempos habían quedado atrás y el imperio absoluto de la compañía bananera empezaba a parecerse al sueño de la tierra prometida. Pero también era razonable que la tozudez de los Márquez Iguarán los llevara a sacrificar la propia felicidad con tal de librar a la hija de las garras del gavilán. La decisión inmediata de Gabriel Eligio fue gestionar su traslado para la telegrafía de Riohacha, a unas veinte leguas de Barrancas. No estaba disponible pero le prometieron tomar en cuenta la solicitud. Luisa Santiaga no pudo averiguar las intenciones secretas de su madre, pero tampoco se atrevió a negarlas, porque le había llamado la atención que cuanto más se acercaban a Barrancas más suspirante y apacible le parecía. Chon, confidente de todos, no le dio tampoco ninguna pista. Para sacar verdades, Luisa Santiaga le dijo a su madre que le encantaría quedarse a vivir en Barrancas. La madre tuvo un instante de vacilación pero no se decidió a decir nada, y la hija quedó con la impresión de haber pasado muy cerca del secreto. Inquieta, se libró

al azar de las barajas con una gitana callejera que no le dio ninguna pista sobre su futuro en Barrancas. Pero a cambio le anunció que no habría ningún obstáculo para una vida larga y feliz con un hombre remoto que apenas conocía pero que iba a amarla hasta morir. La descripción que hizo de él le devolvió el alma al cuerpo, porque le encontró rasgos comunes con su prometido, sobre todo en el modo de ser. Por último le predijo sin un punto de duda que tendría seis hijos con él. « Me morí de susto» , me dijo mi madre la primera vez que me lo contó, sin imaginarse siquiera que sus hijos serían cinco más. Ambos tomaron la predicción con tanto entusiasmo, que la correspondencia telegráfica dejó de ser entonces un concierto de intenciones ilusorias y se volvió metódica y práctica, y más intensa que nunca. Fijaron fechas, establecieron modos y empeñaron sus vidas en la determinación común de casarse sin consultarlo con nadie, donde fuera y como fuera, cuando volvieran a encontrarse. Luisa Santiaga fue tan fiel al compromiso que en la población de Fonseca no le pareció correcto asistir a un baile de gala sin el consentimiento del novio. Gabriel Eligió estaba en la hamaca sudando una fiebre de cuarenta grados cuando sonó la señal de una cita telegráfica urgente. Era su colega de Fonseca. Para seguridad completa, ella preguntó quién estaba operando el manipulador al final de la cadena. Más atónito que halagado, el novio transmitió una frase de identificación: « Dígale que soy su ahijado» . Mi madre reconoció el santo y seña, y estuvo en el baile hasta las siete de la mañana, cuando tuvo que cambiarse de ropa a las volandas para no llegar tarde a la misa. En Barrancas no encontraron el menor rastro de inquina contra la familia. Al contrario, entre los allegados de Medardo Pacheco prevalecía un ánimo cristiano de perdón y olvido diecisiete años después de la desgracia. La recepción de la parentela fue tan entrañable que entonces fue Luisa Santiaga quien pensó en la posibilidad de que la familia regresara a aquel remanso de la sierra distinto del calor y el polvo, y los sábados sangrientos y los fantasmas decapitados de Aracataca. Alcanzó a insinuárselo a Gabriel Eligio, siempre que éste lograra su traslado a Riohacha, y él estuvo de acuerdo. Sin embargo, por esos días se supo por fin que la versión de la mudanza no sólo carecía de fundamento sino que nadie la quería menos que Mina. Así quedó establecido en una carta de respuesta que ella le mandó a su hijo Juan de Dios, cuando éste le escribió atemorizado de que volvieran a Barrancas cuando aún no se habían cumplido veinte años de la muerte de Medardo Pacheco. Pues siempre estuvo tan convencido del fatalismo de la ley guajira, que se opuso a que su hijo Eduardo hiciera el servicio de medicina social en Barrancas medio siglo después. Contra todos los temores, fue allí donde se desataron en tres días todos los nudos de la situación. El mismo martes en que Luisa Santiaga le confirmó a Gabriel Eligio que Mina no pensaba en mudarse para Barrancas, le anunciaron a él que estaba a su disposición la telegrafía de Riohacha por muerte repentina del

titular. El día siguiente, Mina vació las gavetas de la despensa buscando unas tijeras de destazar y destapó sin necesidad la caja de galletas inglesas donde la hija escondía sus telegramas de amor. Fue tanta su rabia que sólo acertó a decirle uno de los improperios célebres que solía improvisar en sus malos momentos: « Dios lo perdona todo menos la desobediencia» . Ese fin de semana viajaron a Riohacha para alcanzar el domingo la goleta de Santa Marta. Ninguna de las dos fue consciente de la noche terrible vapuleada por el ventarrón de febrero: la madre aniquilada por la derrota y la hija asustada pero feliz. La tierra firme le devolvió a Mina el aplomo perdido por el hallazgo de las cartas. Siguió sola para Aracataca al día siguiente, y dejó a Luisa Santiaga en Santa Marta bajo el amparo de su hijo Juan de Dios, segura de ponerla a salvo de los diablos del amor. Fue al contrario: Gabriel Eligió viajaba entonces de Aracataca a Santa Marta para verla cada vez que podía. El tío Juanito, que sufrió la misma intransigencia de sus padres en sus amores con Dilia Caballero, había resuelto no tomar partido en los amores de su hermana, pero a la hora de la verdad se encontró entrampado entre la adoración de Luisa Santiaga y la veneración de los padres, y se refugió en una fórmula propia de su bondad proverbial: admitió que los novios se vieran fuera de su casa, pero nunca a solas y sin que él se enterara. Dilia Caballero, su esposa, que perdonaba pero no olvidaba, urdió para su cuñada las mismas casualidades infalibles y las martingalas maestras con que ella burlaba la vigilancia de sus suegros. Gabriel y Luisa empezaron por verse en casas de amigos, pero poco a poco fueron arriesgándose a lugares públicos poco concurridos. Al final se atrevieron a conversar por la ventana cuando el tío Juanito no estaba, la novia en la sala y el novio en la calle, fieles al compromiso de no verse dentro de la casa. La ventana parecía hecha aposta para amores contrariados, a través de una reja andaluza de cuerpo entero y con un marco de enredaderas, en las que no faltó alguna vez un vapor de jazmines en el sopor de la noche. Dilia lo había previsto todo, incluso la complicidad de algunos vecinos con silbidos cifrados para alertar a los novios de un peligro inminente. Sin embargo, una noche fallaron todos los seguros, y Juan de Dios se rindió ante la verdad. Dilia aprovechó la ocasión para invitar a los novios a que se sentaran en la sala con las ventanas abiertas para que compartieran su amor con el mundo. Mi madre no olvidó nunca el suspiro del hermano: « ¡Qué alivio!» . Por esos días recibió Gabriel Eligió el nombramiento formal para la telegrafía de Riohacha. Inquieta por nueva separación, mi madre apeló entonces a monseñor Pedro Espejo, actual vicario de la diócesis, con la esperanza de que la casara sin el permiso de sus padres. La respetabilidad de Monseñor había alcanzado tanta fuerza que muchos feligreses la confundían con la santidad, y algunos acudían a sus misas sólo para comprobar si era cierto que se alzaba varios centímetros sobre el nivel del suelo en el momento de la Elevación.

Cuando Luisa Santiaga solicitó su ay uda, él dio una muestra más de que la inteligencia es uno de los privilegios de la santidad. Se negó a intervenir en el fuero interno de una familia tan celosa de su intimidad, pero optó por la alternativa secreta de informarse sobre la de mi padre a través de la curia. El párroco de Sincé pasó por alto las liberalidades de Argemira García, y respondió con una fórmula benévola: « Se trata de una familia respetable, aunque poco devota» . Monseñor conversó entonces con los novios, juntos y por separado, y escribió una carta a Nicolás y Tranquilina en la cual les expresó su certidumbre emocionada de que no había poder humano capaz de derrotar aquel amor empedernido. Mis abuelos, vencidos por el poder de Dios, acordaron darle la vuelta a la doliente página y le otorgaron a Juan de Dios plenos poderes para organizar la boda en Santa Marta. Pero no asistieron, sino que mandaron de madrina a Francisca Simodosea. Se casaron el 11 de junio de 1926 en la catedral de Santa Marta, con cuarenta minutos de retraso, porque la novia se olvidó de la fecha y tuvieron que despertarla pasadas las ocho de la mañana. Esa misma noche abordaron una vez más la goleta pavorosa para que Gabriel Eligio tomara posesión de la telegrafía de Riohacha y pasaron su primera noche en castidad derrotados por el mareo. Mi madre añoraba tanto la casa donde pasó la luna de miel, que sus hijos may ores hubiéramos podido describirla cuarto por cuarto como si la hubiéramos vivido y todavía hoy sigue siendo uno de mis falsos recuerdos. Sin embargo, la primera vez que fui en realidad a la península de La Guajira, poco antes de mis sesenta años, me sorprendió que la casa de la telegrafía no tenía nada que ver con la de mi recuerdo. Y la Riohacha idílica que llevaba desde niño en el corazón, con sus calles de salitre que bajaban hacia un mar de lodo, no eran más que ensueños prestados por mis abuelos. Más aún: ahora que conozco Riohacha no consigo visualizarla como es, sino como la había construido piedra por piedra en mi imaginación. Dos meses después de la boda, Juan de Dios recibió un telegrama de mi papá con el anuncio de que Luisa Santiaga estaba encinta. La noticia estremeció hasta los cimientos la casa de Aracataca, donde Mina no se reponía aún de su amargura, y tanto ella como el coronel depusieron sus armas para que los recién casados volvieran con ellos. No fue fácil. Al cabo de una resistencia digna y razonada de varios meses, Gabriel Eligio aceptó que la esposa diera a luz en casa de sus padres. Poco después lo recibió mi abuelo en la estación del tren con una frase que quedó con un marco de oro en el prontuario histórico de la familia: « Estoy dispuesto a darle todas las satisfacciones que sean necesarias» . La abuela renovó la alcoba que hasta entonces había sido suy a, y allí instaló a mis padres. En el curso del año, Gabriel Eligio renunció a su buen oficio de telegrafista y consagró su talento de autodidacta a una ciencia venida a menos: la homeopatía. El abuelo,

por gratitud o por remordimiento, gestionó ante las autoridades que la calle donde vivíamos en Aracataca llevara el nombre que aun lleva: avenida Monseñor Espejo. Fue así y allí donde nació el primero de siete varones y cuatro mujeres, el domingo 6 de marzo de 1927, a las nueve de la mañana y con un aguacero torrencial fuera de estación, mientras el cielo de Tauro se alzaba en el horizonte. Estaba a punto de ser estrangulado por el cordón umbilical, pues la partera de la familia, Santos Villero, perdió el dominio de su arte en el peor momento. Pero más aún lo perdió la tía Francisca, que corrió hasta la puerta de la calle dando alaridos de incendio: —¡Varón! ¡Varón! —Y enseguida, como tocando a rebato—: ¡Ron, que se ahoga! La familia supone que el ron no era para celebrar sino para reanimar con fricciones al recién nacido. Misia Juana de Frey tes, que hizo su entrada providencial en la alcoba, me contó muchas veces que el riesgo más grave no era el cordón umbilical, sino una mala posición de mi madre en la cama. Ella se la corrigió a tiempo, pero no fue fácil reanimarme, de modo que la tía Francisca me echó el agua bautismal de emergencia. Debí de llamarme Olegario, que era el santo del día, pero nadie tuvo a la mano el santoral, así que me pusieron de urgencia el primer nombre de mi padre seguido por el de José, el carpintero, por ser el patrono de Aracataca y por estar en su mes de marzo. Misia Juana de Frey tes propuso un tercer nombre en memoria de la reconciliación general que se lograba entre familias y amigos con mi venida al mundo, pero en el acta del bautismo formal que me hicieron tres años después olvidaron ponerlo: Gabriel José de la Concordia.

2 El día en que fui con mi madre a vender la casa recordaba todo lo que había impresionado mi infancia, pero no estaba seguro de qué era antes y qué era después, ni qué significaba nada de eso en mi vida. Apenas si era consciente de que en medio del falso esplendor de la compañía bananera, el matrimonio de mis padres estaba y a inscrito dentro del proceso que había de rematar la decadencia de Aracataca. Desde que empecé a recordar, oí repetirse —primero con mucho sigilo y después en voz alta y con alarma— la frase fatídica: « Dicen que la compañía se va» . Sin embargo, o nadie lo creía o nadie se atrevió a pensar en sus estragos. La versión de mi madre tenía cifras tan exiguas y el escenario era tan pobre para un drama tan grandioso como el que y o había imaginado, que me causó un sentimiento de frustración. Más tarde hablé con sobrevivientes y testigos y escarbé en colecciones de prensa y documentos oficiales, y me di cuenta de que la verdad no estaba de ningún lado. Los conformistas decían, en efecto, que no hubo muertos. Los del extremo contrario afirmaban sin un temblor en la voz que fueron más de cien, que los habían visto desangrándose en la plaza y que se los llevaron en un tren de carga para echarlos en el mar como el banano de rechazo. Así que mi verdad quedó extraviada para siempre en algún punto improbable de los dos extremos. Sin embargo, fue tan persistente que en una de mis novelas referí la matanza con la precisión y el horror con que la había incubado durante años en mi imaginación. Fue así como la cifra de muertos la mantuve en tres mil, para conservar las proporciones épicas del drama, y la vida real terminó por hacerme justicia: hace poco, en uno de los aniversarios de la tragedia, el orador de turno en el Senado pidió un minuto de silencio en memoria de los tres mil mártires anónimos sacrificados por la fuerza pública. La matanza de las bananeras fue la culminación de otras anteriores, pero con el argumento adicional de que los líderes fueron señalados como comunistas, y tal vez lo eran. Al más destacado y perseguido, Eduardo Mahecha, lo conocí por azar en la cárcel Modelo de Barranquilla por los días en que fui con mi madre a vender la casa, y tuve con él una buena amistad desde que me presenté como el nieto de Nicolás Márquez. Fue él quien me reveló que el abuelo no había sido neutral sino mediador en la huelga de 1928, y lo consideraba un hombre justo. De modo que me completó la idea que siempre tuve de la masacre y me formé una concepción más objetiva del conflicto social. La única discrepancia entre los recuerdos de todos fue sobre el número de muertos, que de todos modos no será la única incógnita de nuestra historia. Tantas versiones encontradas han sido la causa de mis recuerdos falsos. Entre ellos, el más persistente es el de mí mismo en la puerta de la casa con un casco

prusiano y una escopetita de juguete, viendo desfilar bajo los almendros el batallón de cachacos sudorosos. Uno de los oficiales que los comandaba en uniforme de parada me saludó al pasar: —Adiós, capitán Gabi. El recuerdo es nítido, pero no hay ninguna posibilidad de que sea cierto. El uniforme, el casco y la escopeta coexistieron, pero unos dos años después de la huelga cuando y a no había tropas de guerra en Cataca. Múltiples casos como ése me crearon en casa la mala reputación de que tenía recuerdos intrauterinos y sueños premonitorios. Ése era el estado del mundo cuando empecé a tomar conciencia de mi ámbito familiar y no logro evocarlo de otro modo: pesares, añoranzas, incertidumbres, en la soledad de una casa inmensa. Durante años me pareció que aquella época se me había convertido en una pesadilla recurrente de casi todas las noches, porque amanecía con el mismo terror que en el cuarto de los santos. Durante la adolescencia, interno en un colegio helado de los Andes, despertaba llorando en medio de la noche. Necesité esta vejez sin remordimientos para entender que la desdicha de los abuelos en la casa de Cataca fue que siempre estuvieron encallados en sus nostalgias, y tanto más cuanto más se empeñaban en conjurarlas. Más simple aun: estaban en Cataca pero seguían viviendo en la provincia de Padilla, que todavía llamamos la Provincia, sin más datos, como si no hubiera otra en el mundo. Tal vez sin pensarlo siquiera, habían construido la casa de Cataca como una réplica ceremonial de la casa de Barrancas, desde cuy as ventanas se veía, al otro lado de la calle, el cementerio triste donde y acía Medardo Pacheco. En Cataca eran amados y complacidos, pero sus vidas estaban sometidas a la servidumbre de la tierra en que nacieron. Se atrincheraron en sus gustos, sus creencias, sus prejuicios, y cerraron filas contra todo lo que fuera distinto. Sus amistades más próximas eran antes que nadie las que llegaban de la Provincia. La lengua doméstica era la que sus abuelos habían traído de España a través de Venezuela en el siglo anterior, revitalizada con localismos caribes, africanismos de esclavos y retazos de la lengua guajira, que iban filtrándose gota a gota en la nuestra. La abuela se servía de ella para despistarme sin saber que y o la entendía mejor por mis tratos directos con la servidumbre. Aún recuerdo muchos: atunkeshi, tengo sueño; jamusaitshi taya, tengo hambre; ipuwots, la mujer encinta; arijuna, el forastero, que mi abuela usaba en cierto modo para referirse al español, al hombre blanco y en fin de cuentas al enemigo. Los guajiros, por su lado, hablaron siempre una especie de castellano sin huesos con destellos radiantes, como el dialecto propio de Chon, con una precisión viciosa que mi abuela le prohibió porque remitía sin remedio a un equívoco: « Los labios de la boca» . El día estaba incompleto mientras no llegaran las noticias de quién nació en

Barrancas, a cuántos mató el toro en la corraleja de Fonseca, quién se casó en Manaure o murió en Riohacha, cómo amaneció el general Socarras que estaba grave en San Juan del César. En el comisariato de la compañía bananera se vendían a precios de ocasión las manzanas de California envueltas en papel de seda, los pargos petrificados en hielo, los jamones de Galicia, las aceitunas griegas. Sin embargo, nada se comía en casa que no estuviera sazonado en el caldo de las añoranzas: la malanga para la sopa tenía que ser de Riohacha, el maíz para las arepas del desay uno debía ser de Fonseca, los chivos eran criados con la sal de La Guajira y las tortugas y las langostas las llevaban vivas de Dibuy a. De modo que la may oría de los visitantes que llegaban a diario en el tren iban de la Provincia o mandados por alguien de allá. Siempre los mismos apellidos: los Riasco, los Noguera, los Ovalle, cruzados a menudo con las tribus sacramentales de los Cotes y los Iguarán. Iban de paso, sin nada más que la mochila al hombro, y aunque no anunciaran la visita estaba previsto que se quedaban a almorzar. Nunca he olvidado la frase casi ritual de la abuela al entrar en la cocina: « Hay que hacer de todo, porque no se sabe qué les gustará a los que vengan» . Aquel espíritu de evasión perpetua se sustentaba en una realidad geográfica. La Provincia tenía la autonomía de un mundo propio y una unidad cultural compacta y antigua, en un cañón feraz entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la sierra del Perijá, en el Caribe colombiano. Su comunicación era más fácil con el mundo que con el resto del país, pues su vida cotidiana se identificaba mejor con las Antillas por el tráfico fácil con Jamaica o Curazao, y casi se confundía con la de Venezuela por una frontera de puertas abiertas que no hacía distinciones de rangos y colores. Del interior del país, que se cocinaba a fuego lento en su propia sopa, llegaba apenas el óxido del poder: las ley es, los impuestos, los soldados, las malas noticias incubadas a dos mil quinientos metros de altura y a ocho días de navegación por el río Magdalena en un buque de vapor alimentado con leña. Aquella naturaleza insular había generado una cultura estanca con carácter propio que los abuelos implantaron en Cataca. Más que un hogar, la casa era un pueblo. Siempre había varios turnos en la mesa, pero los dos primeros eran sagrados desde que cumplí tres años: el coronel en la cabecera y y o en la esquina de su derecha. Los sitios restantes se ocupaban primero con los hombres y luego con las mujeres, pero siempre separados. Estas reglas se rompían durante las fiestas patrias del 20 de julio, y el almuerzo por turnos se prolongaba hasta que comieran todos. De noche no se servía la mesa, sino que se repartían tazones de café con leche en la cocina, con la exquisita repostería de la abuela. Cuando se cerraban las puertas cada quien colgaba su hamaca donde podía, a distintos niveles, hasta en los árboles del patio. Una de la grandes fantasías de aquellos años la viví un día en que llegó a la

casa un grupo de hombres iguales con ropas, polainas y espuelas de jinete, y todos con una cruz de ceniza pintada en la frente. Eran los hijos engendrados por el coronel a lo largo de la Provincia durante la guerra de los Mil Días, que iban desde sus pueblos para felicitarlo por su cumpleaños con más de un mes de retraso. Antes de ir a la casa habían oído la misa del Miércoles de Ceniza, y la cruz que el padre Angarita les dibujó en la frente me pareció un emblema sobrenatural cuy o misterio habría de perseguirme durante años, aun después de que me familiaricé con la liturgia de la Semana Santa. La may oría de ellos había nacido después del matrimonio de mis abuelos. Mina los registraba con sus nombres y apellidos en una libreta de apuntes desde que tenía noticia de sus nacimientos, y con una indulgencia difícil terminaba por asentarlos de todo corazón en la contabilidad de la familia. Pero ni a ella ni a nadie le fue fácil distinguirlos antes de aquella visita ruidosa en la que cada uno reveló su modo de ser peculiar. Eran serios y laboriosos, hombres de su casa, gente de paz, que sin embargo no temían perder la cabeza en el vértigo de la parranda. Rompieron la vajilla, desgreñaron los rosales persiguiendo un novillo para mantearlo, mataron a tiros a las gallinas para el sancocho y soltaron un cerdo ensebado que atropello a las bordadoras del corredor, pero nadie lamentó esos percances por el ventarrón de felicidad que llevaban consigo. Seguí viendo con frecuencia a Esteban Carrillo, gemelo de la tía Elvira y diestro en las artes manuales, que viajaba con una caja de herramientas para reparar de favor cualquier avería en las casas que visitaba. Con su sentido del humor y su buena memoria me llenó numerosos vacíos que parecían insalvables en la historia de la familia. También frecuenté en la adolescencia a mi tío Nicolás Gómez, un rubio intenso de pecas coloradas que siempre mantuvo muy en alto su buen oficio de tendero en la antigua colonia penal de Fundación. Impresionado por mi buena reputación de caso perdido, me despedía con una bolsa de mercado bien provista para proseguir el viaje. Rafael Arias llegaba siempre de paso y deprisa en una mula y en ropas de montar, apenas con el tiempo para un café de pie en la cocina. A los otros los encontré desperdigados en los viajes de nostalgia que hice más tarde por los pueblos de la Provincia para escribir mis primeras novelas, y siempre eché de menos la cruz de ceniza en la frente como una señal inconfundible de la identidad familiar. Años después de muertos los abuelos y abandonada a su suerte la casa señorial, llegué a Fundación en el tren de la noche y me senté en el único puesto de comida abierto a esas horas en la estación. Quedaba poco que servir, pero la dueña improvisó un buen plato en mi honor. Era dicharachera y servicial, y en el fondo de esas virtudes mansas me pareció percibir el carácter fuerte de las mujeres de la tribu. Lo confirmé años después: la guapa mesonera era Sara Noriega, otra de mis tías desconocidas. Apolinar, el antiguo esclavo pequeño y macizo a quien siempre recordé

como un tío, desapareció de la casa durante años, y una tarde reapareció sin motivo, vestido de luto con un traje de paño negro y un sombrero enorme, también negro, hundido hasta los ojos taciturnos. Al pasar por la cocina dijo que venía para el entierro, pero nadie lo entendió hasta el día siguiente, cuando llegó la noticia de que el abuelo acababa de morir en Santa Marta, adonde lo habían llevado de urgencia y en secreto. El único de los tíos que tuvo una resonancia pública fue el may or de todos y el único conservador, José María Valdeblánquez, que había sido senador de la República durante la guerra de los Mil Días, y en esa condición asistió a la firma de la rendición liberal en la cercana finca de Neerlandia. Frente a él, en el lado de los vencidos, estaba su padre. Creo que la esencia de mi modo de ser y de pensar se la debo en realidad a las mujeres de la familia y a las muchas de la servidumbre que pastorearon mi infancia. Eran de carácter fuerte y corazón tierno, y me trataban con la naturalidad del paraíso terrenal. Entre las muchas que recuerdo, Lucía fue la única que me sorprendió con su malicia pueril, cuando me llevó al callejón de los sapos y se alzó la bata hasta la cintura para mostrarme su pelambre cobriza y desgreñada. Sin embargo, lo que en realidad me llamó la atención fue la mancha de carate que se extendía por su vientre como un mapamundi de dunas moradas y océanos amarillos. Las otras parecían arcángeles de la pureza: se cambiaban de ropa delante de mí, me bañaban mientras se bañaban, me sentaban en mi bacinilla y se sentaban en las suy as frente a mí para desahogarse de sus secretos, sus penas, sus rencores, como si y o no entendiera, sin darse cuenta de que lo sabía todo porque ataba los cabos que ellas mismas me dejaban sueltos. Chon era de la servidumbre y de la calle. Había llegado de Barrancas con los abuelos cuando todavía era niña, había acabado de criarse en la cocina pero asimilada a la familia, y el trato que le daban era el de una tía chaperona desde que hizo la peregrinación a la Provincia con mi madre enamorada. En sus últimos años se mudó a un cuarto propio en la parte más pobre del pueblo, por la gracia de su real gana, y vivía de vender en la calle desde el amanecer las bolas de maíz molido para las arepas, con un pregón que se volvió familiar en el silencio de la madrugada: « Las masitas heladas de la vieja Chon…» . Tenía un bello color de india y desde siempre pareció en los puros huesos, y andaba a pie descalzo, con un turbante blanco y envuelta en sábanas almidonadas. Caminaba muy despacio por la mitad de la calle, con una escolta de perros mansos y callados que avanzaban dando vueltas alrededor de ella. Terminó incorporada al folclor del pueblo. En unos carnavales apareció un disfraz idéntico a ella, con sus sábanas y su pregón, aunque no lograron amaestrar una guardia de perros como la suy a. Su grito de las masitas heladas se volvió tan popular que fue motivo de una canción de acordeoneros. Una mala mañana dos perros bravos atacaron a los suy os, y éstos se defendieron con tal

ferocidad que Chon cay ó por tierra con la espina dorsal fracturada. No sobrevivió, a pesar de los muchos recursos médicos que le procuró mi abuelo. Otro recuerdo revelador en aquel tiempo fue el parto de Matilde Armenta, una lavandera que trabajó en la casa cuando y o tenía unos seis años. Entré en su cuarto por equivocación y la encontré desnuda y despernancada en una cama de lienzo, y aullando de dolor entre una pandilla de comadres sin orden ni razón que se habían repartido su cuerpo para ay udarla a parir a gritos. Una le enjugaba el sudor de la cara con una toalla mojada, otras le sujetaban a la fuerza los brazos y las piernas y le daban masajes en el vientre para apresurar el parto. Santos Villero, impasible en medio del desorden, murmuraba oraciones de buena mar con los ojos cerrados mientras parecía excavar entre los muslos de la parturienta. El calor era insoportable en el cuarto lleno de humo por las ollas de agua hirviendo que llevaban de la cocina. Permanecí en un rincón, repartido entre el susto y la curiosidad, hasta que la partera sacó por los tobillos una cosa en carne viva como un ternero de vientre con una tripa sanguinolenta colgada del ombligo. Una de las mujeres me descubrió entonces en el rincón y me sacó a rastras del cuarto. —Estás en pecado mortal —me dijo. Y me ordenó con un dedo amenazante —: No vuelvas a acordarte de lo que viste. En cambio, la mujer que de verdad me quitó la inocencia no se lo propuso ni lo supo nunca. Se llamaba Trinidad, era hija de alguien que trabajaba en la casa, y empezaba apenas a florecer en una primavera mortal. Tenía unos trece años, pero todavía usaba los trajes de cuando tenía nueve, y le quedaban tan ceñidos al cuerpo que parecía más desnuda que sin ropa. Una noche en que estábamos solos en el patio irrumpió de pronto una música de banda en la casa vecina y Trinidad me sacó a bailar con un abrazo tan apretado que me dejó sin aire. No sé qué fue de ella, pero todavía hoy me despierto en mitad de la noche perturbado por la conmoción, y sé que podría reconocerla en la oscuridad por el tacto de cada pulgada de su piel y su olor de animal. En un instante tomé conciencia de mi cuerpo con una clarividencia de los instintos que nunca más volví a sentir, y que me atrevo a recordar como una muerte exquisita. Desde entonces supe de alguna manera confusa e irreal que había un misterio insondable que y o no conocía, pero me perturbaba como si lo supiera. Por el contrario, las mujeres de la familia me condujeron siempre por el rumbo árido de la castidad. La pérdida de la inocencia me enseñó al mismo tiempo que no era el Niño Dios quien nos traía los juguetes en la Navidad, pero tuve el cuidado de no decirlo. A los diez años, mi padre me lo reveló como un secreto de adultos, porque daba por hecho que lo sabía, y me llevó a las tiendas de la Nochebuena para escoger los juguetes de mis hermanos. Lo mismo me había sucedido con el misterio del parto antes de asistir al de Matilde Amenta: me atoraba de risa cuando decían que a los niños los traía de París una cigüeña. Pero debo confesar

que ni entonces ni ahora he logrado relacionar el parto con el sexo. En todo caso, pienso que mi intimidad con la servidumbre pudo ser el origen de un hilo de comunicación secreta que creo tener con las mujeres, y que a lo largo de la vida me ha permitido sentirme más cómodo y seguro entre ellas que entre hombres. También de allí puede venir mi convicción de que son ellas las que sostienen el mundo, mientras los hombres lo desordenamos con nuestra brutalidad histórica. Sara Emilia Márquez, sin saberlo, tuvo algo que ver con mi destino. Perseguida desde muy joven por pretendientes que ni siquiera se dignaba mirar, se decidió por el primero que le pareció bien, y para siempre. El elegido tenía algo en común con mi padre, pues era un forastero que llegó no se sabía de dónde ni cómo, con una buena hoja de vida, pero sin recursos conocidos. Se llamaba José del Carmen Uribe Vergel, pero a veces sólo se firmaba como J. del C. Pasó algún tiempo antes de saberse quién era en realidad y de dónde venía, hasta que se supo por los discursos de encargo que escribía para funcionarios públicos, y por los versos de amor que publicaba en su propia revista cultural, cuy a frecuencia dependía de la voluntad de Dios. Desde que apareció en la casa sentí una grande admiración por su fama de escritor, el primero que conocí en mi vida. De inmediato quise ser igual a él, y no estuve contento hasta que la tía Mama aprendió a peinarme como él. Fui el primero de la familia que supo de sus amores secretos, una noche en que entró en la casa de enfrente donde y o jugaba con amigos. Me llamó aparte, en un estado de tensión evidente, y me dio una carta para Sara Emilia. Yo sabía que estaba sentada en la puerta de nuestra casa atendiendo la visita de una amiga. Atravesé la calle, me escondí detrás de uno de los almendros y arrojé la carta con tal precisión que le cay ó en el regazo. Asustada, levantó las manos, pero el grito se le quedó en la garganta cuando reconoció la letra del sobre. Sara Emilia y J. del C. fueron amigos míos desde entonces. Elvira Carrillo, hermana gemela del tío Esteban, torcía y exprimía una caña de azúcar con las dos manos y le sacaba el jugo con la fuerza de un trapiche. Tenía más fama por su franqueza brutal que por la ternura con que sabía entretener a los niños, sobre todo a mi hermano Luis Enrique, un año menor que y o, de quien fue al mismo tiempo soberana y cómplice, y quien la bautizó con el nombre inescrutable de tía Pa. Su especialidad fueron siempre los problemas imposibles. Ella y Esteban fueron los primeros que llegaron a la casa de Cataca, pero mientras él encontró su rumbo en toda clase de oficios y negocios fructíferos, ella se quedó de tía indispensable en la familia sin darse cuenta nunca de que lo fue. Desaparecía cuando no era necesaria, pero cuando lo era no se supo nunca cómo ni de dónde salía. En sus malos momentos hablaba sola mientras meneaba la olla, y revelaba en voz alta dónde estaban las cosas que se daban por perdidas. Se quedó en la casa cuando acabó de enterrar a los may ores, mientras la maleza devoraba el espacio palmo a palmo y los animales erraban

por los dormitorios, perturbada desde la medianoche por una tos de ultratumba en el cuarto vecino. Francisca Simodosea —la tía Mama—, la generala de la tribu que murió virgen a los setenta y nueve años, era distinta de todos en sus hábitos y su lenguaje. Pues su cultura no era de la Provincia, sino del paraíso feudal de las sabanas de Bolívar, adonde su padre, José María Mejía Vidal, había emigrado muy joven desde Riohacha con sus artes de orfebrería. Se había dejado crecer hasta las corvas su cabellera de cerdas retintas que se resistieron a las canas hasta muy avanzada la vejez. Se la lavaba con aguas de esencias una vez por semana, y se sentaba a peinarse en la puerta de su dormitorio en un ceremonial sagrado de varias horas, consumiendo sin sosiego unas calillas de tabaco basto que fumaba al revés, con el fuego dentro de la boca, como lo hacían las tropas liberales para no ser descubiertos por el enemigo en la oscuridad de la noche. También su modo de vestir era distinto, con pollerines y corpiños de hilo inmaculado y babuchas de pana. Al contrario del purismo castizo de la abuela, la lengua de Mama era la más suelta de la jerga popular. No la disimulaba ante nadie ni en circunstancia alguna, y a cada quien le cantaba las verdades en su cara. Incluida una monja, maestra de mi madre en el internado de Santa Marta, a quien paró en seco por una impertinencia baladí: « Usted es de las que confunden el culo con las témporas» . Sin embargo, siempre se las arregló de tal modo que nunca pareció grosera ni insultante. Durante media vida fue la depositaría de las llaves del cementerio, asentaba y expedía las partidas de defunción y hacía en casa las hostias para la misa. Fue la única persona de la familia, de cualquier sexo, que no parecía tener atravesada en el corazón una pena de amor contrariado. Tomamos conciencia de eso una noche en que el médico se preparaba a ponerle una sonda, y ella se lo impidió por una razón que entonces no entendí: « Quiero advertirle, doctor, que nunca conocí hombre» . Desde entonces seguí oy éndosela con frecuencia, pero nunca me pareció gloriosa ni arrepentida, sino como un hecho cumplido que no dejó rastro alguno en su vida. En cambio, era una casamentera redomada que debió sufrir en su juego doble de hacerle el cuarto a mis padres sin ser desleal con Mina. Tengo la impresión de que se entendía mejor con los niños que con los adultos. Fue ella quien se ocupó de Sara Emilia hasta que ésta se mudó sola al cuarto de los cuadernos de Calleja. Entonces nos acogió a Margot y a mí en su lugar, aunque la abuela siguió a cargo de mi aseo personal y el abuelo se ocupaba de mi formación de hombre. Mi recuerdo más inquietante de aquellos tiempos es el de la tía Petra, hermana may or del abuelo, que se fue de Riohacha a vivir con ellos cuando se quedó ciega. Vivía en el cuarto contiguo a la oficina, donde más tarde estuvo la

platería, y desarrolló una destreza mágica para manejarse en sus tinieblas sin ay uda de nadie. Aún la recuerdo como si hubiera sido ay er, caminando sin bastón como con sus dos ojos, lenta pero sin dudas, y guiándose sólo por los distintos olores. Reconocía su cuarto por el vapor del ácido muriático en la platería contigua, el corredor por el perfume de los jazmines del jardín, el dormitorio de los abuelos por el olor del alcohol de madera que ambos usaban para frotarse el cuerpo antes de dormir, el cuarto de la tía Mama por el olor del aceite en las lámparas del altar y, al final del corredor, el olor suculento de la cocina. Era esbelta y sigilosa, con una piel de azucenas marchitas, una cabellera radiante color de nácar que llevaba suelta hasta la cintura, y de la cual se ocupaba ella misma. Sus pupilas verdes y diáfanas de adolescente cambiaban de luz con sus estados de ánimo. De todos modos eran paseos casuales, pues estaba todo el día en el cuarto con la puerta entornada y casi siempre sola. A veces cantaba en susurros para sí misma, y su voz podía confundirse con la de Mina, pero sus canciones eran distintas y más tristes. A alguien le oí decir que eran romanzas de Riohacha, pero sólo de adulto supe que en realidad las inventaba ella misma a medida que las cantaba. Dos o tres veces no pude resistir la tentación de entrar en su cuarto sin que nadie se diera cuenta, pero no la encontré. Años después durante una de mis vacaciones de bachiller, le conté aquellos recuerdos a mi madre, y ella se apresuró a persuadirme de mi error. Su razón era absoluta, y pude comprobarla sin cenizas de duda: la tía Petra había muerto cuando y o no tenía dos años. A la tía Wenefrida la llamábamos Nana, y era la más alegre y simpática de la tribu, pero sólo consigo evocarla en su lecho de enferma. Estaba casada con Rafael Quintero Ortega —el tío Quinte—, un abogado de pobres nacido en Chía, a unas quince leguas de Bogotá y a la misma altura sobre el nivel del mar. Pero se adaptó tan bien al Caribe que en el infierno de Cataca necesitaba botellas de agua caliente en los pies para dormir en la fresca de diciembre. La familia se había repuesto y a de la desgracia de Medardo Pacheco cuando al tío Quinte le tocó padecer la suy a por matar al abogado de la parte contraria en un litigio judicial. Tenía una imagen de hombre bueno y pacífico, pero el adversario lo hostigó sin tregua, y no le quedó más recurso que armarse. Era tan menudo y óseo que calzaba zapatos de niño, y sus amigos le hacían burlas cordiales porque el revólver le abultaba como un cañón debajo de la camisa. El abuelo lo previno en serio con su frase célebre: « Usted no sabe lo que pesa un muerto» . Pero el tío Quinte no tuvo tiempo de pensarlo cuando el enemigo le cerró el paso con gritos de energúmeno en la antesala del juzgado, y se le echó encima con su cuerpo descomunal. « Ni siquiera me di cuenta de cómo saqué el revólver y disparé al aire con las dos manos y los ojos cerrados» , me dijo el tío Quinte poco antes de su muerte centenaria. « Cuando abrí los ojos —me contó— todavía lo vi de pie, grande y pálido, y fue como desmoronándose muy despacio hasta

que quedó sentado en el suelo» . Hasta entonces no se había dado cuenta el tío Quinte de que le había acertado en el centro de la frente. Le pregunté qué había sentido cuando lo vio caer, y me sorprendió su franqueza: —¡Un inmenso alivio! Mi último recuerdo de su esposa Wenefrida fue el de una noche de grandes lluvias en que la exorcizó una hechicera. No era una bruja convencional sino una mujer simpática, bien vestida a la moda, que espantaba con un ramo de ortigas los malos humores del cuerpo mientras cantaba un conjuro como una canción de cuna. De pronto, Nana se retorció con una convulsión profunda, y un pájaro del tamaño de un pollo y de plumas tornasoladas escapó de entre las sábanas. La mujer lo atrapó en el aire con un zarpazo maestro y lo envolvió en un trapo negro que llevaba preparado. Ordenó encender una hoguera en el traspatio, y sin ninguna ceremonia arrojó el pájaro entre las llamas. Pero Nana no se repuso de sus males. Poco después, la hoguera del patio volvió a encenderse cuando una gallina puso un huevo fantástico que parecía una bola de pimpón con un apéndice como el de un gorro frigio. Mi abuela lo identificó de inmediato: « Es un huevo de basilisco» . Ella misma lo arrojó al fuego murmurando oraciones de conjuro. Nunca pude concebir a los abuelos a una edad distinta de la que tenían en mis recuerdos de esa época. La misma de los retratos que les hicieron en los albores de la vejez, y cuy as copias cada vez más desvaídas se han transmitido como un rito tribal a través de cuatro generaciones prolíficas. Sobre todo los de la abuela Tranquilina, la mujer más crédula e impresionable que conocí jamás por el espanto que le causaban los misterios de la vida diaria. Trataba de amenizar sus oficios cantando con toda la voz viejas canciones de enamorados, pero las interrumpía de pronto con su grito de guerra contra la fatalidad: —¡Ave María Purísima! Pues veía que los mecedores se mecían solos, que el fantasma de la fiebre puerperal se había metido en las alcobas de las parturientas, que el olor de los jazmines del jardín era como un fantasma invisible, que un cordón tirado al azar en el suelo tenía la forma de los números que podían ser el premio may or de la lotería, que un pájaro sin ojos se había extraviado dentro del comedor y sólo pudieron espantarlo con La Magnífica cantada. Creía descifrar con claves secretas la identidad de los protagonistas y los lugares de las canciones que le llegaban de la Provincia. Se imaginaba desgracias que tarde o temprano sucedían, presentía quién iba a llegar de Riohacha con un sombrero blanco, o de Manaure con un cólico que sólo podía curarse con hiél de gallinazo, pues además de profeta de oficio era curandera furtiva. Tenía un sistema muy personal para interpretar los sueños propios y ajenos que regían la conducta diaria de cada uno de nosotros y determinaban la vida de la casa. Sin embargo, estuvo a punto de morir sin presagios cuando quitó de un

tirón las sábanas de su cama y se disparó el revólver que el coronel escondía bajo la almohada para tenerlo a mano mientras dormía. Por la tray ectoria del proy ectil que se incrustó en el techo se estableció que le había pasado a la abuela muy cerca de la cara. Desde que tuve memoria sufrí la tortura matinal de que Mina me cepillara los dientes, mientras ella gozaba del privilegio mágico de quitarse los suy os para lavarlos, y dejarlos en un vaso de agua mientras dormía. Convencido de que era su dentadura natural que se quitaba y ponía por artes guajiras, hice que me mostrara el interior de la boca para ver cómo era por dentro el revés de los ojos, del cerebro, de la nariz, de los oídos, y sufrí la desilusión de no ver nada más que el paladar. Pero nadie me descifró el prodigio y por un buen tiempo me empeciné en que el dentista me hiciera lo mismo que a la abuela, para que ella me cepillara los dientes mientras y o jugaba en la calle. Teníamos una especie de código secreto mediante el cual nos comunicábamos ambos con un universo invisible. De día, su mundo mágico me resultaba fascinante, pero en la noche me causaba un terror puro y simple: el miedo a la oscuridad, anterior a nuestro ser, que me ha perseguido durante toda la vida en caminos solitarios y aun en antros de baile del mundo entero. En la casa de los abuelos cada santo tenía su cuarto y cada cuarto tenía su muerto. Pero la única casa conocida de modo oficial como « La casa del muerto» era la vecina de la nuestra, y su muerto era el único que en una sesión de espiritismo se había identificado con su nombre humano: Alfonso Mora. Alguien cercano a él se tomó el trabajo de identificarlo en los registros de bautismos y defunciones, y encontró numerosos homónimos, pero ninguno dio señales de ser el nuestro. Aquélla fue durante años la casa cural, y prosperó el infundio de que el fantasma era el mismo padre Angarita para espantar a los curiosos que lo espiaban en sus andanzas nocturnas. No alcancé a conocer a Meme, la esclava guajira que la familia llevó de Barrancas y que en una noche de tormenta se escapó con Alirio, su hermano adolescente, pero siempre oí decir que fueron ellos los que más salpicaron el habla de la casa con su lengua nativa. Su castellano enrevesado fue asombro de poetas, desde el día memorable en que encontró los fósforos que se le habían perdido al tío Juan de Dios y se los devolvió con su jerga triunfal: —Aquí estoy, fósforo tuy o. Costaba trabajo creer que la abuela Mina, con sus mujeres despistadas, fuera el sostén económico de la casa cuando empezaron a fallar los recursos. El coronel tenía algunas tierras dispersas que fueron ocupadas por colonos cachacos y él se negó a expulsarlos. En un apuro para salvar la honra de uno de sus hijos tuvo que hipotecar la casa de Cataca, y le costó una fortuna no perderla. Cuando y a no hubo para más, Mina siguió sosteniendo la familia a pulso con la panadería, los animalitos de caramelo que se vendían en todo el pueblo, las gallinas jabadas,

los huevos de pato, las hortalizas del traspatio. Hizo un corte radical del servicio y se quedó con las más útiles. El dinero en efectivo terminó por no tener sentido en la tradición oral de la casa. De modo que cuando tuvieron que comprar un piano para mi madre a su regreso de la escuela, la tía Pa sacó la cuenta exacta en moneda doméstica: « Un piano cuesta quinientos huevos» . En medio de aquella tropa de mujeres evangélicas, el abuelo era para mí la seguridad completa. Sólo con él desaparecía la zozobra y me sentía con los pies sobre la tierra y bien establecido en la vida real. Lo raro, pensándolo ahora, es que y o quería ser como él, realista, valiente, seguro, pero nunca pude resistir la tentación constante de asomarme al mundo de la abuela. Lo recuerdo rechoncho y sanguíneo, con unas pocas canas en el cráneo reluciente, bigote de cepillo, bien cuidado, y unos espejuelos redondos con montura de oro. Era de hablar pausado, comprensivo y conciliador en tiempos de paz, pero sus amigos conservadores lo recordaban como un enemigo temible en las contrariedades de la guerra. Nunca usó uniforme militar, pues su grado era revolucionario y no académico, pero hasta mucho después de las guerras usaba el liquilique, que era de uso común entre los veteranos del Caribe. Desde que se promulgó la ley de pensiones de guerra llenó los requisitos para obtener la suy a, y tanto él como su esposa y sus herederos más cercanos siguieron esperándola hasta la muerte. Mi abuela Tranquilina, que murió lejos de aquella casa, ciega, decrépita y medio venática, me dijo en sus últimos momentos de lucidez: « Muero tranquila, porque sé que ustedes recibirán la pensión de Nicolasito» . Fue la primera vez que oí aquella palabra mítica que sembró en la familia el germen de las ilusiones eternas: la jubilación. Había entrado en la casa antes de mi nacimiento, cuando el gobierno estableció las pensiones para los veteranos de la guerra de los Mil Días. El abuelo en persona compuso el expediente, aun con exceso de testimonios jurados y documentos probatorios, y los llevó él mismo a Santa Marta para firmar el protocolo de la entrega. De acuerdo con los cálculos menos alegres, era una cantidad bastante para él y sus descendientes hasta la segunda generación. « No se preocupen —nos decía la abuela—, la plata de la jubilación ha de alcanzar para todo» . El correo, que nunca fue algo urgente en la familia, se convirtió entonces en un enviado de la Divina Providencia. Yo mismo no conseguí eludirlo, con la carga de incertidumbre que llevaba dentro. Sin embargo, en ocasiones Tranquilina era de un temple que no correspondía en nada con su nombre. En la guerra de los Mil Días mi abuelo fue encarcelado en Riohacha por un primo hermano de ella que era oficial del ejército conservador. La parentela liberal, y ella misma, lo entendieron como un acto de guerra ante el cual no valía para nada el poder familiar. Pero cuando la abuela se enteró de que al marido lo tenían en el cepo como un criminal común, se le enfrentó al primo con un perrero y lo obligó a entregárselo sano y salvo. El mundo del abuelo era otro bien distinto. Aun en sus últimos años parecía

muy ágil cuando andaba por todos lados con su caja de herramientas para reparar los daños de la casa, o cuando hacía subir el agua del baño durante horas con la bomba manual del traspatio, o cuando se trepaba por las escaleras empinadas para comprobar la cantidad de agua en los toneles, pero en cambio me pedía que le atara los cordones de las botas porque se quedaba sin aliento cuando quería hacerlo él mismo. No murió por milagro una mañana en que trató de coger el loro cegato que se había trepado hasta los toneles. Había alcanzado atraparlo por el cuello cuando resbaló en la pasarela y cay ó a tierra desde una altura de cuatro metros. Nadie se explicó cómo pudo sobrevivir con sus noventa kilos y sus cincuenta y tantos años. Ése fue para mí el día memorable en que el médico lo examinó desnudo en la cama, palmo a palmo, y le preguntó qué era una vieja cicatriz de media pulgada que le descubrió en la ingle. —Fue un balazo en la guerra —dijo el abuelo. Todavía no me repongo de la emoción. Como no me repongo del día en que se asomó a la calle por la ventana de su oficina para conocer un famoso caballo de paso que querían venderle, y de pronto sintió que el ojo se le llenaba de agua. Trató de protegerse con la mano y le quedaron en la palma unas pocas gotas de un líquido diáfano. No sólo perdió el ojo derecho, sino que mi abuela no permitió que comprara el caballo habitado por el diablo. Usó por poco tiempo un parche de pirata sobre la cuenca nublada hasta que el oculista se lo cambió por unos espejuelos bien graduados y le recetó un bastón de carreto que terminó por ser una seña de identidad, como el relojito de chaleco con leontina de oro, cuy a tapa se abría con un sobresalto musical. Siempre fue del dominio público que las perfidias de los años que empezaban a inquietarlo no afectaron para nada sus mañas de seductor secreto y buen amante. En el baño ritual de las seis de la mañana, que en sus últimos años tomó siempre conmigo, nos echábamos agua de la alberca con una totuma y terminábamos empapados del Agua Florida de Lanman y Kemps, que los contrabandistas de Curazao vendían por cajas a domicilio, como el brandy y las camisas de seda china. Alguna vez se le oy ó decir que era el único perfume que usaba porque sólo lo sentía quien lo llevaba, pero no volvió a creerlo cuando alguien lo reconoció en una almohada ajena. Otra historia que oí repetir durante años fue la de una noche en que se había ido la luz y el abuelo se echó un frasco de tinta en la cabeza crey endo que era su Agua Florida. Para los oficios diarios dentro de la casa usaba pantalones de dril con sus tirantes elásticos de siempre, zapatos suaves y una gorra de pana con visera. Para la misa del domingo, a la que faltó muy pocas veces y sólo por razones de fuerza may or, o para cualquier efemérides o memorial diario, llevaba un vestido completo de lino blanco, con cuello de celuloide y corbata negra. Estas ocasiones escasas le valieron sin duda su fama de botarate y petulante. La impresión que

tengo hoy es que la casa con todo lo que tenía dentro sólo existía para él, pues era un matrimonio ejemplar del machismo en una sociedad matriarcal, en la que el hombre es rey absoluto de su casa, pero la que gobierna es su mujer. Dicho sin más vueltas, él era el macho. Es decir: un hombre de una ternura exquisita en privado, de la cual se avergonzaba en público, mientras que su esposa se incineraba por hacerlo feliz. Los abuelos hicieron otro viaje a Barranquilla por los días en que se celebró el primer centenario de la muerte de Simón Bolívar en diciembre de 1930, para asistir al nacimiento de mi hermana Aída Rosa, la cuarta de la familia. De regreso a Cataca llevaron consigo a Margot, con poco más de un año, y mis padres se quedaron con Luis Enrique y la recién nacida. Me costó trabajo acostumbrarme al cambio, porque Margot llegó a la casa como un ser de otra vida, raquítica y montuna, y con un mundo interior impenetrable. Cuando la vio Abigail —la madre de Luis Carmelo Correa— no entendió que mis abuelos se hubieran hecho cargo de semejante compromiso. « Esta niña es una moribunda» , dijo. De todos modos decían lo mismo de mí, porque comía poco, porque parpadeaba, porque las cosas que contaba les parecían tan enormes que las creían mentiras, sin pensar que la may oría eran ciertas de otro modo. Sólo años después me enteré de que el doctor Barboza era el único que me había defendido con un argumento sabio: « Las mentiras de los niños son señales de un gran talento» . Pasó mucho tiempo antes de que Margot se rindiera a la vida familiar. Se sentaba en el mecedorcito a chuparse el dedo en el rincón menos pensado. Nada le llamaba la atención, salvo la campana del reloj, que a cada hora buscaba con sus grandes ojos de alucinada. No lograron que comiera en varios días. Rechazaba la comida sin dramatismo y a veces la tiraba en los rincones. Nadie entendía cómo estaba viva sin comer, hasta que se dieron cuenta de que sólo le gustaban la tierra húmeda del jardín y las tortas de cal que arrancaba de las paredes con las uñas. Cuando la abuela lo descubrió puso hiél de vaca en los recodos más apetitosos del jardín y escondió ajíes picantes en las macetas. El padre Angarita la bautizó en la misma ceremonia con que ratificó el bautismo de emergencia que me habían hecho al nacer. Lo recibí de pie sobre una silla y soporté con valor la sal de cocina que el padre me puso en la lengua y la jarra de agua que me derramó en la cabeza. Margot, en cambio, se sublevó por los dos con un chillido de fiera herida y una rebelión del cuerpo entero que padrinos y madrinas lograron controlar a duras penas sobre la pila bautismal. Hoy pienso que ella, en su relación conmigo, tenía más uso de razón que los adultos entre ellos. Nuestra complicidad era tan rara que en más de una ocasión nos adivinábamos el pensamiento. Una mañana estábamos ella y y o jugando en el jardín cuando sonó el silbato del tren, como todos los días a las once. Pero esa

vez sentí al oírlo la revelación inexplicable de que en ese tren llegaba el médico de la compañía bananera que meses antes me había dado una pócima de ruibarbo que me causó una crisis de vómitos. Corrí por toda la casa con gritos de alarma, pero nadie lo crey ó. Salvo mi hermana Margot, que permaneció escondida conmigo hasta que el médico acabó de almorzar y se fue en el tren de regreso. « ¡Ave María Purísima! —exclamó mi abuela cuando nos encontraron escondidos debajo de su cama—, con estos niños no se necesitan telegramas» . Nunca pude superar el miedo de estar solo, y mucho menos en la oscuridad, pero me parece que tenía un origen concreto, y es que en la noche se materializaban las fantasías y los presagios de la abuela. Todavía a los setenta años he vislumbrado en sueños el ardor de los jazmines en el corredor y el fantasma de los dormitorios sombríos, y siempre con el sentimiento que me estropeó la niñez: el pavor de la noche. Muchas veces he presentido, en mis insomnios del mundo entero, que y o también arrastro la condena de aquella casa mítica en un mundo feliz donde moríamos cada noche. Lo más raro es que la abuela sostenía la casa con su sentido de la irrealidad. ¿Cómo era posible mantener aquel tren de vida con tan escasos recursos? Las cuentas no dan. El coronel había aprendido el oficio de su padre quien a su vez lo había aprendido del suy o, y a pesar de la celebridad de sus pescaditos de oro que se veían por todas partes, no eran un buen negocio. Más aún: cuando y o era niño me daba la impresión de que sólo los hacía por ratos o cuando preparaba un regalo de bodas. La abuela decía que él sólo trabajaba para regalar. Sin embargo, su fama de buen funcionario quedó bien sentada cuando el Partido Liberal ganó el poder, y fue tesorero durante años y administrador de hacienda varias veces. No puedo imaginarme un medio familiar más propicio para mi vocación que aquella casa lunática, en especial por el carácter de las numerosas mujeres que me criaron. Los únicos hombres éramos mi abuelo y y o, y él me inició en la triste realidad de los adultos con relatos de batallas sangrientas y explicaciones escolares del vuelo de los pájaros y los truenos del atardecer, y me alentó en mi afición al dibujo. Al principio dibujaba en las paredes, hasta que las mujeres de la casa pusieron el grito en el cielo: la pared y la muralla son el papel de la canalla. Mi abuelo se enfureció, e hizo pintar de blanco un muro de su platería y me compró lápices de colores, y más tarde un estuche de acuarelas, para que pintara a gusto, mientras él fabricaba sus célebres pescaditos de oro. Alguna vez le oí decir que el nieto iba a ser pintor, y no me llamó la atención, porque y o creía que los pintores eran sólo los que pintaban puertas. Quienes me conocieron a los cuatro años dicen que era pálido y ensimismado, y que sólo hablaba para contar disparates, pero mis relatos eran en gran parte episodios simples de la vida diaria, que y o hacía más atractivos con detalles fantásticos para que los adultos me hicieran caso. Mi mejor fuente de inspiración eran las conversaciones que los may ores sostenían delante de mí,

porque pensaban que no las entendía, o las que cifraban aposta para que no las entendiera. Y era todo lo contrario: y o las absorbía como una esponja, las desmontaba en piezas, las trastocaba para escamotear el origen, y cuando se las contaba a los mismos que las habían contado se quedaban perplejos por las coincidencias entre lo que y o decía y lo que ellos pensaban. A veces no sabía qué hacer con mi conciencia y trataba de disimularlo con parpadeos rápidos. Tanto era así, que algún racionalista de la familia decidió que me viera un médico de la vista, el cual atribuy ó mis parpadeos a una afección de las amígdalas, y me recetó un jarabe de rábano y odado que me vino muy bien para aliviar a los adultos. La abuela, por su parte, llegó a la conclusión providencial de que el nieto era adivino. Eso la convirtió en mi víctima favorita, hasta el día en que sufrió un vahído porque soñé de veras que al abuelo le había salido un pájaro vivo por la boca. El susto de que se muriera por culpa mía fue el primer elemento moderador de mi desenfreno precoz. Ahora pienso que no eran infamias de niño, como podía pensarse, sino técnicas rudimentarias de narrador en ciernes para hacer la realidad más divertida y comprensible. Mi primer paso en la vida real fue el descubrimiento del futbol en medio de la calle o en algunas huertas vecinas. Mi maestro era Luis Carmelo Correa, que nació con un instinto propio para los deportes y un talento congénito para las matemáticas. Yo era cinco meses may or, pero él se burlaba de mí porque crecía más, y más rápido que y o. Empezamos a jugar con pelotas de trapo y alcancé a ser un buen portero, pero cuando pasamos al balón de reglamento sufrí un golpe en el estómago con un tiro suy o tan potente, que hasta allí me llegaron las ínfulas. Las veces en que nos hemos encontrado de adultos he comprobado con una gran alegría que seguimos tratándonos como cuando éramos niños. Sin embargo, mi recuerdo más impresionante de esa época fue el paso fugaz del superintendente de la compañía bananera en un suntuoso automóvil descubierto, junto a una mujer de largos cabellos dorados, sueltos al viento, y con un pastor alemán sentado como un rey en el asiento de honor. Eran apariciones instantáneas de un mundo remoto e inverosímil que nos estaba vedado a los mortales. Empecé a ay udar la misa sin demasiada credulidad, pero con un rigor que tal vez me lo abonen como un ingrediente esencial de la fe. Debió ser por esas buenas virtudes que me llevaron a los seis años con el padre Angarita para iniciarme en los misterios de la primera comunión. Me cambió la vida. Empezaron a tratarme como a un adulto, y el sacristán may or me enseñó a ay udar la misa. Mi único problema fue que no pude entender en qué momento debía tocar la campana, y la tocaba cuando se me ocurría por pura y simple inspiración. A la tercera vez, el padre se volvió hacia mí y me ordenó de un modo áspero que no la tocara más. La parte buena del oficio era cuando el otro monaguillo, el sacristán y y o nos quedábamos solos para poner orden en la sacristía y nos comíamos las hostias sobrantes con un vaso de vino.

La víspera de la primera comunión el padre me confesó sin preámbulos, sentado como un Papa de verdad en la poltrona tronal, y y o arrodillado frente a él en un cojín de peluche. Mi conciencia del bien y del mal era bastante simple, pero el padre me asistió con un diccionario de pecados para que y o contestara cuáles había cometido y cuáles no. Creo que contesté bien hasta que me preguntó si no había hecho cosas inmundas con animales. Tenía la noción confusa de que algunos may ores cometían con las burras algún pecado que nunca había entendido, pero sólo aquella noche aprendí que también era posible con las gallinas. De ese modo, mi primer paso para la primera comunión fue otro tranco grande en la pérdida de la inocencia, y no encontré ningún estímulo para seguir de monaguillo. Mi prueba de fuego fue cuando mis padres se mudaron para Cataca con Luis Enrique y Aída, mis otros dos hermanos. Margot, que apenas se acordaba de papá, le tenía terror. Yo también, pero conmigo fue siempre más cauteloso. Sólo una vez se quitó el cinturón para azotarme, y y o me paré en posición de firmes, me mordí los labios y lo miré a los ojos dispuesto a soportar lo que fuera para no llorar. Él bajó el brazo, y empezó a ponerse el cinturón mientras me recriminaba entre dientes por lo que había hecho. En nuestras largas conversaciones de adultos me confesó que le dolía mucho azotarnos, pero que tal vez lo hacía por el terror de que saliéramos torcidos. En sus buenos momentos era divertido. Le encantaba contar chistes en la mesa, y algunos muy buenos, pero los repetía tanto que un día Luis Enrique se levantó y dijo: —Me avisan cuando acaben de reírse. Sin embargo, la azotaina histórica fue la noche en que no apareció en la casa de los padres ni en la de los abuelos, y lo buscaron en medio pueblo hasta que lo encontraron en el cine. Celso Daza, el vendedor de refrescos, le había servido uno de zapote a las ocho de la noche y él había desaparecido sin pagar y con el vaso. La fritanguera le vendió una empanada y lo vio poco después conversando con el portero del cine, que lo dejó entrar gratis porque le había dicho que su papá lo esperaba dentro. La película era Drácula, con Carlos Villanas, Lupita Tovar, dirigida por George Melford. Durante años me contó Luis Enrique su terror en el instante en que encendieron las luces del teatro cuando el conde Drácula iba a hincar sus colmillos de vampiro en el cuello de la bella. Estaba en el sitio más escondido que encontró libre en la galería, y desde allí vio a papá y al abuelo buscando fila por fila en las lunetas, con el dueño del cine y dos agentes de la policía. Estaban a punto de rendirse cuando Papalelo lo descubrió en la última fila del gallinero y lo señaló con el bastón: —¡Ahí está! Papá lo sacó agarrado por el pelo, y la cueriza que le dio en la casa quedó como un escarmiento legendario en la historia de la familia. Mi terror y admiración por aquel acto de independencia de mi hermano me quedaron vivos

para siempre en la memoria. Pero él parecía sobrevivir a todo cada vez más heroico. Sin embargo, hoy me intriga que su rebeldía no se manifestaba en las raras épocas en que papá no estuvo en la casa. Me refugié más que nunca en la sombra del abuelo. Siempre estábamos juntos, durante las mañanas en la platería o en su oficina de administrador de hacienda, donde me asignó un oficio feliz: dibujar los hierros de las vacas que se iban a sacrificar, y lo tomaba con tanta seriedad que me cedía el puesto en el escritorio. A la hora del almuerzo, con todos los invitados, nos sentábamos siempre en la cabecera, él con su jarro grande de aluminio para el agua helada y y o con una cuchara de plata que me servía para todo. Llamaba la atención que si quería un pedazo de hielo metía la mano en el jarro para cogerlo, y en el agua quedaba una nata de grasa. Mi abuelo me defendía: « El tiene todos los derechos» . A las once íbamos a la llegada del tren, pues su hijo Juan de Dios, que seguía viviendo en Santa Marta, le mandaba una carta cada día con el conductor de turno, que cobraba cinco centavos. El abuelo la contestaba por otros cinco centavos en el tren de regreso. En la tarde, cuando bajaba el sol, me llevaba de la mano a hacer sus diligencias personales, íbamos a la peluquería —que era el cuarto de hora más largo de la infancia—; a ver los cohetes de las fiestas patrias —que me aterrorizaban—; a las procesiones de la Semana Santa —con el Cristo muerto que desde siempre creí de carne y hueso—. Yo usaba entonces una cachucha a cuadros escoceses, igual a una del abuelo, que Mina me había comprado para que me pareciera más a él. Tan bien lo logró que el tío Quinte nos veía como una sola persona con dos edades distintas. A cualquier hora del día el abuelo me llevaba de compras al comisariato suculento de la compañía bananera. Allí conocí los pargos, y por primera vez puse la mano sobre el hielo y me estremeció el descubrimiento de que era frío. Era feliz comiendo lo que se me antojaba, pero me aburrían las partidas de ajedrez con el Belga y las conversaciones políticas. Ahora me doy cuenta, sin embargo, de que en aquellos largos paseos veíamos dos mundos distintos. Mi abuelo veía el suy o en su horizonte, y y o veía el mío a la altura de mis ojos. Él saludaba a sus amigos en los balcones y y o anhelaba los juguetes de los cacharreros expuestos en los andenes. A la prima noche nos demorábamos en el fragor universal de Las Cuatro Esquinas, él conversando con don Antonio Daconte, que lo recibía de pie en la puerta de su tienda abigarrada, y y o asombrado con las novedades del mundo entero. Me enloquecían los magos de feria que sacaban conejos de los sombreros, los tragadores de candela, los ventrílocuos que hacían hablar a los animales, los acordeoneros que cantaban a gritos las cosas que sucedían en la Provincia. Hoy me doy cuenta de que uno de ellos, muy viejo y con una barba blanca, podía ser el legendario Francisco el Hombre. Cada vez que la película le parecía apropiada, don Antonio Daconte nos

invitaba a la función tempranera de su salón Oly mpia, para alarma de la abuela, que lo tenía como un libertinaje impropio para un nieto inocente. Pero Papalelo persistió, y al día siguiente me hacía contar la película en la mesa, me corregía los olvidos y errores y me ay udaba a reconstruir los episodios difíciles. Eran atisbos de arte dramático que sin duda de algo me sirvieron, sobre todo cuando empecé a dibujar tiras cómicas desde antes de aprender a escribir. Al principio me lo celebraban como gracias pueriles, pero me gustaban tanto los aplausos fáciles de los adultos, que éstos terminaron por huirme cuando me sentían llegar. Más tarde me sucedió lo mismo con las canciones que me obligaban a cantar en bodas y cumpleaños. Antes de dormir pasábamos un buen rato por el taller del Belga, un anciano pavoroso que apareció en Aracataca después de la primera guerra mundial, y no dudo de que fuera belga por el recuerdo que tengo de su acento aturdido y sus nostalgias de navegante. El otro ser vivo en su casa era un gran danés, sordo y pederasta, que se llamaba como el presidente de los Estados Unidos: Woodrow Wilson. Al Belga lo conocí a mis cuatro años, cuando mi abuelo iba a jugar con él unas partidas de ajedrez mudas e interminables. Desde la primera noche me asombró que no había en su casa nada que y o supiera para qué servía. Pues era un artista de todo que sobrevivía entre el desorden de sus propias obras: paisajes marinos al pastel, fotografías de niños en cumpleaños y primeras comuniones, copias de joy as asiáticas, figuras hechas con cuernos de vaca, muebles de épocas y estilos dispersos, encaramados unos encima de otros. Me llamó la atención su pellejo pegado al hueso, del mismo color amarillo solar del cabello y con un mechón que le caía en la cara y le estorbaba para hablar. Fumaba una cachimba de lobo de mar que solo encendía para el ajedrez, y mi abuelo decía que era una trampa para aturdir al adversario. Tenía un ojo de vidrio desorbitado que parecía más pendiente del interlocutor que el ojo sano. Estaba inválido desde la cintura, encorvado hacia delante y torcido hacia su izquierda, pero navegaba como un pescado por entre los escollos de sus talleres, más colgado que sostenido en las muletas de palo. Nunca le oí hablar de sus navegaciones, que al parecer eran muchas e intrépidas. La única pasión que se le conocía fuera de su casa era la del cine, y no faltaba a ninguna película de cualquier clase los fines de semana. Nunca lo quise, y menos durante las partidas de ajedrez en que se demoraba horas para mover una pieza mientras y o me derrumbaba de sueño. Una noche lo vi tan desvalido que me asaltó el presagio de que iba a morirse muy pronto, y sentí lástima por él. Pero con el tiempo llegó a pensar tanto las jugadas que terminé queriendo de todo corazón que se muriera. Por esa época el abuelo colgó en el comedor el cuadro del Libertador Simón Bolívar en cámara ardiente. Me costó trabajo entender que no tuviera el sudario de los muertos que y o había visto en los velorios, sino que estaba tendido en un

escritorio de oficina con el uniforme de sus días de gloria. Mi abuelo me sacó de dudas con una frase terminal: —Él era distinto. Luego, con una voz trémula que no parecía la suy a, me ley ó un largo poema colgado junto al cuadro, del cual sólo recordé para siempre los versos finales: « Tú, Santa Marta, fuiste hospitalaria, y en tu regazo, tú le diste siquiera ese pedazo de las play as del mar para morir» . Desde entonces, y por muchos años, me quedó la idea de que a Bolívar lo habían encontrado muerto en la play a. Fue mi abuelo quien me enseñó y me pidió no olvidar jamás que aquél fue el hombre más grande que nació en la historia del mundo. Confundido por la discrepancia de su frase con otra que la abuela me había dicho con un énfasis igual, le pregunté al abuelo si Bolívar era más grande que Jesucristo. Él me contestó moviendo la cabeza sin la convicción de antes: —Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ahora sé que había sido mi abuela quien le impuso a su marido que me llevara con él en sus paseos vespertinos, pues estaba segura de que eran pretextos para visitar a sus amantes reales o supuestas. Es probable que algunas veces le sirviera de coartada, pero la verdad es que nunca fue conmigo a ningún lugar que no estuviera en el itinerario previsto. Sin embargo, tengo la imagen nítida de una noche en que pasé por azar de la mano de alguien frente a una casa desconocida, y vi al abuelo sentado como dueño y señor en la sala. Nunca pude entender por qué me estremeció la clarividencia de que no debía contárselo a nadie. Hasta el sol de hoy. Fue también el abuelo quien me hizo el primer contacto con la letra escrita a los cinco años, una tarde en que me llevó a conocer los animales de un circo que estaba de paso en Cataca bajo una carpa grande como una iglesia. El que más me llamó la atención fue un rumiante maltrecho y desolado con una expresión de madre espantosa. —Es un camello —me dijo el abuelo. Alguien que estaba cerca le salió al paso: —Perdón, coronel, es un dromedario. Puedo imaginarme ahora cómo debió sentirse el abuelo porque alguien lo hubiera corregido en presencia del nieto. Sin pensarlo siquiera, lo superó con una pregunta digna: —¿Cuál es la diferencia? —No la sé —le dijo el otro—, pero éste es un dromedario. El abuelo no era un hombre culto, ni pretendía serlo, pues se había fugado de la escuela pública de Riohacha para irse a tirar tiros en una de las incontables guerras civiles del Caribe. Nunca volvió a estudiar, pero toda la vida fue consciente de sus vacíos y tenía una avidez de conocimientos inmediatos que compensaba de sobra sus defectos. Aquella tarde del circo volvió abatido a la

oficina y consultó el diccionario con una atención infantil. Entonces supo él y supe y o para siempre la diferencia entre un dromedario y un camello. Al final me puso el glorioso tumbaburros en el regazo y me dijo: —Este libro no sólo lo sabe todo, sino que es el único que nunca se equivoca. Era un mamotreto ilustrado con un atlante colosal en el lomo, y en cuy os hombros se asentaba la bóveda del universo. Yo no sabía leer ni escribir, pero podía imaginarme cuánta razón tenía el coronel si eran casi dos mil páginas grandes, abigarradas y con dibujos preciosos. En la iglesia me había asombrado el tamaño del misal, pero el diccionario era más grueso. Fue como asomarme al mundo entero por primera vez. —¿Cuántas palabras tendrá? —pregunté. —Todas —dijo el abuelo. La verdad es que y o no necesitaba entonces de la palabra escrita, porque lograba expresar con dibujos todo lo que me impresionaba. A los cuatro años había dibujado a un mago que le cortaba la cabeza a su mujer y se la volvía a pegar, como lo había hecho Richardine a su paso por el salón Oly mpia. La secuencia gráfica empezaba con la decapitación a serrucho, seguía con la exhibición triunfal de la cabeza sangrante y terminaba con la mujer que agradecía los aplausos con la cabeza puesta. Las historietas gráficas estaban y a inventadas pero sólo las conocí más tarde en el suplemento en colores de los periódicos dominicales. Entonces empecé a inventar cuentos dibujados y sin diálogos. Sin embargo, cuando el abuelo me regaló el diccionario me despertó tal curiosidad por las palabras que lo leía como una novela, en orden alfabético y sin entenderlo apenas. Así fue mi primer contacto con el que habría de ser el libro fundamental en mi destino de escritor. A los niños se les cuenta un primer cuento que en realidad les llama la atención, y cuesta mucho trabajo que quieran escuchar otro. Creo que éste no es el caso de los niños narradores, y no fue el mío. Yo quería más. La voracidad con que oía los cuentos me dejaba siempre esperando uno mejor al día siguiente, sobre todo los que tenían que ver con los misterios de la historia sagrada. Cuanto me sucedía en la calle tenía una resonancia enorme en la casa. Las mujeres de la cocina se lo contaban a los forasteros que llegaban en el tren —que a su vez traían otras cosas que contar— y todo junto se incorporaba al torrente de la tradición oral. Algunos hechos se conocían primero por los acordeoneros que los cantaban en las ferias, y que los viajeros recontaban y enriquecían. Sin embargo, el más impresionante de mi infancia me salió al paso un domingo muy temprano, cuando íbamos para la misa, en una frase descaminada de mi abuela: —El pobre Nicolasito se va a perder la misa de Pentecostés. Me alegré, porque la misa de los domingos era demasiado larga para mi edad, y los sermones del padre Angarita a quien tanto quise de niño, me parecían soporíferos.

Pero fue una ilusión vana, pues el abuelo me llevó casi a rastras hasta el taller del Belga, con mi vestido de pana verde que me habían puesto para la misa, y me apretaba en la entrepierna. Los agentes de guardia reconocieron al abuelo desde lejos y le abrieron la puerta con la fórmula ritual: —Pase usted, coronel. Sólo entonces me enteré de que el Belga había aspirado una pócima de cianuro de oro —que compartió con su perro— después de ver Sin novedad en el frente, la película de Lewis Milestone sobre la novela de Erich María Remarque. La intuición popular, que siempre encuentra la verdad hasta donde no es posible, entendió y proclamó que el Belga no había resistido la conmoción de verse a sí mismo revolcándose con su patrulla descuartizada en un pantano de Normandía. La pequeña sala de recibo estaba en penumbra por las ventanas cerradas, pero la luz temprana del patio iluminaba el dormitorio, donde el alcalde con otros dos agentes esperaban al abuelo. Allí estaba el cadáver cubierto con una manta en un catre de campamento, y las muletas al alcance de la mano, donde el dueño las dejó antes de acostarse a morir. A su lado, sobre un banquillo de madera, estaba la cubeta donde había vaporizado el cianuro y un papel con letras grandes dibujadas a pincel: « No culpen a ninguno, me mato por majadero» . Los trámites legales y los pormenores del entierro, resueltos deprisa por el abuelo, no duraron más de diez minutos. Para mí, sin embargo, fueron los diez minutos más impresionantes que habría de recordar en mi vida. Lo primero que me estremeció desde la entrada fue el olor del dormitorio. Sólo mucho después vine a saber que era el olor de las almendras amargas del cianuro que el Belga había inhalado para morir. Pero ni ésa ni ninguna otra impresión habría de ser más intensa y perdurable que la visión del cadáver cuando el alcalde apartó la manta para mostrárselo al abuelo. Estaba desnudo, tieso y retorcido, con el pellejo áspero cubierto de pelos amarillos, y los ojos de aguas mansas que nos miraban como si estuvieran vivos. Ese pavor de ser visto desde la muerte me estremeció durante años cada vez que pasaba junto a las tumbas sin cruces de los suicidas enterrados fuera del cementerio por disposición de la Iglesia. Sin embargo, lo que más volvió a mi memoria con su carga de horror a la vista del cadáver fue el tedio de las noches en su casa. Tal vez por eso le dije a mi abuelo cuando abandonamos la casa: —El Belga y a no volverá a jugar ajedrez. Fue una idea fácil, pero mi abuelo la contó en familia como una ocurrencia genial. Las mujeres la divulgaban con tanto entusiasmo que durante algún tiempo huía de las visitas por el temor de que lo contaran delante de mí o me obligaran a repetirlo. Esto me reveló, además, una condición de los adultos que había de serme muy útil como escritor: cada quien lo contaba con detalles nuevos, añadidos por su cuenta, hasta el punto de que las diversas versiones terminaban por ser distintas de la original. Nadie se imagina la compasión que siento desde

entonces por los pobres niños declarados genios por sus padres, que los hacen cantar en las visitas, imitar voces de pájaros e incluso mentir por divertir. Hoy me doy cuenta, sin embargo, de que aquella frase tan simple fue mi primer éxito literario. Esa era mi vida en 1932, cuando se anunció que las tropas del Perú, bajo el régimen militar del general Luis Miguel Sánchez Cerro, se habían tomado la desguarnecida población de Leticia, a orillas del río Amazonas, en el extremo sur de Colombia. La noticia retumbó en el ámbito del país. El gobierno decretó la movilización nacional y una colecta pública para recoger de casa en casa las joy as familiares de más valor. El patriotismo exacerbado por el ataque artero de las tropas peruanas provocó una respuesta popular sin precedentes. Los recaudadores no se daban abasto para recibir los tributos voluntarios casa por casa, sobre todo los anillos matrimoniales, tan estimados por su precio real como por su valor simbólico. Para mi, en cambio, fue una de las épocas más felices por lo que tuvo de desorden. Se rompió el rigor estéril de las escuelas y fue sustituido en las calles y en las casas por la creatividad popular. Se formó un batallón cívico con lo más granado de la juventud sin distinciones de razas ni colores, se crearon las brigadas femeninas de la Cruz Roja, se improvisaron himnos de guerra a muerte contra el malvado agresor, y un grito unánime retumbó en el ámbito de la patria « ¡Viva Colombia, abajo el Perú!» . Nunca supe en qué termino aquella gesta porque al cabo de un cierto tiempo se aplacaron los ánimos sin explicaciones bastantes. La paz se consolidó con la muerte del general Sánchez Cerro a manos de algún opositor de su reinado sangriento, y el grito de guerra se volvió de rutina para celebrar las victorias del futbol escolar. Pero mis padres, que habían contribuido para la guerra con sus anillos de boda, no se restablecieron nunca de su candor. Hasta donde recuerdo, mi vocación por la música se reveló en esos años por la fascinación que me causaban los acordeoneros con sus canciones de caminantes. Algunas las sabía de memoria, como las que cantaban a escondidas las mujeres de la cocina porque mi abuela las consideraba canciones de la guacherna. Sin embargo mi urgencia de cantar para sentirme vivo me la infundieron los tangos de Carlos Gardel, que contagiaron a medio mundo. Me hacia vestir como él, con sombrero de fieltro y bufanda de seda, y no necesitaba demasiadas súplicas para que soltara un tango a todo pecho. Hasta la mala mañana en que mi tía Mama me despertó con la noticia de que Gardel había muerto en el choque de dos aviones en Medellín. Meses antes y o había cantado « Cuesta abajo» en una velada de beneficiencia, acompañado por las hermanas Echeverri, bogotanas puras, que eran maestras de maestros y alma de cuanta velada de beneficiencia y conmemoración patriotica se celebraba en Cataca. Y canté con tanto carácter que mi madre no se atrevió a contrariarme cuando le

dije que quería aprender el piano en vez del acordeón repudiado por la abuela. Aquella misma noche me llevó con las señoritas Echeverri para que me enseñaran. Mientras ellas conversaban y o miraba el piano desde el otro extremo de la sala con una devoción de perro sin dueño, calculaba si mis piernas llegarían a los pedales, y dudaba de que mi pulgar y mi meñique alcanzaran para los intervalos desorbitados o si sería capaz de descifrar los jeroglíficos del pentagrama. Fue una visita de bellas esperanzas durante dos horas. Pero inútil pues las maestras nos dijeron al final que el piano estaba fuera de servicio y no sabrían hasta cuándo. La idea quedo aplazada hasta que regresara el afinador del año, pero no se volvió a hablar de ella hasta media vida después, cuando le recordé a mi madre en una charla casual el dolor que sentí por no aprender el piano. Ella suspiro: —Y lo peor —dijo— es que no estaba dañado. Entonces supe que se había puesto de acuerdo con las maestras en el pretexto del piano dañado para evitarme la tortura que ella había padecido durante cinco años de ejercicios bobalicones en el colegio de la Presentación. El consuelo fue que en Cataca habían abierto por esos años la escuela montessoriana, cuy as maestras estimulaban los cinco sentidos mediante ejercicios prácticos y enseñaban a cantar. Con el talento y la belleza de la directora Rosa Elena Fergusson estudiar era algo tan maravilloso como jugar a estar vivos. Aprendí a apreciar el olfato, cuy o poder de evocaciones nostálgicas es arrasador. El paladar, que afiné hasta el punto de que he probado bebidas que saben a ventana, panes viejos que saben a baúl, infusiones que saben a misa. En teoría es difícil entender estos placeres subjetivos, pero quienes los hay an vivido los comprenderán de inmediato. No creo que hay a método mejor que el montessoriano para sensibilizar a los niños en las bellezas del mundo y para despertarles la curiosidad por los secretos de la vida. Se le ha reprochado que fomenta el sentido de independencia y el individualismo —y tal vez en mi caso fuera cierto—. En cambio, nunca aprendí a dividir o a sacar raíz cuadrada, ni a manejar ideas abstractas. Eramos tan jóvenes que sólo recuerdo a dos condiscípulos. Una era Juanita Mendoza, que murió de tifo a los siete años, poco después de inaugurada la escuela, y me impresionó tanto que nunca he podido olvidarla con corona y velos de novia en el ataúd. El otro es Guillermo Valencia Abdala, mi amigo desde el primer recreo, y mi médico infalible para las resacas de los lunes. Mi hermana Margot debió ser muy infeliz en aquella escuela, aunque no recuerdo que alguna vez lo hay a dicho. Se sentaba en su silla del curso elemental y allí permanecía callada —aun durante las horas de recreo— sin mover la vista de un punto indefinido hasta que sonaba la campana del final. Nunca supe a tiempo que mientras permanecía sola en el salón vacío masticaba la tierra del jardín de la casa que llevaba escondida en el bolsillo de su delantal.

Источник: https://www.calameo.com/books/003590462df90260c7f7f

Crystal Ball, Purifying, Concecrating & Blessing How I use a Crystal Ball or Scrying Sphere for aiding in Divination, Crystal gazing, also known as crystal seeing, crystallism, crystallomancy, gastromancy, and spheromancy is a method for seeing visions achieved through trance induction by means of gazing at a crystal. The Crystal Ball has an ancient history, and is believed to have been a divination tool used by ancient Celtic Druids, how the famous image image we all have of our minds of Gypsies gazing into Crystal Balls is not known, as most Gypsi Clans were poor travelers. Many Psychics and Mediums are said to employ the method of Crystal balls and Hollywood has imbeded in our Mind the use of Crystal Balls from wonderful Wizards to Wicked Witches. Crystal Ball reading has been used by many famous and historical figures, the most noted is the 16th Century Mistic, Dr John Dee, who along with Medium Channeler Edward Kelly whom recieved messages from Angelic Beings created the tradition of Enochian Magic which is a system of ceremonial magick based on the invocation and commanding of various angelic Spirits. Crystal, Ball, Gazing, Scrying, Sphere, Divination, Crystal gazing, crystallism, crystallomancy, gastromancy, spheromancy, fortune, telling, tellers, psychic, mediumship,

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Homemade Aromatherapy Spiritual Alcoholado, Abuelita's Bay Rum Cologne Recipe, Florida Water Similar to Hoyts Cologne, Kananga Water, or Murray & Lanman Florida Water, no other aroma is as popular in Spiritual Work in Puerto Rico and the Caribbean as Alcoholado, or Bay Rum. Do you want your man to smell like the Puerto Rican Pirate, el Pirata Roberto Cofresí y Ramírez de Arellano, this is a cologne or aftershave similar to Florida Water, ( como hacer Agua de Florida ) well known in the Caribbean. The history of Alcoholado, Bay Rum is as manly as it aroma, Pirates and Sailors in the 16th century Caribbean discovered that the West Indian Bay Leaf ( Pimenta Racemosa ), The Bay Rum Tree made a great perfume to freshen up and mask the stink they acquired while being stuck on a ship for months. To apply the scent to themselves, they would rub the dry leaves on their body, thus leaving the fragrant oil on their skin. While sailors were rubbing leaves on themselves, the Rural Jibaro Women were cultivating the plants and soon realized that mixing the fresh leaves of the Pimenta Racemosa with their husband's rum they could naturally extract the aroma and essential oils of the leaves and make a cologne. Puerto Ricans and other islanders took this basic recipe and began adding their own ingredients such as cloves, Allspice, citrus rind, and cinnamon. Soon it became a staple sent in the home of Islanders and began to be used as a Spiritual Cologne by Espiritistas and Curanderos for its curative properties similar to Florida Water. Used in healing sobos this was a staple in my Abuelita's house, and one sent I pass down to Mi Familia and is a sent that is a staple in Hispanic Spiritual homes but one that has been rarely used within Brujeria's American cousin Hoodoo and Conjour.

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Salem Massachusettes, Halloween, Witches Circle Follow me, Sancista Brujo Luis; around Salem Massachusettes, Holloween Day 2015, as I go through one of my fave cities in Massachusettes. Often known as the Wiccan Capital of the United States, it has become one of my most traveled cities to be around in October and celebrate, Holloween, Día de los Muertos and Samhain. Watch a Pagan Wiccan, Witches Circle, and Procession and some beautiful sites of this lovely coast side New England City. Listen to the beautiful drums played by Dragon Ritual Drummers. The Witch trials were started by some Voodoo games taught to the young girls of Salem by a young Woman from Barbados named Tituba, and with the recent growth of Hispanics and Haitians to Salem, it's beginning to come full circle as Botanicas are springing all over the City, and Vodou, Santeria and Espiritismo has been seeing a growth in the once predominantly Witch City of the United States. Witches, Witch, Wicca, Wiccan, Pagan, Salem, Massachusettes, Tituba, Brujeria, Witchcraft, Brujo, Bruja, Brujeria, Circle, Magic, Magical, Magick, Magickal, Holloween, Shamanism

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Not just for your Ancestors but for any elemental protective Spirit Guides, Seres, Muertos, Guías and Protectores that you may have. Traditionally people have kept protective objects by the front and back entrance way of the house, to let others know that the home was protected by Bendita Animas, Espiritus elementalea and Guias Espirituales. Today you will see churches with Gargoyles, Libraries with Lions and Buildings with Indians or Eagles as a symbol that the building is guarded. Traditionally the cunning folk of Puerto Rico, Cuba, Venezuela and the Caribbean Los Espiritistas and Brujos always keep mirrors, Palo de Muertos, statues and protective items in front of doorways, entrances and windows. Used in traditiones such as, Sanci, Sance, Espiritismo Criollo, Espiritismo Cruzado, Espiritismo del Cordon, la Caridad, and María Lionza Espiritismo and some traditiones of Brazilian Umbanda. Sancista Brujo Luis is an American Brujo Espiritista, Sancista Papa Boco, of Puerto Rican decent and resides in Northern Massachusettes around 30 minutes north of Salem, and Boston Ma.

#spiritism#spiritist#espiritismo#espiritista#vodou#voodoo#vodoo#vodoun#hoodoo#brujeria#shamanism#shaman#curandera#curandero#brujo#bruja#umbanda#umbandista#quimbanda#palo mayombe#palo monte#santeria#lukumi

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Magic of Palo de Pino, Pine Wood, Bwa Pin. Sacred Tree of Strength and Courage for protection, to the Native Americans it is called the tree of peace, and it is the choice tree for Christmas which of course has it's origins in Ancient Pagan and Druid lore, it is known as Pinus the Tree of thr Nativity, Birthday of the Divine Child, the King of the Waxing Year - December 23rd. The smoke purifies and sacrifices and promotes strength. In Haitian Vodou it is known as Bwa Pin and it is used for heating things up, and sacred to the Petro Lwa for hot and aggressive work, bwa pin sticks are used as boujies which are even hotter than the candles for both aggresive work, to call on these energies for strength and courage. The Dryad Spirit associated with Pine Trees is Pytis or Pinus. Used in Hoodoo for Protection. In Vodou it is a well respected Gran Bwa. Magic, Spells, Tree, Bwa, Pin, Pine, Santeria, Voodoo, Hoodoo, Sanse, Witchcraft, Incense, Petro, Petwo, Lwa, Loa, Orisha, Oricha, Orixa, Gran, Bwa, Magickal, properties, trees, palo, monte, mayombe, Umbanda, Macumba, Quimbanda, Witches

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Tumblr media

I recieve alot of emails and messages about the hat styles I wear, and why. Well here are my top reasons. For #1, I live in New England, Massachusettes' men always wear hats in New England, it's a hidden staple rule in our region of the Country. If you are in Massachusettes this fall you will notice, that almost everyone has a Hat on. #2. Protects your Head from the harsh elements. It gets hot here when it's hot and it gets cold here when it's cold, so I always have something protecting, my Third Eye and Crown, lol. #3. It covers upper inperfections, in my Case, I'm Bald. Lmao, but if you got a bad hair day, hats always do the trick. #4. Makes you look taller, and thinner. I'm 6 feet tall so I look like I'm 7 feet tall hahaha kidding. #5 Adds flair to your wardrobe, and gives a visual message of societal position. Policemen have their style of Hats, Firemen have their style of hats. Gangsters, and yes even Brujos and Santeros. #6 If you are in Salem Ma this Fall, you will notice all the Witches with their Pointy Hats on. #7. I don't let anyone touch my head, this is a sacred area, and only a few have done so, through Ceremony, and only people I trust 100 percent, I don't let anyone go near the crown of my head, so a hat, bandana, or what ever, makes a protective layer and berier. #8. They look so damned Good. One big no no when purchasing a Hat, never purchase online, go out and try them on in a store, see how they feel on your head. Some look good online and look dreadful on your head. So what Hats do I usually wear? Well it depends on the Season. But I always have a Boston Red socks Baseball Cap I throw on, a Fidora. I'm Puerto Rican I need a Pava or two in my closet, anything weaved is ok in my book. And I always have a Fidora, a Porkpie, a Panama, a Trilby, and a Cowboy Hat and for Holloween Season I can't live without my Stockman. I see to often people get stuck in trends, one point the Duck billed Baseball Cap, which I personally don't have in my closet. Be a trend setter, not a carbon copy of the rest, and use your thinking cap, and wear a cool hat. So I hope I answered all the emails and messages. Much love Sancista Brujo Luis

#witches hat#hats

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ZOMBI ASTAL, ESPIRITU DE CAUSA. Anima Sola, Intranquil Spirit Known by many names in many cultures, such as Intranquil Spirits, Espíritus Intranquilos, Perturbados, Espiritu Endurecido, these lower lever Spirits or Espíritus de Bajo Astral are often the cause of many an individual's minor problems, and if not dealt with accordingly by a well developed Espiritista, Brujo or Shaman, can cause an individual much harm. El Espiritu de Bajo Astral or Espiritu de Causa also known as a "Zombie Astral" is a part of the human soul that is captured by a Muertero or a Bokor who practices Necromancy and uses the entrapped Soul to either enhance the Bokor's or Muertero's spiritual power, or as a Slave to harm an individual. It is believed both in Haitian Vodou and Puerto Rican Sanse. that, after a time, Bondye, Papa Dios Todopoderoso, (God) will take the soul back and so the Zombie Astral or Espiritu de Causa is a temporary spiritual entity. But with the help of a developed Medium, Espiritista one can speed up the process. It is believed that El Barón del Cementerio, Baron Samedi gathers the souls of the Dead from their grave to bring them to a heavenly afterlife in Guinea, unless they had offended him in some way, in which case they would be forever a slave after death, as a zombie astral.  The easiest way to offend the Barón del Cementerio, is through an unnatural death which is by either a violenr murder, or suicide, which causes the soul not to be able to cross the threshhold into the realm of the Ancestors, and linger close to the realm of the living. Legend tells the tale of how when men where crucified, women where in charge of taking a pale of water and from a sponge attached to a long wooden pole, they would soak it in water and would give the crucified victims water to quench their thirst. On the evening of Good Friday when Jesus Christ was crucified a woman by the name Maria Celestina Abdenago brought water to the three upon the cross. She gave Dysmas and Gesmas water but for some reason she feared the savior, and did not give him water to drink. When Maria Celestina Abdenago died many years later she was sent to purgatory for denying the savior water. Another legend tells the tale of how Maria Celestina Abdenago was a sorceress who practiced the black arts and when Jesus was carrying the heavy wooden cross through the streets, as he passed her house she ran into the street, up to him and spat in his face. Thus going to purgatory for her offense and insult done to the savior. A popular Mexican and Spanish Anima Sola is el Anima Sola de Juan Minero, or John the Miner. For his sins on earth Juan Minero toils and labors hard in purgatory mining coal to feed the flames of both Hell and purgatory. His sin, tradition says that in a fit of rage he would enter into Holy Temples and shrines and defile the altars, by blowing out candles and stealing lanterns and spilling holy water on the ground. The most popular image of an Anima Sola depicts a woman in a dungeon set into flames as she looks up towards the heavens. Her chains are broken and she looks at peace, as if the flames consuming her soul do not bother her. She patiently awaits the saviors forgiveness of her sins, as her arms are stretched upwards as if the savior has sent the Queen of Angels to set her free from her torment. The infamous famous image of the Anima Sola is of Maria Celestina Abdenago. This is also known as la Anima Sola Más Desamparada. Many who don't know much of the Anima Sola assume that there is only one, when in reality there are countless souls in the "Catholic' purgatory or lower spiritual plane, cleansing there sinful souls before being forgiven and reaching a higher spiritual plane. The Lone Souls in Purgatory are not evil spirits, as their souls are not damned to a Catholic Hell persay, they are the souls of sinners who because of their mortal sins cannot reach the Kingdom of Heaven until there souls have been purified from their earthly wrong doings.  Many people in Latin American counties pray to the Anima Sola and they are often invoked in love spells. On Mondays they are offered water, a white candle to give them light and many offer them cigars, cigarettes and strong liquor such as rum, whiskey or a can of beer. The Anima Sola are venerated on el Dia de las Animas, November 2nd the day of All Souls Day, as special Masses are done in honor of them. In Mexico this day is called, El Dia de los Muertos, or Day of the Dead. In Haitian Vodou, Mambo Marinette is a cruel and vicious loa who was elevated to a lwa after her death. In her Petro form she is called Marinette Bras Cheche / Marinette Bwa Chech (Marinette of the Dry Arms) or Marinette Pied Cheche (Marinette of the Dry Feet) suggesting that she is skeletal. She is believed to be the Mambo who sacrificed the black pig at the culmination of the start of the first Haitian Revolution. While she is feared and tends to ride those she possesses violently, she can also be seen as one who frees her people from bondage. Mambo Marinette is represented by a screech owl and is often seen as the protector of werewolves. Her Catholic counterpart is the Anima Sola or the Forsaken Soul of Purgatory who can either free one from bondage or drag you back. Her colors are black and deep blood red. Mambo Marinette is not cruel. She only gets cruel in possession, when people burn animals or humans. Her colors are red and black. She likes Salvia, black pepper, lavender and sweets. In Sanse she is viewed as Mambo Maiza, and works as an incubus / succubus that works under Papa Legba. In Cuban Santeria she is Antonia Gervasio. In the times of slavery, Antonia Gervasio was a beautiful some say mulatto others say black woman who was born and died in the Ocha Lukumi Santería faith. She had a lover who brutally rapped her and beat her, and then proceeded bind her to a tree and lit a bonfire and burn her alive. Before she died a painful and horrible death Antonia Gervasio cursed the lover and all his decendants. In the Venezuela tradition of Maria Lionza Espiritismo their exists many famous Animas such as Francisca Duarte, el ánima de Taguapire who is known as Mama Pancha, or Panchita Durante, others such as José Zambrano, el Anima de Pica Pica, Maximiliano González, el ánima de la Yaguara, Juan Salazar el Anima de Güigüe, Anima de José Gregorio Rivera, Anima de Juan Bautista Morillo, El Anima del Padre Magne, López Chirinos, el anima del Chaparro, Anima dw Flores Brito, Anima de Jacinta Flores, El ánima del Samán Llorón, Anima de María Francia and the now famous amongst young Venezuelan María Lionzero Espiritistas as Las Animas de la Corte Cale o Malandra, each with their own colorful history and legend. Vodou, Macumba, Quimbanda, Santeria, Espiritismo, Cruzado, Hoodoo, Ghede, Guede, Umbanda, Brujeria, Necromancy, Occult, Voodoo, Witchcraft, Witches, Zombi, Papa, Bokor, Boco, Boko, Sansista, Intranquil, Spirits, MUERTO PUESTO, MUERTO REPUESTO

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GRAND ERZULIE BOTANICA Grand Erzulie Botanica in Everett, Massachusettes https://m.facebook.com/profile.php?id=711824738897056&tsid=0.892551853787154&source=typeahead https://m.facebook.com/pages/Grand-Erzulie-Botanica/711824738897056 I will be doing readings at Kettley Andreal's Grand Erzulie Botanica Saturdays in Everett Massachusettes on Saturdays, starting this Saturday. Address is 60 Ferry Street, Everett Massachusettes. From 10 am until 5 pm. Every Saturday. Call to make appointments at Call (617) 389-3500 or stop by and say hello. Botanica is open Monday to Fridays from 10 am until 7 pm and Saturdays from 10 am until 5 pm. Spiritual Readings, Consultations, Cleansings, Divination, Spiritual Products. If in Massachusettes stop by and say hello. Kettley Andreal and Sancista Brujo Luis

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ESPIRITISMO ESSENTIALS. Espiritistas Emergency Kit The Espiritismo Misa Espiritual Essential Emergency Kit, that no true Espiritista in their rite mind should ever leave their home without it!!! I get this question alot, on what someone should bring and not bring to a Sesion Espiritista a Misa or a Velada Espiritual. So I decided to make a simple video on what someone should bring atleast to a Traditional Mesa Blanca Espiritual in the Puerto Rican and other Caribbean branches of Espiritismo. I want to dedicate this Video to my Godson Tony Sancista, who I am proud of and who always goes prepared to Misas, Sesiones and Veladas Espirituales as it was once practiced by the old folk "los Viejitos" of my Puerto Rican, Borinquen ( Borike - Borique - Puerto Rico ) Island. Espiritismo, Espiritista, Mesa, Blanca, Sanse, Sanci, Santeria, Santerismo, Umbanda, Umbandista, Centro, Templo, Spiritism, Espiritual, Maria, Lionza, Curanderismo,

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Sevi Lwa , Sirviendo los Misterios, Yemaya, La Siren

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Spiritual Sweet Herbal Bath, Baño Dulce Despojo Espiritual A Sweet Herbal Bath known in Spanish as a Baño Dulce, or Despojo Espiritual to help bring on positive energy, cleanse the 7 layers of the Aura or Auric fields, and opens up the Chakras. Great for bringing positive energies, used in Hispanic Traditions such as Cuban Santeria, Mexican Curanderismo, Brujeria, Puerto Rican Sanse, Venezuelan María Lionza Espiritismo and Haitian Vodou and old world European Witchcraft, as well as the Herbalist Hierberos or Yerberos of the Caribbean and Latin America. Spiritual, Bath, cleansing, magical, magickal, herbalism, herbal, curanderismo, shamanism, espiritismo, spiritism, baths, shaman, witchcraft, wicca, brujeria, Hoodoo, Voodoo, herbalist.

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THE SIXTH 6th AND SEVENTH 7th BOOK OF MOSES My second installment in my Grimoire Collection videos, the first being The Book of Oberon by Daniel Harms, and Joseph H Petterson, with sigil drawn by James R Clark. The second video is of The Sixth and Seventh Books of Moses or The 6th and 7th Book of Moses edited by Joseph Petterson. My love and interests in Grimoires began with books by Anna Riva, and her now classic little Grimoire titled Secrets of Magical Seals, A Modern Grimoire of Amulets Charms Symbols and Talismans, which latter led me to Purchase the Puerto Rican author / Writter book of the version of the 6th and 7th Books of Moses which was published by Original Publications in the late 1980s or early 1990s. Well respected book in the Southern American Hoodoo traditions and gaining interest within the English speaking Hispanic Latino populations of the Mane lands of the United States, which incorporate these works within their Brujeria traditions. I hope you enjoy, please press like, leave a comment and subscribe. THE BOOK OF OBERON GRIMOIRE A BRUJO'S REVIEW The Book of Oberon: A Sourcebook of Elizabethan Magic Many people ask me what reason and purpose does a Puerto Rican Sancista, Espiritista, and Papa Boco " Papa Bokor / Lwa" has collecting Grimoires and Books of Shadows. Ever since I was young I have always had a deep love and respect for Occult knowledge and Arcane magical practices and Mysteries; especially Judeo-Christian Magic. Many people think Espiritismo is similar to Southern Conjour and Hoodoo which is far from the truth, Hoodoo is more akin to Latin American Brujeria, as many sects of Brujeria have similar roots and traits to Souther American Hoodoo, such as Native American Shamanism and African Congo Bantu Magic, with a mixture of Christian mostly Catholic lore. Both Brujos and Espiritistas understand that unlike modern neo-paganism and Wicca, Brujeria as well as Espiritismo are not religions but spiritual and magical paths that have their roots in Ancient pre-religious Shamanistic practices which predates all man made religions. Most Espiritistas and Brujos, may they be from Puerto Rico, Spain, México, Brazilian or Venezuela "Witches" have been influenced by the religions of the land but still hold to their ancient ways, although often unknown to the Brujo. In Latin American countries, the Curandero Shaman paths and African Yoruba and Congo traditions have been influenced greatly by Roman Catholicism which has been interwoven into the beauty and arts of what is Hispanic Brujeria and Southern American Hoodoo "Gafe / Gaferia". I have been asked to do Videos on some of my collections of Grimoires and Books of Shadows that I as a Brujo collect and that have influenced my spiritual path, and will be doing book reviews sporadically on some of the books within my collection, which are heavily influenced on the Kabala, King Solomon, Moses and other Judeo Christian magical paths that can be used in your Hoodoo " Budú Gafe", Brazilian Quimbanda or Macumba and Brujeria practices. In Brujeria we try to fill in the dots and understand that the man known as Jesus Christ was both a medium and a Brujo, just as was King Solomon, and Moses. We try to find the ancient coronation within these highly elevated masters, and their similarities with ancient Spirits such as Cernunos, and Osiris-Dionysus and other elevated Pagan Spirits. We don't argue nor care if they are the same Spirits or difrent interpretation, paths or avatars of the same energy, nor if they are seperate entities altogether. Many believe that our ways are the ways of "el Diablo" the Devil, we believe in both the Mysteries of positive and negative energies in the Universe, these energies that our limited human minds, can not fully grasp nor comprehend; that cosmic duality we simply call good and evil. We often say, all is of God, and if it's of the Devil and not of God, which is the cause of all causes, than this God is not God as this God has no control in an area or mystery in the universe. Brujos believe in the balance of both good and evil, in both positive and negative energies, which can be often a dangerous less traveled path that can lead one to Spiritual enlightment. We also believe that if not harnest correctly or respected these two paths can lead to one's destruction or to one's spiritual evolución, you can't have one energy with out the other. To make it clear I do not practice and am not a member of the Golden Dawn or practice Hermetic Ceremonial Magick nor am I a Necromancer or practice Necromancy, as most of these Grimoires are based on those traditions, but I incorporate them as most Brujos do into my personal Brujeria. I do not invoke Lower Level Spirits or lower level demons as I only work with the Spirits of my Cuadro Espiritual, but I do use some of the Conjuros and seals in these Tomes and Grimoires in my personal daily practices. I remember one time a famous Puerto Rican Brujo from New York once say to me, Hoodoo was the latest craze, which I remember thinking and looking at him like he had three heads. Hoodoo is Brujeria brother, and it's nothing new to a Puerto Rican or Latin American Brujo. In the future I'll do a Video Bondye Sambia willing of my own Grimoire. I will begin with newer Grimoires in my collection and go from their. If you enjoy these videos, please hit like, subscribe and leave a message down below. Sancista Brujo Luis

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THE BOOK OF OBERON GRIMOIRE A BRUJO'S REVIEW The Book of Oberon: A Sourcebook of Elizabethan Magic Many people ask me what reason and purpose does a Puerto Rican Sancista, Espiritista, and Papa Boco " Papa Bokor / Lwa" has collecting Grimoires and Books of Shadows. Ever since I was young I have always had a deep love and respect for Occult knowledge and Arcane magical practices and Mysteries; especially Judeo-Christian Magic. Many people think Espiritismo is similar to Southern Conjour and Hoodoo which is far from the truth, Hoodoo is more akin to Latin American Brujeria, as many sects of Brujeria have similar roots and traits to Souther American Hoodoo, such as Native American Shamanism and African Congo Bantu Magic, with a mixture of Christian mostly Catholic lore. Both Brujos and Espiritistas understand that unlike modern neo-paganism and Wicca, Brujeria as well as Espiritismo are not religions but spiritual and magical paths that have their roots in Ancient pre-religious Shamanistic practices which predates all man made religions. Most Espiritistas and Brujos, may they be from Puerto Rico, Spain, México, Brazilian or Venezuela "Witches" have been influenced by the religions of the land but still hold to their ancient ways, although often unknown to the Brujo. In Latin American countries, the Curandero Shaman paths and African Yoruba and Congo traditions have been influenced greatly by Roman Catholicism which has been interwoven into the beauty and arts of what is Hispanic Brujeria and Southern American Hoodoo "Gafe / Gaferia". I have been asked to do Videos on some of my collections of Grimoires and Books of Shadows that I as a Brujo collect and that have influenced my spiritual path, and will be doing book reviews sporadically on some of the books within my collection, which are heavily influenced on the Kabala, King Solomon, Moses and other Judeo Christian magical paths that can be used in your Hoodoo " Budú Gafe", Brazilian Quimbanda or Macumba and Brujeria practices. In Brujeria we try to fill in the dots and understand that the man known as Jesus Christ was both a medium and a Brujo, just as was King Solomon, and Moses. We try to find the ancient coronation within these highly elevated masters, and their similarities with ancient Spirits such as Cernunos, and Osiris-Dionysus and other elevated Pagan Spirits. We don't argue nor care if they are the same Spirits or difrent interpretation, paths or avatars of the same energy, nor if they are seperate entities altogether. Many believe that our ways are the ways of "el Diablo" the Devil, we believe in both the Mysteries of positive and negative energies in the Universe, these energies that our limited human minds, can not fully grasp nor comprehend; that cosmic duality we simply call good and evil. We often say, all is of God, and if it's of the Devil and not of God, which is the cause of all causes, than this God is not God as this God has no control in an area or mystery in the universe. Brujos believe in the balance of both good and evil, in both positive and negative energies, which can be often a dangerous less traveled path that can lead one to Spiritual enlightment. We also believe that if not harnest correctly or respected these two paths can lead to one's destruction or to one's spiritual evolución, you can't have one energy with out the other. To make it clear I do not practice and am not a member of the Golden Dawn or practice Hermetic Ceremonial Magick nor am I a Necromancer or practice Necromancy, as most of these Grimoires are based on those traditions, but I incorporate them as most Brujos do into my personal Brujeria. I do not invoke Lower Level Spirits or lower level demons as I only work with the Spirits of my Cuadro Espiritual, but I do use some of the Conjuros and seals in these Tomes and Grimoires in my personal daily practices. I remember one time a famous Puerto Rican Brujo from New York once say to me, Hoodoo was the latest craze, which I remember thinking and looking at him like he had three heads. Hoodoo is Brujeria brother, and it's nothing new to a Puerto Rican or Latin American Brujo. In the future I'll do a Video Bondye Sambia willing of my own Grimoire. I will begin with newer Grimoires in my collection and go from their. If you enjoy these videos, please hit like, subscribe and leave a message down below. Sancista Brujo Luis

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Jose gregorio de la rivera espiritismo -

Crystal Ball, Purifying, Concecrating & Blessing How I use a Crystal Ball or Scrying Sphere for aiding in Divination, Crystal gazing, also known as crystal seeing, crystallism, crystallomancy, gastromancy, and spheromancy is a method for seeing visions achieved through trance induction by means of gazing at a crystal. The Crystal Ball has an ancient history, and is believed to have been a divination tool used by ancient Celtic Druids, how the famous image image we all have of our minds of Gypsies gazing into Crystal Balls is not known, as most Gypsi Clans were poor travelers. Many Psychics and Mediums are said to employ the method of Crystal balls and Hollywood has imbeded in our Mind the use of Crystal Balls from wonderful Wizards to Wicked Witches. Crystal Ball reading has been used by many famous and historical figures, the most noted is the 16th Century Mistic, Dr John Dee, who along with Medium Channeler Edward Kelly whom recieved messages from Angelic Beings created the tradition of Enochian Magic which is a system of ceremonial magick based on the invocation and commanding of various angelic Spirits. Crystal, Ball, Gazing, Scrying, Sphere, Divination, Crystal gazing, crystallism, crystallomancy, gastromancy, spheromancy, fortune, telling, tellers, psychic, mediumship,

#crystal ball#scrying#fortune teller#fortune telling#divination#oracle#mediumship#channeling#spiritualism#clairvoyant#clairalience#clairsentience#spiritism#spiritist#tarot cards#tarot#gypsy#spiritual#spirit guide

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Homemade Aromatherapy Spiritual Alcoholado, Abuelita's Bay Rum Cologne Recipe, Florida Water Similar to Hoyts Cologne, Kananga Water, or Murray & Lanman Florida Water, no other aroma is as popular in Spiritual Work in Puerto Rico and the Caribbean as Alcoholado, or Bay Rum. Do you want your man to smell like the Puerto Rican Pirate, el Pirata Roberto Cofresí y Ramírez de Arellano, this is a cologne or aftershave similar to Florida Water, ( como hacer Agua de Florida ) well known in the Caribbean. The history of Alcoholado, Bay Rum is as manly as it aroma, Pirates and Sailors in the 16th century Caribbean discovered that the West Indian Bay Leaf ( Pimenta Racemosa ), The Bay Rum Tree made a great perfume to freshen up and mask the stink they acquired while being stuck on a ship for months. To apply the scent to themselves, they would rub the dry leaves on their body, thus leaving the fragrant oil on their skin. While sailors were rubbing leaves on themselves, the Rural Jibaro Women were cultivating the plants and soon realized that mixing the fresh leaves of the Pimenta Racemosa with their husband's rum they could naturally extract the aroma and essential oils of the leaves and make a cologne. Puerto Ricans and other islanders took this basic recipe and began adding their own ingredients such as cloves, Allspice, citrus rind, and cinnamon. Soon it became a staple sent in the home of Islanders and began to be used as a Spiritual Cologne by Espiritistas and Curanderos for its curative properties similar to Florida Water. Used in healing sobos this was a staple in my Abuelita's house, and one sent I pass down to Mi Familia and is a sent that is a staple in Hispanic Spiritual homes but one that has been rarely used within Brujeria's American cousin Hoodoo and Conjour.

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Salem Massachusettes, Halloween, Witches Circle Follow me, Sancista Brujo Luis; around Salem Massachusettes, Holloween Day 2015, as I go through one of my fave cities in Massachusettes. Often known as the Wiccan Capital of the United States, it has become one of my most traveled cities to be around in October and celebrate, Holloween, Día de los Muertos and Samhain. Watch a Pagan Wiccan, Witches Circle, and Procession and some beautiful sites of this lovely coast side New England City. Listen to the beautiful drums played by Dragon Ritual Drummers. The Witch trials were started by some Voodoo games taught to the young girls of Salem by a young Woman from Barbados named Tituba, and with the recent growth of Hispanics and Haitians to Salem, it's beginning to come full circle as Botanicas are springing all over the City, and Vodou, Santeria and Espiritismo has been seeing a growth in the once predominantly Witch City of the United States. Witches, Witch, Wicca, Wiccan, Pagan, Salem, Massachusettes, Tituba, Brujeria, Witchcraft, Brujo, Bruja, Brujeria, Circle, Magic, Magical, Magick, Magickal, Holloween, Shamanism

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Not just for your Ancestors but for any elemental protective Spirit Guides, Seres, Muertos, Guías and Protectores that you may have. Traditionally people have kept protective objects by the front and back entrance way of the house, to let others know that the home was protected by Bendita Animas, Espiritus elementalea and Guias Espirituales. Today you will see churches with Gargoyles, Libraries with Lions and Buildings with Indians or Eagles as a symbol that the building is guarded. Traditionally the cunning folk of Puerto Rico, Cuba, Venezuela and the Caribbean Los Espiritistas and Brujos always keep mirrors, Palo de Muertos, statues and protective items in front of doorways, entrances and windows. Used in traditiones such as, Sanci, Sance, Espiritismo Criollo, Espiritismo Cruzado, Espiritismo del Cordon, la Caridad, and María Lionza Espiritismo and some traditiones of Brazilian Umbanda. Sancista Brujo Luis is an American Brujo Espiritista, Sancista Papa Boco, of Puerto Rican decent and resides in Northern Massachusettes around 30 minutes north of Salem, and Boston Ma.

#spiritism#spiritist#espiritismo#espiritista#vodou#voodoo#vodoo#vodoun#hoodoo#brujeria#shamanism#shaman#curandera#curandero#brujo#bruja#umbanda#umbandista#quimbanda#palo mayombe#palo monte#santeria#lukumi

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Magic of Palo de Pino, Pine Wood, Bwa Pin. Sacred Tree of Strength and Courage for protection, to the Native Americans it is called the tree of peace, and it is the choice tree for Christmas which of course has it's origins in Ancient Pagan and Druid lore, it is known as Pinus the Tree of thr Nativity, Birthday of the Divine Child, the King of the Waxing Year - December 23rd. The smoke purifies and sacrifices and promotes strength. In Haitian Vodou it is known as Bwa Pin and it is used for heating things up, and sacred to the Petro Lwa for hot and aggressive work, bwa pin sticks are used as boujies which are even hotter than the candles for both aggresive work, to call on these energies for strength and courage. The Dryad Spirit associated with Pine Trees is Pytis or Pinus. Used in Hoodoo for Protection. In Vodou it is a well respected Gran Bwa. Magic, Spells, Tree, Bwa, Pin, Pine, Santeria, Voodoo, Hoodoo, Sanse, Witchcraft, Incense, Petro, Petwo, Lwa, Loa, Orisha, Oricha, Orixa, Gran, Bwa, Magickal, properties, trees, palo, monte, mayombe, Umbanda, Macumba, Quimbanda, Witches

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Tumblr media

I recieve alot of emails and messages about the hat styles I wear, and why. Well here are my top reasons. For #1, I live in New England, Massachusettes' men always wear hats in New England, it's a hidden staple rule in our region of the Country. If you are in Massachusettes this fall you will notice, that almost everyone has a Hat on. #2. Protects your Head from the harsh elements. It gets hot here when it's hot and it gets cold here when it's cold, so I always have something protecting, my Third Eye and Crown, lol. #3. It covers upper inperfections, in my Case, I'm Bald. Lmao, but if you got a bad hair day, hats always do the trick. #4. Makes you look taller, and thinner. I'm 6 feet tall so I look like I'm 7 feet tall hahaha kidding. #5 Adds flair to your wardrobe, and gives a visual message of societal position. Policemen have their style of Hats, Firemen have their style of hats. Gangsters, and yes even Brujos and Santeros. #6 If you are in Salem Ma this Fall, you will notice all the Witches with their Pointy Hats on. #7. I don't let anyone touch my head, this is a sacred area, and only a few have done so, through Ceremony, and only people I trust 100 percent, I don't let anyone go near the crown of my head, so a hat, bandana, or what ever, makes a protective layer and berier. #8. They look so damned Good. One big no no when purchasing a Hat, never purchase online, go out and try them on in a store, see how they feel on your head. Some look good online and look dreadful on your head. So what Hats do I usually wear? Well it depends on the Season. But I always have a Boston Red socks Baseball Cap I throw on, a Fidora. I'm Puerto Rican I need a Pava or two in my closet, anything weaved is ok in my book. And I always have a Fidora, a Porkpie, a Panama, a Trilby, and a Cowboy Hat and for Holloween Season I can't live without my Stockman. I see to often people get stuck in trends, one point the Duck billed Baseball Cap, which I personally don't have in my closet. Be a trend setter, not a carbon copy of the rest, and use your thinking cap, and wear a cool hat. So I hope I answered all the emails and messages. Much love Sancista Brujo Luis

#witches hat#hats

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ZOMBI ASTAL, ESPIRITU DE CAUSA. Anima Sola, Intranquil Spirit Known by many names in many cultures, such as Intranquil Spirits, Espíritus Intranquilos, Perturbados, Espiritu Endurecido, these lower lever Spirits or Espíritus de Bajo Astral are often the cause of many an individual's minor problems, and if not dealt with accordingly by a well developed Espiritista, Brujo or Shaman, can cause an individual much harm. El Espiritu de Bajo Astral or Espiritu de Causa also known as a "Zombie Astral" is a part of the human soul that is captured by a Muertero or a Bokor who practices Necromancy and uses the entrapped Soul to either enhance the Bokor's or Muertero's spiritual power, or as a Slave to harm an individual. It is believed both in Haitian Vodou and Puerto Rican Sanse. that, after a time, Bondye, Papa Dios Todopoderoso, (God) will take the soul back and so the Zombie Astral or Espiritu de Causa is a temporary spiritual entity. But with the help of a developed Medium, Espiritista one can speed up the process. It is believed that El Barón del Cementerio, Baron Samedi gathers the souls of the Dead from their grave to bring them to a heavenly afterlife in Guinea, unless they had offended him in some way, in which case they would be forever a slave after death, as a zombie astral.  The easiest way to offend the Barón del Cementerio, is through an unnatural death which is by either a violenr murder, or suicide, which causes the soul not to be able to cross the threshhold into the realm of the Ancestors, and linger close to the realm of the living. Legend tells the tale of how when men where crucified, women where in charge of taking a pale of water and from a sponge attached to a long wooden pole, they would soak it in water and would give the crucified victims water to quench their thirst. On the evening of Good Friday when Jesus Christ was crucified a woman by the name Maria Celestina Abdenago brought water to the three upon the cross. She gave Dysmas and Gesmas water but for some reason she feared the savior, and did not give him water to drink. When Maria Celestina Abdenago died many years later she was sent to purgatory for denying the savior water. Another legend tells the tale of how Maria Celestina Abdenago was a sorceress who practiced the black arts and when Jesus was carrying the heavy wooden cross through the streets, as he passed her house she ran into the street, up to him and spat in his face. Thus going to purgatory for her offense and insult done to the savior. A popular Mexican and Spanish Anima Sola is el Anima Sola de Juan Minero, or John the Miner. For his sins on earth Juan Minero toils and labors hard in purgatory mining coal to feed the flames of both Hell and purgatory. His sin, tradition says that in a fit of rage he would enter into Holy Temples and shrines and defile the altars, by blowing out candles and stealing lanterns and spilling holy water on the ground. The most popular image of an Anima Sola depicts a woman in a dungeon set into flames as she looks up towards the heavens. Her chains are broken and she looks at peace, as if the flames consuming her soul do not bother her. She patiently awaits the saviors forgiveness of her sins, as her arms are stretched upwards as if the savior has sent the Queen of Angels to set her free from her torment. The infamous famous image of the Anima Sola is of Maria Celestina Abdenago. This is also known as la Anima Sola Más Desamparada. Many who don't know much of the Anima Sola assume that there is only one, when in reality there are countless souls in the "Catholic' purgatory or lower spiritual plane, cleansing there sinful souls before being forgiven and reaching a higher spiritual plane. The Lone Souls in Purgatory are not evil spirits, as their souls are not damned to a Catholic Hell persay, they are the souls of sinners who because of their mortal sins cannot reach the Kingdom of Heaven until there souls have been purified from their earthly wrong doings.  Many people in Latin American counties pray to the Anima Sola and they are often invoked in love spells. On Mondays they are offered water, a white candle to give them light and many offer them cigars, cigarettes and strong liquor such as rum, whiskey or a can of beer. The Anima Sola are venerated on el Dia de las Animas, November 2nd the day of All Souls Day, as special Masses are done in honor of them. In Mexico this day is called, El Dia de los Muertos, or Day of the Dead. In Haitian Vodou, Mambo Marinette is a cruel and vicious loa who was elevated to a lwa after her death. In her Petro form she is called Marinette Bras Cheche / Marinette Bwa Chech (Marinette of the Dry Arms) or Marinette Pied Cheche (Marinette of the Dry Feet) suggesting that she is skeletal. She is believed to be the Mambo who sacrificed the black pig at the culmination of the start of the first Haitian Revolution. While she is feared and tends to ride those she possesses violently, she can also be seen as one who frees her people from bondage. Mambo Marinette is represented by a screech owl and is often seen as the protector of werewolves. Her Catholic counterpart is the Anima Sola or the Forsaken Soul of Purgatory who can either free one from bondage or drag you back. Her colors are black and deep blood red. Mambo Marinette is not cruel. She only gets cruel in possession, when people burn animals or humans. Her colors are red and black. She likes Salvia, black pepper, lavender and sweets. In Sanse she is viewed as Mambo Maiza, and works as an incubus / succubus that works under Papa Legba. In Cuban Santeria she is Antonia Gervasio. In the times of slavery, Antonia Gervasio was a beautiful some say mulatto others say black woman who was born and died in the Ocha Lukumi Santería faith. She had a lover who brutally rapped her and beat her, and then proceeded bind her to a tree and lit a bonfire and burn her alive. Before she died a painful and horrible death Antonia Gervasio cursed the lover and all his decendants. In the Venezuela tradition of Maria Lionza Espiritismo their exists many famous Animas such as Francisca Duarte, el ánima de Taguapire who is known as Mama Pancha, or Panchita Durante, others such as José Zambrano, el Anima de Pica Pica, Maximiliano González, el ánima de la Yaguara, Juan Salazar el Anima de Güigüe, Anima de José Gregorio Rivera, Anima de Juan Bautista Morillo, El Anima del Padre Magne, López Chirinos, el anima del Chaparro, Anima dw Flores Brito, Anima de Jacinta Flores, El ánima del Samán Llorón, Anima de María Francia and the now famous amongst young Venezuelan María Lionzero Espiritistas as Las Animas de la Corte Cale o Malandra, each with their own colorful history and legend. Vodou, Macumba, Quimbanda, Santeria, Espiritismo, Cruzado, Hoodoo, Ghede, Guede, Umbanda, Brujeria, Necromancy, Occult, Voodoo, Witchcraft, Witches, Zombi, Papa, Bokor, Boco, Boko, Sansista, Intranquil, Spirits, MUERTO PUESTO, MUERTO REPUESTO

#umbanda#umbandista#santeria#voodoo#vodou#vodoun#witchcraft#wicca#wiccan#espiritismo#espiritista#shaman#witch doctor#ancestors#anima sola#curandero#curandera#curanderismo#hoodoo#conjure#candomblé#orisha#orixa#quimbanda#palo mayombe#black magic#sorcery#necromancer#necromancy

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GRAND ERZULIE BOTANICA Grand Erzulie Botanica in Everett, Massachusettes https://m.facebook.com/profile.php?id=711824738897056&tsid=0.892551853787154&source=typeahead https://m.facebook.com/pages/Grand-Erzulie-Botanica/711824738897056 I will be doing readings at Kettley Andreal's Grand Erzulie Botanica Saturdays in Everett Massachusettes on Saturdays, starting this Saturday. Address is 60 Ferry Street, Everett Massachusettes. From 10 am until 5 pm. Every Saturday. Call to make appointments at Call (617) 389-3500 or stop by and say hello. Botanica is open Monday to Fridays from 10 am until 7 pm and Saturdays from 10 am until 5 pm. Spiritual Readings, Consultations, Cleansings, Divination, Spiritual Products. If in Massachusettes stop by and say hello. Kettley Andreal and Sancista Brujo Luis

#voodoo#vodou#vodoun#santeria#umbanda#umbandista#candomblé#botanical

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ESPIRITISMO ESSENTIALS. Espiritistas Emergency Kit The Espiritismo Misa Espiritual Essential Emergency Kit, that no true Espiritista in their rite mind should ever leave their home without it!!! I get this question alot, on what someone should bring and not bring to a Sesion Espiritista a Misa or a Velada Espiritual. So I decided to make a simple video on what someone should bring atleast to a Traditional Mesa Blanca Espiritual in the Puerto Rican and other Caribbean branches of Espiritismo. I want to dedicate this Video to my Godson Tony Sancista, who I am proud of and who always goes prepared to Misas, Sesiones and Veladas Espirituales as it was once practiced by the old folk "los Viejitos" of my Puerto Rican, Borinquen ( Borike - Borique - Puerto Rico ) Island. Espiritismo, Espiritista, Mesa, Blanca, Sanse, Sanci, Santeria, Santerismo, Umbanda, Umbandista, Centro, Templo, Spiritism, Espiritual, Maria, Lionza, Curanderismo,

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Sevi Lwa , Sirviendo los Misterios, Yemaya, La Siren

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Spiritual Sweet Herbal Bath, Baño Dulce Despojo Espiritual A Sweet Herbal Bath known in Spanish as a Baño Dulce, or Despojo Espiritual to help bring on positive energy, cleanse the 7 layers of the Aura or Auric fields, and opens up the Chakras. Great for bringing positive energies, used in Hispanic Traditions such as Cuban Santeria, Mexican Curanderismo, Brujeria, Puerto Rican Sanse, Venezuelan María Lionza Espiritismo and Haitian Vodou and old world European Witchcraft, as well as the Herbalist Hierberos or Yerberos of the Caribbean and Latin America. Spiritual, Bath, cleansing, magical, magickal, herbalism, herbal, curanderismo, shamanism, espiritismo, spiritism, baths, shaman, witchcraft, wicca, brujeria, Hoodoo, Voodoo, herbalist.

#spiritual#curandera#curandero#bruja#brujeria#santeria#candomble#umbanda#umbandista#voodoo#vodou

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THE SIXTH 6th AND SEVENTH 7th BOOK OF MOSES My second installment in my Grimoire Collection videos, the first being The Book of Oberon by Daniel Harms, and Joseph H Petterson, with sigil drawn by James R Clark. The second video is of The Sixth and Seventh Books of Moses or The 6th and 7th Book of Moses edited by Joseph Petterson. My love and interests in Grimoires began with books by Anna Riva, and her now classic little Grimoire titled Secrets of Magical Seals, A Modern Grimoire of Amulets Charms Symbols and Talismans, which latter led me to Purchase the Puerto Rican author / Writter book of the version of the 6th and 7th Books of Moses which was published by Original Publications in the late 1980s or early 1990s. Well respected book in the Southern American Hoodoo traditions and gaining interest within the English speaking Hispanic Latino populations of the Mane lands of the United States, which incorporate these works within their Brujeria traditions. I hope you enjoy, please press like, leave a comment and subscribe. THE BOOK OF OBERON GRIMOIRE A BRUJO'S REVIEW The Book of Oberon: A Sourcebook of Elizabethan Magic Many people ask me what reason and purpose does a Puerto Rican Sancista, Espiritista, and Papa Boco " Papa Bokor / Lwa" has collecting Grimoires and Books of Shadows. Ever since I was young I have always had a deep love and respect for Occult knowledge and Arcane magical practices and Mysteries; especially Judeo-Christian Magic. Many people think Espiritismo is similar to Southern Conjour and Hoodoo which is far from the truth, Hoodoo is more akin to Latin American Brujeria, as many sects of Brujeria have similar roots and traits to Souther American Hoodoo, such as Native American Shamanism and African Congo Bantu Magic, with a mixture of Christian mostly Catholic lore. Both Brujos and Espiritistas understand that unlike modern neo-paganism and Wicca, Brujeria as well as Espiritismo are not religions but spiritual and magical paths that have their roots in Ancient pre-religious Shamanistic practices which predates all man made religions. Most Espiritistas and Brujos, may they be from Puerto Rico, Spain, México, Brazilian or Venezuela "Witches" have been influenced by the religions of the land but still hold to their ancient ways, although often unknown to the Brujo. In Latin American countries, the Curandero Shaman paths and African Yoruba and Congo traditions have been influenced greatly by Roman Catholicism which has been interwoven into the beauty and arts of what is Hispanic Brujeria and Southern American Hoodoo "Gafe / Gaferia". I have been asked to do Videos on some of my collections of Grimoires and Books of Shadows that I as a Brujo collect and that have influenced my spiritual path, and will be doing book reviews sporadically on some of the books within my collection, which are heavily influenced on the Kabala, King Solomon, Moses and other Judeo Christian magical paths that can be used in your Hoodoo " Budú Gafe", Brazilian Quimbanda or Macumba and Brujeria practices. In Brujeria we try to fill in the dots and understand that the man known as Jesus Christ was both a medium and a Brujo, just as was King Solomon, and Moses. We try to find the ancient coronation within these highly elevated masters, and their similarities with ancient Spirits such as Cernunos, and Osiris-Dionysus and other elevated Pagan Spirits. We don't argue nor care if they are the same Spirits or difrent interpretation, paths or avatars of the same energy, nor if they are seperate entities altogether. Many believe that our ways are the ways of "el Diablo" the Devil, we believe in both the Mysteries of positive and negative energies in the Universe, these energies that our limited human minds, can not fully grasp nor comprehend; that cosmic duality we simply call good and evil. We often say, all is of God, and if it's of the Devil and not of God, which is the cause of all causes, than this God is not God as this God has no control in an area or mystery in the universe. Brujos believe in the balance of both good and evil, in both positive and negative energies, which can be often a dangerous less traveled path that can lead one to Spiritual enlightment. We also believe that if not harnest correctly or respected these two paths can lead to one's destruction or to one's spiritual evolución, you can't have one energy with out the other. To make it clear I do not practice and am not a member of the Golden Dawn or practice Hermetic Ceremonial Magick nor am I a Necromancer or practice Necromancy, as most of these Grimoires are based on those traditions, but I incorporate them as most Brujos do into my personal Brujeria. I do not invoke Lower Level Spirits or lower level demons as I only work with the Spirits of my Cuadro Espiritual, but I do use some of the Conjuros and seals in these Tomes and Grimoires in my personal daily practices. I remember one time a famous Puerto Rican Brujo from New York once say to me, Hoodoo was the latest craze, which I remember thinking and looking at him like he had three heads. Hoodoo is Brujeria brother, and it's nothing new to a Puerto Rican or Latin American Brujo. In the future I'll do a Video Bondye Sambia willing of my own Grimoire. I will begin with newer Grimoires in my collection and go from their. If you enjoy these videos, please hit like, subscribe and leave a message down below. Sancista Brujo Luis

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THE BOOK OF OBERON GRIMOIRE A BRUJO'S REVIEW The Book of Oberon: A Sourcebook of Elizabethan Magic Many people ask me what reason and purpose does a Puerto Rican Sancista, Espiritista, and Papa Boco " Papa Bokor / Lwa" has collecting Grimoires and Books of Shadows. Ever since I was young I have always had a deep love and respect for Occult knowledge and Arcane magical practices and Mysteries; especially Judeo-Christian Magic. Many people think Espiritismo is similar to Southern Conjour and Hoodoo which is far from the truth, Hoodoo is more akin to Latin American Brujeria, as many sects of Brujeria have similar roots and traits to Souther American Hoodoo, such as Native American Shamanism and African Congo Bantu Magic, with a mixture of Christian mostly Catholic lore. Both Brujos and Espiritistas understand that unlike modern neo-paganism and Wicca, Brujeria as well as Espiritismo are not religions but spiritual and magical paths that have their roots in Ancient pre-religious Shamanistic practices which predates all man made religions. Most Espiritistas and Brujos, may they be from Puerto Rico, Spain, México, Brazilian or Venezuela "Witches" have been influenced by the religions of the land but still hold to their ancient ways, although often unknown to the Brujo. In Latin American countries, the Curandero Shaman paths and African Yoruba and Congo traditions have been influenced greatly by Roman Catholicism which has been interwoven into the beauty and arts of what is Hispanic Brujeria and Southern American Hoodoo "Gafe / Gaferia". I have been asked to do Videos on some of my collections of Grimoires and Books of Shadows that I as a Brujo collect and that have influenced my spiritual path, and will be doing book reviews sporadically on some of the books within my collection, which are heavily influenced on the Kabala, King Solomon, Moses and other Judeo Christian magical paths that can be used in your Hoodoo " Budú Gafe", Brazilian Quimbanda or Macumba and Brujeria practices. In Brujeria we try to fill in the dots and understand that the man known as Jesus Christ was both a medium and a Brujo, just as was King Solomon, and Moses. We try to find the ancient coronation within these highly elevated masters, and their similarities with ancient Spirits such as Cernunos, and Osiris-Dionysus and other elevated Pagan Spirits. We don't argue nor care if they are the same Spirits or difrent interpretation, paths or avatars of the same energy, nor if they are seperate entities altogether. Many believe that our ways are the ways of "el Diablo" the Devil, we believe in both the Mysteries of positive and negative energies in the Universe, these energies that our limited human minds, can not fully grasp nor comprehend; that cosmic duality we simply call good and evil. We often say, all is of God, and if it's of the Devil and not of God, which is the cause of all causes, than this God is not God as this God has no control in an area or mystery in the universe. Brujos believe in the balance of both good and evil, in both positive and negative energies, which can be often a dangerous less traveled path that can lead one to Spiritual enlightment. We also believe that if not harnest correctly or respected these two paths can lead to one's destruction or to one's spiritual evolución, you can't have one energy with out the other. To make it clear I do not practice and am not a member of the Golden Dawn or practice Hermetic Ceremonial Magick nor am I a Necromancer or practice Necromancy, as most of these Grimoires are based on those traditions, but I incorporate them as most Brujos do into my personal Brujeria. I do not invoke Lower Level Spirits or lower level demons as I only work with the Spirits of my Cuadro Espiritual, but I do use some of the Conjuros and seals in these Tomes and Grimoires in my personal daily practices. I remember one time a famous Puerto Rican Brujo from New York once say to me, Hoodoo was the latest craze, which I remember thinking and looking at him like he had three heads. Hoodoo is Brujeria brother, and it's nothing new to a Puerto Rican or Latin American Brujo. In the future I'll do a Video Bondye Sambia willing of my own Grimoire. I will begin with newer Grimoires in my collection and go from their. If you enjoy these videos, please hit like, subscribe and leave a message down below. Sancista Brujo Luis

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PN1999 .U59 A85 Aviña, Rafael Filmoteca UNAM : 50 años / Rafael Aviña. -- México : UNAM, Dirección General de Actividades Cinematográficas, Filmoteca, 2010. 192 p. : il. ISBN 978-607-02-1868-2 1. Universidad Nacional Autónoma de México. Filmoteca. 2. Cine -- México -Historia. I. t.

Coordinación editorial: José Manuel García Ortega Selección de imágenes: Antonia Rojas Ávila y José Manuel García Ortega Diseño y formación: Miguel Marín y Elizabeth García Corrección de estilo: Adriana López Cuidado editorial: Juan Tonda y Norma Castillo Edición: ADN Editores, S.A. de C.V. Agradecemos a todas aquellas personas que generosamente han colaborado con la realización de esta obra, ya sea brindando sus testimonios o dando acceso a sus colecciones, y aportando sus comentarios. Primera edición, noviembre 2010. © D. R., 2010, Universidad Nacional Autónoma de México Dirección General de Actividades Cinematográficas Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Coyoacán, 04510 México, D. F. ISBN 978-607-02-1868-2 Impreso en México Printed in Mexico Este libro no puede ser reproducido ni total ni parcialmente, por ningún medio electrónico o de otro tipo, sin autorización escrita del propietario de los derechos. Todas las imágenes que aparecen en él forman parte de las colecciones de la Filmoteca de la UNAM.


CONTENIDO Presentación

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Guadalupe Ferrer Andrade Introducción. Filmoteca: cápsula del tiempo

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1. Hace 50 años. El ambiente cultural

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2. Las riquezas de la Filmoteca

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3. Viajes a través del tiempo. Tesoros y rescates memorables

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4. Conclusión. La emoción atemporal

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Apéndice 1.

107

Filmoteca de la UNAM (1960-2010). Cronología comentada Apéndice 2. Testimonios

163


Universidad Nacional Autónoma de México Dr. José Narro Robles Rector Dr. Sergio M. Alcocer Martínez Secretario General Lic. Enrique del Val Blanco Secretario Administrativo Mtro. Javier de la Fuente Hernández Secretario de Desarrollo Institucional M. C. Ramiro Jesús Sandoval Secretario de Servicios a la Comunidad Lic. Luis Raúl González Pérez Abogado General

Coordinación de Difusión Cultural Mtro. Sealtiel Alatriste y Lozano Coordinador Lic. Guadalupe Ferrer Andrade Directora General de Actividades Cinematográficas

Agradecemos especialmente el apoyo solidario de la Facultad de Arquitectura de la UNAM para la edición de esta obra.


Este libro está dedicado a todos y cada uno de los trabajadores de la Filmoteca de la UNAM. Aquellos que la iniciaron, los que la continuaron y los que hoy la cobijan. Aquellos que pasaron por la institución y los que ya no están entre nosotros. A los que conocí cuando laboré en ella y muy en especial, a aquellos que reencontré. A los que siempre han confiado en mí: la lista es larga, mi gratitud igual. A los que se sumergen en el pasado rastreando los sueños del futuro: su búsqueda nunca será estéril. Por último, a mis padres y en especial a mis hijos: Rai y Oli, cuyas miradas y voces están y estarán tatuadas siempre en mi corazón. Rafael Aviña



Hace cincuenta años, la visión de un universitario amante del cine dio origen a la Filmoteca de la UNAM, hoy reconocida como un archivo cinematográfico imprescindible en nuestro país. El hecho de que hoy cuente con este reconocimiento es sin duda el efecto quizá no previsto, pero sí finalmente producido, por esta visión de Manuel González Casanova. Lo que comenzó siendo una discreta oficina donde se programaban funciones de cine y se facilitaban algunas copias en formato de 16 mm a los cineclubes que empezaban a surgir por los cuatro puntos cardinales de la geografía universitaria, se transformó con el tiempo en una institución donde no sólo se rescata, preserva y restaura el patrimonio fílmico de nuestro país, sino también en una entidad que lo difunde a escala nacional e internacional, y que también apoya su realización. Un apreciado amigo de la Filmoteca y reconocido escritor de temas cinematográficos, Rafael Aviña, se ha hecho cargo de contar la historia de estas cinco décadas del cine en la Universidad. Para ello ha indagado hasta encontrar lo que había que narrar acerca de sus orígenes en los años cincuenta, cuando los estudiantes de vocación cinéfila comienzan a acercar la cultura y el arte

resulta muy familiar. Sin descuidar en ningún momento la particular raigambre universitaria de la Filmoteca, Aviña se adentra en los pormenores de las actividades y circunstancias de este archivo fílmico, es decir, la conformación de los acervos, los elementos distintivos, los personajes, los hechos y fechas relevantes. De manera especial se reconoce una muestra representativa de las riquezas que guardan sus bóvedas y colecciones, los tesoros y rescates memorables; así como comentarios, anécdotas, testimonios e incluso revelaciones que se han dado a lo largo de medio siglo de una actividad cada día más dinámica y enriquecedora para quienes la Universidad nos ha encomendado la misión de llevarla a cabo. Para nosotros es una feliz coincidencia que la Universidad Nacional celebre su centenario justamente cuando su Filmoteca celebra el cincuentenario de existencia. Sabernos parte de la historia de una institución imprescindible para un país que a su vez celebra doscientos años de vida independiente es, a la vez, un privilegio y un compromiso: el de continuar salvaguardando y difundiendo la memoria visual de dicha nación.

cinematográfico del mundo a la Universidad, una época y un ambiente que el autor retrata en el libro desde una perspectiva que todavía nos

Guadalupe Ferrer Andrade Directora General de Actividades Cinematográficas de la UNAM

k ¡Que viva México!, S. M. Eisenstein, 1931. Fotograma.

FILMOTECA UNAM 50 AÑOS

PRESENTACIÓN

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El 30 de abril de 1939 ante más de 200 mil asistentes, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, inauguraba la Exposición Universal con sede en Nueva York que incluía, entre otras atracciones, la Primera Convención Mundial de Ciencia Ficción y la muestra denominada Futurama, diseñada por Norman Bel Geddes y patrocinada por la compañía General Motors, dedicada a las tecnologías del futuro y en la que se mostraban ultra modernas autopistas automatizadas, vastos suburbios en prospectiva y el entonces reciente invento del tubo de rayos catódicos para la televisión totalmente electrónica, perfeccionada por Philo Farnsworth. No obstante, la exhibición que capturó de inmediato la atención del público fue la llamada “cápsula del tiempo”, un recipiente hermético que sería sepultado bajo tierra y donde se esperaba que permaneciese durante cinco milenios, para abrirse en el muy lejano año 6939. “La cápsula del tiempo” construida por la compañía Westinghouse, fabricada con una aleación de níquel y plata más dura que el acero, con un diámetro interior de 16 centímetros, un peso de 363 kilogramos y una altura de 2.28 metros, se enterró ante la presencia de los asis-

tentes a poco más de 15 metros bajo tierra en una sección del parque Flushing Meadows que alojó la Exposición. En el interior de la cápsula se depositaron, entre otros objetos, una madeja de hilo, una muñeca, varios números de la popular revista Life, un microscopio, un dólar estadounidense, una cajetilla de cigarros Camel, un frasco de semillas de diversas especies, manuscritos del científico Albert Einstein y del escritor Thomas Mann, millones de páginas de texto en microfilm que extractaban diccionarios y almanaques y, también, un noticiero cinematográfico de la RKO1 y su filial Pathé Pictures. RKO, nada menos que la compañía productora que lanzó a figuras de Hollywood como Fred Astaire, Ginger Rogers, Cary Grant, Katherine Hepburn y Robert Mitchum; que produjo los inquietantes relatos de horror de bajo presupuesto del legendario Val Lewton; notables obras maestras como King Kong (1933) de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack o El ciudadano Siglas de la Radio Keith Orpheum, una de las más grandes y antiguas compañías estadounidenses de producción, distribución y exhibición cinematográficas; permanece activa a la fecha. 1

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FILMOTECA: CÁPSULA DEL TIEMPO

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Kane (1941) de Orson Welles; delirantes tramas de serie B2 como Tarzán y las sirenas (1948) de Robert Florey, película protagonizada por Johnny Weissmüller y filmada en Acapulco, Guerrero, última morada del legendario actor, y en la que participaron una pléyade de técnicos y artistas mexicanos (o casi) como los cinefotógrafos Jack Draper, Gabriel Figueroa y Raúl Martínez Solares, el escenógrafo Gunther Gerszo, el director Miguel M. Delgado, Entrar y salir de diferentes actrices y actores como Andrea universos, viajar en el Palma, Linda Christian, Fernantiempo; escuchar y observar do Wagner, Gustavo Rojo y enel pasado es un privilegio que tre las extras, Ana Luisa Peluffo, la Filmoteca me ha ofrecido Silvia Derbez, Lilia Prado, Magda generosamente. Guzmán, así como el stuntman3 Everardo González Ángel García, quien muriera trágicamente durante el rodaje. El concepto fantasioso y esperanzador de la cápsula del tiempo que presentaba la feria universal neoyorquina en realidad no era nuevo. El poema de Gilgamesh, considerado la primera obra literaria de la humanidad, de origen sumerio, inicia con las instrucciones para localizar una caja de cobre bajo los cimientos de las murallas de Uruk en la que, según se dice, se encuentra escrita en una tabla de lapislázuli la historia del héroe y rey de la Mesopotamia antigua, Gilga Películas de clase o serie B (en inglés, B movie). Expresión procedente de la época de los grandes estudios de Hollywood (1930-1960) que se refiere a producciones de bajo presupuesto, con actores principiantes, no reconocidos o en decadencia.

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(Ingl.). Doble o actor especializado en escenas peligrosas.

mesh. Si nos atenemos a la idea de una caja, arca o receptáculo, capaz de albergar los misterios y las ilusiones de la humanidad, materializados en mensajes y objetos enterrados en un presente remoto para ser descubiertos por generaciones futuras, sin duda lo que más se aproxima a esa percepción sensorial de las cosas es un archivo cinematográfico. Conservación de imágenes e ilusiones en peligro de desaparecer; expectación como espectáculo y, al mismo tiempo, documento para la historia del futuro; preservación de las aspiraciones, los sueños y por qué no, las pesadillas mismas del hombre de todas las épocas; protección y difusión de las quimeras colectivas materializadas en miles de millones de fotogramas; un vasto territorio de imágenes de ficción y no ficción, de pasiones humanas, de escenas cotidianas y naturalezas vivas irrepetibles, resguardadas en esa suerte de cápsula del tiempo audiovisual —para las generaciones de hoy y del mañana— que representan archivos cinematográficos como nuestra Filmoteca de la UNAM, una suerte de caja de resonancia de nuestros anhelos representados en obras fílmicas que, de no contar con una entidad que las preserve, se extinguirían. Los seres humanos desaparecen; las economías y las sociedades se transforman; la manera de pensar y concebir el mundo se altera: muta, se renueva o se estanca. Al igual que los libros, las pinturas, las construcciones y otras manifestaciones artísticas, la película cinematográfica prevalece, pero necesita de una institución que la cobije, que la conserve; una entidad que localice, guarde, adquiera, identifique, clasifique,


les llamaba a las monedas de cinco centavos de dólar que costaba la entrada, fabricadas con ese material. Sin embargo, más allá de toda metáfora y alegoría, en efecto nuestra Filmoteca es una cápsula del tiempo que por fortuna está lejos de ser enterrada. Se trata de una entidad viva y en movimiento. De su existencia depende que las generaciones actuales conozcan nuestra historia fílmica y la del Una filmoteca mundo. El no disponer de este permite conocer visiones y invaluable patrimonio de imáconcepciones que a lo largo genes y de materiales cinematodel último siglo han tenido gráficos echaría abajo no sólo los los seres humanos del mundo sueños individuales de aquellos y de sí mismos, del presente que trabajaron para dar vida a lo que les tocó vivir y de las que hoy es una filmoteca como herencias que recibieron en la de la UNAM, sino las aspiratodos los órdenes. ciones colectivas de todos aqueHumberto Musacchio llos que aportaron su creatividad para el desarrollo del cine y que lo transformaron en arte y en documento para la eternidad. Y es que, pese a las restricciones económicas y al raquítico presupuesto del que dispone la institución, si la comparamos con otros archivos fílmicos, cinetecas y cinematecas del mundo, la Filmoteca de la UNAM ha conseguido potencializar sus limitados recursos para convertirse en un verdadero privilegio para este país. Desde su fundación en julio de 1960, la Filmoteca de la UNAM se convirtió en una institución que con el paso del tiempo tuvo la capacidad de coleccionar, conservar, proteger y reunir todos los documentos relativos al oficio cinematográfico. Todo ello, con el fin de estimular, difundir,

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restaure, valore, difunda y exhiba esas imágenes fílmicas y todo aquello que se desprenda de éstas, como, por ejemplo, objetos, aparatos y documentos escritos y gráficos relacionados con el cine mismo. Por supuesto, esa institución requiere de la complicidad de los individuos: el que preserva y el espectador atento, apasionado o no, que capture en su cerebro y a través de sus sentidos esas imágenes. La imagen cinematográfica, y todo aquello que desencadena, se transforma en emoción, arte y sentimientos encontrados cuando se mira y se admira. Es decir, el cine, en sentido estricto, deja de ser simple composición química y aparatos ópticos para transformarse en algo vivo, inquietante, asombroso o conmovedor, cuando alguien asume la experiencia de presenciarlo. Si aquella primera cápsula del tiempo que causó estupor y fascinación entre los asistentes de la Feria de Nueva York en 1939 fue fabricada con plata y níquel, justamente cuando el mundo se preparaba sin saberlo para sumergirse en uno de los conflictos bélicos más violentos de la historia, este vasto país de quimeras que representa el cine y en particular un archivo fílmico como la Filmoteca, nos remite curiosa y precisamente a esos mismos materiales con que fuera construida aquella célebre “cápsula del tiempo”. Por una parte, el nitrato de plata con que se elaboraba la emulsión de película cinematográfica y, asimismo, el níquel como referencia a los míticos nickelodeons; es decir, aquellas primeras y rudimentarias salas de cine que se establecieron al inicio del siglo XX en los Estados Unidos y cuyo nombre provenía de la palabra inglesa nickel, como se

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crear y proyectar un arte que a su vez se desdobla en millones de historias de vida y en documento histórico, pedagógico y educativo para la humanidad. Si nos preguntáramos qué circunstancias unen y hacen similares a un noticiero cinematográfico de los años cuarenta, a una película casera filmada en 8 mm, y a una joya del cine mundial como Los olvidados realizada en 1950 y considerada Memoria del Mundo por la Unesco,4 o a una de aquellas “vistas” cinematográficas capturadas por los enviados de los hermanos Lumière en nuestro país a finales del siglo XIX, la respuesta podría ser demasiado evidente ya que se trata en todos los casos de documentos

Programa Memoria del Mundo, creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para procurar la preservación y el acceso del patrimonio histórico documental de mayor relevancia para los pueblos del mundo. 4

fílmicos. No obstante, los cuatro ejemplos pertenecen a épocas muy diferentes y a formatos y géneros muy opuestos también. La resolución en realidad es sencilla pero de una simpleza cargada de asombrosa complejidad. Una paradoja que transforma dichas imágenes en algo que alcanza una trascendencia mayúscula. Cualquiera de estos cuatro casos —una obra maestra como Los olvidados, unas imágenes fragmentadas del México prerrevolucionario, un noticiero de cine, o un simple registro casero y familiar en un formato semi-profesional de un hecho cotidiano— no puede ser filmado de nuevo. Así pues, se trata de objetos únicos e irrepetibles y por lo tanto piezas invaluables. Imágenes poderosas o simplistas que representan aspiraciones, sueños, ideas, formas de pensar, de ver el cosmos, de entender éste en un determinado contexto histórico. Un momento específico, suspendido en el tiempo. El retrato de un mundo que ya no existe, en el que caben personas, objetos, ámbitos o geografías que han desaparecido o que se han transformado. Y gracias a su existencia y a la preservación de estas imágenes cinematográficas es posible viajar en el tiempo y entender el momento en que fueron concebidas; asimismo, medir tendencias, gustos, necesidades, condiciones económicas y sociales, vaya, incluso condiciones climáticas. Las imágenes conservadas en la Filmoteca se han tornado en documentos para la posteridad y al mismo tiempo, muchas de ellas, en indiscutibles obras de arte sobre las cuales todo juicio moral, artístico o conceptual sale sobrando. Por lo tanto hay que conservarlas.


m Viva la juventud, Fernando Cortés, 1955. Tríptico.

de niños y adolescentes: de Los mocosos (1957) y Los 400 golpes (1959) de François Truffaut a La tierna infancia (1965) de Felipe Palomino y Jóvenes de la Zona Rosa (1968) de Alfredo Zacarías; de La edad de la tentación (1958) de Alejandro Galindo y Quinceañera (1958) de Alfredo B. Crevenna a Rebelde sin causa (1955) de Nicholas Ray y Esplendor en la hierba (1961) de Elia Kazan... Es cierto, sí, que cada arte tiene su encanto. No hay nada como el placer de la lectura, del peso de un libro sobre las manos. El poder hipnótico que ejerce observar una pintura o el placer auditivo de la música. No obstante, el cine, el más joven de todas las artes, surgido en el ocaso del siglo XIX y convertido en industria en los albores del XX, fue capaz de reproducir la realidad tal cual: cap-

FILMOTECA UNAM 50 AÑOS

Los países atesoran en museos, galerías o bibliotecas la historia oficial y no oficial de sus naciones y del mundo entero, sus triunfos y fracasos, pero también sus imágenes, ya que éstas representan esa otra historia audiovisual. En ellas están implícitas las fantasías colectivas, las aspiraciones individuales, la historia cotidiana, el acontecer de cada día. Disponer de una filmoteca en nuestro país es un triunfo y una virtud. Es atesorar en un solo espacio el México que fue, que quiso ser y la nación en la que se ha convertido hoy en día. Y no solamente eso: la memoria del mundo está ahí. La quimera del escritor británico Herbert George Wells —la de aspirar a una máquina del tiempo— puede ser posible. El sueño del novelista escocés Sir James M. Barrie plasmado en Peter Pan —el de mantenerse siempre niño por toda una eternidad— también es realizable en una filmoteca como la de la UNAM. Infinidad de filmes de ficción, otros tantos documentales y películas de formato casero, capturaron infancias cuyos rostros, al menos en las imágenes cinematográficas, conservarán perennemente la mirada inocente, siempre y cuando estas imágenes se encuentren en resguardo. La utopía del talentoso y transgresor escritor inglés Oscar Wilde planteada en El retrato de Dorian Gray (1891), una de sus obras literarias más celebradas, es sin duda una extensión de esa misma idea acerca de la importancia de la conservación de las imágenes fílmicas. Es la ilusión de preservar eternamente la juventud en un cúmulo de rostros y cuerpos

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turar la vida misma; documento histórico palpable y de primer orden, razón suficiente que justifica la existencia de los archivos cinematográficos, desde aquel lejano 28 de diciembre de 1895 cuando los hermanos August y Louis Lumière proyectaran las primeras imágenes cinematográficas, tal como las conocemos hoy en día, en un cafetín del Boulevard des Capucines en París. Ahí, un público de asombrados incrédulos, entre los que se enHistoria es también memoria, contraba George Méliès —posy los museos y los archivos, terior padre del trucaje cinemapor fortuna, cada vez más tográfico—, testificó ante sus cuidados y numerosos… ojos imágenes en movimiento: son armas de la memoria. obreros saliendo de una fábrica, Fernando Macotela la llegada de un tren a una estación, un regador regado y más, como balbuceo de los primeros géneros fílmicos. El citado cineasta francés Georges Méliès y, en breve, maestros como David Wark Griffith, Charles Chaplin y Erich Von Stroheim en Estados Unidos; Dziga Vertov y Sergei M. Eisenstein en la Unión Soviética; Friedrich Wilhelm Murnau, Robert Wiene y Fritz Lang en Alemania; Abel Gance y Jean Vigo en Francia, y poco después Luchino Visconti, Vittorio de Sica y Federico Fellini en Italia, entre muchos otros, darían cuenta de que el cine, más allá de un invento óptico y mecánico, podría convertirse en poesía y en arte. Sin embargo, a su vez, las imágenes fílmicas demostraron que tenían la capacidad de trastocarse en propaganda política como lo confirman las poderosas escenas de Leni Riefenstahl apoyada por Goebbels y Hitler en la Alemania nazi, o aquellas estremecedoras imágenes de Kuleshov,

m Anuncio de la exhibición de las vistas de Veyre y Von Bernard, 1898. Folleto.

Pudovkin, Vertov o Eisenstein, representantes del realismo soviético. El cine refrendó asimismo un don especial y una vocación alternativa: desdoblarse a su vez en una exitosa industria sin perder su capacidad artística, tal como lo ejemplifica aquel imperio de las imágenes apostado en la California del naciente siglo XX bajo el mítico nombre de Hollywoodland, vasto territorio de quimeras, alquimia de sueños y escapismos del que brotarían posteriores leyendas como las de John Ford, Orson Welles, Raoul Walsh, Howard Hawks, Michael Curtiz, Victor Fleming, George Cukor y muchos más. Por su parte, en nuestro país, como lo confirman varias de las extensas colecciones de la Filmoteca de la UNAM, desde la llegada de Gabriel Veyre y Claude Ferdinand von Bernard, enviados por los Lumière a México en 1898, el cine nacional se orientó al retrato cotidiano de las costumbres mexicanas captado no sólo por


creces que la ilusión se fundiría con la realidad; una contundente certeza que hace inminente el rescate de la memoria y también del presente, es decir, no sólo lo que fuimos, sino lo que somos ahora, en este preciso instante. La importancia lúdica y al mismo tiempo trascendental de una filmoteca como la nuestra no se queda únicamente en esa idea de atesorar el baúl de los recuerdos, el diario íntimo y secreto, la imprescindible bolsa de La Filmoteca es el acervo las canicas, o aquella caja de gade la memoria mexicana lletas henchida de evocaciones, más importante del país, memorias y nostalgias de niño. el mejor espacio para Contar con un archivo fílreconocernos en el pasado. mico como el de la UNAM resEverardo González ponde a un acto cívico, social, cultural e incluso económico sin precedentes: la preservación de los afanes, las ilusiones y los temores de la humanidad; la conservación y difusión de las esperanzas universales transformadas en infinidad de escenas y secuencias. Por fortuna, para la Filmoteca no se trata tan sólo de proteger imágenes del pasado sino alistar los cimientos para darles cauce a las del presente y allanar el camino para resguardar las del futuro: aquellas que aún no conocemos y que serán en su momento las imágenes del presente, o quizá, las del pasado para las generaciones del mañana. FILMOTECA UNAM 50 AÑOS

aquellos camarógrafos franceses, sino por los primeros e involuntarios cineastas mexicanos. En efecto, Veyre y Von Bernard, responsables de poco más de una treintena de escenas cotidianas, entre retratos folclóricos, bucólicos y estampas militares, como las “vistas” de El Canal de la Viga, Clases de gimnasia en el Colegio de la Paz, Desfile de rurales al galope el 16 de septiembre, El presidente Porfirio Díaz paseando a caballo en el bosque de Chapultepec y más, fueron un ejemplo para decenas de espontáneos camarógrafos nacionales que intentaban documentar la realidad tal como aparecía ante sus rudimentarios equipos cinematográficos. De hecho, el documental fue en sus orígenes la inspiración de todas las cinematografías. No obstante, su huella se fue diluyendo aparentemente en poco tiempo debido al surgimiento masivo de incipientes industrias fílmicas que se solazaban y comercializaban con los sueños y la ficción. Sin embargo, queda claro que en la actualidad el documental no sólo se ha transformado y mimetizado con la ficción, sino que ha cobrado un auge trascendental. Es un hecho. Si no entendemos el pasado, no podemos comprender nuestro presente y menos aún moldear o prevenir el futuro. Aquella idea ilusoria cargada de expectación hacia el porvenir, metaforizada en una “cápsula del tiempo”, demostró con

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1 HACE 50 Aテ前S. EL AMBIENTE CULTURAL 19


m El Sr. Manuel Barbachano Ponce hace entrega al doctor Nabor Carrillo, rector de la UNAM, de las primeras copias del acervo cinematográfico de la Universidad.

k Portada de la Gaceta de la Universidad del 18 de julio de 1960 que anuncia la creación de la Filmoteca.

n Presentación del doctor Jaime García Terrés, aparecida en la Revista de la Universidad en 1954.


En el cuaderno conmemorativo Filmoteca de la UNAM 1960-1975, realizado a 15 años de su fundación, se señala que:

La Filmoteca de la UNAM fue tal vez el primer archivo organizado de imágenes en movimiento que se dispuso a resguardar cualquier material

Formar un archivo fílmico, fílmico que existiera rescatando primordialmente en México. el material existente en la loFernando Macotela calidad, dentro de un país en donde nadie jamás se había preocupado sistemáticamente por hacerlo, es una labor tan tenaz como apasionada y excitante. Los coleccionistas particulares van aceptando deshacerse de sus fetiches de celuloide, pero ni ellos mismos saben qué tienen, en qué estado se encuentran sus tesoros, cuál es el valor (acaso obras únicas en el mundo) de sus posesiones. La tarea de darles caza cobra presas siempre sorpresivas después de sesiones de convencimiento que pueden escalonarse por años enteros…

En esas sesiones a las que alude el texto el tiempo resulta vital, ya que si tales colecciones no se protegen en el momento oportuno el deterioro en cualquier tipo de material —gráfico, escrito

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m Henri Langlois, fundador de la Cinemateca Francesa y cofundador de la FIAF.

o cinematográfico— puede ser irreversible. De ahí la importancia de su custodia y preservación en lugares apropiados para tal propósito. No en balde, desde tiempos inmemoriales se han construido catedrales, monasterios, pirámides, palacios, entre cuyos muros se conservan vestigios de la humanidad de un valor incalculable. Reliquias y tesoros resguardados bajo cúpulas, criptas o bóvedas exclusivas, construidas para albergar millones de maravillas. Sorprendentes oquedades que abrigan en sus entrañas la cultura del mundo y que mantienen sin duda un sí-

mil fílmico con aquellas bóvedas especializadas y climatizadas donde se conservan a su vez otros recuerdos y joyas universales como las obras cinematográficas. Al igual que aquellas magníficas edificaciones, las bóvedas fílmicas se diseñaron para conservar y proteger hacia los años venideros aquellos bienes fílmicos que se encuentran por encima de todo valor económico, de la misma manera que cientos de manuscritos, tratados o códices, algunos de ellos indescifrables hoy en día. Así es el alma del celuloide, de la película cinematográfica. Se trata de códigos secretos, culturales y emocionales que tienen la virtud de unir a millones de espectadores y, al mismo tiempo, aportar a cada uno y de manera personal incógnitas inexploradas y misteriosas. Por ello era indispensable la creación de un archivo fílmico, de una filmoteca. Los archivos fílmicos tienen su origen en Europa, durante la tercera década del siglo XX, y en la visionaria labor de Henri Langlois, fundador de la Cinemateca Francesa en 1936, y héroe histórico cinematográfico por el rescate de miles de materiales de cine francés durante la ocupación alemana de su país, y quien fuera uno de los más importantes promotores para la creación de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF), en París, en 1938. La FIAF reúne a las más importantes instituciones dedicadas a la salvaguarda de las imágenes en movimiento y la defensa del patrimonio fílmico como forma de expresión artística del siglo XX. Su tarea consiste en recuperar, coleccionar, preservar y proyectar imágenes en movimiento, consideradas como


moteca iniciaba su acervo y abría formalmente el servicio de préstamo de películas para los cineclubes universitarios, en una época en que las copias digitales en DVD eran una entelequia, impensable incluso para la literatura y el cine de ciencia ficción de entonces. Diez días después la ceremonia de apertura sería comentada en el número 309 de la Gaceta de la Universidad, con fecha de lunes 18 de julio de ese año de 1960: Considero a la Filmoteca de

obras de arte y de expresión cultural, así como documentos históricos. Cuando fue fundada en 1938, la Federación contaba con cuatro miembros; actualmente agrupa a más de 150 instituciones pertenecientes a alrededor de 77 países, reflejando así la importancia mundial que ha adquirido la preservación del patrimonio de las imágenes en movimiento. En el caso de México, el sueño de contar con un archivo en el cual salvaguardar el patrimonio cinematográfico nacional, tomaba un cariz de realidad hace 50 años. El acto inaugural fue una austera ceremonia llevada a cabo el 8 de julio de 1960 en el Salón del Consejo de la Torre de Rectoría de la UNAM, en la que el doctor Nabor Carrillo, rector de la Universidad, acompañado entre otros por el secretario general doctor Efrén C. del Pozo y el maestro Manuel González Casanova, recibía de manos del productor Manuel Barbachano Ponce las copias en 16 mm de sus películas Torero (1956), dirigida por Carlos Velo y Raíces (1953) del realizador Benito Alazraki, con las que la Fil-

Filmoteca de la Universidad. El instituciones fundamentales día 8 del mes en curso el Dr. en la generación, Nabor Carrillo, Rector de la Unipreservación y conservación versidad de México, recibió de de la cultura fílmica de manos del señor Manuel BarMéxico, así como de la creada bachano Ponce los rollos corresen otros contextos y otros pondientes a las películas Raípaíses del mundo. Sus acervos ces y Torero, que el mencionado son significativos y de gran productor donó generosamenutilidad para la docencia, te a la Universidad. Este donainvestigación y difusión de la tivo funda prácticamente la cinematografía. Filmoteca oficial de la UNAM. Eugenia Meyer En la ceremonia realizada para recibir las películas estuvieron presentes, con el señor Barbachano y el Dr. Carrillo, el Dr. Efrén C. del Pozo, Srio. General de la UNAM; el señor Henrique González Casanova, Director de Publicaciones; el señor Tomás Gurza, Asesor de Relaciones Públicas; el señor José Barros Sierra, Jefe de la Oficina de Prensa; el señor Benjamín Orozco, Subdirector de Difusión Cultural y el señor Manuel González Casanova, encargado de la Sección de Actividades Cinematográficas de la misma dependencia.

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la UNAM como una de las

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nifiestan por el arte cinematográfico tantos intereses. Sin ese organismo de información y formación, sin una filmoteca bien provista, no será posible a nuestros cineastas del futuro conocer a fondo la historia del cine, ni emplear con provecho las experiencias técnicas y artísticas de los demás cineastas del mundo…

Hoy, cincuenta años después, la Filmoteca de la UNAM se ha Pero sin ella, la conservación transformado, en efecto, en una y difusión de las obras institución que sigue apostando de Welles, Eisenstein, De al futuro, dedicada a la formaFuentes, Boytler, Clair, ción de varias generaciones de Griffith, Pudovkin, Lang cinéfilos e investigadores y, a su y Chaplin, por citar sólo vez, provista no sólo de un riquí- algunos de los indispensables, simo acopio de libros, revistas, no se hubiera dado en salones fotografías, carteles y fotomonde clases, auditorios mal tajes fílmicos en un Centro de habilitados en todo el país, Documentación único en Améllevando la buena nueva rica Latina, como lo muestran del cine como arte, como sus variadas colecciones, sino de necesidad del alma humana. un extenso acervo que supera Gustavo García los 43 mil títulos, entre los que se incluyen joyas de la cinematografía mundial y nacional como Avaricia de Erich Von Stroheim, En el Bowery de Lionel Rogosin, Berlín, sinfonía de una ciudad de Walter Ruttman, Freaks de Tod Browning, Tiempos modernos de Charles Chaplin, Los olvidados de Luis Buñuel, El tren fantasma de Gabriel García Moreno, La sombra del caudillo de Julio Bracho, La mancha de sangre de Adolfo Best Maugard, El grito de Leobardo López Aretche, El compadre Mendoza de Fernando de Fuentes, o Los herma-

k Torero, Carlos Velo, 1956. Cartel polaco de la colección El cine mexicano en el cartel extranjero.

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Como se informó en una pasada Gaceta, la Sección de Actividades Cinematográficas inició hace tiempo los trabajos destinados a la conformación de una filmoteca. Estos trabajos consistieron, por una parte, en el establecimiento de contactos con algunas filmotecas latinoamericanas y norteamericanas, que ofrecieron una información muy estimable. Por otra parte, se mantuvo correspondencia con la Federación Internacional de Archivos del Film, para obtener el registro de la filmoteca universitaria, y se acudió a embajadas y legaciones diplomáticas de otros países para solicitar de ellas documentación y colaboración material. También se organizaron entrevistas con particulares y cinéfilos mexicanos para conformar un registro de las copias valiosas existentes en el país. Estas entrevistas hicieron po sible que se localizaran ejemplares de ciertas grandes obras de la cinematografía mundial que, con la ayuda de particulares e instituciones, pronto enriquecerán el acervo de nuestra incipiente filmoteca. El cine, como sabemos muy bien, ha alcanzado en el mundo un prestigio que excede al de su simple valor como instrumento difusor e informador. El cine ha conquistado la consideración académica y ha ocupado un sitio en las aulas universitarias porque, pese a su relativa juventud, ha dado ya muestras de su poder creador en los campos de la cultura y el arte. La necesidad de una filmoteca se hace, entonces, urgente en un país como el nuestro, donde prospera la industria cinematográfica económica y técnicamente y donde se ma-

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m RaĂ­ces, Benito Alazraki, 1953. Fotomontaje.


Se están dando ya los primeros pasos para crear en la Universidad Nacional la primera Filmoteca de México, llenando así un vacío que cada vez es más notable en un país que, como el nuestro, tiene una producción de más o menos cien películas anuales. La entrega de Raíces y de Torero a la Universidad pone por así decirlo, la primera piedra de un organismo de cultura cinematográfica que puede llegar a ser fundamental para el desarrollo de esa industria. El cine, arte de nuestro tiempo, necesita de una revalorización que sólo puede surgir de la Universidad, para elevarse por encima de la mediocridad en que se desenvuelve, dando paso a un cine nacional y realista profundamente ligado a las mejores tradiciones estéticas de nuestro pueblo. El conocimiento de las artes populares, de la estética de la Colonia, de las obras de Posada, Orozco y Rivera, de los escritos de Sor Juana, de Altamirano, de Enrique González Martínez, son esenciales para la

creación de un cine verdaderamente nacional, como es esencial conocer las escasas producciones de calidad que ese cine ha dado. Pero esas escasas producciones están a punto de perderse, he allí el primer trabajo que habrá de realizar la Filmoteca de la Universidad, obtener copias de cada una de esas obras que han destacado entre los cientos de “churros” que ha elaborado nuestra industria. Películas Si alguien quiere saber cómo como Redes, La banda del auera el país de su infancia, tomóvil gris, Memorias de un tiene que ir a la Filmoteca, mexicano, Dos monjes, no dedonde hierven los recuerdos, ben perderse, son patrimonio los afectos individuales y de nuestro pueblo, ellas son colectivos. las que marcan el camino José Buil que habrá que seguir el cine nacional: estudiándolas los futuros realizadores, podrán sentar las bases de un estilo que responde a las necesidades y aspiraciones de ese público al que siempre dicen destinar sus películas pero que en realidad nunca toman en cuenta, dígalo si no la crisis económica por la que pasa el cine mexicano. Al lado de esa labor de rescate deberá situarse la adquisición de las grandes joyas de la cinematografía mundial, es necesario poner al alcance de todos los aficionados al cine y en especial aquellos que se dedican a enriquecer el arte cinematográfico, las grandes producciones que han formado su historia, las obras realizadas por aquellos que han tratado de convertir la industria en arte, aportando parte de sí mismos, en la lenta elaboración de ese nuevo lenguaje.

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nos del hierro de Ismael Rodríguez, por citar tan sólo una brevísima muestra de su archivo. A mediados de ese 1960 la efervescencia cultural universitaria orientada hacia la pantalla grande y las ansias de mirar y entender al mundo desde una perspectiva cinematográfica estaban en su apogeo. El propio Manuel González Casanova publicaba en la página 8 de la sección cultural del periódico Novedades, con fecha 3 de julio de ese año, un artículo titulado La Filmoteca de la Universidad. Decía González Casanova:

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m Ensayo de un crimen, Luis Buñuel, 1955. Folleto.

Nuri Pereña en En el balcón vacío, 1961. Still. l

k Noticiero Mexicano. Fotograma.

m Jomí García Ascot durante el rodaje de En el balcón vacío, 1961. Still.


Cuánta razón tenía entonces Manuel González Casanova respecto de una inquietud que él mismo puso en práctica predicando con el ejemplo al momento de hacerse cargo de esa filmoteca universitaria que se estaba gestando. No obstante, hoy en día el cine ha demostrado que incluso

aquellas obras comerciales menospreciadas en su momento —incluidos por supuesto algunos de esos mismos “cientos de churros” que menciona en su artículo publicado en Novedades—, se han transformado en curiosos documentales de una época y en importantes y atractivos temas de discusión actual, en relación con tópicos poco abordados como el aborto o las drogas. Ejemplos de ello son las películas de fórmula dirigidas por realizadores a quienes los historiadores de nuestro cine mencionan casi por equivocación o tratan por lo general con profundo desdén. Es el caso de Estos años violentos (1959) de José Díaz Morales, con guión suyo y del dramaturgo Jesús Cárdenas, estrenada el 28 de junio de 1962 en el muy popular cine Mariscala. Es cierto, sí, que la carrera del cineasta español José Díaz Morales —afincado en nuestro país— estuvo orientada a los relatos barriobajeros de prostitución y culpa y a los temas de desenfreno juvenil de corte moralista. Sin embargo, en la historia de Estos años violentos, protagonizada por Luz María Aguilar en el papel de una joven universitaria que le roba a su padre —una eminencia médica que encarna Augusto Benedico— pastillas para no dormir y de esa manera mantenerse despierta para estudiar, puede apreciarse, además de unas muy interesantes y realistas secuencias en los “separos” de una Delegación de Policía, un arrebatado debate en relación con los estimulantes y “las drogas del sueño” expuesto por ese maduro galeno desesperado por los caminos que ha seguido su hija y consciente de que los adelantos médicos implican ambigüedad y peligros.

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El estudio detenido de las joyas que ha creado el cine a lo largo de sus sesenta y cinco años de vida, puede servir de guía a los futuros realizadores para comprender el sentido de este nuevo arte, para conocer a fondo su lenguaje: pues el cine no es ni Literatura, ni Teatro, ni Artes Plásticas, es simplemente cine y es necesario conocer a sus clásicos, aun cuando sea un arte en gestación creo que podemos hablar ya de sus clásicos, para poder comprenderlo. No basta leer los excelentes trabajos teóricos que en su derredor se han escrito, no es suficiente saber que a Eisenstein le debemos el montaje y a Griffith el close up, es necesario verlo, estudiarlo tal y como fue hecho, si queremos llegar a participar activamente en la elaboración de ese arte que está naciendo ante nuestros ojos. Por otra parte los cineclubes, verdaderos seminarios en donde se forjan los defensores del cine nacional, tendrán asegurada su vida desde el momento en que cuenten con una filmoteca en la qué apoyarse, ya que uno de sus problemas fundamentales, la falta de películas, quedará resuelto. Así que la Filmoteca de la Universidad tiene que llegar a ser una realidad que contará con el apoyo de todos los sectores interesados en hacer del cine nacional un verdadero arte…

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m Cineclub de la Universidad, 1961. Cartel.

Lo mismo sucede con Mi madre es culpable (1959) dirigida por Julián Soler con guión de Julio Alejandro, estrenada el 14 de abril de 1960 en los cines Alameda y Continental. En la línea de filmes similares como Tu hijo debe nacer (1956) de Alejandro Galindo y El derecho a la vida (1958) de Mauricio de la Serna, el melodrama de Soler destaca por ese alucinante debate que se suscita a través de un programa de televisión, el medio electrónico que empezaba a desplazar a la radio

y al cine. La trama, centrada en una doctora que se gradúa con honores en la Facultad de Medicina, interpretada por Marga López, quien contrae matrimonio con su profesor (Carlos Baena), con el que procrea un hijo, alcanza un alto grado de paroxismo cuando años más tarde al niño se le detecta un cáncer en la garganta y ante la imposibilidad de encontrar una cura y consciente de que la morfina no puede aliviar el dolor de su hijo, la doctora Consuelo elige la eutanasia y lo mata con una droga, lo cual da pie a la acalorada discusión transmitida por televisión. Más allá de los apuntes melodramáticos y chantajistas que rodean la trama, de que la protagonista sea una “librepensadora” con un esposo católico y, a pesar de ello, mantengan un matrimonio feliz; incluso de la inmolación del hijo y de ese final en el que Consuelo es confinada a las Islas Marías y su pareja decide acompañarla, está el hecho insólito del debate televisivo para juzgar a la mujer. Una extraña polémica en la que participaron abogados, médicos, sacerdotes, rabinos, e incluso periodistas e intelectuales como Luis Spota en el papel de sí mismo. En ese sentido, es evidente que junto a las grandes joyas fílmicas mundiales toda película nacional resulta importante y su preservación se hace necesaria en un archivo cinematográfico como el de la filmoteca universitaria que, finalmente, para ese mes de julio de 1960 se transformaba en una realidad palpable. Sin embargo, para llegar a ese momento fue necesaria la creación de un ambiente cultural adecuado y de un sueño compartido por ese nuevo arte de las imágenes en movimiento que empezaba a germinar.


5 Plan de Reestructuración de la Industria Cinematográfica, cuya línea vertical era el corporativismo a partir de empresas productoras y sindicatos.

m Luis Buñuel durante el rodaje de Nazarín, 1958. Still.

de la obra de Luis G. Basurto, que contó con un sabroso reparto femenino encabezado por Ana Luisa Peluffo. Asimismo, no faltaron las versiones de autores clásicos de otras latitudes como León Tolstoi —Locura pasional, Tulio Demicheli, 1955—, Henrik Ibsen —Casa de muñecas, Alfredo B. Crevenna, 1953—; así como las obras de Luis Buñuel inspiradas en Daniel Defoe —Robinson Crusoe, 1952—, Emily Brontë —Abismos de pasión, 1953— o Benito Pérez Galdós —Nazarín, 1958—, por ejemplo. No obstante, para esos años, los altos costos de producción, las exigencias sindicales, el anquilosamiento de la industria y la utilización regular de materiales fílmicos más sensibles y equipo más ligero, trajeron como consecuencia la creación de un cine alternativo. Un cine independiente con posibilidades de crecer al margen

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En efecto, habría que considerar una serie de factores esenciales y un pujante contexto cultural y social que arrancaba a principios de la década de los cincuenta. A finales de 1953, por ejemplo, uno de los primeros pasos del sexenio de Adolfo Ruiz Cortines fue elaborar el célebre Plan Garduño,5 promovido por el licenciado Eduardo Garduño, al frente del Banco Nacional Cinematográfico, cuya meta sería estimular la creación de un cine de “interés nacional”, otorgando créditos a aquellas obras que prometieran calidad. El Plan propició corruptelas, un mayor monopolio de la exhibición y una serie de filmes acartonados y distantes, que intentaron crear un cine de aliento que se agravó en 1954 con la devaluación del peso —que había pasado de 8.65 a 12.50 pesos por dólar—, contribuyendo con ello a una crisis de producción. En 1953 se habían estrenado 87 películas mexicanas y en 1954, sólo 22. A ello se sumaba la fuerte competencia con la televisión, un medio que adquiría para entonces enorme popularidad y cuyas primeras transmisiones habían empezado hacia 1950. Se adaptaron obras de afamados escritores e intelectuales mexicanos como Juan Rulfo, cuyo traslado a la pantalla se orientó a los folclorismos de rigor en Talpa (1955) de Alfredo B. Crevenna. Emilio el Indio Fernández y Julio Bracho probaron suerte respectivamente con El gesticulador de Rodolfo Usigli bajo el nombre de El impostor (1956) y Cada quien su vida (1959) a partir

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m Los pequeños gigantes, Hugo Mozo, 1958. Fotomontaje.

de la industria como lo demostró Raíces, realizada con un presupuesto raquítico en locaciones naturales y sin actores profesionales, inaugurando así el llamado cine independiente en nuestro país. Al no formar parte de la plantilla del STPC,6 los responsables de Raíces —el productor Manuel Barbachano Ponce, el realizador debutante Benito Alazraki y el fotógrafo Walter Reuter— armaron la película como un conjunto de cortos inspirados en varios relatos de El diosero de Francisco Rojas González; un acercamiento al mundo indígena con intenciones documentales que, sin embargo y pese a sus intenciones críticas, no pudo evitar cierto toque pintoresco. Un año antes, en 1952, Barbachano Ponce había fundado una compañía dedicada a la elaboración de noti-

Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica.

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cieros fílmicos semanales bajo los títulos de Tele Revista y Cine Verdad. Bajo su tutelaje colaboraron cineastas e intelectuales como Carlos Velo, Jomí García Ascot, Fernando Gamboa, Fernando Marcos, Carlos Fuentes, Rubén Gámez, Juan García Ponce y los fotógrafos Ramón Muñoz, Hans Beimler y Walter Reuter. La experiencia de Raíces, ganadora del Premio de la Crítica en el Festival de Cannes, arrojó como resultado Torero (1956), dirigida por el español Carlos Velo —afincado en nuestro país—, justamente los dos títulos que servirían de cimiento para la creación de la Filmoteca. Es éste una suerte de documental emocional sobre la figura del matador Luis Procuna, protagonista de una obra de gran intensidad que dejaba de lado las tramas inocuas y melodramáticas típicas de los relatos cinematográficos taurinos, para concentrarse en la vida personal del torero: sus miedos, ilusiones y expectativas a partir de un guión escrito por Hugo Butler y con la asesoría taurina de Rafael Solana y Arturo Fregoso. El filme obtendría la nominación al Óscar al Mejor Documental de largometraje en 1958. Otras películas importantes fueron Los pequeños gigantes (1958) dirigida por Hugo Mozo (Hugo Butler, argumentista estigmatizado por el macartismo), centrada en la hazaña deportiva de un equipo regiomontano infantil de beisbol que derrotó a otro similar estadounidense, rescatada posteriormente por la Filmoteca. Por su parte, El brazo fuerte (1958), relato de caciquismo rural, fallido pero de claras intenciones subversivas, escrito por Juan de la Cabada y el realizador Giovani Korporaal, tuvo problemas con la censura y


m Torero, Carlos Velo, 1956. Still.

de Mérida, Yucatán. Hacia 1958, la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas decidía retirar la práctica de entregar el Ariel a lo mejor de nuestro cine. Un año antes, los Estudios Clasa y Tepeyac cerraban por falta de presupuestos que reactivaran la economía fílmica. Los Estudios Azteca desaparecían en 1958, el mismo año en que moría Fernando de Fuentes, sin duda uno de los autores más importantes de nuestro cine. AsimisLos primeros cinéfilos mo, los Estudios Churubusco, fueron necesariamente que funcionaban junto con los estudiantes, porque como San Ángel Inn, para la producsiempre los estudiantes ción regular —la realizada por el fueron vanguardia del STPC—, pasaban a formar parte gusto. En aquel tiempo, con del Estado. la dificultad de conseguir Sin embargo, esa crisis de la películas, la Filmoteca iba industria coincidía con un am- acentuando el gusto tanto por biente cultural e independiente una parte del cine mexicano que se vivía desde mediados de como por los clásicos. los cincuenta en el cual tomaba Carlos Monsiváis impulso la Reseña de Acapulco, inaugurada en 1958. Seis años atrás (1952) se fundaba el Cine Club Progreso y en 1955 la revista Cine Club, al tiempo que se consolidaba la Federación Mexicana de Cineclubes con el esfuerzo de Manuel González Casanova. La Gaceta de la UNAM, por ejemplo, da constancia entre 1954 y 1955 de la exhibición de películas educativas con sede en la agrupación obrera “Lorenzo Castro” en Corregidora núm. 22 y en el Sindicato de Trabajadores Textiles del Distrito Federal en la calle de Cuba núm. 60, como parte del Departamento de Extensión Universitaria.

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por ello no se estrenó comercialmente sino hasta 1974 luego de recorrer varios cineclubes, como sucedería con En el balcón vacío (1961) de Jomí García Ascot, un sensible drama intimista sobre refugiados españoles en nuestro país que restauraría la Filmoteca de la UNAM en 2009 y que en su momento promovió el grupo Nuevo Cine que incluía, entre otros, a Emilio García Riera, José de la Colina, Salvador Elizondo, Jomí García Ascot, José Luis González de León, Carlos Monsiváis, Gabriel Ramírez, Luis Vicens y Vicente Rojo. En 1953, el charro cantor Jorge Negrete fallecía en un hospital de Los Ángeles. En marzo de 1955, la bellísima Miroslava dejaba de existir y pocos meses después moría Joaquín Pardavé, dejando inconclusas las cintas Club de señoritas y La virtud desnuda. El 15 de abril de 1957, Pedro Infante perdía la vida en un trágico accidente de aviación mientras pilotaba su nave en los cielos

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Asimismo, en 1955 se habla de las funciones del Cine Club de la Universidad que se llevaban a cabo los sábados a las 17:00 y 19:30 horas en la sala de proyección ubicada en Avenida Juárez núm. 89, así como de las del Cine Club Progreso, ambas:

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…agrupaciones culturales formadas por estudiantes universitarios de diversas facultades y escuelas (que) siguen desarrollando una intensa y meritoria labor en pro del arte cinematográfico, rescatando del olvido cintas ilustres y promoviendo en el público la inquietud y las discusiones que lo ayudarán a orientar y a fundamentar sus preferencias dentro de las manifestaciones de este género artístico que ha llegado a ser, sin duda alguna, el arte representativo del siglo XX, y el vehículo artístico más poderoso de cuantos han existido en nuestra cultura. Pero, así como el cine puede manejarse como el más efectivo instrumento de difusión cultural, puede también desviarse hacia una deformación que no provoque en el público sino una diversión cada vez más estéril y, desde luego, un estancamiento de la concepción cultural y artística. He ahí la causa por la que surgen los cineclubes, y ahí la justificación de su mantenimiento (Gaceta de la Universidad, lunes 7 de septiembre de 1955).

Al entusiasmo y la constante labor de Manuel González Casanova capitaneando los diversos cineclubes que funcionaban en las escuelas y facultades como Filosofía y Le-

m Estudios Azteca. Fotograma.

k Noticiero Clasa Excélsior. Fotograma.


van nuestros hijos?, a los que se sumaban, entre otras personalidades, el escritor y guionista Juan de la Cabada y el propio realizador Luis Buñuel. Fundamental resulta a su vez el anteproyecto para el desarrollo de las actividades artísticas en la UNAM, elaborado en 1956 durante el periodo del rector Nabor Carrillo Flores (1911-1967), hermano del afamado compositor Julián Carrillo. En tal programa, orientado a difundir las ciencias, las humanidades y Es útil, y es una necesidad, la el arte dentro de la Universidad, existencia de instituciones se otorgaba importancia capicomo la Filmoteca de la tal al área cinematográfica y a la UNAM, porque todos los creación de una filmoteca univerarchivos, y los audiovisuales sitaria, en la que aparecen otros ahora más que nunca, son elementos relacionados con el parte sustancial de la cultura contexto cultural que diera pie a de los pueblos y son, a la la formación de la Filmoteca de la vez, fuentes fundamentales UNAM e incluso al propio Centro de información para Universitario de Estudios Cineinvestigadores, estudiantes, matográficos (CUEC),7 fundado por profesionales de la el mismo Manuel González Casacomunicación, etc. nova en 1963. Se menciona, por Francisco Peredo ejemplo, la instauración de una posible casa productora universitaria, y se habla de la difusión del documental, un género por lo general combativo y de gran impacto social. El ambiente fílmico universitario seguía expandiéndose, como lo muestra esa Primera temporada de cine internacional, una suerte de gran ciclo de cine clásico y moderno organizado por 7 Para mayores comentarios acerca del CUEC, véase el Apéndice 1 Cronología, año 1963.

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les o intrascendentes, como patrimonio cultural de un pueblo, al tiempo que quedaba expuesto uno de los elementos adyacentes a la labor de todo archivo fílmico: la formación de públicos cinéfilos a través de seminarios, debates y conferencias. A ello habrá que sumar la presencia en dicho seminario de personalidades ligadas a la cultura, a la intelectualidad y al cine mexicano, como el connotado filósofo doctor Samuel Ramos, autor de El perfil del hombre y la cultura en México (1934), o el doctor Antonio Castro Leal, quien fuera director del Instituto Nacional de Bellas Artes y de Supervisión Cinematográfica, autor de varias obras, entre ellas El libro de oro del cine mexicano (1948). También el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, quien acababa de publicar El laberinto de la soledad (1950), y el posterior embajador José E. Iturriaga, promotor durante el sexenio de Adolfo López Mateos de un gran programa de rescate del Centro Histórico. A la lista se añaden el notable fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, el argumentista español Álvaro Custodio, guionista de También de dolor se canta —una revisión paródica de la industria fílmica nacional de 1950—, así como de la trilogía de Alberto Gout y Ninón Sevilla, compuesta por Aventurera, Sensualidad y Aventura en Río; José Miguel García Ascot (Jomí) realizador de En el balcón vacío y El viaje; el guionista y realizador de cine Celestino Gorostiza, cofundador del Teatro Ulises y Teatro Orientación y director de Naná y Ave de paso, además del productor y guionista Francisco de P. Cabrera, argumentista de Santa (1943), Adán, Eva y el diablo y ¿A dónde

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m Magdalena, Joaquín Pardavé, 1954. Folleto.

la Dirección de Difusión Cultural de la UNAM en mayo de 1958, del que daba fe la Gaceta de la UNAM.

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Las funciones […] tienen como objeto el formar poco a poco el gusto de los estudiantes universitarios por las buenas cintas, sin pretender que las exhibiciones tengan un carácter técnico y mercantil como el de las salas cinematográficas destinadas exclusivamente a ello.

Al mismo tiempo se impartían conferencias en torno a la imagen fílmica, como las que encabezara el ensayista y crítico de cine español exiliado en México, Francisco Pina, autor de libros como Chaplin y Praxinoscopio. El 3 de abril de 1959 el realizador español Juan Antonio Bardem, responsable de obras como Calle mayor, La muerte de un ciclista y Sonatas, asistía como invitado a la sesión de la Asociación Universitaria de Cine Experimental en el Auditorio de Humanidades para presentar su película Cómicos (1954), al tiempo que participaba en el programa de Radio Universidad Cine Club Universitario que conducía y producía Sergio Gusik. Todo ello coincidía, en ese mismo

año, con la inauguración del Cine Club de Difusión Cultural, destinado al estudio de la historia y la técnica del cine que arrancaba el sábado 18 de julio a las 18 horas en el mismo Auditorio de Humanidades con el tema “La comedia en el cine”, en el que se incluían cortos de Mickey Rooney y Shirley Temple, Cinemanía de Harold Lloyd y Una noche en la ópera de los hermanos Marx, entre otras proyecciones, así como un programa de cinco sesiones: “El cine y los problemas de la juventud”. Pero sobre todo, ese 1959, año de Macario de Roberto Gavaldón y de El esqueleto de la señora Morales de Rogelio A. González, sería importante por la creación de la Sección de Actividades Cinematográficas dependiente de la Dirección General de Difusión Cultural, que respondía al interés fílmico de distintas organizaciones universitarias y que terminaría transformándose en la Filmoteca o Cinemateca de la UNAM aquel 8 de julio del año siguiente. Para 1960, el Estado adquiría las salas de Operadora de Teatros de Manuel Espinosa Yglesias y la Cadena de Oro de Gabriel Alarcón, otrora gigantes de la exhibición. El gobierno no había encontrado resistencia: el cine había dejado


m Las 50 lecciones de cine, 1960. Folleto.

mana la Sección de Actividades Cinematográficas convocaba a un acontecimiento fílmico que serviría en breve para plantear las bases de la futura escuela de cine de la UNAM —el CUEC— y, además, para otorgarle un último impulso al notable proyecto de un archivo cinematográfico universitario que hoy enarbola con dignidad la Filmoteca de la UNAM. Se trataba de las memorables “Cincuenta lecciones de Los pueblos de tradición cine”, una serie de cursos que visual, como el nuestro, intentaban despertar el interés siempre necesitan estar en de los universitarios por el cine contacto con su historia nacional e internacional y cuyas a través de imágenes; lecciones, la mayoría de ellas códices, altos y bajos acompañadas de proyecciones relieves, escultura, alfarería, de películas, se llevarían a cabo muralismo y cinematografía en el Auditorio chico de la Fason patrimonio de quienes cultad de Filosofía y Letras en la compartimos este territorio Ciudad Universitaria a las 20:00 y entendemos el mundo horas entre semana, y a las desde el espacio y tiempo 18:00 horas los sábados. El premesoamericano. cio de recuperación era de cinFrancesco Taboada Tabone cuenta pesos, es decir ¡un peso por clase!, con un cupo limitado de 60 personas. Apuntaba la Gaceta: La Universidad ha decidido, en los últimos tiempos, dar atención más cuidadosa al fenómeno del cine y la producción cinematográfica. Cuando el cine se ha convertido en patrimonio visual de las grandes masas populares, y cuando su contenido es tan disperso y heterogéneo, la Universidad está obligada a contribuir en la elección de las obras verdaderamente valiosas

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de ser el gran negocio, la televisión era el verdadero contendiente a vencer. En esa época, Cámaras Polaroid promovía la campaña “Su foto en un minuto. Pase con su familia. Madero 21. Estacionamiento gratis en Gante”, y la XEW transmitía la serie radiofónica El que la hace la paga, dramatizaciones que contaban con la asesoría y la voz del comandante policiaco Luis E. Pérez, en la que se relataban casos extraídos de la nota roja mexicana y mundial. El crimen se había convertido en tema cotidiano y doméstico, al grado que lo policiaco podía alcanzar también a las figuras intocables del estrellato fílmico, como sucedió con el asesinato de los actores Ramón Gay y Agustín de Anda, ocurridos ambos en las madrugadas del 28 y 29 de mayo de 1960. Precisamente esa se-

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que la Dirección de Difusión Cultural ha organizado, significarán un intento más de aportar algo a este trabajo de orientación…

m El espejo de su vida, Francisco Múgica, 1943. Argentina.

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k Cuadernos de cine, No. 16. Portada.

de ese género artístico. Con la rapidez inherente a su estructura, el cine tiene la capacidad de difundir y recoger ideas con enorme eficacia. Pero sin la orientación que las Instituciones Académicas y los representantes de la cultura imparten, la producción cinematográfica amenazaría convertirse en una mole amorfa y desordenada de ideas y valores. Estas lecciones

Merece la pena destacar la memorable plantilla de profesores encargados de impartir las cincuenta lecciones de cine —en su gran mayoría personalidades reconocidas en el ámbito fílmico— organizadas por Manuel González Casanova a través de la Sección de Actividades Cinematográficas. El curso arrancaba el 4 de junio de ese 1960: Orígenes del cine, Francisco Pina; Análisis cinematográfico, José Luis González de León; El argumento, Juan de la Cabada; El guión, José Revueltas; Problemas de actuación, Carlos Fernández; Composición fotográfica, Walter Reuter; Música, Raúl Lavista; Problemas de dirección, Alejandro Galindo; Montaje, Carlos Velo; Crítica de cine, Emilio García Riera; Historia del cine, Heriberto Lafranchi; Corrientes de la cinematografía contemporánea, Eduardo Lizalde. Para el mes de julio de ese mismo año la información proveniente de la prensa era digna de argumentos de filmes de horror, aventura, suspenso y ciencia ficción, como lo serían posteriormente algunos de los ejemplos de populares géneros fílmicos con los que hoy cuenta el acervo de la Filmoteca de la UNAM: “Un sacerdote por cada mil católicos es la meta que debemos alcanzar en nuestro ministerio”, declaraba el entonces arzobispo primado de México, Miguel Darío Miranda; “Radios Royal, prácticos muy compactos, de cinco bulbos y una admirable recepción, elegante gabinete plástico en atractivos colores. De 250 a 199 pesos”.


El cine Cosmos proyectaba “Un programa de horror contra terror”: La hija de Frankenstein “perversa y sanguinaria supera en crueldad a su padre”, junto con Invasión de la luna: “¡Toda la terrible emoción del año 2000!”, rezaba la publicidad del filme. El cine Variedades exhibía Quinceañera: “Qué deben hacer los padres cuando la niña de ayer empieza a ser la mujer del mañana…” Se informaba del “Estupendo debut del multidenguero y archifantástico Manuel Loco Valdés y la juvenil y simpatiquísima Lilia Guízar” en el Teatro Iris, junto a la Sonora Santanera y Blakaman, el más potente hipnotizador del mundo. En el Teatro Tívoli se presentaban Laurita Todd, “la hermosura de Oklahoma”, América Reed la Glamorosa, Colomba, estremecedora. Dos muñecas más: Mary Christy y Dulce María, y Harapos, don Chicho y Willy, en un programa sólo para adultos. La lucha libre en la Arena México anunciaba la “Formidable batalla campal abierta. Todos contra todos” con Gori Guerrero, Ray Mendoza, Black Shadow, El enfermero, Cavernario Galindo, Dorrel Dixon, Rayo de Jalisco, Sugi Sito, Halcón

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m Espectaculares cinematográficos en la ciudad de México, 1943. Fotograma.

negro y Ham Lee. En el Teatro de Ciudad Universitaria, anexo a la Escuela de Arquitectura, se presentaba Hamlet, con dirección de Benjamín Villanueva. La Sección de Técnicos y Manuales le entregaba al productor Jesús Grovas un diploma y medalla por su infatigable labor de producción cinematográfica, y la entonces niña Ana María Gracia Fletcher Celis —María Gracia—, célebre por su papel de Caperucita roja (Roberto Rodríguez, 1959), realizaba su primera comunión en el Convento de las Reverendas Madres Capuchinas en Coyoacán. Un ambiente cultural efervescente, el impulso del cine universitario a través de debates, conferencias, cineclubes, la labor de Manuel González Casanova en la Sección de Actividades Cinematográficas…, todo ello propició el inminente surgimiento de la Filmoteca de la UNAM el 8 de julio de 1960. Justamente ese día, además de otras noticias —la proyección en el cine Palacio Chino de “…la película europea más atrevida, Las noches de Lucrecia Borgia. Sólo adultos. La más bella y perversa amante de la historia que acaricia y mata a los hombres en orgías voluptuosas, con la sensual Belinda Lee…”, una actriz que, por cierto, fallecería trágicamente en un accidente automovilístico a los 26 años de edad—, se mencionaba que México solicitaría la sede de la Copa del Mundo para 1970. Gracias a la preservación de la película Futbol México 70 de Alberto Isaac, sabemos hoy, en efecto, cuándo y cómo fue que la sede de la Copa Mundial de Futbol se le otorgó a nuestro país. Es éste un ejemplo más de la relevancia social y cultural de conservar las imágenes fílmicas.

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Acerca de la inminente creación de la filmoteca universitaria, apuntaba la Gaceta, el 27 de junio de 1960: No sólo la conservación interesa para el caso; también, entre otras muchas actividades, se establecerá un intercambio de películas con las organizaciones similares del resto del mundo, con lo cual se propagará por todas las latitudes el conocimiento y el estudio de lo mejor de la producción del cine mexicano, al tiempo que se amplía el margen de representaciones en nuestros propios cineclubes… Desde hace casi dos años la Sección de Actividades Cinematográficas de la Dirección General de Difusión Cultural, inició los trabajos destinados a la conformación de la Filmoteca. Se establecieron contactos desde entonces con la Filmoteca de Uruguay, la Filmoteca de Brasil y el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Asimismo se estableció correspondencia con la Federación Internacional de Archivos del Film, con el objeto de obtener registro para la Filmoteca universitaria en esa organización mundial. En la ciudad de México se acudió también a las embajadas y legaciones diplomáticas de los diferentes países del mundo, para obtener de ellas, tanto información cinematográfica como contribución material a la Filmoteca. Al mismo tiempo, se desarrolló una labor consistente en entrevistas con particulares y cinéfilos de nuestro medio, que permitió localizar en México un grupo de cintas de gran importancia para la historia del cine. La Sección de Cine está en tratos con esos particulares para con-

seguir la reproducción de esas películas, entre las que se cuentan clásicas joyas dirigidas por Lang o Eisenstein. Por otra parte, la Dirección de Difusión Cultural adquirió ya otras cintas de valor, como alguna de Francesca Bertini, que figura entre los primitivos intentos de colorear la película…

Quedaban establecidos los cimientos, la plataforma de despegue: el fundamento de una nueva institución de prestigio, modelo en su tipo. Junto con Raíces, Torero y La huelga (1924) de Eisenstein, primera copia adquirida por la nueva filmoteca universitaria, arrancaban los incipientes tesoros del incipiente archivo cinematográfico que hoy llega a sus 50 años de vida.


m Cineclub de la Universidad, 1966. Cartel.

Cineclub de Ciencias y Artes, s/f. Cartel. l


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2 LAS RIQUEZAS DE LA FILMOTECA 43


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cionales e internacionales cerLa Filmoteca de la cana a las 150 mil copias. UNAM es una referencia A su vez, la edición de sigindispensable… fueron nificativos libros de cine como incontables las tesis que ¿Qué es un cine club? de Manuel tuvieron un aliado esencial González Casanova, Al pie de la en la Filmoteca… imagen de Manuel Michel, FrenEn mi caso particular puedo te a la pantalla de Alfonso Reyes, decir que el Cinematógrafo Martín Luis Guzmán y Federico del Chopo, Fósforo y las dos de Onís, Cine japonés de Francisco salas de Centro Cultural Pina, Salón rojo de Luis Reyes de la Universitario fueron puntales Maza, Crítica cinematográfica de en mi calidad de cinéfilo. Xavier Villaurrutia, La risa loca de Andrés de Luna Paco Ignacio Taibo, La búsqueda del cine mexicano de Jorge Ayala Blanco, el Diccionario del Cine Mexicano 19702000 compilado por Mario A. Quezada, El índice cronológico del cine mexicano de Moisés Viñas, entre muchos otros textos fundamentales para la historia del cine en México y fuera de él. Asimismo, la producción de decenas de valiosos e históricos largometrajes como El grito de Leobardo López Aretche,9 El cambio de Alfredo

(Ingl.). Fotogramas de películas utilizados con fines publicitarios.

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Para comentario específico sobre este documental, véase Anexo 1 Cronología, año de 1968.

k El grito, Leobardo López Aretche, 1968-71. Cartel. Ariel de oro otorgado a la Filmoteca de la unam por trayectoria, 2003. Fotografía.

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Joskowicz, Descenso al país de la noche de Alfredo Gurrola, Ora sí ¡tenemos que ganar! de Raúl Kamffer, al igual que centenares de documentales, cortos y programas de televisión. Con éstos, algunos galardones obtenidos, entre ellos varios Arieles,10 como el Ariel de Oro a la trayectoria y la aportación a la industria, o la Diosa de Plata Francisco Pina otorgada por Periodistas Cinematográficos de México (Pecime) por su labor de difusión cinematográfiEn particular, he utilizado ca. Además, la programación de con gran provecho varios de exitosas y originales muestras, sus acervos. He consultado festivales y reconocimientos eslibros o revistas, stills y peciales, como el Premio José Rofotografías de estudio, así virosa al Mejor Documental, la como películas antiguas Medalla Filmoteca, los Festivales en proyección directa o en de Verano, “El cine que debimos copia digital. ver”, que incluía la exhibición de Ángel Miquel películas prohibidas o censuradas en nuestro país, como fue el caso de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón —debut de Pedro Almodóvar—, Caniche y Bilbao de Bigas Luna, Yo te saludo María de Jean-Luc Godard, Sweetie de Jane Campion o La doble vida de Verónica de Krzysztof Kieslowski. La exhibición es la columna vertebral de su labor de difusión, como lo comprueba la proyección de poco más de mil títulos anuales, programados en diferentes salas cinematográficas: José Revueltas, Julio Bracho, Cinematógrafo del Estatuillas bañadas en oro o plata que representan el máximo premio otorgado cada año por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a lo mejor del cine mexicano.

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Chopo y Casa del Lago (y hasta hace muy poco el Salón Cinematográfico Fósforo) y un número variable de auditorios universitarios. Tal actividad se complementa con la presencia de cineastas, creadores cinematográficos, investigadores y otras personalidades que la Filmoteca invita con el fin de aportar su experiencia a través de presentaciones, conferencias y charlas con los medios y el público en general. A ello se agrega un interesante programa de pasantías realizado con el fin de apoyar a investigadores y restauradores de diversas nacionalidades que


m 80 años de cine en México, 1977. Portada.

m La búsqueda del cine mexicano, Cuadernos de cine 22. Portada.

m Ora sí ¡tenemos que ganar!, Raúl Kamffer, 1981. Cartel.


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encuentran en la Filmoteca de la UNAM un equipo correspondiente de amigos y profesionales dispuestos a colaborar en el rescate de obras fílmicas de todo el mundo. Por supuesto, construir ese caudal de tesoros no ha sido fácil. Las historias de rescates, restauraciones, acopio de colecciones de películas, materiales gráficos y equipo de cine, están repletas de curiosas anécdotas, azarosos sucesos, encuentros inesperados, La Filmoteca de la UNAM unión de muchas voluntades y fue un factor fundamental tesón, así como de una lúcida conpara mi desarrollo profesional ciencia de dar un paso adelante y no se diga en día con día. En el proemio al cuami educación sentimental. derno conmemorativo Filmoteca Eduardo de la Vega Alfaro de la UNAM 1960-1975, Manuel González Casanova aclara: Al desarrollarse el movimiento de cineclubes de vanguardia en México, en el primer lustro de los cincuenta, empezamos a cobrar conciencia de la importancia de la existencia de un archivo de filmes. Por ese motivo figuraba en forma importante entre los propósitos, primero del Cine Club Progreso y más adelante de la Federación Mexicana de Cine Clubes, la creación de una filmoteca. El costo de instalación y mantenimiento de una filmoteca es sumamente elevado y, naturalmente, estaba más allá de la capacidad económica de los cineclubes, por lo que nuestros primeros esfuerzos se dirigieron a buscar el apoyo de instituciones gubernamentales, especialmente la Secretaría de Educación Pública en donde había existido una filmoteca en la época en que era presiden-

m El centro de documentación de la Filmoteca de la UNAM, en San Ildefonso, Ca. 1987.

te de la República el general Cárdenas, misma que desapareció al paso de los años, pues este tipo de archivos no pueden ser manejados con mentalidad burocrática. Cuando en 1959 fui llamado para organizar las actividades cinematográficas universitarias por la Dirección General de Difusión Cultural de la UNAM, la preocupación por formar la Filmoteca comenzó a tener visos de posibilidad, y así un año después, empezó a funcionar, con grandes limitaciones, la Filmoteca Universitaria… La primera película que se adquirió fue una copia original de La huelga de Sergei M. Eisenstein, de cuya existencia en México habíamos tenido noticias tres o cuatro año antes, culminando con su adquisición la primera labor de rastreo que señalaría el camino hacia importantes búsquedas, con resultados no siempre tan halagadores.


Considerando las limitaciones con que trabajamos nos propusimos en la Filmoteca de la UNAM cumplir como tarea principal la localización y conservación de películas, limitando el préstamo a unos cuantos títulos. Esta actitud provocó muchas críticas; sin embargo, era la única razonable ya que la razón de ser de la Filmoteca es la conservación de las películas. Señalando por nuestra parte que esta conservación debería hacerse total, sin selección de ninguna clase, ya que toda película es producto de una cultura y la Filmoteca tiene la obligación de conservarlas todas… En los primeros años encontramos películas muy antiguas en los lugares más inverosímiles. Recuerdo un lote de más de 500 rollos de cine italiano de los años 1910-1920, que encontramos curiosamente en muy buen estado, en una bodega entre granos de maíz. Por esos años el cine europeo despertaba una mayor atención entre el público mexicano que el cine norteamericano,

m Fachada de las instalaciones de la Filmoteca de la UNAM, en el antiguo colegio de San Ildefonso.

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m Actividades de difusión en San Ildefonso, Ca. 1990.

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razón por la cual entre las películas de esa época que hemos localizado y adquirido, un gran número son italianas…

En efecto, la labor de colección, conservación y adquisición se volvió fundamental en el desarrollo posterior de la Filmoteca de la UNAM. De hecho, algo que resulta primordial dentro de la institución es la importancia otorgada a las donaciones y a los La Filmoteca de la UNAM archivos fílmicos que se localisignifica para mí una de zan, adquieren, restauran o se las bases fundamentales resguardan. La Filmoteca no niede lo que ahora soy como ga la entrada a ningún título o investigador y profesor colección, ya que reconoce el va(en cuestiones de cine) y lor de esos materiales en el presiempre ha hecho algo por mí, sente y en el tiempo por venir. institucionalmente, y en lo No obstante, el archivo fílmico particular sus integrantes a de la UNAM no sólo creció como través del tiempo. un amplio acervo, continuando Francisco Peredo con su notable trabajo de conservación y protección, sino que incrementó y fortaleció su labor de exhibición y formación de nuevos públicos e investigadores con la proyección de filmes propios y ajenos, del servicio de consulta prestado por el Centro de Documentación y del acceso a la filmografía mexicana, que se facilita a numerosos festivales nacionales e internacionales, actividades, todas ellas, de un alto nivel. Un ejemplo de lo anterior lo ofrece la inauguración de las salas Julio Bracho y José Revueltas en el Centro Cultural Universitario en 1980, cuya programación fue asumida en ese entonces por el cineasta Carlos González Morantes,

m Guadalupe Ferrer e Iván Trujillo el día de la toma de posesión de este último como director de Actividades Cinematográficas, 1989.

quien se convertiría en 1987 en director de la institución, justamente en el momento en que se creaba la Dirección de Actividades Cinematográficas de la UNAM, al fusionarse el Departamento de Actividades Cinematográficas y la Filmoteca que desde 1976 había alcanzado su independencia, concluyendo así la notable gestión de su fundador el doctor Manuel González Casanova. El peso en la conservación de las películas del acervo universitario daría un giro trascendental con la posterior llegada del biólogo y cineasta Iván Trujillo Bolio en 1989 como titular de esa nueva Dirección de Actividades Cinematográficas, sustituyendo a González Morantes, quien fungió como director por un espacio menor de dos años. Iván Trujillo otorgaría una eminente presencia a la Filmoteca en el plano internacional, al ser electo presidente de la FIAF, federación que afilia a 150 archivos fílmicos mundiales. Al mismo tiempo, apoyado por valiosos colaboradores como Francisco Gaytán, subdirector de Preservación y Francisco Ohem, subdirector de Acervos, colocaría a la institución en un notable camino


El compadre Mendoza, Fernando de Fuentes, 1934. l Fotomontaje.

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m Vテ。monos con Pancho Villa, Fernando de Fuentes, 1935. Fotomontaje.

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de triunfos nacionales con rescates de obras fundamentales como el segundo y desconocido final de Los olvidados de Luis Buñuel, o la localización de la legendaria cinta de Adolfo Best Maugard, La mancha de sangre de 1937. Una labor complementada a su vez con otros hechos de suma importancia como la inauguración de las bóvedas de acetato en 1996 o el registro en Memoria del Mundo de la Unesco de Los olvidados en 2003. Una filmoteca constituye al Un quehacer en el que ha mismo tiempo la entidad, insistido con creces, a pesar de el espacio y el esfuerzo la escasez de recursos, la maessostenido, consistente y tra Guadalupe Ferrer Andrade, sistemático, por preservar un directora de la institución desde acervo cultural en ausencia 2008, año a partir del cual la Fildel cual padeceríamos moteca ha continuado con desuna carencia de enormes tacadas restauraciones de obras dimensiones. excepcionales como la Trilogía Luis Tovar de la Revolución Mexicana, de Fernando de Fuentes (El prisionero trece, 1933; El compadre Mendoza, 1934 y Vámonos con Pancho Villa, 1935); Muchachas de uniforme (Alfredo B. Crevenna, 1950) esencial antecedente del cine lésbico en nuestro país; Redes (Fred Zinnemann y Emilio Gómez Muriel, 1934); una decena de cortos del Noticiario ICAIC de Cuba, o En el balcón vacío (1961) de Jomí García Ascot, sin faltar la creación de nuevas muestras fílmicas nacionales como Perspectivas del Cine Mexicano y Cineastas Mexicanos Contemporáneos, con la finalidad de brindar una alternativa a la cartelera comercial. Por supuesto, la nueva administración se ha preocupado por ampliar y otorgar una atención

m María Candelaria, Emilio Fernández, 1943. Fotograma.

especial a otras áreas esenciales de la propia Dirección de Actividades Cinematográficas, impulsando de forma decidida la revisión y catalogación, tanto de los noticieros fílmicos cuyos fragmentos son cada día más solicitados como del propio acervo, con el fin de obtener un registro cabal y veraz del patrimonio fílmico con el que cuenta la Universidad. A ello se suma el interés por instituir un Consejo Asesor de la Filmoteca, un programa de Becarios y otro de Pasantías a nivel internacional. A su vez, reforzar la programación y la página web de la institución y completar un estudio sobre derechos de autor en relación con las obras cinematográficas que forman parte del acervo de la propia Filmoteca, además de diversificar el acceso nacional e internacional a la filmografía mexicana de todas las épocas. En el citado cuaderno conmemorativo Filmoteca de la UNAM 1960-1975 se alude a la importancia de la búsqueda de obras, en particular las producidas en el país, que tienden “a desapa-


m Foro de producción de la Filmoteca en San Ildefonso. Fotografía.

recer, con la pérdida consiguiente de valores históricos y culturales”. En ese 1975 se decía que la Filmoteca universitaria había adquirido ya más de tres mil títulos, varios de ellos copias únicas. También era evidente el cuidado y conservación de este material, en gran parte de duración limitada “y en algunos casos peligroso e inflamable… con copias de seguridad y otros sistemas de preservación de temperatura y humedad”. Se decía igualmente que se conservaban, tanto de película positiva como negativa, largometrajes y cortometrajes de ficción y documental en 35 y 16 mm; trailers11 en los mismos formatos, películas de televisión y en formatos de 28, 8, súper 8 y 9.5 mm; y que las cintas de nitrato, debido a su calidad inflamable, se almacenaban de forma separada (Ingl.). Avances o extractos de películas próximas a ser estrenadas. Sólo duran unos minutos y suelen ir acompañados de la música de fondo propia del rodaje. 11

Al lado de las joyas de rigor (los Buñueles surrealistas, Creo que el día en que más los Pabst, los Riefenstahl, los valoramos la existencia de la Bergman, los Rossellini, los Filmoteca de la UNAM fue el Eisenstein en copia original 24 de marzo de 1982, porque como La huelga) y al lado de en esa fecha, después de una abundante dotación de una tremenda explosión, se comedias de Chaplin (desde incendió la Cineteca Nacional. su primer largometraje, El Alfredo Joskowicz romance roto de Tillie, hasta Monsieur Verdoux y Un rey en Nueva York), no teme adoptar un tono menor para rendir cuenta de la sección en que se alojan, dignamente, sin discriminaciones, sus curiosidades. Allí se encuentra una serie bastante numerosa de comedias, de uno o más rollos, iluminadas a mano (El avaro del molino, Por el amor de Dios, Un amor de la Du Barry, etc.); una serie de películas cortas de los hermanos Pathé, comedias de Larry Semon, La pasión de (Ferdinand) Zecca, también, la primera versión en cuadros de Los miserables, etc.; una serie de películas de las divas italianas (Carnavalesca con Lydia Borelli, Beatrice Cenci, La esfinge y Espiritismo de la primera época de Francesca Bertini, Odette de la segunda época de la Bertini,

m Lydia Borelli en Carnavalesca, 1918.

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para prevenir posibles incendios como el ocurrido en marzo de 1982 en las instalaciones de la antigua Cineteca Nacional en Calzada de Tlalpan y Río Churubusco, inaugurada en 1974. Cita el mismo cuaderno Filmoteca de la UNAM 1960-1975, en relación con los tesoros de la Filmoteca:

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m Aniversario de la muerte de la suegra de Enhart, Hermanos Alva, 1912. Película mexicana de ficción más antigua, resguardada en la Filmoteca de la UNAM. Fotograma.

k Fotogramas de imágenes de la Revolución mexicana resguardadas por la Filmoteca de la UNAM.


Del mismo modo se citan algunos de los rescates de añejos materiales dispersos y de enorme valor histórico de procedencia nacional, incluidos dentro de las joyas con las que contaba la Filmoteca de la UNAM hacia 1975: “Lotes completos de los hermanos Alva, pioneros del cine en nuestro país, y de otras fuentes menos célebres, han sido continuamente adquiridos”. De esta manera se está en posesión de la primera comedia de largometraje filmada en México, El aniversario de la muerte de la suegra de Enhart (1912) y de numerosos pasajes de la etapa dictatorial de Porfirio Díaz (Fiestas en Morelia 1908, Festival militar en el toreo 1910), o de diversas etapas de la Revolución de 1910-1917 (El señor Madero en Guanajuato, Entrada de Zapata y Villa), películas conmemorativas o patrióticas (Hombres de la Reforma, La caricatura de la intervención francesa). Ninguna de estas producciones ha sido recogida nunca en filme de montaje alguno; lo mismo puede afirmarse de los 6 mil metros de negativos originales de escenas de la Revolución mexicana que obran en el archivo de la Filmote-

ca y el lote completo de los negativos originales de los cortometrajes que filmó hacia la misma época el cineasta hispano-guanajuatense Indalecio Noriega, quien durante el tercer lustro de este siglo ya había patentado su propio sistema para la sonorización del cine. De los años veinte mexicanos, la Filmoteca tiene en su poder varios documentales sobre movilizaciones populares de las que apenas se tiene noticia (en La Filmoteca de la UNAM es Orizaba, por ejemplo) y, dentro una institución contra la del cine de ficción, largometraamnesia, en un país donde la jes silentes, algunos de producdesmemoria es consigna. ción regional, como los filmes José Buil veracruzanos El puño de hierro y El tren fantasma. De los treinta, su cosecha es más numerosa: las versiones originales de Santa, Dos monjes, Redes, El compadre Mendoza y los rushes12 completos de Humanidad, son algunos de los rescates más notorios. Varias de las colecciones de las que se habla en el cuaderno conmemorativo en esos primeros 15 años de la Filmoteca provenían del distribuidor, realizador y coleccionista Edmundo Gabilondo Mangino —pariente de Plutarco Elías Calles—. Mangino fue asiduo colaborador de los hermanos michoacanos Carlos, Eduardo, Guillermo y Salvador Alva, exhibidores junto con su tío Ramón Alva Romano y posteriores socios del cineasta y exhibidor Enrique Rosas; al igual que éste se volverían destacados documentalistas del México anterior y posterior a la Revolución, Primera copia positiva del negativo original revelado, con la que se revisan los registros obtenidos durante el rodaje.

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La llamada con María Jacobini, Marco Antonio y Cleopatra con Giovanna Terribili González, etc.); algunos kinetoscopios de Edison; películas de aventuras de los años veinte franceses (Mandrin, Vidocq) que coexisten con obras de vanguardia de la misma época (El diablo en la ciudad de Germain Dulac); la única película que dirigió en Suiza el operador soviético Eduardo Tissé: Natalidad (Frauennot-Frauenglück, 1930) y muchas cintas más que sería fatigoso enlistar…

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m Los hermanos Alva durante un descanso de rodaje. Fotografía.

registrando aconteceres populares, políticos y sociales, fiestas, paisajes y personalidades, entre 1906 y 1914. En 1925 Gabilondo Mangino inauguró el Cinema Excélsior en donde proyectaba material de los hermanos Alva, al tiempo que iniciaba una serie de cortos de carácter científico

sobre la vida animal y editaba con Carlos Alva Historia de la Revolución Mexicana (1933). Su muerte truncó dos compilaciones de montaje fílmico documental con material de los hermanos Alva: Zapata y Viva Madero. Hacia el año 2001, la Gaceta de la UNAM daba testimonio de los trabajos de restauración, por parte de la Filmoteca, de más de 60 horas de material cinematográfico realizado, según se decía, entre 1909 y 1928. Allí se mostraba de manera puntual y cronológica el acontecer político y social del país de aquella época. El material pertenecía a la colección que Gabilondo Mangino donó al archivo de la UNAM y que estaba en proceso de restauración —bajo la supervisión del subdirector y curador Francisco Gaytán— con el fin de otorgarle mayor nitidez tanto al trabajo realizado por los hermanos Alva como al de Salvador Toscano; un material revisado a su vez por los investigadores Juan Felipe Leal y Aurelio de los Reyes, mismo que ya había sido utilizado en producciones universitarias como la serie 18 lustros de la vida en México en el siglo XX. El cine documental al que se hace referencia, intentaba capturar la cotidianidad y destacar lo más excepcional e interesante de la naturaleza y su relación con el hombre. Su virtud principal partía de la verosimilitud. El documental como testimonio se fue quedando a la zaga si se le compara con las películas de ficción, debido a que la industria fílmica eligió las ganancias sobre el compromiso social. No obstante, es un hecho que los testimonios del México anterior y posterior a la Revolución fueron, son y serán fundamentales para el devenir de nuestra nación, justamente a


100 años de aquellos sucesos. Por desgracia, el impacto de estos materiales se ha ido perdiendo al igual que otras ramificaciones del documental como el cine-reportaje, el cine militante, el cine científico, o los noticieros, que solían exhibirse de manera continua en el desaparecido Cinelandia que proyectaba, sobre todo, cortos de dibujos animados. De hecho, la costumbre del “noticiero” y de los documentales turísticos exhibidos antes de los largometrajes en las salas de cine prevaleció con éxito desde los años cuarenta hasta la década de los ochenta ¿Alguien recuerda el Noticiero

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m Una de las bóvedas de acetato de la Filmoteca de la UNAM en Ciudad Universitaria.

Continental, que empezaba cuando un chamaco encendía con un cerillo un cohete espacial? o ¿aquel segmento de la “Torre Vigía” que hacía referencia a la Torre Latinoamericana ubicada en Madero y Eje Central? Fue precisamente el tema de la Revolución mexicana el que dio fama al documental en sus inicios y que culminaría años después con algunos montajes célebres como el magno proyecto Memorias de un mexicano realizado hacia La preservación de las 1950 por Carmen Toscano, hija películas de ficción, de don Salvador Toscano. documentales y noticieros El cine, al igual que el desque reflejan y documentan la contento social, se propagaba estructura política, cultural y como reguero de pólvora. Así, en social de una nación paralelo a las escaramuzas guees esencial. rrilleras de los llamados alzados Robert Dickson en los años de la Revolución, que surgían por todos los puntos del país, llegaban hasta los más apartados rincones las imágenes fílmicas a través de cines establecidos o errantes, que empezaban a cambiar la mentalidad y la fisonomía de pueblos y ciudades. Pioneros como Toscano, Jesús H. Abitia, Enrique Rosas, los hermanos Alva y otros más, colocaron su cámara en medio de los acontecimientos revolucionarios capturando imágenes, que gracias a instituciones como la Filmoteca de la UNAM, aún perduran y sorprenden.

k Noticiero Cinescopio, Revista fílmica. Fotograma.

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3 VIAJES A TRAVÉS DEL TIEMPO. TESOROS Y RESCATES MEMORABLES

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m Iván Trujillo durante la edición de Monarca, adivinanzas para siempre, 1988. Fotografía.

m Raúl Kamffer. Fotografía.

m Programación de Rescates de la Filmoteca de la UNAM. Invitación.


Pliego en 2005; el Ariel para el corto documental El que manda... vive enfrente (1930-1934), dirigido por Francisco Ohem en 1993; el obtenido por Iván Trujillo en 1988 con el corto documental Monarca, adivinanzas para siempre; el de José Rovirosa en 1992 con el corto documental Perdón... investidura Las funciones de la Filmoteca (1950-1954); y el que se otorgó siempre han ido más allá de a Aurelio de los Reyes en 1991 por el corto documental Y el cine un mero depósito, en cuanto a consulta, préstamo y demás. llegó (1900-1904). Igualmente, la Diosa de Plata de Pecime y el Mucho más amable, flexible y humano de lo esperado. premio José Pagés Llergo de la Jorge Ayala Blanco revista Siempre! en la categoría de Análisis en Radio y Televisión por el rescate de Charlas mexicanas con José Vasconcelos. Destacan también los reconocimientos otorgados por el Festival Internacional de Cine Científico de Ronda (España), por dos de los documentales que conforman la serie de naturaleza México… naturalmente, realizaciones colectivas de la DGAC, y el concedido a El cielo enterrado, de Manuel Martínez, todos producidos por la Filmoteca. Son gemas también de la Filmoteca la exhibición permanente de clásicos antiguos y

k Manuel González Casanova entrega a Julio Pliego el Ariel a mejor documental, 2005. Fotografía.

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Los tesoros de la Filmoteca de la UNAM abarcan no sólo decenas de miles de películas de largo y cortometraje, notables relatos y curiosidades de ficción y documental, noticieros, trailers y cintas caseras e institucionales; aparatos cinematográficos primitivos y de colección; producciones universitarias de ficción, centenares de documentales y series de televisión; edición de estimables libros, catálogos, folletos o cuadernillos sobre nuestro cine y el ámbito fílmico mundial; reconocimientos nacionales e internacionales, así como importantes premios instituidos por la propia Filmoteca. En ese sentido el Premio José Rovirosa al Mejor Documental o la Medalla Filmoteca, por ejemplo, son también parte de las joyas que han sido entregadas a personalidades de gran arraigo fílmico nacional e internacional. Lo mismo sucede con la considerable cantidad de premios obtenidos por la institución o por creadores ligados al archivo de la UNAM: los diversos Arieles, que incluyen el de Trayectoria, otorgado a la institución por su labor de preservación del cine mexicano, en 2002; el de Mejor Película y Director para Ora sí ¡tenemos que ganar! de Raúl Kamffer en 1982; el Ariel de Oro al documentalista Julio

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modernos y de obras que se erigen como una disyuntiva ante la rutinaria cartelera comercial en nuestro país, con un promedio de más de mil títulos anuales a través de su programación; además del centenar de títulos provenientes de su acervo con los que anualmente la Filmoteca apoya la difusión del cine mexicano en importantes festivales nacionales e internacionales que recurren a su acervo. Señalemos la presencia y el cúmulo de experiencias de realizadores y profesionales en todas Gracias al interés de la las ramas de la cinematografía Filmoteca, he podido mundial, así como el intercamrecuperar sonidos originales bio de técnicas y conocimientos de películas que son por medio de pasantías internaimprescindibles para nuestra cionales y congresos, incluidas trayectoria cinematográfica. las estancias para restauración José Romay de películas. Y, finalmente, la confianza que múltiples instituciones, productoras, directores y coleccionistas brindan a la Filmoteca, depositando en ella sus materiales, como por ejemplo, el acervo fílmico de los señores Rosas Priego; producciones Raúl de Anda; productora Galindo; Lorenza Fernández Palomera; Cinematográfica Macondo; señora Vázquez Villalobos; Colección Rivas Mercado en formato 9.5 mm, perteneciente a la primera década del siglo XX; o la entrega de 220 películas, en calidad de comodato, del productor Gregorio Walerstein. En este último caso, cabe reconocer el generoso donativo que los hijos del señor Walerstein realizaron en 2001 a la Filmoteca, a través de la Fundación UNAM, para apoyar la conservación de su acervo cinematográfico, y a raíz del cual la Universidad rindió un

m La difusión de los rescates de la Filmoteca de la UNAM en el extrajero. Programa estadounidense.

homenaje a la figura del destacado productor entregándole la medalla conmemorativa de los 450 años de la Universidad de México. Tampoco hay que olvidar el depósito de la colección de material cinematográfico antiguo del periodista Julio Téllez, quien recientemente confió al resguardo de la Filmoteca más de 180 rollos de


película en 35 mm en nitrato de celulosa que datan de 1912 a 1950, probablemente el último acervo con estas cualidades en manos de un particular en México. Y muchos otros tesoros más, como el vasto acopio de carteles originales de cine realizados por Joseph y Juanino Renau, José Spert o Ernesto García Cabral; los fotomontajes, fotografías y materiales gráficos (álbumes o carpetas perso-

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m Acá las tortas, Juan Bustillo Oro, 1951. Cartel de Ernesto García Cabral.

nales) elaborados por figuras de la talla del cineasta y productor Fernando de Fuentes, o por el actor y realizador Fernando Fernández, sin faltar el extenso acervo de libros, folletos y revistas del Centro de Documentación de la Filmoteca consultado por investigadores y estudiantes de todo el mundo, o bien, los esfuerzos de catalogación centrados en las colecciones de Fernando Gamboa, José Luis Mendizábal y de la Secretaría de Salud. La Filmoteca ha representado Al ser la Filmoteca de la un apoyo invaluable para UNAM uno de los archivos cimi labor periodística al nematográficos más importanpermitirme acceder a tes de América Latina destacan materiales olvidados o afamados rescates realizados desdeñados por los sistemas por la institución, al igual que de exhibición en la Ciudad varios de los clásicos títulos de de México su extenso acervo, ejemplificanCarlos Bonfil do así algunas de sus imprescindibles joyas. En su archivo se encuentran, por ejemplo, obras como La bella y la bestia (1946) de Jean Cocteau, Los trenes rigurosamente vigilados (1966) de Jiri Menzel, La vida fácil/Il Sorpasso (1962) de Dino Risi, Yo te saludo, María (1984) de Jean-Luc Godard, La sal de la tierra (1953) de Herbert J. Biberman, Cuesta abajo (1934) de Louis Gasnier, El ciudadano Kane (1941) de Orson Welles, Besos robados (1968) de François Truffaut, El séptimo sello (1957) de Ingmar Bergman, o Dunas (1984) de David Lynch. Sobresalen también filmes nacionales como Fando y Lis (1967) de Alejandro Jodorowsky, La mente y el crimen (1961) de Alejandro Galindo, Calabacitas tiernas (1948) de Gilberto Martínez Solares, Salón México (1948) de Emilio Fernán-

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m Tehuantepec, Miguel Contreras Torres, 1953. Still.

m El fantasma del convento, Fernando de Fuentes, 1934. Still.

m Calabacitas tiernas, Gilberto Martínez Solares, 1948. Still.

dez, El signo de la muerte (1939) de Chano Urueta, Canoa (1975) de Felipe Cazals, El fantasma del convento (1934) de Fernando de Fuentes, las cintas The Rebel/El último rebelde (1956) y la versión en inglés de Tehuantepec (1953) de Miguel Contreras Torres, las cintas inéditas México ante los ojos del mundo (1925) de Miguel Chejade y El vuelo glorioso de Barberán y Collar (1933), primer trabajo como realizador de René Cardona y André, en el que colaboraron, entre otros, los fotógrafos Alex Phillips, Ross Fisher y Gabriel Figueroa. Encontramos, además, fragmentos de obras de gran valor histórico; por ejemplo, el monumental fresco México (1922) —originalmente de más de siete horas de duración—, producido a iniciativa de Miguel Alessio Robles, secretario de Industria, Comercio y Trabajo durante el gobierno del general Álvaro Obregón y atribuido a Fernando Orozco y Berra cuyas imágenes, salvaguardadas por el archivo fílmico de la UNAM, se

k El joven Juárez, Emilio Gómez Muriel, 1954. Still.


concentran principalmente en los trabajos de la Compañía Industrial de Atlixco. De este modo, junto con su inigualable acervo, la Filmoteca ha creado altas expectativas a partir de llamativos rescates y restauraciones, como lo muestra el siguiente texto aparecido en la Gaceta de la UNAM en octubre de 2006, escrito por Iván Trujillo, entonces titular de la Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM: …De Olvidados y festejos… No deja de llamar la atención el que la Unesco haya proclamado que a partir de este año el 27 de octubre se conmemora el Día del Patrimonio Audiovisual e invita a todos, pero en especial a los archivos fílmicos, a celebrarlo. El antecedente es que hace un poco más de 26 años, el 27 de octubre de 1980 para ser exactos, en la Conferencia General de la Unesco que tuvo lugar en Belgrado, vio la luz el texto conocido como Recomendación sobre la Salvaguardia y la Conservación de

Su majestad Eisenstein Por casualidad un día me encontré a Aurelio de

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m Salón México, Emilio Fernández, 1948. Still.

las Imágenes en Movimiento. Detrás de la redacción del documento se encontraba la Federación Internacional de Archivos Fílmicos, que ya acogía en su seno a una buena cantidad de archivos, entre ellos la Filmoteca de la UNAM, preocupados por la conservación de cintas cinematográficas, considerando a algunas como verdaderas obras de arte, pero a todas sin excepción como documentos susceptibles de brindar información. Para los estudiantes y La Filmoteca de la UNAM, profesores del Centro desde su fundación en 1960, Universitario de Estudios ha logrado conformar una coCinematográficos (CUEC), lección que supera los 35 mil constituía una de las muy títulos, es decir que en promeescasas posibilidades de dio, incluyendo vacaciones, fienriquecer nuestra cultura nes de semana y días con sus cinematográfica, al tener respectivos “puentes”, han la oportunidad de ver ingresado a su acervo más proyectadas algunas de las de dos títulos cada día, lo que películas de los grandes probablemente la convierte directores nacionales e en el mayor acervo fílmico de internacionales. América Latina, región en la Alfredo Joskowicz que sin duda ejerce un importante liderazgo. En muchas ocasiones me han preguntado cómo es que aún seguimos encontrando cintas que se consideraban desaparecidas, la única respuesta que puedo dar es: por casualidad. Quizás el único mérito de quienes trabajamos en la Filmoteca de la UNAM es que siempre estamos atentos a todas las casualidades.

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mi palabra fue México. La computadora desplegó todos los filmes custodiados por el MOMA que tenían que ver con nuestro país; en esa lista aparecían los materiales que Upton Sinclair, el productor de Eisenstein, había depositado en el Museo y entre ellos saltó a mi vista uno titulado Desastre en Oaxaca. Casi dos años de gestiones nos tomó obtener una copia, al primero que se la mostramos fue a Aurelio de los Reyes y ahora cualquiera puede verla en un DVD que la Filmoteca de la UNAM editó recientemente sobre imágenes antiguas de dicha entidad.

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m El segundo final de Los olvidados, Luis Buñuel, 1950. Fotograma.

los Reyes, quien platicándome de su investigación sobre la visita de S. M. Eisenstein al país para realizar su inconcluso trabajo ¡Que viva México!, me comentó que él tenía registro de que antes del rodaje, el maestro soviético había realizado un par de cortos de los que sí terminó el montaje. Uno de ellos había sido una filmación sobre un temblor que azotó Oaxaca en 1931. En esos días recibí una invitación de la embajada de Estados Unidos para visitar los archivos fílmicos más importantes de ese país. Cuando me encontré con Mary Lea Bandy, directora del archivo fílmico del Museo de Arte de Nueva York (MOMA), ella recibió una llamada urgente que atender y le pidió a uno de sus colaboradores que mientras regresaba me mostrase cómo funcionaba su base de datos. Este colega me pidió que dijese un título o tema para hacer una búsqueda, obviamente

La mancha Un día en los Estudios Churubusco, haciendo limpieza en unas bodegas, unos trabajadores se encontraron cientos de latas oxidadas conteniendo rollos de nitrato de celulosa. Ignacio Durán Loera, en ese momento director general del Imcine,13 me llamó y me dijo que si nos interesaba guardarlos fuésemos a recogerlos. Francisco Gaytán, nuestro subdirector técnico, al tratar de ordenar el cerro de latas, notó que en algunas estaba escrita la palabra La mancha y me comentó que podría tratarse de la película La mancha de sangre, película realizada por el artista Adolfo Best Maugard en 1937 y que había sufrido los embates de la censura por lo que prácticamente nadie la había visto. Pudimos reestrenarla después con la participación de Stella Inda, protagonista principal del filme.

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Instituto Mexicano de Cinematografía.


k Desastre en Oaxaca, Sergei M. Eisenstein, 1931. Fotogramas.

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Memoria del mundo En 1993 se acercaron a nosotros representantes de la Kunst Halle de Bonn, que deseaban organizar una gran exposición y retrospectiva de la obra de Luis Buñuel, para lo que colaboramos produciendo una buena cantidad de copias. La exposición posteriormente viajaría al Museo Reina Sofía en Madrid y terminaría en 1996 en el Palacio de Bellas Artes. Para diferenciar un poco la exposición en México de la que se había presentado en Alemania y España, los curadores de Bellas Artes decidieron hacer énfasis en el filme Los olvidados, para lo que nos solicitaron reproducir en papel algunos fotogramas claves de la película a partir de nuestro internegativo, que en ese momento era el mejor elemento que se conservaba de la película. En ello se encontraban trabajando nuestros técnicos cuando ese día recibí la visita de una reportera del Canal 11 de televisión que deseaba hacer una nota sobre la Filmoteca de la UNAM para el noticiero cultural. Después de contestar algunas preguntas sobre el trabajo cotidiano, la acompañé a hacer un recorrido por nuestras instalaciones, en el Colegio de San Ildefonso. Al llegar al departamento técnico nos llamó la atención que reunidos alrededor de una moviola varios trabajadores discutían con Francisco Gaytán. En ese momento nos dimos cuenta que desde tiempo atrás teníamos en el acervo un final alternativo del filme y no lo sabíamos. Posteriormente al hacer una clasificación de los archivos de Manuel Barbachano encontramos el negativo original de Los olvidados, uno de los últimos

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en ser filmados en nitrato de celulosa. En 2002 propusimos a la Unesco que incluyera este negativo en la lista Memoria del Mundo, entre la que se encuentran documentos de gran valor debidamente preservados. Nuestra propuesta, apoyada por una buena cantidad de colegas, especialmente los de la Cineteca Nacional, fue aceptada en 2003. Viva Madrid que es mi pueblo Un día me llamó Julio Téllez, cronista taurino y coleccionista de ya que me da la seguridad cine, para decirme que tenía una de que las películas lata de película de nitrato que ya que han producido mis presentaba signos de descomposicompañías a lo largo de ción y que creía contenía imágenes 66 años, se encuentren de Venustiano Carranza. Cuando en lugar seguro, con las pasé por la lata, ya de salida, me condiciones de temperatura dijo: también llévate esta película e higiene necesarias para su española. Al llegar a la Filmoteconveniente conservación ca constatamos que las imágenes para el futuro. efectivamente pertenecían a la Alfonso Rosas Priego toma de posesión de Carranza en 1917 y logramos salvar una buena parte de ellas. Mi euforia hizo que no reparara demasiado en los otros rollos, pues se encontraban en buen estado y los pasé para ser ingresados al acervo. No teníamos mucha información del título y de inmediato se guardó en una bóveda. Años después Ignacio Solares, en ese momento coordinador de Difusión Cultural, me cuenta que en una reunión en el Instituto Politécnico Nacional, Julio Téllez se acercó a Juan Ramón de la Fuente y le comentó que nos había entregado una película española de La Filmoteca es muy

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significativa e importante

1928 titulada Viva Madrid que es mi pueblo; el Rector deseaba saber si efectivamente la teníamos. Mi primera respuesta es que lo dudaba, pues no recordaba que en el acervo hubiese algún largometraje español del periodo silente, pero desde luego lo corroboraría. Mi primera sorpresa fue encontrar el título en nuestra base de datos y, la segunda, comprobar que efectivamente se trataba de una película de 1928 y que por ser de nitrato no debería estar en esa bóveda. El estado de los rollos seguía siendo impecable y rápidamente los trasladamos a la bóveda correcta. Por casualidad, momentos después recibí una llamada de Valeria Ciompi, en ese entonces responsable del departamento editorial de la Filmoteca Española, con quien estábamos trabajando en una pequeña publicación sobre cine iberoamericano. Al final de la charla me acordé y le pregunté: por cierto, ¿sabes algo de una película titulada Viva Madrid que es mi pueblo? Me suena, me respondió, pero le voy a preguntar a Chema. No habían pasado cinco minutos cuando tenía en la línea telefónica a José María Prado, director de la Filmoteca Española, diciéndome que ése era uno de los títulos más buscados por su archivo y sólo se conservaban escasos tres minutos, pues seguramente todas las copias habían sido destruidas en la Guerra Civil. Cuando le dije que nosotros teníamos el resto, sentí que Chema no cabía de gusto y de inmediato elaboramos un proyecto conjunto que permitió hacer nuevas copias y que en 2001 se exhibiese Viva Madrid que es mi pueblo en


Madrid, ante la presencia de los familiares del protagonista, Marcial Lalanda, así como la de Julio Téllez. Celebración Si en las anécdotas anteriores me he permitido mencionar a personas e instituciones, es sólo para dar cuenta de que si hacer una película es un trabajo colectivo, su preservación también lo es y precisamente va dirigido a la sociedad en su conjunto. También he querido resaltar la importancia de la colaboración internacional en la localización y rescate de imágenes en movimiento. Ésa es la razón por la que desde luego vimos con beneplácito la decisión de la Unesco y nos sumamos a celebrar el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. Si ésta es una iniciativa internacional, lo que hicimos el 27 de octubre pasado fue tratar precisamente de resaltar ese carácter. En un verdadero maratón fílmico, exhibimos materiales que dan cuenta de algunos de los beneficios de la cooperación

internacionales ha llevado

En efecto, como aclara Iván Trua cabo labores de rescate, de jillo, la casualidad, suerte, azar, restauración y de difusión. ha sido esencial para varios de Fernando Macotela los hallazgos y descubrimientos que la Filmoteca de la UNAM ha generado. Pero también fundamental ha sido la cooperación y el intercambio internacional e interinstitucional, de ahí que la actual directora, Guadalupe Ferrer, haya insistido en el proyecto de Pasantías con colegas de todo el mundo que han encontrado en el archivo fílmico de la UNAM un lugar que respeta y apoya las obras de cine propias y ajenas. No obstante, a su vez, ha sido imprescindible, hoy más que nunca, el trabajo diario. Por una parte, continuar con la labor de preservación, rescate y fortalecimiento del acervo. Y al mismo tiempo, favorecer y apuntalar otras áreas igualmente primordiales como la formación y creación de nuevos públicos en un

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m Viva Madrid que es mi pueblo, Fernando Delgado, 1928. Still.

con el extranjero que sostiene la Filmoteca de la UNAM. Nuestro festejo nos demostró que en los archivos fílmicos no tenemos ni buenas ni malas películas, sino que algunas imágenes en movimiento que pueden ser irrelevantes para unas personas son de vital importancia para otras. Lo importante es que perduren y puedan estar disponibles. Si por casualidad se encuentran una lata de película y no saben qué hacer con ella, Los había privados y pueden traerla a la Filmoteca especializados, pero de la UNAM. Abrirla es como éste se abrió a todas las abrir un regalo y nosotros toposibilidades. Y tal como dos los días estamos de fiesta. lo dictan las normas

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momento complejo, caracterizado por una alta globalización y pérdida de valores culturales, en el que cualquiera que se lo proponga puede hacerse de un breve o de un extenso acervo digital. Así, la Filmoteca ha apostado también por el trabajo cotidiano de investigación y servicio a través del Centro de Documentación, modernizándolo, ampliando su propio acopio de materiales, poniendo el acento en la exhibición y programación de sus salas ¿De qué le sirve al país y apoyando particularmente al contar con una Filmoteca? cine mexicano; todo ello en una Muy sencillo, le sirve para labor que hoy en día supera tanpreservar su memoria común. to física como económicamente José Felipe Coria a la institución. Sin embargo, a pesar del limitado presupuesto y reducido número de trabajadores y colaboradores, la Filmoteca sigue abierta al resguardo y a la búsqueda de nuevos materiales. A diario se reciben y se obtienen elementos cinematográficos de todo tipo: noticieros, colecciones de cine, libros, revistas, fotografías, aparatos… Y es que desde su fundación en 1960 hasta hoy en día, 50 años después, la Filmoteca de la UNAM ha entendido, resaltado y hecho valer su responsabilidad histórica y cultural, promoviendo y preservando nuestras aspiraciones, emociones y valores, por medio de nuestra propia historia fílmica, protegiendo y mostrando relatos que son parte ya del imaginario fílmico colectivo, que nos formaron como mexicanos y que nos siguen retratando de cuerpo entero. Todo ello, a través de restauraciones y rescates que surgen de múltiples maneras, como el descubrimiento de Cruz Diablo, sin duda una de las obras más atípicas

m Sacrificio por amor, Francisco García Urbizu, 1922. Cartel.

del cine nacional realizada en 1934 por Fernando de Fuentes, centrada en un espadachín de la Nueva España en el siglo XVI, encontrada por casualidad en el archivo fílmico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, que incluía varios negativos de películas mexicanas. O bien, el rescate y restauración de películas de otras nacionalidades como Muerta en vida de Augusto Genina (Italia, 1919), registrada ya en el catálogo de la Filmoteca hacia 1962. Cuenta Francisco Gaytán: Entre los materiales notables tenemos Muerta en vida o La Maschera e il volto. Esa película la compró en La Lagunilla Reynaldo Puente Portillo, editor profesional. Él y Ramón Obón hicieron con ese material una nueva película con sketches burlescos, dinero de Producciones


Al igual que estas anécdotas, vale la pena detallar algunos de los casos memorables de rescates fílmicos de la Filmoteca. El caso de Francisco García Urbizu Nacido en Zamora, Michoacán, en 1888, Francisco García Urbizu estudia en el seminario local y después en el de Morelia y hacia 1913 es designado presidente municipal de Zamora, cargo que ocupa dos veces. Su hermano Pedro es dueño del Cine Oriental, el primero de la localidad. Francisco viaja a los Estados Unidos y ahí no sólo conoce a Thomas Alva Edison, sino que adquiere una cámara de 35 mm para captar imágenes que él llama “revistas zamoranas”, entre ellas, películas promocionales de su establecimiento, El Hotel de Ventas, que importaba mercancía de los Estados Unidos. En 1922 dirige su primera película de ficción, la comedia melodramática Traviesa juventud, seguida de Sacrificio por amor del mismo año, con Luis Alcalá y Carmen Mariscal, un melodrama de largometraje que relata la epidemia de cólera que sufrió la ciudad de Zamora en 1850.

En 1927 tiene que huir hacia Guadalajara luego de apoyar a dos sacerdotes durante el movimiento cristero al que pertenecía. Ese mismo año filma el interesante corto documental Mexiquillo, centrado en una población maderera de Durango y en 1929 dirige Fiestas patrias en Zamora, donde muestra las celebraciones del 15 de septiembre en su natal Zamora. Posteriormente abandona el cine y se dedica al periodismo, a la pintura y a La programación de las la ingeniería civil. De hecho, se distintas salas de la Filmoteca inscribe en la Academia de San también me ha abierto los Carlos y en los años sesenta es ojos a muchas películas que nombrado “cronista oficial” de de otra manera no hubiera Zamora. Lo interesante es que conocido. García Urbizu construyó su proDavid Wood pio y primitivo laboratorio de copiado, cuyo equipo, al igual que algunas de sus películas, carteles y fotomontajes, fueron rescatados por la Filmoteca de la UNAM, como lo relata Francisco Gaytán. Un día nos avisaron que había muerto el señor Francisco García Urbizu y que había dejado algunos materiales. Hay instituciones que cuando tienen la oportunidad de hacerse de una colección lo primero que piensan es en el presupuesto. Nosotros le entramos sin pensar jamás en los presupuestos. Nos avisaron de esa persona que había hecho cine en Zamora, Michoacán, y sus parientes vivían en Jiquilpan y no sabían qué hacer con este material. Esto sucedió en tiempos de Manuel González Casanova… Fui a Jiquilpan. Ahí me entrevisté con esta persona, que me dijo era tío de Rocío

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Calderón y las voces de Ferrusquilla (José Ángel Espinosa) y del Panzón Panseco (Arturo Manrique), entre otros. Se hizo en esa época del nitrato pero no la estrenaron, quizá a nadie le gustó y nosotros teníamos la original como una de las cintas de las divas dentro de nuestra colección. Reynaldo me platicó de esta película, me di cuenta que se trataba de la misma y tomamos esta película de Reynaldo, la restauramos y la dimos a conocer en una función pública.

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Villagarcía, quien trabajaba en Televisa. Entré en contacto con ella y nos fuimos a Zamora, a la casa del abuelo, que había sido cristero, comerciante de artículos fotográficos, periodista, cronista, “don Panchito”, aunque a la familia no le gustaba que le dijeran así. Sacamos de entre las pacas de alimento para las vacas, las latas de las películas y los fotomontajes y fotografías de las películas que había hecho allá. TeLa Filmoteca de la UNAM nemos su cámara, su copiadora, eso significa para mí, como es único en el mundo, que yo sepa. ciudadano mexicano y como Tenemos fotografías donde está exuniversitario, el orgullo puesto su equipo. El hombre tenía genuino de contar con una su propio laboratorio y copiadora: institución de excelencia un pequeño mueble como ropero en el ámbito de la cultura, de madera con un mecanismo maespecíficamente en el campo nual para hacer el copiado. Arriba de la cinematografía. ponía los magazines de madera y Luis Tovar colocaba la película virgen y la película negativa. El material bajaba y pasaba por el copiado con una fuente luminosa que es un foco montado sobre un par de tiras de madera: alejándolo o acercándolo tienes mayor o menor cantidad de luz… Ahí encontramos esos magníficos materiales, entre ellos carteles norteamericanos muy antiguos y el más antiguo de cine mexicano que se conserva en la Filmoteca: Sacrificio por amor, una película que se quemó y que no tenemos. Tenemos Fiestas patrias en Zamora, varios actos sociales y religiosos de esa localidad.

Tepeyac El fervor por la virgen de Guadalupe en nuestro país no tiene comparación alguna. De hecho, el cine nacional no ha podido sustraerse a la fascinación de Tonantizn-Guadalupe. Con guión del exacerbado católico René Capistrán Garza, Julio Bracho concibió en 1942 la gesta de Independencia y los milagros de la “reina de México” en La virgen que forjó una patria. Por su parte, Jorge Martínez de Hoyos fue iluminado por la virgen en Las rosas del milagro (1959) y en La sonrisa de la virgen (1957) con la niña María Gracia. A su vez, la Guadalupana fue motivo de controversia en la insólita ficción Nuevo mundo (1976) dirigida por Gabriel Retes y escrita por Pedro F. Miret, y con Morenita. El escándalo (2008) de Alan Jonsson, es el ejemplo más reciente de esa devoción fílmica guadalupana. En el México posrevolucionario de 1917, Carlos E. González y José Manuel Ramos Cervantes en la dirección artística, y el fotógrafo Fernando Sáyago en la dirección técnica, concibieron el primer acercamiento a ese acto de contrición nacional que es la devoción guadalupana en Tepeyac, relato de abierta influencia hispanocatólica, inspirado en la tradición de las apariciones de la virgen morena precisamente en el cerro del Tepeyac. Además de la breve intervención de González y Ramos Cervantes, de Beatriz de Córdova en el papel de la virgen de Guadalupe y de Gabriel Montiel como el indígena Juan Diego, puede apreciarse una pintura de fray Bernardino de Sahagún existente en el entonces Museo Nacional de Historia y Arqueología.


Al principio del filme se aprecia una reflexión del escritor y periodista Ignacio Manuel Altamirano: El día que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no solamente la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual… Los mexicanos adoran a la virgen de consumo: los que profesan ideas católicas, por motivos de religión; los liberales, por recuerdo de la bandera del año 10; los indios, porque es su única diosa; los extranjeros, por no herir el sentimiento nacional; y todos la consideran como un símbolo esencialmente mexicano.

La película narra dos historias que suceden en época actual (1917) y en diciembre de 1531, cuando ocurre la primera aparición de la virgen a Juan Diego. Una historia de amor entre Carlos (Roberto Arroyo), un funcionario del gobierno

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m Tepeyac, Carlos E. González y J. M. Ramos Cervantes, 1917. Still.

con sede en el Castillo de Chapultepec que ha sido comisionado a un viaje por Europa, y su enamorada Lupita (Pilar E. Cotta), quien le prende en el saco una imagen de la Guadalupana para protegerlo. No obstante, el barco en el que viaja el novio es hundido por un submarino (es la época de la primera Guerra Mundial); Lupita se entera de la fatal noticia por el periódico El Nacional y eleva una fervorosa oración a la virgen; cuando duerme sueña con la aparición de la Morenita a Juan Diego en la época posterior a la conquista española. Al despertar, su madre le dice que su prometido ha sobrevivido y a su regreso los novios se dirigen a la antigua Basílica de Guadalupe para dar gracias. La Filmoteca guarda entre sus tesoros no sólo una copia de seguridad de acetato de Tepeyac, sino la copia original en 35 mm en nitrato de celulosa, que pese a ser un material inflamable y fácilmente deteriorable se conserva aún en buen estado en sus bóvedas. La película arrastraba con un defecto a lo largo de toda la proyección: los fotogramas tenían una ubicación defectuosa y cambiante respecto a las perforaciones y el efecto era muy molesto; es decir, se notaba el “descuadre” en la pantalla. Con una máquina copiadora óptica que consta de un proyector y una cámara, la Filmoteca corrigió el defecto al obtener un nuevo duplicado negativo en otra cinta con soporte de poliéster. La labor de restauración fue ardua y larga porque prácticamente se tuvo que fotografiar toda la película reencuadrando los fotogramas al principio de cada escena. Por supuesto, lo más valioso está en su contenido documental. Ejemplo de ello son las esce-

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nas del 12 de diciembre en la Villa de Guadalupe, la vista del tianguis, imágenes de los danzantes e indígenas que observan a los actores con elegante vestuario citadino. Así, a las acartonadas pero muy interesantes imágenes de Tepeyac seguirían las de Alma de América (Alfonso Bustamante Moreno, 1931) realizada en pleno sofocamiento cristero y, sobre todo, la conciliatoria y citada cinta del sexenio de Manuel Ávila Camacho, La virgen La Filmoteca de la UNAM que forjó una patria, como parte ha sido –y continúa siendo– de ese muestrario “guadalupaun gran apoyo para la no” en la pantalla. investigación del pasado mexicano. Ha sido también

m El tren fantasma, Gabriel García Moreno, 1927. Still.

de incalculable valor en mis

El tren fantasma Se trata de un clásico del cine mudo dirigido por Gabriel Garpelículas. cía Moreno en 1926 y protagoRobert Dickson nizado por Carlos Villatoro, Clarita Ibáñez y Manolo de los Ríos como el cínico villano que se regenera al final. La restauración de tan insólita película filmada íntegramente en Orizaba, Veracruz, coordinada por Francisco Gaytán y montada por Manuel Rodríguez, editor de Rito terminal (Óscar Urrutia, 2000) y de Un mundo raro (Armando Casas, 2000), contó con la restauración editorial de la investigadora Esperanza Vázquez, autora con Federico Dávalos de libros como Filmografía general del cine mexicano (1906-1931) y Carlos Villatoro. Paisajes en la vida de un hombre de cine. En el folleto Historias recuperadas, editado por la Filmoteca y dedicado a la restauración del filme (2002), se dice que:

estudios sobre la producción y

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distribución internacional de

Al declararse en quiebra el Centro Cultural Cinematográfico, Gabriel García Moreno dejó sus películas El tren fantasma y El puño de hierro en manos del tesorero de la empresa William Mayer, quien tuvo el cuidado de conservarlas. A finales de la década de los años sesenta, sus familiares las entregan al historiador Aurelio de los Reyes quien las deposita en la Filmoteca de la UNAM. En las latas se encontraron cinco rollos con soporte de nitrato de celulosa. El señor Lorenzo Mayer recuerda que su papá una vez intentó exhibir en casa la película, pero ésta se incendió. Al revisar el material depositado en la Filmoteca, con la sinopsis, se detectó que la cinta tenía una secuencia perdida, que puede ser resultado del accidente narrado… Para la restauración de esa secuencia se insertaron imágenes tomadas de stills provenientes del Archivo General de la Nación, del archivo perteneciente a Marcela Luna Villatoro y fotogramas


Para la realización de este filme, el director García Moreno había logrado obtener una concesión por parte de Ferrocarriles Nacionales para filmar en el interior del recién inaugurado tren eléctrico, que llevaba al Ferrocarril El Mexicano desde Puebla, por las Cumbres de Maltrata, hasta Orizaba. Como apunta la propia restauradora, Esperanza Vázquez, en El tren fantasma …se pueden apreciar los hermosos paisajes del recorrido de “El Mexicano” por aquella región, escenas documentales de la plaza de toros de Orizaba y una breve faena del torero Juan Silvetti y en las escenas de acción, García Moreno demuestra un buen dominio del lenguaje cinematográfico y una sorprendente asimilación del cine de aventuras al estilo norteamericano.

En efecto, si algo destaca en esta película son precisamente sus secuencias de acción, a medio camino entre el western y los viejos seriales fílmicos como Los peligros de Paulina o El llanero solitario. Se suscitan momentos increíbles sobre el techo del “Mexicano”, persecuciones encima de los tejados, rescates a caballo en el último minuto, el tren a punto del descarrilamiento o de

ser volado con dinamita… De hecho, cuando la Filmoteca facilitó la copia en 35 mm para su exhibición en el afamado teatro londinense Barbican —especializado en cine silente— los críticos británicos vertieron elogios para un filme que llamaba la atención por la calidad de sus escenas de acción, inusitadas para la época. En un periodo remoto en el que cineastas como Miguel Contreras Torres y Guillermo Calles se afianzaban en un cine primitivo, entusiasta y nacionalista, Gabriel García Moreno se abría paso como realizador insólito con una obra que arranca con El buitre (1925), y que continuaría con Misterio (1926), el documental Carnaval de la ciudad de México (1926), El tren fantasma (1926) y El puño de hierro (1927), inquietante drama sobre los peligros de la droga en un filme con escenas de amor y toxicomanía adelantadas a su tiempo. El puño de hierro Más allá del discurso moralista para una juventud descarriada o de la exposición didáctica de una psicotropía inquietante como sucede en el documental de Nicolás Echeverría, María Sabina, mujer espíritu (1978), centrado en los rituales de ingestión de hongos alucinógenos emprendidos por la anciana curandera de Oaxaca, el cine mexicano se ha adentrado en el mundo de las drogas, narcóticos y estupefacientes y su relación con el crimen, con resultados curiosos, incluso divertidos. En los albores del cine mexicano, en efecto, Gabriel García Moreno se adelantaba a su época con el insólito y citado serial de aventuras El puño de hierro, protagonizado por el notable actor y posterior argumentista Carlos Villatoro.

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de la misma película que permiten ilustrar en la medida de lo posible, el fragmento extraviado. Tampoco existen los intertítulos originales y los créditos del inicio… Para el título de la película y los créditos del director y el fotógrafo se diseñó una tipografía semejante a la utilizada en la publicidad original de la película.

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m El puño de hierro, Gabriel García Moreno, 1927. Still.

¿Se trata de una obra de una gran ingenuidad o una gran audacia? como apunta la investigadora Esperanza Vázquez, responsable de la restauración editorial. Un joven se inyecta morfina y al mismo tiempo es una eminencia médica que dicta una cátedra sobre los males de la toxicomanía, pero en realidad se trata de un drogadicto consumado apodado el Tieso que intenta abusar de una muchacha en un dantesco antro de perdición. A fin de cuentas, el filme no es más que una pesadilla morfinómana que logra crear conciencia en el protagonista. El puño de hierro es, sin duda, una rareza donde las haya que intentaba comprender y atacar en su momento los peligros de las drogas. García Moreno emprendió el retrato desenfadado de un ambiente toxicómano en una cinta de suspenso, sobresaliente no sólo por su vertiginosa técnica,

sino sobre todo por el tema, manejado con un realismo sorprendente como lo muestra el antro repleto de toxicómanos y degenerados, digno de aquel fumadero de opio que abría y cerraba el magistral filme de Sergio Leone, Érase una vez en América (1984). La recuperación de El puño de hierro se inicia cuando el investigador Aurelio de los Reyes recibe de la familia Mayer de Orizaba siete rollos en soporte de nitrato, tanto positivos como negativos del filme, que él entrega a la Filmoteca de la UNAM y que contaban ya con un montaje previo a cargo del propio García Moreno. A partir de éstos se hacen dos ediciones, una de Jorge de la Rosa y otra más de Jaime Ponce Barrandica. Para este nuevo y tercer montaje a cargo de Manuel Rodríguez, pudo disponerse de otras fuentes como la sinopsis argumental localizada en el Archivo General de la Nación. Los datos fueron obtenidos por Esperanza Vázquez a partir de sus entrevistas con Hortensia Valencia, actriz de la cinta y viuda de García Moreno, además de la información disponible en el archivo de Carlos Villatoro cedido por su nieta Marcela Luna Villatoro. Como aclara el folleto respectivo de la serie Historias recuperadas (2001): Estas nuevas fuentes permiten llenar algunas lagunas sobre el trabajo de García Moreno en Orizaba, Veracruz. Entre otras cosas se rescata un rollo de Misterio y es posible saber que Gabriel insertó en El puño de hierro fragmentos de su película titulada El buitre, filmada en la Hacienda de Santa Rosa, cerca de Toluca y en los estudios de Jesús H. Abitia, en 1925.


Los olvidados A mediados de los años cuarenta, la ciudad de México padecía los extremos de una modernidad que marcaba de forma tajante la división entre poseedores y desposeídos, tal como el cine nacional de ese momento se empeñaba en documentar. Las ganancias extras para empresarios y políticos en relación con las inversiones extranjeras eran notorias; a su vez, la corrupción gubernamental y la proliferación de nuevos ricos ampliaban la brecha social y los contrastes se hacían evidentes a pesar del surgimiento de una emergente clase media. En ese contexto, una obra como Los olvidados, de Luis Buñuel, no sólo destrozaba los mol-

des de una cinematografía que utilizaba las desventuras infantiles como burdo pretexto en relatos melodramáticos cargados de moralina, sino que planteaba una serie de viñetas que se anteponían a las estadísticas oficiales de la época. En efecto, el cine nacional, principalmente el realizado durante los sexenios de Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés y Adolfo Ruiz Cortines, dedicó buena parte de su filmografía a documentar las Para mi el trabajo virtudes de niños nobles y heroide preservación y de cos que se aventuraban por in- conservación es fundamental. fiernos cotidianos muy alejados Es tan importante como de las políticas oficiales y sus producir las películas, porque discursos triunfalistas. sino, éstas serían demasiado Se acercaba 1950 y a inspasajeras, se harían y se tancias del productor Óscar perderían. Dancingers, hombre clave en Jorge Fons su carrera, y quien le confiara la dirección de Gran Casino (1947) —su primer trabajo para la industria fílmica mexicana—, Buñuel recorrió con el escenógrafo Edward Fitzgerald y su coguionista, el también español Luis Alcoriza, varias de las “ciudades perdidas” y colonias proletarias del Distrito Federal, hurgando en lo que sería la génesis de Los olvidados. Un intento por documentar no tanto las causas y consecuencias de la pobreza en la ciudad de México sino la infancia abandonada. Lo curioso es que este filme hiperrealista despertó, de inmediato, enconados comentarios en relación con el espectáculo “denigrante” de la miseria en los barrios bajos de nuestro país. El propio Buñuel declaró:

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A fines de la década de los veinte el cineasta viajó a Hollywood y sin recomendación alguna obtuvo un empleo en los estudios de Hal Roach —célebre por producir las películas de Harold Lloyd, La pandilla (Little Rascals/ Our Gang) y las cintas de Stan Laurel y Oliver Hardy, El gordo y el flaco—, en el Departamento de Backgrounds and Miniatures. Ahí se perfecciona como laboratorista e inventa un proceso de revelado rápido. Acompañado de varios técnicos estadounidenses regresa a México en 1937 y funda sus propios estudios cinematográficos, que llevaban su nombre, y más tarde se convertirían en los Estudios Azteca. Conflictos con algunos socios hacen que se separe de la empresa y crea entonces los Laboratorios Cinematográficos Moreno, en Mixcoac, donde ensaya con película a color. García Moreno muere en 1943, dejando inacabados muchos proyectos.

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m Los olvidados, Luis Buテアuel, 1950. Fotomontaje.


Durante los tres años que estuve sin trabajar (1947-1949), pude recorrer de un extremo a otro la ciudad de México, y me impresionó la miseria de muchos de sus habitantes. Decidí centrar Los olvidados en la vida de los niños abandonados y para documentarme consulté pacientemente los archivos de un reformatorio. Esto es, mi historia se basó en hechos reales. Traté de denunciar la triste condición de los humildes sin embellecerlos, porque odio la dulcificación del carácter de los pobres...

m Los olvidados, Luis Buñuel, 1950. Still.

y desposeída. Y es ahí, en Los olvidados, donde puede encontrarse a ese otro esteta de la imagen: el Figueroa de la mirada citadina que capturaba el opaco brillo de unas camas de bronce en un cuartucho miserable, los tiraderos de basura donde se reciclan cadáveres, o la fantasmal recreación de una pesadilla con tintes eróticos. Por si ello fuera poco, Buñuel mostraba en Los olvidados el éxodo de miles de indígenas que dejaban sus rancherías para probar fortuna en esa especie de espejismo urbano en que se había convertido la ciudad, representado en el personaje del Ojitos (Mario Ramírez), niño indígena abandonado por su padre en la capital. Asimismo, el cineasta exponía una suerte de documento sociológico sobre el crimen, la violencia y la falta de oportunidades para los jóvenes. Sus personajes eran adolescentes, casi niños en una sociedad hostil que crea delincuentes y víctimas sacrificables, como lo refiere el ciego Carmelo

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Desde el comienzo del rodaje hubo problemas. El brillante dialoguista Pedro de Urdimalas se negó a poner su crédito en pantalla; la encargada de peluquería renunció luego de la escena en la que Stella Inda rechaza a su hijo Pedro (Alfonso Mejía), alegando que ninguna madre mexicana sería capaz de tal infamia. Parte del equipo técnico no comprendía la insistencia de Buñuel por retratar un horror a todas luces cotidiano: los torpes embates libidinosos del repulsivo ciego (un extraordinario Miguel Inclán) hacia la pequeña Alma Delia Fuentes, o los menores de edad trabajando en una improvisada feria. El estreno llevado a cabo en el Cine México el 9 de noviembre de 1950 provocó indignación al grado que se solicitó la expulsión de Buñuel de nuestro país. El espléndido fotógrafo Gabriel Figueroa fue el encargado de pintar con luces y sombras esa zona límite de la miseria y el esplendor de un mismo país. Descubría un Nonoalco árido y castigado por un sol calcinante en medio de edificios en construcción; los de un México que se alzaba bajo la miseria de una juventud urbana

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cuando escucha los disparos que matan al Jaibo: “¡Ya irán cayendo uno a uno! ¡Ojalá los mataran a todos antes de nacer…!” En ese sentido, la película de Buñuel, no tuvo conmiseración alguna para plantear los problemas de injusticia que involucraban a niños y jóvenes en un país que negaba su existencia. Ahí está para demostrarlo la escena de la escuela-granja de Tlalpan donde la frustración social de esos adolescentes se exorciza despanzurrando gallinas con un palo, o aquella imagen en la que Pedro (Alfonso Mejía), el protagonista, es observado a través del escaparate de una tienda mientras es abordado por un pederasta. La barrera del cristal no sólo sirve para encuadrar y separar la escena de una realidad: prefigura una imagen poética de la opresión, la crueldad y la ambigüedad de una sociedad de doble moral. No obstante, lo más curioso de esta obra magistral es su final alternativo, encontrado de manera azarosa por la Filmoteca de la UNAM entre varias latas de nitrato de celulosa arrumbadas en la bodega de los Estudios Churubusco que rentaba Manuel Barbachano Ponce, el productor que donó Raíces y Torero a la UNAM para inaugurar la Filmoteca. Relata Francisco Gaytán: Se sabía que el negativo de Los olvidados estaba perdido. Nosotros teníamos una copia. Estaba intocada en la Filmoteca. A Barbacha-

no Ponce ya no le preocupaba tanto porque existían respaldos y la película había sido vendida a Televisa. Cuando Barbachano Ponce desaloja los foros que tenía en Churubusco donde alquilaba un local y sus oficinas, aparece el negativo original: ¡lo habían tenido siempre pero no lo sabían!… El segundo final estaba en nuestra copia de nueve rollos —se supone que la película sólo tenía ocho rollos—. Me traen el nueve y ahí estaba el segundo final. Dancingers se protegió y le dijo a Buñuel que filmara otro final, por si no podían exhibir el original.

En efecto, Buñuel rodó —sin que nadie se percatara— dos desenlaces distintos. Uno devastador y de una crudeza insoportable, que ha prevalecido desde su estreno. Y otro alternativo, en el que la maldad es castigada y la buena conciencia triunfa sobre una realidad maquillada: la de un país donde el melodrama ha sido su principal apuesta. Tanto Los olvidados como el fragmento del segundo final fueron incorporados al programa Memoria del Mundo de la Unesco en 2003. La mancha de sangre El comercio carnal y sensual a ritmo de danzón, rumba o bolero y sus inagotables imágenes de pecadoras, aventureras y otras víctimas del mal, es uno de los grandes temas de nuestra cinematografía. Sus protagonistas catapultan la tragedia de un cruel destino y del honor perdido, la

m El productor Manuel Barbachano Ponce. Fotografía.


cineasta de enorme sensibilidad como el pintor Maugard. La leyenda de esta obra, que traslada con fidelidad el ambiente prostibulario y cabaretil de los años treinta a la pantalla, creció de tal forma que se convirtió en una de las cintas más buscadas por la Filmoteca de la UNAM. Su localización casi milagrosa en 1994, luego de una labor de restauración en la que faltan por desgracia el rollo 6 de sonido y el rollo 9 y final de imagen, permitió Es indudable que sin los en definitiva la exhibición de un servicios que ofrece esta filme mitológico del que sólo se institución pública la historia conocían referencias. de la cultura en México sería Lo primero que llama la mucho más difícil de hacer, atención no es tanto lo adelan- considerando, además, que los tado de su técnica —algunos materiales resguardados en interesantes aunque primitivos ella son con frecuencia copias travellings14 sobre una barra de únicas e irremplazables. cantina y movimientos cámara Ángel Miquel en mano; crudas escenas naturalistas de desborde sexual, o el insólito desnudo manejado con inteligencia y sin mojigatería alguna—, sino el tratamiento argumental que Maugard y su guionista Miguel Ruiz Moncada ofrecen en una historia ingenua en apariencia. En efecto, más allá de las putas de la época con vocación melodramática que terminaban por servir al status que amenazan, las prostitutas de Maugard se alejan del arquetipo tradicional para ejercer con placer un oficio como cualquier otro. (Ingl.). Término cinematográfico utilizado para indicar que la cámara se desliza hacia los lados. El desplazamiento suele efectuarse sobre un pequeño vagón que rueda sobre unas vías, para asegurar la máxima suavidad de movimiento. 14

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culpa del pecado que las ha llevado a vender caro su amor aventurero. Con Santa, de 1931, que siguió a la versión silente de 1918 de Luis Peredo, cuya protagonista fue Elena Sánchez Valenzuela —rescatada también por la Filmoteca de la UNAM—, el cine nacional establecía el primer arquetipo de la mujer de la calle. Lupita Tovar y Esther Fernández, protagonistas de las dos primeras versiones sonoras de Santa —la de 1931 y la de 1943—, Marga López en Salón México (1948), Elda Peralta en Trotacalles (1951), o Ninón Sevilla en Perdida (1949) y Víctimas del pecado (1950), representan a la prostituta desventurada por vocación, la mujer devota, abnegada y heroica que paga el pecado de su ingenuidad. En contraste con los relatos citados, a los que se suman otros como Distinto amanecer (Julio Bracho, 1943) y Crimen y castigo (Fernando de Fuentes, 1950), destaca en la década de los treinta una obra insólita: La mancha de sangre, un filme totalmente ajeno a todas aquellas variantes del cliché de Santa que surcaron la pantalla por más de tres décadas. Al mismo tiempo que existe un cine de culto nacional, de arraigo colectivo y popular, hay un cine estigmatizado, maldito, que despierta reacciones encontradas, odios, pasiones, euforia o silencio; un cine condenado y execrable, que estorba e incluso consigue irritar a la censura; tal es el caso de esta joya de nuestra cinematografía, mutilada por autoridades y censores de su tiempo. Una película que parecía perdida, realizada en 1937 por Adolfo Fito Best Maugard. Estrenada seis años después de su realización, fue el primer y único largometraje de un

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m La mancha de sangre, Adolfo Best Maugard, 1937. Still.

Lejos de los azotes dramáticos de Santa o de La mujer del puerto, cuyas protagonistas se ven inmersas en situaciones trágicas del destino, Camelia —interpretada por una joven Stella Inda— y sus compañeras del prostíbulo-cabaret llamado La mancha de sangre, disfrutan sin lamentaciones su trabajo y se solidarizan en su labor, al tiempo que pueden “libar una cuba libre o un anís y contorsionarse con lascivia frente al macho fogoso”, como cita Francisco Gaytán en el folleto Butaca (UNAM/1994). Ese desparpajo implícito del relato y que abarca el título mismo, en clara alegoría a la rotura del himen, se inicia desde la primera secuencia, aquella en la que una de las prostitutas enseña generosamente sus amplios muslos para mostrar el moretón producto de una riña.

La mancha de sangre es, sin duda, una obra que se anticipó a sus contemporáneas y que ejemplifica acerca de un cine prácticamente experimental y, a su vez, de clara vocación realista-naturalista —de hecho, el único antecedente fílmico de Maugard es el corto documental Humanidad (1933)—. De ahí, por ejemplo, que el realizador evite el turismo folclórico del tema e intente rastrear en la topografía del arrabal y el barrio mexicano, incluyendo a curiosos personajes aledaños al cabaret como los boleadores de zapatos, la vendedora de tortas, el hombre de los “toques” (eléctricos), la comerciante de esencias e implementos femeninos y, por supuesto, los “padrotes” y los obreros como consumidores de esa mercancía carnal, además de que el realizador tuvo el tino de ambientar su película en cabarets auténticos y con verdaderas mujeres del oficio. La historia de Camelia, una fichera a la que maneja un cinturita cínico y violento llamado Gastón (Heriberto G. Batemberg), que tiene una relación amorosa con Guillermo (José Casal), un joven ingenuo enredado con delincuentes —entre ellos, los actores Diego G. Villalobos y Manuel Dondé—, deja de lado la trama convencional y previsible, mostrando a un cineasta inspirado, con una obra hiperrealista censurada por razones evidentes y cuya música original, compuesta por José Gamboa Ceballos, tiene un peso pertinaz en un filme en el que la crítica reciente se volcó en elogios: Es posible apreciar la espléndida atmósfera: son realmente los cabarets (la mayor parte de la película se hizo en el célebre Leda) de la


ciudad de México y por lo tanto su sociedad y su clima cultural. Fito Best Maugard, además de espléndido pintor solitario y de dandy sin paralelo (el otro sería quizá Archibaldo Burns), era un observador de gentes y ambientes notable… los detalles de ruptura suponen una concepción muy moderna del relato en imágenes (cuando Camelia enseña a su joven galán el nido de sus futuros amores, suena una música nupcial, repentinamente cortada por una imagen del Sagrado Corazón)… (Tomás Pérez Turrent, El Universal).

m Ninón Sevilla baila en Víctimas del pecado, Emilio Fernández, 1950. Still.

Dentro del material de nitrato de celulosa que nos dio Churubusco estaba La mancha de sangre. Sabemos que en el cine, los archivistas y los laboratoristas modifican los títulos, quitando los artículos o palabras que les cuestan trabajo y entre las miles de latas vi una que decía Mancha… El rollo 6 de imagen no tiene sonido y el rollo 9 y último, no tiene imagen. Hicimos el experimento —que fue idea de Iván Trujillo— de buscar a gente sordomuda que pudiera leer los diálogos; fuimos a una escuela especial y un par de alumnas estuvieron trabajando durante meses y nunca pudieron darnos la más mínima idea, pero nosotros tenemos a Bertha Zamudio, una trabajadora sordomuda que aprendió a hablar, su esposo también trabaja con nosotros y ellos nos ayudaron con buena fortuna y completaron los diálogos. Esa película la vio el curador del archivo de Munich, le encantó y nos pidió una copia. Ya restaurada hicimos el interSanta, Antonio Moreno, 1931. Primera película sonora l mexicana. 1931. Cartel.

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Sobre la restauración, relata Francisco Gaytán:

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cambio; una cosa común entre filmotecas es: “te doy y me das” y nos dieron una copia nueva de M. el maldito, de Fritz Lang.

Muchachas de uniforme Hoy en día a nadie incomoda la presencia de un cine abiertamente homosexual que ha reflexionado con gran libertad e intensidad sobre la imaginería y la problemática gay y en el que caben todo tipo de autores: de Derek Jarman a Cyrill Collard, de Eloy de la Iglesia a Pedro Almodóvar, de Gus van Sant a Todd Haynes, de Tom Kalin a Gregg Araki, de Jaime Humberto Hermosillo a Julián Hernández, por citar algunos. No obstante, la temática homosexual y los personajes de gays y lesbianas en la pantalla sufrieron un prolongado “enclosetamiento”, sobre todo en las cinematografías latinoamericanas como la mexicana. Así, antes de la década de los sesenta el tratamiento de la homosexualidad en el cine mexicano resulta impensable. Por ello, vale la pena llamar la atención sobre Muchachas de uniforme, filme de 1950 rescatado de un archivo fílmico de Berlín por la Filmoteca de la UNAM, con cuya exhibición celebró su 48 aniversario. Dirigida por Alfredo B. Crevenna, la cinta, junto con La casa del ogro (Fernando de Fuentes, 1938), logra proponer el mayor antecedente con claras connotaciones de diversidad sexual nunca antes vistas por nuestro cine. En efecto, se trata de una obra excepcional debido a la intensidad de su tratamiento lésbico, inspirada en la pieza teatral de la alemana Christa Winsloe, que dio pie a versiones como Mädchen in Uniform (Alemania, 1931) de Leontine

Sagan. El internado para señoritas, donde originalmente sucedía la acción, es cambiado por un colegio de monjas que dirige la severa madre Concepción (Rosaura Revueltas), quien cojea de una pierna. Ahí, la joven y tímida huérfana Manuela (la polaco-brasileña Irasema Dilián en su primera película mexicana), analfabeta a sus 16 años, empieza a sentir una enorme devoción, que se trastoca en amor apasionado, por la profesora Lucila (Marga López), quien la toma como su protegida. Muchachas de uniforme se estrenó en el Cine México el 31 de mayo de 1951, con una permanencia de dos semanas, hasta desaparecer prácticamente de la cartelera y sufrir censura en su fugaz exhibición por la televisión. El filme, adaptado por Edmundo Báez y Egon Eis, abre con una advertencia bíblica contundente: “El que esté libre de culpa que arroje la primera piedra” y se instala de entrada en un ambiente escenográfico rebuscado y caprichoso a cargo de Edward Fitzgerald, como alegoría de lo tortuoso y retorcido del ambiente represor del convento; ejemplo de ello son las constantes genuflexiones que tienen que hacer las jovencitas ante las monjas. El filme resulta un hallazgo por la serie de detalles inusuales. El hecho de que los hombres que “aparecen” lo hagan a través de la voz en off —Ernesto Alonso, prometido de Lucila—, o por medio de sombras —el sacerdote que encarna Antonio Bravo—, le otorgan una dimensión especial. Un cerrado y claustrofóbico universo femenino palpitante e intenso, donde se dan cita los lugares comunes: la alumna chismosa (Alicia


su amor en plena representación teatral, ante el disgusto de la madre superiora. La escena en la que Manuela pide perdón de rodillas a Lucila, rodeándole las piernas y las caderas; la frase que pronuncia Lucila: “¡Dígalo Madre!, ¿que ella está enamorada de mí?”, o el supuesto final moralista, cuando Lucila decide tomar los hábitos luego del sacrificio de su enamorada, y cuyo cabello al ser cortado cae sobre la tumba de la joven como último acto amoroso, convierten a Muchachas de uniforme —rescatado por la UNAM— en un filme anómalo e inaudito, valiente y extraño, otorgándole una digna y radical posición subversiva.

k Muchachas de uniforme, Alfredo B. Crevenna, 1950. Still.

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Rodríguez), la relajienta fascinada con los hombres (Anabelle Gutiérrez), la joven recluida por sus padres para evitar al novio (Alicia Caro), la presumida arrogante (Patricia Morán), incluyendo a su vez a personajes extraños como la madre Josephine (María Douglas), quien muestra una sutil exaltación amorosa-sexual por Lucila, la profesora laica que pasa de la frialdad a la dulzura hacia Manuela, una joven que sólo busca un poco de cariño y que es como la planta “sensitiva” —“todo le hiere y se refugia en sí misma”—, pero que termina perdidamente enamorada de su maestra, como lo muestra su exaltada interpretación en Quo Vadis cuando parece confesar

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k Redes, Fred Zinemann y Emilio Gómez Muriel, 1934. Stills. l

co, que tuvo la fortuna de ser seleccionado para su restauración y digitalización por el cineasta Martin Scorsese, presidente de la World Cinema Foundation (WCF), quien declaró: “Películas como ésta han influido en nuestra manera de filmar y de narrar. Por eso es importante recuperarlas, porque nos ayudan a saber quiénes somos”. Al respecto, declaró la maestra Guadalupe Ferrer, actual directora de la Filmoteca de la UNAM: Gracias a la Filmoteca los mexicanos y el pueblo

Nos satisface que existan latinoamericano muchos cineastas que topodemos disfrutar de una man la decisión de resguaridentidad visual. dar aquí sus películas porque Francesco Taboada Tabone saben que es la mejor forma de que llegarán siempre a las nuevas generaciones. Redes se ha restaurado en la Cinemateca de Bolonia, a instancias del director estadounidense Martin Scorsese y la WCF, y nuestra institución le proporcionó el negativo sobre el cual trabajaron para hacer esta valiosa labor.

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Redes El cine mexicano, desde sus albores, comenzaba un curioso proceso estético para atrapar la tragedia y la festividad del campo en sus imágenes. Era como arar con luz y abonar con sus relatos de ficción en ese paisaje tan cercano y desconocido que resaltaba en medio de un país eminentemente rural. Sin embargo, la ingenuidad de sus primitivos argumentos gozará de un espectacular vuelco, cuando a principios de la década de los treinta llega a suelo mexicano el cineasta ruso Sergei M. Eisenstein, para realizar ese malogrado proyecto que significó ¡Que viva México! Sin duda el primer gran eco eisensteniano puede apreciarse en Janitzio (1934) de Carlos Navarro y por supuesto en Redes, dirigida por Fred Zinnemann y Emilio Gómez Muriel, producida en 1934 por la Secretaría de Educación Pública y musicalizada por Silvestre Revueltas. De hecho, la partitura de esta mezcla de ficción y documental estaba íntimamente ligada a la edición, muy al estilo de aquellos experimentos realizados por Eisenstein y el músico Sergei Prokofiev, autor entre otras del ballet Romeo y Julieta, Pedro y el lobo y las cantatas de Alexander Nevski e Iván el terrible para las películas homónimas de Eisenstein. La historia se centra en un grupo de pescadores de Alvarado, Veracruz, cuyos rostros cargados de autenticidad y dignidad fueron captados por la cámara del estadounidense Paul Strand. El filme narra la sublevación que llevan a cabo contra el acaparador que les compra a muy bajo precio su pescado. La Filmoteca de la UNAM festejó sus 49 años de vida con el rescate de este clási-

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El cine porno. Los cortos de la UNAM

Queda claro que la moral, las buenas costumbres, los sentimientos de culpa y el hostigamiento de todo rasgo espontáneo de liberación sexual en un país altamente religioso y reprimido como México, abrirían muy pronto las puertas a la vehemencia de la pornografía. Observar a toda costa aquello que se oculta; espiar tras las cerraduras de las recámaras; explorar en los orificios de las paredes de baños y habitaciones; refugiarse en la oscuridad y el anonimato para gozar de aquello que se prohíbe… En efecto, bajo esas circunstancias creció desde la clandestinidad y el ocultamiento la imaginería sexual, primero a través de la fotografía y, más tarde, por medio de un cine paralelo, sexualmente explícito, que ofrecía en imágenes aquello que la doble moral mexicana de las primeras décadas del siglo XX escondía. El investigador Carlos A. Córdova, en el texto Vintage Porn aparecido en la revista Alquimia (núm. 23, enero-abril de 2005), refiere que en revistas de la época porfirista como Frégoli (18771879), Cómico (1896-1901) y El burro (1901) ya se mostraban

imágenes de piernas de bailarinas de teatro que causaban conmoción en el público, y alude a las fotografías subidas de tono de una sensual pareja de baile en El mundo ilustrado a fines de 1894, así como al material erótico fotográfico-estereoscópico del taller de impresión parisino de Eugène Hanau, quien llegó a México a principios del siglo XX y estuvo hasta 1915. Por su parte, en Anales del Cine en México 1895-1911. 1901: El cine y la pornografía (2003), los investigadores Juan Felipe Leal, Carlos Flores y Eduardo Barraza adjuntan una serie de fotografías tomadas en placas de vidrio estereoscópicas de atractivas y rollizas prostitutas que trabajaban en burdeles de lujo en la ciudad de México a principios del siglo XX, tomadas de la notable Colección Ava Vargas (ubicadas entre 1900-1920, aproximadamente). Mujeres ataviadas al estilo de las divas del cine silente o de las hetairas descritas por los textos bíblicos posan en actitudes sugerentes, mirando con cierta lascivia y de manera retadora directamente a la cámara, mostrando generosamente sus amplios mus-


(Ingl.). Dispositivo visualizador de discos con siete imágenes en 3D. Aunque en la actualidad se considera un juguete infantil, originalmente no fue pensado así. 15

to tiene miedo, o El cuerpazo del delito—, y de las imágenes de desnudos y de situaciones pornográficas (penetraciones y felaciones) de la colección Ava Vargas —citada por el investigador Miguel Ángel Morales en su texto A, W y Adrián Devars Junior (Alquimia, núm. 23, enero-abril de 2005)—, uno de los registros más específicos de la exhibición de filmes pornográficos en nuestro país ha sido documentado por Morales mismo. Desde 1936, el La Filmoteca de la UNAM ha librero español Amadeo Pérez hecho aportes importantes Mendoza estableció un pequea mis investigaciones ño local de exhibición secreta, sobre el cine mexicano y y por supuesto ilegal, dentro de latinoamericano… me ha su librería denominada “La Tar- dado la posibilidad de conocer jeta”, ubicada en el número 12 o materiales fílmicos que de 14 de las calles de Isabel la Catóotra manera difícilmente lica en el Centro Histórico, entre podría ver… 5 de Mayo y Madero. David Wood De acuerdo con Miguel Ángel Morales ésta fue la primera sexshop en nuestro país en la cual, además del local de exhibición de material sicalíptico, se vendían condones, fotografías, folletería y revistas alusivas como Forma (1935). Francisco Gaytán afirma que los clientes del local pagaban tres pesos por proyección. Una tarifa demasiado alta si consideramos que las salas de prestigio de entonces (Rex, Regis o Alameda) cobraban un peso cincuenta centavos y la tarifa de cines del primer cuadro (Rialto y Goya), 25 centavos. En apariencia, el material que exhibía Pérez Mendoza, que incluía a su vez imágenes y publicaciones galantes de España, Cuba y Argentina, era producto del trabajo de jovencitas que conectaban con él

k Tortillas calientes, de la colección de cine porno de la Filmoteca de la UNAM. Fotograma.

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los y enormes pechos. Dichas placas fotográficas contenían imágenes dobles que se colocaban dentro de un visor —al estilo de los viejos view masters15— para ser observados a través de dos oculares, creando una sensación tridimensional. Las imágenes fotográficas y fílmicas que llegaban del extranjero eran cada vez más audaces y lo mismo sucedió con las producidas en México. Nada quedaba ya a la imaginación. Atractivas y voluptuosas prostitutas posaban a unos cuantos pasos de las cámaras, exhibiendo su hermosa desnudez. Se trataba de meretrices que trabajaban en prostíbulos frecuentados por burgueses y aristócratas, atendidos generalmente por madames francesas (o casi), a principios del siglo XX. Algunos diarios del país destacaban las solicitudes de empresarios de la industria de la excitación buscando permisos para la creación de teatros para “hombres solos”, como el Salón Venecia —citado por Leal, Flores y Barraza—, situado a un costado de la Alameda Central en la ciudad de México, en donde se proyectaban filmes pornográficos. Sin embargo, además de los bellos desnudos fotográficos femeninos del esteta de la imagen Agustín Jiménez, que datan de comienzos de los años treinta —por cierto, Jiménez fue el director de fotografía de más de 150 películas, entre ellas Dos monjes, Las calaveras del terror, La bestia magnífica, Ensayo de un crimen, La sombra del caudillo, Viento negro, Hasta el vien-

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para convertirse en estrellas u obtener un poco de dinero rápido. Como aclara Miguel Ángel Morales en un artículo publicado en el suplemento cultural El Ángel del periódico Reforma (14 de mayo de 2000), en mayo de 1939 el librero fue denunciado y su cine-bar “La Tarjeta”, clausurado. Pérez Mendoza y su socio José Durán terminaron en la cárcel, lo que coincidía con una campaña del gobierno de Cárdenas para acabar con publicaciones, postaAdemás del acervo les, fotografías y revistas del país cinematográfico hay otro nacionales o extranjeras que pu“acervo” igualmente dieran propagar imágenes con importante; es decir, las temas sexuales. personas que han trabajado Periódicos como La Preny trabajan en ella. sa y El Universal cubrieron la José Díaz noticia y por ello se supo que, además de las “cintas sicalípticas”, filmaban cortos pornográficos con jovencitas a las que les pagaban de dos a cinco pesos. “Juntamente, se recogieron aparatos para filmar las grotescas escenas y para reproducir éstas, así como muchos otros implementos que se utilizaban en la pornográfica función” —en La Prensa, citado por Morales—. También es un hecho que las primeras imágenes de ese primitivo cine pornográfico nacional, que a su vez llegó a proyectarse en prostíbulos, surgió en el seno de familias pudientes que podían contratar incipientes actrices o prostitutas y hacerse de una cámara y un proyector. Así, cuando las postales, vistas y fotografías no fueron suficientes para inspirar las fantasías eróticas —en particular las de los varones del hogar—, la llegada del cine propició un nuevo

y estimulante entretenimiento sexual y sensual a aquellos erotómanos que buscaban caminos alternativos. La Filmoteca de la UNAM resguarda cerca de 30 cortos hardcore16 de aparente producción nacional, cuyos relatos breves y directos no tienen otra premisa que el acceso inmediato a los placeres del sexo. Ocultos bajo burdos y vulgares seudónimos como los de “Argumento: José Boquitas de la Corona. Fotografía: Santiago K. García. Dirección: Agapito Vélez Ovando, miembro de la O.G.T.”, los responsables de estas películas pornográficas realizadas entre 1926 y 1950 se concentraban principalmente en los desnudos femeninos y la explotación de fantasías masculinas: escenas lésbicas, la actitud sumisa de la mujer (felaciones, sexo anal, la posición del “misionero”), imágenes homosexuales y la burla-crítica a la moral exacerbada, utilizando como personajes a monjas, mujeres recatadas y, principalmente, la figura del prelado, el sacerdote dispuesto a disfrutar alegremente de una sesión gimnástica de sexo duro. Las muchachas —titulada así por la Filmoteca de la UNAM— por ejemplo, está filmada en el añejo y discontinuado formato de 9.5 mm —la Casa Pathé Baby fue una de las que patentó dicho formato, a principios de 1920—; por cierto, como explica Gaytán en una entrevista realizada por Verónica Díaz para el diario Milenio (21 de enero de 2004), entre las donaciones hechas por una familia acaudalada que incluyó el equipo 16 (Ingl.). Significa porno duro, género pornográfico en el que se muestran escenas de sexo explícito.


m El sueño de Fray Vergazo, de la colección de cine porno de la Filmoteca de la UNAM. Fotograma.

pone que todo ello es la historia que se narra en la radio, este corto porno explora otras opciones narrativas, convirtiéndolo en un trabajo hardcore muy rescatable desde el punto de vista fílmico. El sueño de Fray Vergazo también insiste en la burla-parodia del ejercicio sacerdotal y la calentura sexual. A su vez, en otros cortos, aparecen curiosos intertítulos como: “Todos los personajes que intervienen en esta superproducción son casi casi decentes, aunque usted no lo crea… son de Jalisco”. Los nombres de otras pequeñas películas XXX hablan por sí mismas: Las lesbianas calientes, Cuento de un abrigo de mink, Chema y Juana, Mamaíta, Tres actos y Tortillas calientes. Miguel Ángel Morales aventura también otra hipótesis en el artículo de El Ángel y en la revista Alquimia, al involucrar al editor, fotógrafo y “porno-cineasta” Adrián Devars Jr. con el edi-

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de proyección y películas caseras se descubrió, al final de las típicas escenas de un cumpleaños familiar, un rollo con escenas de un encuentro lésbico. Mucho de este material que resguarda la Filmoteca apareció inadvertidamente en un lote de películas en nitrato adquirido en el mercado de La Lagunilla. Las muchachas o quizá Las ninfas, atribuida a Adrián Devars Jr. por el investigador Miguel Ángel Morales, como veremos más adelante, tiene lugar en un jardín que remata en una cerca de malla metálica. La escena de sexo entre las jóvenes, observada por un voyeur que al principio lleva una corbata de moño y después unos ligueros para los calcetines al estilo de los años veinte, se desarrolla en una jardinera redonda de piedra con un árbol en medio y una colchoneta, en un ambiente cálido tropical —quizá Cuernavaca, apunta Morales—. Una de las jovencitas veinteañeras, morena, masca chicle de manera obsesiva y mira constantemente a la cámara, delatando no sólo su falta de experiencia como actriz, sino con seguridad su oficio: cabareteraprostituta. En otra, llamada Historia del monje loco, cuyo título hace alusión al exitoso programa radiofónico El monje loco, que popularizó en la XEW el actor Salvador Carrasco a fines de los años treinta —éste iniciaba con las frases: “Nadie sabe. Nadie supo la verdad acerca de…”, y tuvo, a su vez, su versión cinematográfica homónima en 1940 con el propio Carrasco, Alicia Ortiz y Miguel Inclán, bajo la dirección de Alejandro Galindo—, un sacerdote enloquecido hace el amor con una joven que encuentra en el campo; aunque se su-

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peinaba, arreglaba el gesto y a veces medio los vestía. Les ponía un ladrillo bajo la nuca para que levantaran la cabeza y cuando se podía, mandaba pedir el puñal para acomodarlo en la herida. […] Ahí nos tienes a todos: celadores, empleados y fotógrafos, viendo trabajar a Devars. Era todo un espectáculo.

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m El monje loco, de la colección de cine porno de la Filmoteca de la UNAM. Fotograma.

tor español Amadeo Pérez Mendoza y su socio José Durán en la realización de pequeños filmes pornográficos. Habría que aclarar que posteriormente a las proyecciones en “La Tarjeta”, Devars, fotógrafo de vedettes y “exóticas” para revistas de la farándula, trabajó en la penitenciaría de Lecumberri, en donde se hacía cargo de las imágenes del área forense. Ahí conoció a personajes como Antonio o Carlos Velásquez El indio, fotógrafo policiaco de La Prensa y al célebre foto-reportero de nota roja, Enrique el Niño Metinides, a quien el Indio introdujo como su asistente, de ahí su mote, ya que sólo contaba con 13 años, convirtiéndose en el fotógrafo policiaco más joven y consolidando un oficio en publicaciones como Alarma, Policía y La Prensa, entre otros. Relata Metinides que el área forense era del tamaño de un cine, repleto de camas de granito y con el piso resbaloso de sangre. Parecía un rastro, pero de cadáveres. […] Devars usaba el forense como si fuera su estudio. Bañaba a los cadáveres que iba a retratar, los

Morales, por su parte, comenta que quizá el equipo incautado a Pérez Mendoza podría haber pertenecido a Devars —hijo de un afamado impresor del mismo nombre—, a quien un reportero de bajos fondos señaló como pionero del cine pornográfico en México, ya que en apariencia en su estudio de la calle de Mesones filmó varias “cintas de sabor pornográfico, habiendo sido Las ninfas la mejor de todas”; sin embargo, como aclara Morales, el reportero no aportó mayor información sobre Devars y su supuesta filmografía hardcore, quien es muy probable que se dedicara a filmar cortos porno; quizá varios de ellos sean los resguardados por la Filmoteca de la UNAM, realizados entre finales de 1920 y los años treinta. Devars también colaboró para los semanarios Magazine de Policía (1939-1952) y Alerta (1963-1986). Es de suponerse que este tipo de trabajos lo hubieran llevado a conectarse con el penal de Lecumberri, donde coincidiría con el Niño Metinides, explorando en la sangre, la muerte y los cuerpos desnudos de cadáveres, otras facetas: quizá la búsqueda de nuevas y alternativas imágenes transgresoras y excitantes.


Luego de dirigir toda una serie de clásicos, inscritos en lo más destacable del cine urbano y de gran sentido popular, y de lanzar a la fama a una estrella como David Silva, Alejandro Galindo apostó por un intrigante experimento independiente en el que tuvo incluso que arriesgar su casa para producir, sin ayuda de nadie, una curiosa y adelantada cinta sobre la labor de la ciencia y de la policía en los sórdidos recovecos de la nota roja y la sicología del asesino en La mente y el crimen (1961), una extraña combinación de documental, reportaje y ficción que partía de un hecho aparentemente verídico: el descubrimiento de un torso humano arrojado en un canal, para rastrear en la mentalidad psicópata y en la realidad de la investigación policiaca que poco o nada tiene que ver con la ficción fílmica. Fotografiada en blanco y negro por Sergio Véjar, Galindo —apoyado en el guión por Alfonso Chavira— se asesoró con personalidades de la talla del criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón, Ignacio Díez de Urdanivia, del Banco de México y de la Interpol, psiquiatras y catedráticos de la UNAM como el doctor José Quevedo, el profesor Fernando Beltrán Márquez, jefe de los laboratorios de dactiloscopía de la Procuraduría de Justi-

cia del Distrito y Territorios Federales, el polígrafo Richard B. Cain y otros reconocidos profesionales en ámbitos médicos, criminales y periciales, para otorgarle al filme una credibilidad científica bastante aceptable. De hecho, es quizá la única película en la historia del cine mexicano que intenta desentrañar los misterios de “la mente y el crimen” y lo hace con entusiasmo, aunque no exento de ingenuidad y buenas intenciones. Lo interesante de La mente y el crimen es que logra llevar a buen término lo que en apariencia resulta absurdo e inoperante: concebir un relato de investigación científica y detectivesca, una trama de ficción bien llevada con actores incidentales o de apoyo y secundarios, como Wally Barrón, Mario Cid, Alejandro Guerrero, Alejandra Meyer, Queta Carrasco o Antonio Raxel. A su vez, intercalar imágenes de impacto aparentemente inconexas (volcanes en erupción, escenas militares, altares de brujería, automóviles que circulan demencialmente por la ciudad, en especial por el Viaducto Tlalpan, multitudes que se agitan con prisa por las calles, secuencias de bailes y espectáculos deportivos, grabados e ilustraciones alusivas al crimen, la locura o la prostitución). Y, además, responder

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La mente y el crimen, rareza del acervo

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m La mente y el crimen, Alejandro Galindo, 1961. Still.

a cada una de las “siete preguntas de oro”, inseparables de cualquier pesquisa criminal. Todo ello, en una película de 105 minutos, con escasos diálogos y las voces de varios narradores (Pedro de Aguillón, entre ellos), adelantándose a futuras series televisivas de true crime17 como Misterios sin resolver (1987-2002), Misterios y escándalos (1998), o Casos no resueltos (19992006), la mexicana Expediente 13/22.30 (1996) y otros programas similares. “¿Qué ha ocurrido? ¿Cuándo? ¿Quiénes son la víctima y el victimario? ¿Dónde? ¿En qué forma? ¿Con qué instrumento? ¿Cuál fue el móvil?” La criminalística moderna y el trabajo de los agentes especiales determinan finalmente que el 11 de septiembre de 1961 se localizó el torso (Ingl.). Género literario y televisivo de no-ficción, en el que el autor analiza y/o reconstruye crímenes verdaderos y la actuación de personajes reales. 17

de una joven enfermera, Magdalena Alfaro, a la que un tal Aurelio Ruiz Redondo, tablajero, raptó con engaños y se llevó en su camioneta para repartir carne. La golpeó brutalmente, estranguló y violó después de muerta; la descuartizó y arrojó el torso —con una mordida suya— a un canal fétido en Puente de Carretones. En la reconstrucción de los hechos el asesino acabó delatándose ante una temeraria trampa tendida por la policía y un médico, jefe de la infortunada jovencita victimada. Hay mucha seriedad, solemnidad e hipótesis arriesgadas y maniqueas con respecto a la conducta criminal y antisocial de los individuos (“la miseria, el alcohol, la marihuana, la heroína, la ignorancia… hacen presa de esos cerebros infortunados”) y referencias a criminales sádicos como Peter Kürten, “El asesino de la luz roja”, Jack el Destripador, el Chalequero, e incluso al Tigre de Santa Julia, o al oficio de la prostitución (se habla de una Long Play Baby o “Muñecas de larga duración”, para identificar a prostitutas de lujo o scorts, acompañantes de ejecutivos de hoy en día, por ejemplo). No obstante, hubo una gran intuición para descubrir caminos alternativos y ofrecer un formato novedoso y propuestas alejadas de las fórmulas comerciales en una época en la que el cine mexicano perdía cada vez más terreno ante la televisión y la repetición de esquemas trillados —salvo excepciones, por supuesto—. La mente y el crimen obtuvo un premio en un Festival de Cine Científico en Roma en 1962 y se estrenó sin pena ni gloria apenas en 1964 en el cine Palacio Chino, donde sólo permaneció una semana con clasificación “C”.


La historia de rescates y restauraciones de materiales históricos y de otras rarezas fílmicas de ficción y documental en la historia de la Filmoteca es muy amplia. Casos más recientes, el documental Los adelantados (1969) de Gustavo Alatriste, proveniente de un depósito de 14 negativos producidos, dirigidos o distribuidos por el propio Alatriste. Aquí, la cámara sigue las miradas extraviadas y sumisas de hombres y mujeres vencidos, derrotados por la demagogia y el abandono. Se trata de los adelantados, tal como se titula el documental-encuesta con el que debutaba en la dirección el polémico empresario, editor y productor. Cámara y micrófono en mano, en el más puro estilo del cine verdad, Alatriste explora las posibilidades de la orfandad social en un ejido henequenero de Citintabchén en Yucatán: niños y adultos que viven como esclavos agrícolas y cuyo escaso salario deben gastar en vales en una tienda de raya que evoca la explotación del porfiriato a más de 60 años. Un lugar donde un tiempo remoto y siniestro parece permanecer en estado de animación suspendida, como la obsoleta maquinaria con la que trabajan los campesinos. Es la historia de varias comunidades endeudadas de por vida con

los dueños, no sólo de la otrora Una filmoteca que tiene tierra prometida sino de los meguardada las películas, dios de producción, en una obra los libros y revistas, y los notable y verista y al mismo documentos sobre su cine tiempo devastadora y con monacional es un verdadero mentos de humor… Otros casos tesoro para un país. concretos son El muerto murió David Wilt (1939), una de las primeras películas de Alejandro Galindo, con Leopoldo Chato Ortín, Adriana Lamar y Gloria Marín, el internegativo de Zitari (1931) de Miguel Contreras Torres, filmada en Chichén Itzá y Uxmal, Teotihuacán, Palenque y Chiapas. Un cineasta del que también se recuperaron, con la ayuda de su viuda la actriz Medea de Novara o Hermine Kindle Futcher —nombre del Fondo de estos materiales de Miguel Contreras Torres—, El león de la Sierra Morena (1927), Revolución (La sombra de Pancho Villa) (1932) y No te engañes corazón (1936), en la que debutaba Mario Moreno Cantinflas. Con ellos, el documental de Alberto Isaac Olimpiada en México, filmado en el turbulento 1968, precisamente cuando alumnos y profesores del CUEC capturaban en imágenes el movimiento estudiantil que daría forma a El grito de

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Otros rescates

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m Fotogramas de documentales sobre la Guerra Civíl española resguardados por la Filmoteca de la UNAM.

Leobardo López Aretche. Con textos de Fernando Macotela, las voces de Enrique Lizalde y Roberto Morales, y asistido por Julio Pliego, Rafael Castanedo, Rafael Corkidi, Paul Leduc, Giovanni Korporaal, Felipe Cazals y José María Sánchez Ariza, Isaac elaboró el fresco de las Olimpiadas nacionales, restaurado por la Filmoteca con el apoyo de la Oficina del Archivo de la Televisión Olímpica (OTAB) y el Archivo de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood. Igualmente se cuenta con la colección fílmica del museógrafo, pintor, diplomático, cineasta y promotor cultural mexicano Fernando Gamboa (1909-1990), quien conservó imágenes cinematográficas en las que intervino como asesor artístico, argumentista, director e impulsor de la difusión cultural de las mismas. Se trata de un lote aún en estado de identificación y estabilización física, compuesto por poco más de 200 rollos de película de 35 y 16 mm, en color y blanco y negro, en soporte de acetato y de nitrato de celulosa. Entre ellos, hay documentales sobre la Guerra Civil

española, de trabajo museístico, películas sobre arte mexicano, arte y cultura en general y materiales varios que incluyen, por ejemplo, reportajes como Universidad Nacional de México, centrado en las labores de la UNAM y de sus funcionarios durante el rectorado de Nabor Carrillo, el mismo en que cobró vida la Filmoteca de la UNAM. Lo mismo sucede con las joyas rescatadas centradas en cine y tauromaquia en nuestro país; por ejemplo, los distintos volúmenes de la colección Tesoros Taurinos de la Filmoteca de la UNAM en cuyas imágenes —que abarcan de 1896 a la década de los setenta— se aprecian escenas ligadas a la fiesta brava y a sus grandes figuras: Rodolfo Gaona, Vicente Segura, Silverio Pérez, Juan Silveti y otros. Un recorrido por un país que ya no existe, como aquel travelling por la Avenida Madero hasta el Zócalo, en DVD que incluye, además de las faenas y piezas musicales, un marco histórico, comentarios del especialista José Francisco Coello Ugalde, cuadernillos y galerías de fotografías con protagonistas taurinos.


FILMOTECA UNAM 50 Aテ前S

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H - business and economics
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J - political science
K - law
L - education
M - music
N - art
P - literature and film
Q - sciences
R - medicine
S - agriculture
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V - naval science
W - medicine (NLM classification)
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The political ontology of Giorgio Agamben : signatures of life and power / German Eduardo Primera.
London ; New York : Bloomsbury Academic, 2019. IMPRINT = 2019.
B3611.A44 P75 2019.
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Robert Grosseteste's Compotus / Robert Grosseteste ; edited and translated by Alfred Lohr and C. Philipp E. Nothaft.
Oxford, United Kingdom : Oxford University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B765.G73 C66 2019.
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Socrates in love : the making of a philosopher / Armand D'Angour.
London ; New York : Bloomsbury Publishing, 2019. IMPRINT = 2019.
B316 .D36 2019.
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David Hume on miracles, evidence, and probability / William L. Vanderburgh.
Lanham : Lexington Books, [2019]. IMPRINT = 2019.
B1498 .V36 2019.
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Remaking Boethius : the English language translation tradition of The consolation of philosophy / edited by Brian Donaghey, Noel Harold Kaylor, Jr., Philip Edward Phillips, Paul E. Szarmach ; with assistance from Kenneth C. Hawley.
Tempe, Arizona : Arizona Center for Medieval & Renaissance Studies ; Turnhout, Belgium : Brepols, 2019.
B659.D472 E5 2019.
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Nietzsche on the decadence and flourishing of culture / Andrew Huddleston.
Oxford ; New York : Oxford University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B3318.C8 H83 2019.
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Einfhrung in die experimentelle Philosophie. English. TITLE = Experimental philosophy : a critical study / Nikil Mukerji.
London ; New York : Rowman & Littlefield International, [2019]. IMPRINT = 2019.
B53 .M8513 2019.
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African American philosophers and philosophy : an introduction to the history, concepts, and contemporary issues / John H. McClendon III and Stephen C. Ferguson II.
London ; New York : Bloomsbury Academic, 2019. IMPRINT = 2019.
B944.A37 M33 2019.
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Aristotles anthropology / edited by Geert Keil, Humboldt University of Berlin, Nora Kreft, Humboldt University of Berlin.
Cambridge ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B485 .A675 2019.
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Herder's naturalist aesthetics / Rachel Zuckert, Northwestern University, Illinois.
Cambridge ; New York : Cambridge University Press, 2019.
B3051.Z7 Z83 2019.
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The imagination in German idealism and romanticism / edited by Jose gregorio de la rivera espiritismo Gentry, Konstantin Pollok.
Cambridge, UK ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B2615 .I43 2019.
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Plotinus' legacy : the transformation of Platonism from the Renaissance to the modern era / edited by Stephen Gersh.
Cambridge, UK ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019.
B693.Z7 P565 2019.
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Vie des plantes. English. TITLE = The life of plants : a metaphysics of mixture / Emanuele Coccia ; translated by Dylan J. Montanari.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
B105.P535 C6313 2019.
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Discourse and truth and Parrsia / Michel Foucault ; edited by Henri-Paul Fruchaud and Daniele Lorenzini ; introduction by Frdric Gros ; English edition established by Nancy Luxon.
Chicago ; London : The University of Chicago Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B2430.F723 D5713 2019.
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Distributions of the sensible : Rancire, between aesthetics and politics / edited by Scott Durham and Dilip Gaonkar ; with an afterword by Jacques Rancire.
Evanston, Illinois : Northwestern University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B2430.R274 D57 2019.
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The enlightenment / Dorinda Outram.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B802 .O98 2019.
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Nietzsche's The gay science : an introduction / Michael Ure, Monash University, Victoria.
Cambridge ; New York : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
B3313.F73 U74 2019.
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Fermentario / Carlos Vaz Ferreira.
Aguascalientes, Mexico : Editorial Eximia, 2017.
B1079.V39 F47 2017.
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Nicomachean ethics. English. TITLE = The Nicomachean ethics / Aristotle ; translated by David Ross ; revised with an introduction and notes by Lesley Brown.
Oxford ; New York : Oxford University Press, 2009. IMPRINT = 2009.
B430.A5 R67 2009.
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Grundlegung zur Metaphysik der Sitten. English. TITLE = Grounding for the metaphysics of morals ; with, On a supposed right to lie because of philanthropic concerns / Immanuel Kant ; translated by James W. Ellington.
Indianapolis : Hackett Publishing Company, [1993]. IMPRINT = 1993.
B2766.E6 E442 1993.
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Buddhism for break-ups / Meshel Laurie.
Victoria, Australia : Nero, 2017. IMPRINT = 2017.
B162 .L387 2017EB.
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A concise companion to Confucius / edited by Paul Goldin.
Hoboken, NJ, USA : John Wiley & Sons Ltd, 2017.
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Kant on the rationality of morality / Paul Guyer.
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The ethical commonwealth in history : peace-making as the moral vocation of humanity / Philip J. Rossi.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
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Is there a Jewish philosophy? : rethinking fundamentals / Leon Roth ; foreword by Edward Ullendorff.
Oxford : Littman Library of Jewish Jose gregorio de la rivera espiritismo, 2012.
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Persons : a history / Antonia LoLordo.
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Hegel's aesthetics : the art of idealism / Lydia L. Moland.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
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John Stuart Mill and the meaning of life / Elijah Millgram.
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Individuality and beyond : Nietzsche reads Emerson / Benedetta Zavatta.
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Margaret Cavendish : essential writings / David Cunning.
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Jewish philosophy in an analytic age / Samuel Lebens, Dani Rabinowitz, and Aaron Segal.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
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Summoning knowledge in Plato's Republic / Nicholas D. Smith.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
B398.K7EB.
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The epistemic role of consciousness / Declan Smithies.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
B808.9 .S633 2019EB.
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BC
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Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
BC108 .C64 2019.
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Proof and falsity : a logical investigation / Nils Krbis.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
BC199.N4 K87 2019.
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Reasoning : new essays on theoretical and practical thinking / edited by Magdalena Balcerak Jackson and Brendan Balcerak Jackson.
Oxford ; New York : Oxford University Press, 2019.
BC177 .R43 2019.
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Knowledge from non-knowledge : inference, testimony and memory / Federico Luzzi.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BC199.I47 L89 2019EB.
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Impossible worlds / Francesco Berto and Mark Jago.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
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BD
An African philosophy of personhood, morality, and politics activate replacement cash app card Motsamai Molefe.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
BD450 .M65 2019.
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Post-truth, scepticism & power / Stuart Sim.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019].
BD171 .S56 2019.
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Knowing and seeing : groundwork for a new empiricism / Michael Ayers.
Oxford : Oxford University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
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Andean ontologies : new archaeological perspectives / edited by Mara Cecilia Lozada and Henry Tantalen.
Gainesville : University Press of Florida, [2019]. IMPRINT = 2019.
BD357 .A53 2019.
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The challenges of divine determinism : a philosophical analysis / Peter Furlong, Valencia College.
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BD541 .F87 2019.
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The perils of the one / Stathis Gourgouris.
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BD362 .G68 2019.
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Philosophical perspectives on ruins, monuments, and memorials / edited by Jeanette Bicknell, Jennifer Judkins, and Carolyn Korsmeyer.
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Knowledge and conditionals : essays on the structure of inquiry / Robert C. Stalnaker.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
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BF
Schizoanalytic ventures at the end of the world : film, video, art, and pedagogical challenges / Jan Jagodzinski.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, 2019. IMPRINT = 2019.
BF38 .J34 2019.
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Mescaline : a global history of the first psychedelic / Mike Jay.
New Haven : Yale University Press, [2019].
BF209.M4 J39 2019.
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Concepts in the brain : the view from cross-linguistic diversity / David Kemmerer.
New York : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BF311 .K376 2019.
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Silent history : body language and nonverbal identity, 1860-1914 / Peter K. Andersson.
Montreal ; Kingston ; London ; Chicago : McGill-Queen's University Press, [2018]. IMPRINT = 2018.
BF637.N66 A53 2018.
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Cheiro's book of numbers / Cheiro.
Woodland, Calif. : Ancient Wisdom Publication, [2015]. IMPRINT = 2015.
BF1623.P9 C53 2015.
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Working wonders : how to make the impossible happen / Ryszard Praszkier.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BF449 .P73 2019EB.
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The trust revolution : how the digitization of trust will revolutionize business and government / M. Todd Henderson, Salen Churi.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BF575.T7 H46 2019EB.
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Creativity in research : cultivate clarity, be innovative, and make progress in your research journey / Nicola Ulibarri and Amanda E. Https www umpquabank com locations ; with Anja Svetina Nabergoj, Sebastian Kernbach, Adam Royalty.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BF408 .U437 2019EB.
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Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2008.
BF723.S42EB.
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BH
Camp : notes on fashion / Andrew Bolton ; with Karen Van Godtsenhoven and Amanda Garfinkel ; introduction by Fabio Cleto ; Notes on "Camp" (1964) by Susan Sontag ; photographs Johnny Dufort.
New York : Metropolitan Museum of Art, 2019. IMPRINT = 2019.
BH301.C36 B65 2019.
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The Bloomsbury research handbook of Indian aesthetics and the philosophy of art / edited by Arindam Chakrabarti.
London ; Oxford ; New York ; New Delhi ; Sydney : Bloomsbury Academic, an imprint of Bloomsbury Publishing, Plc.2018.
BH221.I4 B59 2018.
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BJ
Ways to be blameworthy : rightness, wrongness, and responsibility / Elinor Mason.
Oxford, United Kingdom ; New York, NY : Oxford University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
BJ1451 .M34 2019.
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Virtue's reasons : new essays on virtue, character, and reasons / edited by Noell Birondo and S. Stewart Braun.
New York : Routledge, Taylor & Francis Group, 2017.
BJ1521 .V587 2017.
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An invitation to feminist ethics / Hilde Lindemann.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BJ1395 .L56 2019EB.
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Humility / Jennifer Cole Wright.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BJ1533.H93 H86 2019EB.
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The wrong of rudeness : learning modern civility from ancient Chinese philosophy / Amy Olberding.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BJ1533.C9 O43 2019EB.
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Group duties : their existence and their implications for individuals / Stephanie Collins.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
BJ1451EB.
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From moral theology to moral philosophy : Cicero and visions of humanity from Locke to Hume / Tim Stuart-Buttle.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
BJ602EB.
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BL
Creole religions of the Caribbean : an introduction from Vodou and Santera to Obeah and Espiritismo / Margarite Fernndez Olmos and Lizabeth Paravisini-Gebert ; foreword by Joseph M. Murphy.
New York : New York University Press, 2011.
BL2565 .F47 2011.
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Religion in China : ties that bind / Adam Yuet Chau.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity, 2019.
BL1803 .C43 2019.
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Resistance under communist China : religious protesters, advocates and opportunists / Ray Wang.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019].
BL1803 .W36 2019.
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Unveiling the nation : the politics of secularism in France and Quebec / Emily Laxer.
Montreal ; Kingston ; London ; Chicago : McGill-Queen's University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BL2765.F8 L39 2019.
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Finding faith in foreign policy : religion and American diplomacy in a postsecular world / Gregorio Bettiza.
New York, NY : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BL2525 .B495 2019.
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Faith and politics in the public sphere : the Glen movement and the Mormon church / Etga Ugur.
Syracuse, New York : Syracuse University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
BL65.P7 U38 2019.
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The varieties of nonreligious experience : atheism in American culture / Jerome P. Baggett.
New York : New York University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BL2747.3 .B34 2019.
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The Anthem companion to Robert N. Bella / edited by Matteo Bortolini.
London : Anthem Press 2019.
BL60 .A58 2019EB.
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Vysa redux : narrative in epic Mahbhrata / Kevin McGrath.
London : Anthem Press 2019.
BL1138.4.V93 M34 2019EB.
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God and abstract objects / Einar Duenger Bhn.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BL473 .B64 2019EB.
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The ocean of God : on the transreligious future of religions / Roland Faber.
London : Anthem Press 2019.
BL51 .F2954 2019EB.
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Imagining religious communities : transnational Hindus and their narrative performances / Jennifer B. Saunders.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BL1237.32 .S34 2019EB.
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Modern Hinduism / Torkel Brekke.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
BL1153.5EB.
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Chaitanya : a life and legacy / Amiya P. Sen.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
BL1285.392.C53EB.
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BM
A history of the Talmud / David C. Kraemer.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BM501 .K715 2019EB.
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The image of the non-Jew in Judaism : the idea of Noahide law / David Novak ; edited by Matthew Lagrone.
Oxford : The Littman Library of Jewish Civilization, 2011.
BM520.73 .N68 2011EB.
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Isaac Mayer Wise, shaping American Judaism. TITLE = Creating American Reform Judaism : the life and times of Isaac Mayer Wise / Sefton D. Temkin.
Portland, Or. : Littman Library of Jewish Civilization, 2012.
BM755.W5 T45 2012EB.
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Yahadut bi-rei ha-Yaanut e-hofaat ha-Yehudi ha-Helenisi ha-moderni. English. TITLE = Athens in Jerusalem : classical antiquity and Hellenism in the making of the modern secular Jew / Yaacov Shavit ; translated by Chaya Naor and Niki Werner.
Liverpool : Liverpool University Press, 2012.
BM536.G7 S513 2012EB.
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Founder of Hasidism : a quest for the historical Ba'al Shem Tov / Moshe Rosman ; with a new introduction.
Oxford : The Littman Library of Jewish Civilization, 2014.
BM755.I8 R66 2014EB.
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Between the yeshiva world and modern orthodoxy : the life and works of Rabbi Jehiel Jacob Weinberg / Marc B. Shapiro.
Portland, Or. : Littman Library 2016.
BM755.W357 S53 2016EB.
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Beyond reasonable doubt / Louis Jacobs.
Oxford : Littman Library of Jewish Civilization, 2014.
BM601 .J25 2014EB.
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Siporet ha-asidit. English. TITLE = The Hasidic tale / Gedalyah Nigal ; translated by Edward Levin.
Liverpool : Liverpool University Press, 2014.
BM532 .N5413 2014EB.
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Dogma in medieval Jewish thought : from Maimonides to Abravanel / Menachem Kellner.
Oxford : The Littman Library of Jewish Civilization, 2004.
BM603 .K44 2004EB.
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BP
Behind the veil : a critical analysis of European veiling laws / Neville Cox.
Cheltenham, UK ; Northampton, MA : Edward Elgar Publishing, [2019]. IMPRINT = 2019.
BP190.5.H44 C69 2019.
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Ibn Arabi : the voyage of no return / Claude Addas.
Cambridge : The Islamic Texts Society, 2018.
BP80.I2 A3313 2018.
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Islam and good governance : a political philosophy of Ihsan.
New York, NY : Palgrave Macmillan, 2019.
BP173.6 .K436 2019.
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For God or empire : Sayyid Fadl and the Indian Ocean world / Wilson Chacko Jacob.
Stanford, California : Stanford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BP80.F245 J33 2019.
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Gendered morality : classical Islamic ethics of the self, family, and society / Zahra Ayubi.
New York : Columbia University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BP134.S49 A98 2019.
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Modern things on trial : Islam's global and material reformation in the age of Rida, 1865-1935 / Leor Halevi.
New York : Columbia University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BP166.14.M63 H35 2019.
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The Muslim Brotherhood in Syria / Dara Conduit.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BP10.J383 C66 2019EB.
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Preserving Islamic tradition : Abu Nasr Qursawi and the beginnings of modern reformism / Nathan Spannaus.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BP80EB.
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BQ
Buddhism and monotheism / Peter Harvey.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BQ4600 .H37 2019EB.
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BR
The meaning of Protestant theology : Luther, Augustine, and the Gospel that gives us Christ / Phillip Cary.
Grand Rapids, Michigan : Baker Academic, a division of Baker Publishing Group, [2019]. IMPRINT = 2019.
BR333.3 .C37 2019.
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An introduction to the Desert Fathers / John Wortley.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
BR190 .W675 2019.
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Religion in the public square : Sheen, King, Falwell / James M. Patterson.
Philadelphia : University of Pennsylvania Press, [2019].
BR526 .P375 2019.
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Protestantische Ethik und der Geist des Kapitalismus. English. TITLE = The Protestant ethic and the spirit of capitalism / Max Weber ; translated and introduced by Stephen Kalberg.
New York : Oxford University Press, 2011. IMPRINT = 2011.
BR115.C3 W413 2011.
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Papyri and the social world of the New Testament / Sabine R. Huebner.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BR190 .H84 2019EB.
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Protestants and American conservatism : a short history / Gillis J. Harp.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BR515EB.
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BS
Race in John's gospel : toward an ethnos-conscious approach / Andrew Benko.
Lanham, Maryland : Lexington Books/Fortress Academic, 2019.
BS2615.6.E815 B46 2019.
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Friendship and virtue ethics in the Book of Job / Patricia Vesely, Union Presbytarian Seminary.
Cambridge, United Kingdom ; New York : Cambridge University Press, 2019.
BS1415.6.F73 V47 2019.
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God and the teaching of theology : divine pedagogy in 1 Corinthians 1-4 / Steven Edward Harris.
Notre Dame, Indiana : University of Notre Dame Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BS2675.52 .H37 2019.
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The Hebrew Bible and environmental ethics : humans, non-humans, and the living landscape / Mari Joerstad, Duke University.
Cambridge ; New York : Cambridge University Press, 2019.
BS680.E58 J64 2019.
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How the Gospels became history : Jesus and Mediterranean myths / M. David Litwa.
New Haven : Yale University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BS2555.6.H55 L58 2019.
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Jesus Christ as the son of David in the Gospel of Mark / Max Botner.
Cambridge ; New York : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
BS2585.52 .B68 2019.
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Biblical theology : the convergence of the canon / Ben Witherington, III.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BS543 .W578 2019EB.
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The impact of Jesus in first-century Palestine : textual and archaeological evidence for long-standing discontent / Rosemary Margaret Luff.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BS2555.52 .L84 2019EB.
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Das Endgericht bei Paulus : Framesemantische und exegetische Studien zur paulinischen Eschatologie und Soterologie.
Tbingen : Mohr Siebeck, 2017.
BS2655.J73EB.
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Heiligung bei Paulus : ein Beitrag aus biblisch-theologischer Sicht / Hanna Stettler.
Tbingen : Mohr Siebeck, [2014]. IMPRINT = 2014.
BS2655.H6 S74 2014EB.
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BT
Perceiving God : the epistemology of religious experience / William P. Alston.
Ithaca, N.Y. : Cornell University Press, 1993, 1991.
BT102 .A46 1993.
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God and human freedom / Leigh C. Vicens, Simon Kittle.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BT810.3 .V53 2019EB.
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BX
The practice of penance, 900-1050 / Sarah Hamilton.
Woodbridge, Suffolk ; Rochester, NY : Royal Historical Society : Boydell Press, 2001.
BX2263 .H65 H35 2001.
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The two powers : the papacy, the empire, and the struggle for sovereignty in the thirteenth century / Brett Edward Whalen.
Philadelphia : University of Pennsylvania Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BX1238 .W53 2019.
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The Chaldeans : politics and identity in Iraq and the American diaspora / Yasmeen Hanoosh.
London ; New York : I.B. Tauris, 2019. IMPRINT = 2019.
BX4714.32 .H36 2019.
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Works. Selections. TITLE = Jonathan Edwards : spiritual writings / selected and introduced by Kyle C. Strobel, Adriaan C. Neele, and Kenneth P. Minkema.
New York : Paulist Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
BX7260.E3 A25 2019.
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Opisanie selskogo dukhovenstva. English. TITLE = Description of the clergy in rural Russia : the memoir of a nineteenth- century parish priest / I.S. Belliustin ; translated with an interpretive essay by Gregory L. Freeze.
Ithaca : Cornell University Press, 1985.
BX597.B45 A3513 1985.
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Catholic social teaching : a volume of scholarly essays / edited by Gerard V. Bradley, E. Christian Brugger.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
BX1753 .C384 2019EB.
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Communities of Saint Martin : Legend and Ritual in Medieval Tours / Sharon Farmer.
Ithaca, NY : Cornell University Press, [2019]. IMPRINT = 1991.
BX1533.T69EB.
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First vision : memory and Mormon origin / Steven Harper.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BX8695.S6 H37 2019EB.
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Americanist approaches to The book of Mormon / Elizabeth Fenton and Jared Hickman.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BX8627EB.
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The next Mormons : how millennials are changing the LDS church / Jana Riess.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
BX8611 .R54 2019EB.
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Superior women : medieval female authority in Poitiers' Abbey of Sainte- Croix / Jennifer C. Edwards.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
BX2615.P6EB.
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- C -


CA
The lithographs of George Bellows : a catalogue raisonn / Lauris Mason, assisted by Joan Ludman ; foreword by Charles H. Morgan.
Millwood, N.Y. : KTO Press, 1977.
CALL # =AUTHOR = BELLOWS, GEORGE, 1882-1925.
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CB
O en sommes-nous? English. TITLE = Lineages of modernity : a history of humanity from the Stone Age to Homo Americanus / Emmanuel Todd ; translated by Andrew Brown.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
CB151 .T5313 2019.
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Black cosmopolitans : race, religion, and republicanism in an age of revolution / Christine Levecq.
Charlottesville : University of Virginia Press, 2019. IMPRINT = 2019.
CB235 .L47 2019.
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Civilisation recast : theoretical and historical perspectives / Stephen Feuchtwang, Michael Rowlands.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
CB69 .F48 2019EB.
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CT
Love and dishonour in Elizabethan England : two families and a failed marriage / Ralph Houlbrooke.
Woodbridge ; Rochester, NY : The Boydell Press, 2018.
CT780 .H68 2018EB.
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- D -


D
Eric Drummond and his legacies : the league of nations and the beginnings of global governance / David Macfadyen, Michael D. V. Davies, Marilyn Norah Carr, and John Burley.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019].
D413.D78 M33 2019.
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The longest day : A bridge too far ; other World War II writings / Cornelius Ryan ; Rick Atkinson, editor.
New York, N.Y. : The Library of America[2019]. IMPRINT = 2019.
D756.3 .R93 2019.
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Dealing with the Russians / Andrew Monaghan.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity, 2019.
D2025.5.R8 M66 2019.
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Operation diver : guns, V1 flying bombs and landscapes of defence, 1944- 45 / Colin Dobinson.
Swindon : Historic England, 2019.
D759.523 .D63 2019.
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The phoney victory : the World War II illusion / Peter Hitchens.
London ; New York : I.B. Tauris, 2018.
D743 .H58 2018.
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A history of modern Europe / John Merriman, Yale University.
New York : W.W. Norton & Company, [2019]. IMPRINT = 2019.
D228 .M485 2019.
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Global gifts : the material culture of diplomacy in early modern Eurasia / edited by Zoltn Biedermann, University College London ; Anne Gerritsen, Free printable worksheets 1st grade reading comprehension of Warwick ; Giorgio Riello, University of Warwick.
Cambridge, United Kingdom ; New York : Cambridge University Press, 2018.
D397 .G56 2018.
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Papal potection and the crusader : Flanders, Champagne, and the Kingdom of France, 1095-1222 / Danielle E.A. Park.
Woodbridge, Suffolk ; Rochester, NY : The Boydell Press, 2018.
D157 .P34 2018EB.
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World War II and American racial politics : public opinion, the presidency, and civil rights advocacy / Jose gregorio de la rivera espiritismo White. bank code of union bank of the philippines Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
D810.N4 W47 2019EB.
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The Cambridge History of Modern European Thought. Volume 1, The Nineteenth Century / edited by Warren Breckman, Peter E. Gordon.
Cambridge : Cambridge University Press, 2016.
D359 .C226 2019EB.
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The Cambridge History of Modern European Thought. Volume 2, The Twentieth Century / edited by Peter E. Gordon, Warren Breckman.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
D359 .C226 2019EB.
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DA
From republic to restoration : legacies and departures / edited by Janet Clare.
Manchester : Manchester University Press, 2018. IMPRINT = 2018.
DA435 .F76 2018.
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The Old English in early modern Ireland : the Palesmen and the Nine Years' War, 1594-1603 / Ruth A. Canning.
Woodbridge, Suffolk, UK ; Rochester, NY, USA : The Boydell Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DA937.3 .C36 2019.
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Singapore, Chinese migration and the making of the British Empire, 1819- 67 / Stan Neal.
Woodbridge, Suffolk, UK : The Boydell Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DA18.2.S55 N43 2019.
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Red Britain : the Russian Revolution in mid-century culture / Matthew Taunton.
Oxford, United Kingdom ; New York, NY : Oxford University Press, 2019
DA566.4 .T38 2019.
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Revolution remembered : seditious memories after the British civil wars / Edward Legon.
Manchester : Manchester University Press, 2019.
DA435 .L44 2019.
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The future of UK-China relations / Kerry Brown.
Newcastle upon Tyne : Agenda Publishing, 2019.
DA47.9.C6 B76 2019.
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The British Civil Wars at sea, 1638-1653 / Richard J. Blakemore and Elaine Murphy.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
DA415 .B58 2018EB.
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Anglo-Italian cultural relations in the later Middle Ages / edited by Helen Fulton and Michele Compopiano.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
DA47.9.I8 A54 2018EB.
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Faith, place state savings bank frankfort people in early modern England : essays in honour of Margaret Spufford / edited by Trevor Dean, Glyn Parry and Edward Vallance.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
DA300 .F35 2018EB.
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An army of tribes : British Army cohesion, deviancy and murder in Northern Ireland / Edward Burke.
Liverpool : Liverpool University Press, 2018.
DA990.U46 B845 2018EB.
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Fourteenth century England. X / edited by Gwilym Dodd.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
DA225 .F69 2018EB.
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The household accounts of William Laud, Archbishop of Canterbury, 1635- 1642 / edited by Leonie James.
Suffolk : Boydell & Brewer 2019.
DA396.L3 H69 2019EB.
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Literature and political intellection in early Stuart England / Todd Butler.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
DA380EB.
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DB
From empire to republic : post-World War I Austria / Gnter Bischof, Fritz Plasser, eds. ; Peter Berger, guest editor.
New Orleans, La. : UNO Press ; Innsbruck : Innsbruck University Press, 2010.
DB96 .F76 2010EB.
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Global Austria : Austria's place in Europe and the world / Gnter Bischoff, Fritz Plasser (eds.) ; Bank of the west us locations Pelinka, Alexander Smith, guest editors.
New Orleans : UNO Press ; Innsbruck : Innsbruck University Press, [2011]. IMPRINT = 2011.
DB91 .G6225 2011EB.
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Austria's International Position after the End of the Cold War / Gnter Bischof, Ferdinand Karlhofer (Eds.).
New Orleans : University of New Orleans Press, [2013].
DB47 .A88 2013EB.
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The Schssel era in Austria / Gnter Bischof, Fritz Plasser (eds.).
New Orleans, Louisiana : UNO Press, [2010].
DB98.S38 S38 2010EB.
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Austrian studies today / Gnter Bischof, Ferdinand Karlhofer (Eds.).
New Orleans : University of New Orleans Press, 2016.
DB91 .A877 2016EB.
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1914 : Austria-Hungary, the origins, and the first year of World War I / Gnter Bischof, Ferdinand Karlhofer (Eds.) ; Samuel R. Williamson, Jr. (Guest Editor).
New Orleans, Louisiana : UNO Press, [2014].
DB86.7 .A18 2014EB.
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Austrian lives / Gnter Bischoff, Fritz Plasser, Eva Maltschnig (eds.).
Innsbruck : Innsbruck University Press. IMPRINT = New Orleans : UNO Press, 2012. IMPRINT = 2012.
DB36 .A97 2012EB.
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Austrian Federalism in comparative perspective / Gnter Bischof, Ferdinand Karlhofer (Eds.).
New Orleans, LA : Uno Press ; Innsbruck : Innsbruck University Press, [2015]. IMPRINT = 2015.
DB99.2 .B57 2015EB.
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DC
Mutinous memories : a subjective history of French military protest in 1919 / Matt Perry.
Manchester : Manchester University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DC389 .P47 2019.
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The eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte : with explanatory notes / Karl Marx.
New York, N.Y. : International Publishers, 2017.
DC274 .M3713 2017.
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Revolutionary thought after the Paris Commune, 1871-1885 / Julia Nicholls.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DC340 .N53 2019EB.
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1789 : the French Revolution begins / Robert H. Blackman.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DC163 .B55 2019EB.
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Norman rule in Normandy, 911-1144 / Mark Hagger.
Woodbridge, Suffolk, UK : The Boydell Press, 2017.
DC611.N862 H34 2017EB.
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DD
Alternative realities : utopian thought in times of political rupture / edited by Paul Lerner and Joes Segal.
Washington DC : German Historical Institute, [2019]. IMPRINT = 2019.
DD2 .B85 SUPPL. NO. 14.
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Kleine Geschichte Berlins. English. TITLE = Berlin : a short history / Bernd Stver ; translated by Donna Stonecipher.
Mnchen : C.H. Beck, [2013]. IMPRINT = 2013.
DD860 .S7 2013EB.
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DE
The making of the modern Mediterranean : views from the south / edited by Judith E. Tucker.
Oakland, California : University of California Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DE80 .M35 2019.
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Coming back to life : the permeability of past and present, mortality and immortality, death and life in the ancient Mediterranean / edited by Frederick S. Tappenden and Carly Daniel-Hughes ; with the assistance of Bradley N. Rice.
Montral, QC : McGill University Library and Archives, 2017. IMPRINT = 2017.
DE61.R44EB.
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DF
The Velestino Hoard : casting light on the Byzantine 'dark ages' / Florin Curta, Bartomiej Szymon Szmoniewski.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan[2019].
DF520 .C78 2019.
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Ancient Greece : social structure and evolution / David B. Small, Lehigh University.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DF77 .S48 2019.
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The Byzantine Hellene : the life of Emperor Theodore Laskaris and Byzantium in the thirteenth century / Dimiter Angelov.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DF626.5 .A54 2019EB.
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DG
The origin of empire : Rome from the Republic to Hadrian / David Potter.
Cambridge, Massachusetts : Harvard University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DG270 .P68 2019.
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Pagan light : dreams of freedom and beauty in Capri / Jamie James.
New York : Farrar, Straus and Giroux, 2019.
DG975.C2 J36 2019.
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Florentine political writings from Petrarch to Machiavelli / edited by Mark Jurdjevic, Natasha Piano, and John P. McCormick.
Philadelphia : University of Pennsylvania Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DG737.A2 F56 2019.
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Internal exile in fascist Italy : history and representations of confino / Piero Garofalo, Elizabeth Leake and Dana Renga.
Manchester : Manchester University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DG571 .G37 2019.
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Buried by Vesuvius : the Villa dei Papiri at Herculaneum / edited by Kenneth Lapatin ; with contributions by Ruth Allen [and 20 others].
Los Angeles : The J. Paul Getty Museum, [2019]. IMPRINT = 2019.
DG70.H5 B87 2019.
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The house of Augustus : a historical detective story / T. P. Wiseman.
Princeton : Princeton University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DG279 .W57 2019.
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Cato the Younger : life and death at the end of the Roman republic / Fred K. Drogula.
New York, NY : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DG260.C3 D764 2019.
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Hospitaller Malta and the Mediterranean economy in the sixteenth century / Joan Abela.
Woodbridge ; Rochester, NY : The Boydell Press, 2018.
DG992.5 .A24 2018EB.
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DJ
The Dutch in the early modern world : a history of a global power / David Onnekink, Gijs Rommelse.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DJ156 .O554 2019.
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DK
Putin v. the people : the perilous politics of a divided Russia / Samuel A. Greene and Graeme B. Robertson.
New Haven : Yale University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DK510.763 .G744 2019.
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We need to talk about Putin : why the West gets him wrong / Mark Galeotti.
London : Ebury Press, an imprint of Ebury Publishing, 2019. IMPRINT = 2019.
DK510.766.P87 G35 2019.
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Why Lenin? Why Stalin? Why Gorbachev? : the rise and fall of the Soviet system / Theodore H. Von Laue.
New York, NY : HarperCollins College Publishers, 1993.
DK246 .V58 1993.
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Soviet communism from reform to collapse / edited by Robert V. Daniels.
Lexington, Mass. : D.C. Heath, 1995.
DK288 .S652 1995.
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The Russian Revolution : a very short introduction / S.A. Smith.
Oxford ; New York : Oxford University Press, 2002.
DK265 .S653 2002.
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DL
Facing otherness in early modern Sweden : travel, migration and material transformations, 1500-1800 / edited by Magdalena Naum and Fredrik Ekengren.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
DL648 .F33 2018EB.
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Heirs of the Vikings : history and identity in Normandy and England, c.950-c.1015 / Katherine Cross.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
DL41 .C76 2018EB.
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DP
Iberian world empires and the globalization of Europe, 1415 -1668 / Bartolom Yun-Casalilla.
Singapore : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
DP161 .Y86 2019.
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Flamenco nation : the construction of Spanish national identity / Sandie Eleanor Holguin.
Madison, Wisconsin : The University of Wisconsin Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DP48 .H65 2019.
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Estetizar el exceso : Cleopatra en la cultura hispnica medieval y del Siglo de Oro / Javier Jimnez Belmonte.
Woodbridge : Tamesis, 2018.
DP171.5 .J56 2018EB.
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Espaa. English. TITLE = The Spanish frustration : how a ruinous empire thwarted the nation-state / Josep M. Colomer.
London : Anthem Press 2019.
DP63.9 .C6513 2019EB.
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DR
Making and remaking the Balkans : nations and states since 1878 / Robert C. Austin.
Toronto ; Buffalo : University of Toronto Press, [2019].
DR48.6 .A87 2019.
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The Balkans as Europe, 1821-1914 / edited by Timothy Snyder and Katherine Younger.
Rochester, NY : University of Rochester Press, 2018.
DR43 .B35 2018EB.
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DS
Divided Gulf : the anatomy of a crisis / Andreas Krieg, editor.
Singapore : Palgrave Macmillan, an imprint of Spinger Nature, 2019. IMPRINT = 2019.
DS326 .D538 2019.
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China's military modernization, Japan's normalization and the South China Sea territorial disputes / Zenel Garcia.
Cham : Palgrave Macmillan : Springer Nature, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS740.5.J3 G37 2019.
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India in the Interregnum : interim government, September 1946-August 1947 / Rakesh Ankit.
New Delhi, India : Oxford University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DS480.45 .A555 2019.
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Contested modernity : sectarianism, nationalism, and colonialism in Bahrain / Omar H. AlShehabi.
London : Oneworld, 2019. IMPRINT = 2019.
DS247.B28 A47 2019.
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Art of the Hellenistic kingdoms : from Pergamon to Rome / edited by Sen Hemingway and Kiki Karoglou.
New York : Metropolitan Museum of Art, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS156.P4 A78 2019.
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The makers of modern Syria : the rise and fall of Syrian democracy, 1918 -1948 / Sami Moubayed.
London ; New York : I.B. Tauris, 2018. IMPRINT = 2018.
DS98.2 .M683 2018.
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The war against civilians : victims of the "war on terror" in Afghanistan and Pakistan / Vasja Badali.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS371.412 .B333 2019.
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The First World War, anticolonialism and imperial authority in British India, 1914-1924 / Sharmishtha Roy Chowdhury.
London ; New York, NY : Routledge, 2019. IMPRINT = 2019.
DS480.4 .R69 2019.
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India-Pakistan wars and the Kashmir crisis / Rathnam Indurthy.
London ; New York, NY : Routledge, 2019. IMPRINT = 2019.
DS485.K27 I53 2019.
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ASEAN's half century : a political history of the Association of Southeast Asian Nations / Donald E. Weatherbee.
Lanham, Maryland : Rowman & Littlefield, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS526.7 .W43 2019.
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China and Japan : facing history / Ezra F. Vogel.
Cambridge, Massachusetts : The Belknap Press of Harvard University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DS740.5.J3 V64 2019.
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Curating and re-curating the American wars in Vietnam and Iraq / Christine Sylvester.
New York, NY : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS559.8.S6 S95 2019.
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Tiananmen : the people versus the party / produced by Alleycat Films in associaiton with Yami2, Northern Ireland Screen and Arte for PBS ; director, Ian MacMillan produced by Christophe Nick, Ed Stobart.
[Arlington, VA] : PBS, [2019].
DS779.32 .T53 2019.
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The Eastern frontier : limits of empire in late antique and early medieval Central Asia / Robert Haug.
London, UK ; New York, NY, USA : I.B. Tauris, 2019. IMPRINT = 2019.
DS329.4 .H384 2019.
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The unfinished revolution : Sun Yat-Sen and the struggle for modern China / Tjio Kayloe.
Singapore : Marshall Cavendish Editions, 2017.
DS777.A597 T55 2017.
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Arabs in the early Islamic empire : exploring al-Azd tribal identity / Brian Ulrich.
Edinburgh : Edinburgh University Press, [2019].
DS219.A93 U47 2019.
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Impersonations : the artifice of Brahmin masculinity in South Indian dance / Harshita Mruthinti Kamath.
Oakland, California : University of California Press, [2019].
DS432.B73 K36 2019.
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Sovereignty experiments : Korean migrants and the building of borders in northeast Asia, 1860-1945 / Alyssa M. Park.
Ithaca [New York] : Cornell University Press, 2019.
DS904.7 .P37 2019.
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Statecraft by stealth : secret intelligence and British rule in Palestine / Steven B. Wagner.
Ithaca : Cornell University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DS126 .W34 2019.
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Mobilizing the marginalized : ethnic parties without ethnic movements / Amit Ahuja.
New York, NY : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS422.C3 A64 2019.
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Mer jvana sagharsha. English. TITLE = The struggle of my life : autobiography of Swami Sahajanand Saraswati / translated and edited by Ramchandra Pradhan.
New Delhi, India : Oxford University Press, 2018.
DS481.S23 A3 2018.
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To my dearest wife, Lide : letters from George B. Gideon Jr. during Commodore Perry's Expedition to Japan, 1853-1855 / edited by M. Patrick Sauer and David A. Ranzan.
Tuscaloosa : The University of Alabama Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DS881.8 .G53 2019.
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British orientalisms, 1759-1835 / James Watt.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DS61.85 .W38 2019.
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Indian diplomacy : beyond strategic autonomy / Rajendra M. Abhyankar.
New Delhi, India : Oxford University Press, 2018.
DS480.84 .A349 2018.
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Realistic revolution : contesting Chinese history, culture, and politics after 1989 / Els van Dongen, Nanyang Technological University, Singapore.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DS774.5 .D66 2019.
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Concise history of the Arab-Israeli conflict. TITLE = A history of the Arab-Israeli conflict / Ian J. Bickerton and Carla L. Klausner.
New York ; London : Routledge, Taylor & Francis Group 2018.
DS119.7 .B49 2018.
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Notizie istoriche del Tibet. English. TITLE = Mission to Tibet : the extraordinary eighteenth-century account of Father Ippolito Desideri, S.J. / translated by Michael J. Sweet ; edited by Leonard Zwilling.
Boston : Wisdom Publications, 2010.
DS785 .D47 2010.
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The golden age of Aragonese jewry : community and society in the Crown of Aragon, 1213-1327 / Yom Tov Assis.
Oxford : Littman Library of Jewish Civilization, 2008.
DS135.S75 A715 2008EB.
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British orientalisms, 1759-1835 / James Watt.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DS61.85 .W38 2019EB.
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Gerush Sefarad. English. TITLE = The expulsion of the Jews from Spain / Haim Beinart ; translated by Jeffrey M. Green.
Liverpool : Liverpool University Press, 2002.
DS135.S7 B41413 2002EB.
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The courts of the Deccan sultanates : living well in the Persian cosmopolis / Emma J. Flatt.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DS485.D242 F55 2019EB.
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The politics of the past in early China / Vincent S. Leung.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DS734.7 .L4228 2019EB.
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Geschiedenis van de Joden in Nederland. English. TITLE = The history of the Jews in the Netherlands / edited by J.C.H. Blom, R.G. Fuks-Mansfeld, I. Schffer ; translated by Erica Pomerans, Arnold J. Pomerans.
Liverpool : Liverpool University Press, 2007.
DS135.N4 G4713 2007EB.
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Nashim tsiyoniyot ba-Ameriah. English. TITLE = Hadassah : American women Zionists and the rebirth of Israel / Mira Katzburg-Yungman ; translated from the Hebrew by Tammy Berkowitz.
Liverpool : Liverpool University Press, 2014.
DS150.H4 K3813 2014EB.
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Hakalah e-hisoryah. English. TITLE = Haskalah and history : the emergence of a modern Jewish historical consciousness / Shmuel Feiner ; translated by Chaya Naor and Sondra Silverton.
Oxford : Littman Library of Jewish Civilization, 2014.
DS115.5 .F4513 2014EB.
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Mobilizing the marginalized : ethnic parties without ethnic movements / Amit Ahuja.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
DS422.C3 A64 2019EB.
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An endangered history : indigeneity, religion, and politics on the borders of India, Burma, and Bangladesh / Angma Dey Jhala.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
DS396.8.C45EB.
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Administering colonialism and war : the political life of Sir Andrew Clow of the Indian Civil Service / Colin R. Alexander.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
DS480.45EB.
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Norms and politics : Sir Benegal Narsing Rau in the making of the Indian constitution, 1935-50 / Arvind Elangovan.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
DS481EB.
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DT
Tras las huellas del colonialismo espaol en Marruecos y Guinea Ecuatorial. English. TITLE = In the footsteps of Spanish colonialism in Morocco and Equatorial Guinea : the handling of cultural diversity and the socio-political influence of transnational migration / edited by Yolanda Aixel Cabr ; translated by Nancy Konvalinka, with the exception of A. Fleisch's text.
Zrich : LIT, [2018]. IMPRINT = 2018.
DT37.5 .T7313 2018.
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First raise a flag : how South Sudan won the longest war but lost the peace / Peter Martell.
New York, NY : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DT157.675 .M37 2019.
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Sethy I king of Egypt : his life and afterlife / Aidan Dodson.
Cairo, Egypt ; New York, NY : The American University in Cairo Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DT87 .D63 2019.
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Kwame Nkrumah and the dawn of the Cold War : the West African National Secretariat, 1945-48 / Marika Sherwood.
London : PlutoPress, 2019. IMPRINT = 2019.
DT476.2 .S54 2019.
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Public history and culture in South Africa : memorialisation and liberation heritage sites in Johannesburg and the township space / Ali Khangela Hlongwane, Sifiso Mxolisi Ndlovu.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
DT2405.J652 H56 2019.
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African islands : leading edges of empire and globalization / edited by Toyin Falola, R. Joseph Parrott, and Danielle Porter Sanchez.
Rochester, NY : University of Rochester Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DT30.5 .A3645 2019.
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Viva Nelson Mandela [videorecording] : a hero for all seasons / Anant Singh presents a Videovison Entertainment production in association with SABC . [et al.] ; produced by Anant Singh, Helena Spring ; directed and edited by Catherine Meyburgh.
[Beverly Hills, Calif.] : Choices Inc., [2009].
DT1974 .V58 2009.
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Edward W. Blyden's intellectual transformations : Afropublicanism, Pan- Africanism, Islam, and the indigenous West African church / Harry N. K. Odamtten.
East Lansing, Michigan : Michigan State University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
DT634.3.B58 O33 2019.
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Boundaries, communities, and state-making in West Africa : the centrality of the margins / Paul Nugent.
New York, NY : Cambridge University Press, 2019.
DT475 .N84 2019.
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Colonial transactions : imaginaries, bodies, and histories in Gabon / Florence Bernault.
Durham : Duke University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
DT546.175 .B47 2019.
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The Great Oasis of Egypt : the Kharga and Dakhla Oases in antiquity / edited by Roger S. Bagnall, Galle Tallet.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DT73.K5 G74 2019EB.
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The Yoruba from prehistory to the present / Aribidesi Usman, Toyin Falola.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DT515.45.Y67 U857 2019EB.
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Limpopo's legacy : student politics & democracy in South Africa / Anne Heffernan.
Suffolk : Boydell & Brewer 2019.
DT2394 .H44 2019EB.
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Race, decolonization, and global citizenship in South Africa / Chielozona Eze.
Rochester, NY : University of Rochester Press, 2018.
DT1971 .E94 2018EB.
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African migration narratives : politics, race, and space / edited by Cajetan Iheka and Jack Taylor.
Rochester, NY : University of Rochester Press, 2018.
DT16.5 .A344 2018EB.
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Bushmen : Kalahari hunter-gatherers and their descendants / Alan Barnard.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
DT1058.S36 B354 2019EB.
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Sudan's blood memory : the legacy of war, ethnicity, and slavery in early South Sudan / Stephanie Beswick.
Rochester, NY : University of Rochester Press, 2004.
DT159.6.S73 B47 2004EB.
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DU
Te kparapara : an introduction to the Mori world / edited by Michael Reilly, Suzanne Duncan, Gianna Leoni, Lachy Paterson, Lyn Carter, Matiu Rtima and Poia Rewi.
Auckland, New Zealand : Auckland University Press, 2018. IMPRINT = 2018.
DU423.S63 K66 2018.
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Mapping south-south connections : Australia and Latin America / Fernanda Pealoza, Sarah Walsh, editors.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
DU113.5.L38 M37 2019.
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Sea people : the puzzle of Polynesia / Christina Thompson.
New York, NY : Harper, an imprint of HarperCollinsPublishers, [2019]. IMPRINT = 2019.
DU510 .T46 2019.
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Discovery and empire : the French in the South Seas / edited by John West-Sooby.
Adelaide : University of Adelaide Press, [2013]. IMPRINT = 2013.
DU50 .D57 2013EB.
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- E -


E
The hands' measure : essays honouring Leah Aksaajuq Otak's contribution to Arctic science / edited by John MacDonald and Nancy Wachowich.
Iqaluit, NU : Nunavut Arctic College Media, [2018]. IMPRINT = 2018.
E99.E7 H263 2018.
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Neo-race realities in the Obama era / edited by Heather E. Harris.
Albany : State University of New York Press, 2019.
E184.A1 N368 2019.
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Blind no more : African American resistance, free-soil politics, and the coming of the Civil War / Jonathan Daniel Wells.
Athens, Georgia : The University of Georgia Press, [2019].
E450 .W46 2019.
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Recipes for respect : African American meals and meaning / Rafia Zafar.
Athens, Georgia : The University of Georgia Press, [2019].
E185.89.F66 Z34 2019.
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Surviving genocide : native nations and the United States from the American Revolution to bleeding Kansas / Jeffrey Ostler.
New Haven : Yale University Press, [2019].
E93 .O78 2019.
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Understanding Northwest Coast Indigenous jewelry : the art, jose gregorio de la rivera espiritismo artists, the history / Alexander Dawkins ; foreword by Corrine Hunt.
Seattle : University of Washington Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E98.J48 D39 2019.
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Moments of cooperation and incorporation : African American and African Jamaican connections, 1782-1996 / Erna Brodber.
Kingston, Jamaica : The University of the West Indies Press, 2019. IMPRINT = 2019.
E183.8.J26 B76 2019.
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The sleeping giant awakens : genocide, Indian residential schools, and the challenge of conciliation / David B. MacDonald.
Toronto ; Buffalo : University of Toronto Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E96.2 .M33 2019.
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Life at Swift Water Place : Northwest Alaska at the threshold of European contact / Douglas D. Anderson and Wanni W. Anderson, editors.
Fairbanks, Alaska : University of Alaska Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E99.E7 L54 2019.
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A brotherhood of liberty : black reconstruction and its legacies in Baltimore, 1865-1920 / Dennis Patrick Halpin.
Philadelphia : University of Pennsylvania Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E185.93.M2 H35 2019.
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The problem of democracy : the Presidents Adams confront the cult of personality / Nancy Isenberg and Andrew Burstein.
New York : Viking, [2019]. IMPRINT = 2019.
E322 .I84 2019.
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The trials of Henry Kissinger / Think Tank & Jigsaw Productions, Inc. production for the BBC in association with Diverse Limited and in association with ARTE-Zeta Productions, History Television, SBS Television Australia, TV2 Denmark ; producers, Alex Gibney, Eugene Jarecki ; writer, Alex Gibney ; director, Eugene Jarecki.
[United States] : First Run Features, [2003], 2002.
E840.8.K58 T74 2003.
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American breakdown : the Trump years and how they befell us / David Bromwich.
London ; Brooklyn, NY : Verso, 2019. IMPRINT = 2019.
E912 .B76 2019.
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The Chinese lady : Afong Moy in early America / Nancy E. Davis.
New York, NY : Oxford University Press, [2019].
E184.C5 D38 2019.
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Indigenous persistence in the colonized Americas : material and documentary perspectives on entanglement / edited by Heather Law Pezzarossi and Russell N. Sheptak.
Albuquerque : University of New Mexico Press, 2019.
E59.F53 I53 2019.
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Life of the indigenous mind : Vine Deloria Jr. and the birth of the Red Power movement / David Martinez.
[Lincoln, NE] : the University of Nebraska Press and the American Philosophical Society, [2019]. IMPRINT = 2019.
E90.D45 M37 2019.
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Yes we (still) can : politics in the age of Obama, Twitter, and Trump / Dan Pfeiffer.
New York : Twelve, an imprint of Grand Central Publishing, 2018. IMPRINT = 2018.
E907 .P44 2018.
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John George Nicolay : the man in Lincoln's shadow / Allen Carden and Thomas J. Ebert.
Knoxville : The University of Tennessee Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E664.N53 .C37 2019.
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Remembrance of things present blackberry stock price today the invention of the time capsule / Nick Yablon.
Chicago : The University of Chicago Press, 2019. IMPRINT = 2019.
E169.1 .Y24 2019.
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Allies of convenience : a theory of bargaining in U.S. foreign policy / Evan N. Resnick.
New York : Columbia University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E840 .R42 2019.
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Communities & households in the greater American Southwest : new perspectives and case studies / edited by Robert J. Stokes.
Louisville, Colorado : University Press of Colorado, [2019]. IMPRINT = 2019.
E78.S7 C627 2019.
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Mexicanos : a history of Mexicans in the United States / Manuel G. Gonzales.
Bloomington, IN : Indiana University Press, 2019.
E184.M5 G638 2019.
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Stripped and script : loyalist women writers of the American Revolution / Kacy Dowd Tillman.
Amherst : University of Massachusetts Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E277 .T55 2019.
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W.E.B. Du Bois and the critique of the competitive society / Andrew J. Douglas.
Athens, Georgia : The University of Georgia Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
E185.97.D73 D68 2019.
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Power transitions : strategies for the 21st century / Ronald L. Tammen [and others].
New York : Chatham House Publishers, 2000.
E840 .P694 2000.
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Return / a film by Karen Cantor ; produced and directed by Karen Cantor ; writers, Karen Cantor, Fernanda Rossi.
[Lincoln, Nebraska?] : Vision Maker Media [2019]. IMPRINT = 2018.
E98.F7 R48 2019.
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How to be an antiracist / Ibram X. Kendi.
New York : One World, [2019]. IMPRINT = 2019.
E184.A1 K344 2019.
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The black worker from the founding of the CIO to the AFL-CIO merger, 1936-1955 / edited by Philip S. Foner and Ronald L. Lewis.
Philadelphia : Temple University Press, 2019.
E185.8EB.
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The black worker since the AFL-CIO merger, 1955-1980 / edited by Philip S. Foner, Ronald L. Lewis and Robert Cvornyek.
Philadelphia : Temple University Press, 2019.
E185.8 .B64 2019EB.
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The black worker from 1900 to 1919 / edited by Philip S. Foner and Ronald L. Lewis.
Philadelphia : Temple University Press, [1980].
E185EB.
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The black worker to 1869 / edited by Philip S. Foner and Ronald L. Lewis.
Philadelphia : Temple University Press, 2019.
E185.8EB.
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The era of post-war prosperity and the Great Depression, 1920-1936 / edited by Philip S. Foner and Ronald L. Lewis.
Philadelphia : Temple University Press, [2019].
E185.8EB.
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The black worker during the era first citizens bank locations in trinidad the National Labor Union / edited by Philip S. Foner and Ronald L. Lewis.
Philadelphia : Temple University Press, 2019.
E185.8EB.
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The Black worker during the era of the Knights of Labor / edited by Philip S. Foner and Ronald L. Lewis.
Philadelphia : Temple University Press, 2019.
E185.8EB.
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Bosom friends : the intimate world of James Buchanan and William Rufus King / Thomas J. Balcerski.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
E437 everything i do i do it for you music video 2019EB.
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Durable ethnicity : Mexican Americans and the ethnic core / Edward Telles and Christina A. Sue.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
E184.M5EB.
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- F -


F
Black food geographies : race, self-reliance, and food access in Washington, D.C. / Ashant M. Reese.
Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2019. IMPRINT = 2019.
F205.N4 R44 2019.
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Taking the land to make the city : a bicoastal history of North America / Mary P. Ryan.
Austin : University of Texas Press, 2019.
F869.S357 R93 2019.
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The Incas remembered / produced by Peter Jarvis ; written by David Carroll ; directed by Peter Jarvis.
[Canoga Park, CA] : Monterey Video, [2005]. IMPRINT = [Canoga Park, CA] : Distributed by Monterey Media Inc. IMPRINT = 2005.
F3429 .I526 2005.
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Spying on the South : an odyssey across the American divide / Tony Horwitz.
New York : Penguin Press, 2019.
F213 .H768 2019.
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The Central Park : original designs for New York's greatest treasure / Cynthia S. Brenwall, New York City Municipal Archives ; foreword by Martin Filler.
New York : Abrams, 2019.
F128.65.C3 B74 2019.
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Everything worthy of observation : the 1826 New York State travel journal of Alexander Stewart Scott / edited by Paul G. Schneider Jr.
Albany, NY : Excelsior Editions, an imprint of State University of New York Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
F123 .S46 2019.
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The missile crisis from a Cuban perspective : historical, archaeological and anthropological reflections / Hkan Karlsson and Toms Diez Acosta.
New York, NY : Routledge, 2019. IMPRINT = 2019.
F1788 .K37 2019.
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An unlikely friendship / an In-Focus production ; produced, written & directed by Diane Bloom ; project director, Florence Soltys.
[United States] : [publisher not identified], 2002.
F264.D9 .U55 2002.
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Chile, the CIA and the Cold War: a transatlantic perspective / James Lockhart.
Edinburgh : Edinburgh University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
F3100 .L63 2019.
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The Falklands War : an imperial history / Ezequiel Mercau, University College Dublin.
Cambridge : New York, NY : Cambridge University Press, 2019.
F3031.5 .M4676 2019.
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Modern Panama : from occupation to crossroads of the Americas / Michael L. Conniff, San Jose State University, California ; Gene E. Bigler, Independent Scholar, Stockton, California.
Cambridge ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
F1567.4 .C66 2019.
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The legacy of rulership in Fernando de Alva Ixtlilxochitl's Historia de la nacin chichimeca / Leisa A. Kauffmann.
Albuquerque : University of New Mexico Press, 2019.
F1219.76.K53 K38 2019.
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Japanese-Brazilian saudades : diasporic identities & cultural production / Ignacio Lpez-Calvo.
Louisville, Colorado : University Press of Colorado, [2019].
F2659.J3 L67 2019.
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Revisitando o territorio fluminense. 6 / Glaucio Jos Marafon, Miguel Angelo Ribeiro (organizao).
Rio de Janeiro : SciELO Books ; EDUERJ, 2017.
F2611 .R49 2003EB.
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The South and the transformation of U.S. politics / Charles S. Bullock, Susan A. MacManus, Jeremy D. Mayer, and Mark J. Rozell.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
F216.2EB.
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- G -


G
Empathy beyond US borders : the challenges of transnational civic engagement / Gary J. Adler, Jr., Pennsylvania State University.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY, USA : Cambridge University Press, [2019].
G156.5.V64 A45 2019.
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GA
Trail of footprints : a history of indigenous maps from viceregal Mexico / Alex Hidalgo.
Austin : University of Texas Press, 2019. IMPRINT = 2019.
GA481 .H53 2019.
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GE
Nature and the Iron Curtain : environmental policy and social movements in Communist and capitalist countries, 1945-1990 / edited by Astrid Mignon Kirchhof and J.R. McNeill.
Pittsburgh : Storage units in south shore of Pittsburgh Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
GE160.E85 N38 2019.
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A terrible thing to waste : environmental racism and its assault on the American mind / Harriet A. Washington.
New York : Little, Brown Spark, 2019.
GE230 .W37 2019.
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Resource and environmental management / Bruce Mitchell.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
GE300 .M57 2019EB.
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GF
Rue vers l'Europe. English. TITLE = The scramble for Europe cruz azul vs america 2020 young Africa on its way to the old continent / Stephen Smith.
Cambridge ; Medford, MA : Polity, [2019]. IMPRINT = 2019.
GF701 .S62 2019.
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The Wiley-Blackwell companion to human geography / edited by John A. Agnew and James S. Duncan.
Chichester, West Sussex : Malden, MA : Wiley-Blackwell, 2011.
GF41 .W535 2011EB.
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GN
Healers and empires in global history : healing as hybrid and contested knowledge / Markku Hokkanen, Kalle Kananoja, editors.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019].
GN477 .H43 2019.
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Working with the ancestors : mana and place in the Marquesas Islands / Emily C. Donaldson.
Seattle : University of Washington Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
GN671.M3 D66 2019.
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National races : transnational power struggles in the sciences and politics of human diversity, 1840-1945 / edited by Richard McMahon.
Lincoln : University of Nebraska Press, [2019].
GN62.8 .N37 2019.
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Converging on cannibals : terrors of slaving in Atlantic Africa, 1509- 1670 / Jared Staller.
Athens, Ohio : Ohio University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
GN409 .S73 2019.
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Consentement meurtrier. English. TITLE = Murderous consent : on the accommodation of violent death / Marc Crpon ; translated by Michael Loriaux and Jacob Levi ; foreword by James Martel.
New York : Fordham University Press, 2019.
GN495.2 .C7413 2019.
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GR
Ved ilden. English. TITLE = By the fire : Sami folktales and legends / collected and illustrated by Emilie Demant Hatt ; translated by Barbara Sjoholm.
Minneapolis : University of Minnesota Press, 2019.
GR138.5 .V3413 2019.
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GT
Seasoned socialism : gender and food in late Soviet everyday life / edited by Anastasia Lakhtikova, Angela Brintlinger, and Irina Glushchenko.
Bloomington, Indiana, USA : Indiana University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
GT2853.S68 S43 2019.
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Food for dissent : natural foods and the consumer counterculture since the 1960s / Maria McGrath.
Amherst : University of Massachusetts Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
GT2853.U5 M34 2019.
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Countless blessings : a history of childbirth and reproduction in the Sahel / Barbara M. Cooper.
Bloomington, Indiana : Indiana University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
GT2465.S15 C66 2019.
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Medieval clothing and textiles. Volume 14 / edited by Robin Netherton and Gale R. Owen-Crocker.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
GT575 .M42 2018EB.
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Without the banya we would perish : a history of the Russian bathhouse / Ethan Pollock.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
GT2846.R8 P65 2019EB.
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GV
Butting out : reading resistive choreographies through works by Jawole Willa Jo Zollar and Chandralekha / Ananya Chatterjea.
Middletown, Conn. : Wesleyan University Press, [2004]. IMPRINT = 2004.
GV1588.6 .C43 2004.
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Contemporary directions in Asian American dance / edited by Yutian Wong.
Madison, Wisconsin : The University of Wisconsin Press, [2016]. IMPRINT = 2016.
GV1624.7.A85 C66 2016.
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Contemporary dance / volume editors Yvette Hutchinson & Chukwuma Okoye ; reviews editor, Sola Adeyemi.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
GV1705 .C66 2018EB.
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Works. Selections. English. TITLE = And then came dance : the women who led Volynsky to ballet's magic kingdom / Stanley J. Rabinowitz.
New Woodforest online chat, NY : Oxford University Press, 2019.
GV1663 .V6413 2019EB.
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- H -


H
Reciprocity and the art of behavioural public policy / Adam Oliver.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
H97 .O453 2019EB.
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HB
Collisions at the crossroads : how place and mobility make race / Genevieve Carpio.
Oakland, California : University of California Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HB1985.C2 C37 2019.
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A shot of justice : priority-setting for addressing child mortality / Ali Mehdi.
New Delhi jose gregorio de la rivera espiritismo Oxford University Press, [2019].
HB1323.C52 M44 2019.
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Introduction to econometrics / James H. Stock, Harvard University, Mark W. Watson, Princeton University.
New York, NY : Pearson, [2019].
HB139 .S76 2019.
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Essentials of economics / Dirk Mateer, University of Arizona, Lee Coppock, University of Virginia, Brian O'Roark, Robert Morris University.
New York ; London : W.W. Norton, [2016].
HB171.5 .M434 2016.
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Naked economics : undressing the dismal science / Charles Wheelan ; foreword by Burton G. Malkiel.
New York chase bank tulsa ok W.W. Norton & Company, 2019. IMPRINT = 2019.
HB171 .W54 2019.
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Evolutionary economics : its nature and future / Geoffrey M. Hodgson.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HB97.3 .H64 2019EB.
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Lectures in macroeconomics : a capitalist economy without unemployment / Kazimierz Laski, Jerzy Osiatynski, and Jan Toporowski.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HB179EB.
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HC
Golden goose : the story of a peasant family in western China / Xu Liu, David Burnett.
[Singapore] : Palgrave Macmillan, [2019].
HC428.S598 L58 2019.
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The political economy of resource regulation : an international and comparative history, 1850-2015 / edited by Andreas R.D. Sanders, Pl Thonstad Sandvik, and Espen Storli.
Vancouver ; Toronto : UBC Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HC85 .P65 2019.
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Rice in the time of sugar : the political economy of food in Cuba / Louis A. Prez Jr.
Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2019.
HC152.5 .P473 2019.
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Grid-locked African economic sovereignty : decolonising the neo-imperial socio-economic and legal force-fields in the 21st century / edited by Tapiwa Victor Warikandwa, [and 3 others].
Bamenda, Cameroon : Langaa RPCIG, [2019]. IMPRINT = 2019.
HC800 .G75 2019.
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People, power, and profits : progressive capitalism for an age of discontent / Joseph E. Stiglitz.
New York : W.W. Norton & Company, [2019]. IMPRINT = 2019.
HC110.W4 S75 2019.
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Against European integration : the European Union and its discontents / Ivan T. Berend.
London ; New York : Routledge, Taylor & Francis Group, 2019. IMPRINT = 2019.
HC240 .B3944 2019.
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A shoppers' paradise : how the ladies of Chicago claimed power and pleasure in the new downtown / Emily Remus.
Cambridge, Massachusetts : Harvard University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HC108.C4 R46 2019.
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Economy and culture in north-east England, 1500-1800 / edited by Adrian Green, Barbara Crosbie.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
HC257.N48 E36 2018EB.
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Innovation commons : the origin of economic growth / Jason Potts.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
HC79.T4 P677 2019EB.
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Macroeconomic shocks and unconventional monetary policy : impacts on emerging markets / Naoyuki Yoshino, Pornpinun Chantapacdepong, and Matthias Helble.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HC412EB.
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How nations learn : technological learning, industrial policy, and catch -up / Arkebe Oqubay and Kenichi Ohno.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HC79.T4EB.
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HD
Tea and solidarity : Tamil women and work in postwar Sri Lanka / Mythri Jegathesan.
Seattle : University of Washington Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HD6073.T182 S725 2019.
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Executive sexism : how men treat women at the highest levels, why law does not protect them, and what should change / Elizabeth C. Wolfe.
Santa Barbara, California : Praeger, an imprint of ABC-CLIO, LLC, [2019]. IMPRINT = 2019.
HD6054.3 .W625 2019.
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The ordeal of the jungle : race and the Chicago Federation of Labor, 1903-1922 / David Bates.
Carbondale : Southern Illinois University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HD6519.C44 B38 2019.
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Fully automated luxury communism : a manifesto / Aaron Bastani.
Brooklyn, NY : Verso, [2019].
HD82 .B3237 2019.
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The dreamt land : chasing water and dust across California / Mark Arax.
New York : Alfred A. Knopf, 2019. IMPRINT = 2019.
HD1694.C2 A73 2019.
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Eating tomorrow : agribusiness, family farmers, and the battle for the future of food / Timothy A. Wise.
New York : The New Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HD9000.5 .W48 2019.
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Wilted : pathogens, chemicals, and the fragile future of the strawberry industry / Julie Guthman.
Oakland, California : University of California Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HD9259.S83 U625 2019.
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New labor history : worker identity and experience in Russia, 1840-1918 / editors Michael Melancon & Alice K. Pate.
Bloomington, IN : Slavica Publishers, 2002.
HD8526 .N48 2002.
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Corporate social responsibility / Christopher Wickert, David Risi.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD60 .W53 2019EB.
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Managing global supply chains / Yui-yip Lau, Adolf K.Y. Ng and Jorge Acevedo Alarid.
London : Anthem Press 2019.
HD38.5 .L38 2019EB.
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Sociologie des outils de gestion. English. TITLE = Management tools : a social sciences perspective / ve Chiapello, Patrick Gilbert ; In collaboration with Marion Brivot, Carine Chemin-Bouzir and Benedicte Grall.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD30.19 .C4513 2019EB.
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Cambridge handbook of open strategy / edited by David Seidl, Richard Whittington, Georg von Krogh.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD30.28 .C3479 2019EB.
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Management studies in crisis : fraud, deception and meaningless research / Dennis Tourish.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD30.4 .T68 2019EB.
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The power of standards : hybrid authority and the globalisation of services / Jean-Christophe Graz.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD9980.5 .G724 2019EB.
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Capitalism, inequality and labour in India / Jan Breman.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD4875.I5 B74 2019EB.
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Feminism and the servant problem : class and domestic labour in the women's suffrage movement / Laura Schwartz.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD8039.D52 G79 2019EB.
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Agent-based strategizing / Duncan A. Robertson.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD30.23 .R63 2019EB.
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Patient capital : the role of family firms in sustainable business / Sanjay Sharma, Pramodita Sharma.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HD62.25 .S535 2019EB.
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Management and leadership skills that affect small business survival : a resource guide for small businesses everywhere / Jamey M. Long.
London : Anthem Press 2019.
HD62.7 .L656 2019EB.
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Cotton and race across the Atlantic : Britain, Africa, and America, 1900 -1920 / Jonathan E. Robins.
Rochester, NY : University of Rochester Press, 2016.
HD9087.A2 R63 2016EB.
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Worker participation and the politics of reform / edited by Carmen Sirianni.
Philadelphia : Temple University Press, 1987.
HD5650 .W645 1987EB.
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Liberalism at work : the rise and fall of OSHA / Charles Noble.
Philadelphia : Temple University Press, 1986.
HD7654 .N63 1986EB.
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Sisterhood denied : race, gender, and class in a New South community / Dolores E. Janiewski.
Philadelphia : Temple University Press, 1985.
HD6073.T62 U65 1985EB.
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The rise and fall of OPEC in the twentieth century / Giuliano Garavini.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HD9560.5EB.
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Constructing organizational life : how social-symbolic work shapes selves, organizations, and institutions / Thomas B. Lawrence and Nelson Phillips.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HD58.7EB.
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Institutions and organizations : a process view / Trish Reay, Tammar B. Zilber, Ann Langley, and Haridimos Tsoukas.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HD58.7EB.
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HE
Lives on the line : how the Philippines became the world's call center capital / Jeffrey J. Sallaz.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
HE8789.P45EB.
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HF
Smugglers, pirates, and patriots : free trade in the age of revolution / Tyson Reeder.
Philadelphia : University of Pennsylvania, [2019].
HF3025 .R44 2019.
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The burden of choice : recommendations, subversion, and algorithmic culture / Jonathan Cohn.
New Brunswick, New Jersey : Rutgers University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HF5415.32 .C643 2019.
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Emerging powers in the international economic order : cooperation, competition and transformation / Sonia E. Rolland, David M. Trubek.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HF1411 .R65 2019EB.
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Africa and the Indian Ocean world from early times to circa 1900 / Gwyn Campbell.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HF1611.Z4 S6442 2019EB.
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HG
The promise and peril of credit : what a forgotten legend about Jews and finance tells us about the making of European commercial society / Francesca Trivellato.
Princeton : Princeton University Press 2019. IMPRINT = 2019.
HG3729.E852 T75 2019.
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HJ
Tax credits for the working poor : a call for reform / Michelle Lyon Drumbl.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HJ4653.C73 D78 2019EB.
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HM
The perils of perception : why we're wrong about nearly everything / Bobby Duffy.
London : Atlantic Books, 2018.
HM651 .D84 2018.
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Conformity : the power of social influences / Cass R. Sunstein.
New York : New York University Press, [2019].
HM1246 .S86 2019.
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Making a difference : using sociology to create a better world / Michael Schwalbe (North Carolina State University).
New York, NY : Oxford University Press, [2020]. IMPRINT = 2020.
HM585 .S39 2020.
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The cleaners / Gebrueder Beetz Filmproduktion in co-production with Grifa Filmes and WDR, NDR, RBB, VPRO and I Wonder Pictures ; in association with ARTE, NHK, PLAY TV and BBC ; co-producers, Fernando Dias, Maurcio Dias, Reinhardt Beetz ; producer, Georg Tschurtschenthaler ; produced by Christian Beetz ; a film by Hans Block & Moritz Riesewieck.
[Sausalito, Calif.] : [Ro*Co Films Educational], [2018].
HM851 .C63 2018.
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The anthropology of the future / Rebecca Bryant, Universiteit Utrecht, The Netherlands; Daniel M. Knight, University of St Andrews, Scotland.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY, USA : Cambridge University Press, 2019.
HM656 .B79 2019.
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Second thoughts and the epistemological enterprise / Hilary Kornblith, University of Massachusetts, Amherst.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HM1033 .K66 2019.
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The four : the hidden DNA of Amazon, Apple, Facebook, and Google / Scott Galloway.
New York, New York : Portfolio, Penguin, [2017]. IMPRINT = 2017.
HM851 G35 2017.
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The development of a theory of social structure and personality / Melvin L. Kohn.
London : Anthem Press 2019.
HM706 .K64 2019EB.
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Anatomies of revolution / George Lawson.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HM876 .L39 2019EB.
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How mediation works : resolving conflict through talk / Angela Garcia.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HM1126 .G36 2019EB.
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Organization outside organizations : the abundance of partial organization in social life / edited by Gran Ahrne, Nils Brunsson.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HM786 .O743 2019EB.
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Das Geschlecht der Inklusion / Jurgen Budde, Susanne Offen, Anja Tervooren (Hrsg.).
Leverkusen-Opladen : Budrich, Barbara, 2016.
HM683EB.
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Nurturing our humanity : how domination and partnership shape our brains, lives, and future / Riane Eisler and Douglas P. Fry.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
HM1111 .E37 2019EB.
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The origins of unfairness : social categories and cultural evolution / Cailin O'Connor.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
HM1176EB.
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HN
Violent extremists : understanding the domestic and international terrorist threat / Thomas R. Mockaitis.
Santa Barbara, California : Praeger, an imprint of ABC-CLIO, LLC, [2019]. IMPRINT = 2019.
HN49.R33 M63 2019.
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Race after technology : abolitionist tools for the new Jim code / Ruha Benjamin.
Medford, MA : Polity, 2019. IMPRINT = 2019.
HN90.I56 B46 2019.
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The conspiracy of capital : law, violence, and American popular radicalism in the age of monopoly / Michael Mark Cohen.
Amherst : University of Massachusetts Press, [2019].
HN90.R3 C64 2019.
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Keeping the peace : spatial differences in Hindu-Muslim violence in Gujarat in 2002 / Raheel Dhattiwala.
New York : Cambridge University Press, 2019.
HN690.G83 D43 2019.
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The power of place : contentious politics in twentieth-century Shanghai and Bombay / Mark W. Frazier.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019.
HN740.S484 F73 2019.
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Replacing GDP by 2030 : towards a common language for the well-being and sustainability community / Rutger Hoekstra, MetricsForTheFuture.com.
Cambridge, UK ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HN25 .H64 2019.
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From supplication to revolution : a documentary social history of imperial Russia / [compiled and with introductions by] Gregory L. Freeze.
New York : Oxford University Press, 1988.
HN526 .F74 1988.
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The crisis behind the eurocrisis : the eurocrisis as a multidimensional systemic crisis of the EU / edited by Eva Nanopoulos and Fotis Vergis.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HN373.5 .C75 2019EB.
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Making the revolution : histories of the Latin American left / edited by Kevin A. Young.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HN110.5.A8 M327 2019EB.
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Mapping the elite : power, privilege, and inequality / Surinder S. Jodhka and Jules Naudet.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
HN690.Z9EB.
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HQ
Women of Westminster : the MPs who changed politics / Rachel Reeves.
London : I.B. Tauris, 2019. IMPRINT = 2019.
HQ1236.5.G7 R44 2019.
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Gay life stories : same-sex desires in post-revolutionary Iran / Jn Ingvar Kjaran.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, 2019.
HQ76.3.I7 K43 2019.
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Major concepts in Spanish feminist theory / Roberta Johnson.
Albany : State University of New York Press, 2019.
HQ1692 .J64 2019.
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Children's voices from the past : new historical and interdisciplinary perspectives / Kristine Moruzi, Nell Musgrove, Carla Pascoe Leahy, editors.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
HQ767.87 .C49 2019.
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Figurations of the feminine in the early French women's press, 1758-1848 / Siobhn McIlvanney.
Liverpool : Liverpool University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HQ1616 .M35 2019.
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Framing the fight against human trafficking : movement coalitions and tactical diffusion / Amanda D. Clark.
Lanham, Maryland : Lexington Books, [2019]. IMPRINT = 2019.
HQ281 .C59 2019.
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Women and inequality in the 21st century / edited by Brittany C. Slatton and Carla D. Brailey.
New York : Routledge, 2019.
HQ1155 .W66 2019.
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Sagan af Gurnu Ketilsdttur. English. TITLE = A tale of a fool? : a microhistory of an 18th-century peasant woman / Gun Hallgrmsdttir.
Abingdon, Oxon ; New York, NY : Routledge, 2019.
HQ1677.5.G83 G8313 2019.
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Anti-Elektra. English. TITLE = Anti-Electra : the radical totem of the girl / Elisabeth von Samsonow ; translated by Anita Fricek and Stephen Zepke.
Minneapolis : University of Minnesota Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
Walmart refurbished laptops .S24213 2019.
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Migrant crossings : witnessing human trafficking in the U.S. / Annie Isabel Fukushima.
Stanford, California : Stanford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HQ281 .F85 2019.
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Polygamy : an early American history / Sarah M.S. Pearsall.
New Haven : Yale University Press, [2019].
HQ981 .P43 2019.
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Los escogidos / Patricia Nieto ; prlogo de Cristian Alarcn.
Buenos Aires : Editorial Marea, [2018]. IMPRINT = 2018.
HQ1073.5.C72 P84 2018.
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Everything must fall / director: Rehad Desai ; producers: Anita Khanna, Rehad Desai, Zivia Desai Keiper.
Johannesburg, South Africa : Uhuru Productions, [2018]. IMPRINT = 2018. IMPRINT = Brooklyn, NY : Icarus Films, [2018].
HQ799.9.P6 E85 2018.
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Pleasure activism : the politics of feeling good / written and gathered by adrienne maree brown.
Chico, CA : AK Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HQ1155 .B76 2019.
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Children in changing worlds : sociocultural and temporal perspectives / edited by Ross D. Parke, Glen H. Elder, Jr.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HQ792.U5 C4317 2019EB.
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Riskante Leben? Geschlechterordnungen in der Reflexiven Moderne.
Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2012.
HQ1075EB.
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Geschlechtertypisierungen im Kontext von Familie und Schule.
Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2006.
HQ1075EB.
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Care - Wer sorgt fr wen?
Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2010.
HQ519EB.
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Geschlechterforschung in der Kritik.
Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2005.
HQ18.55EB.
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Geschlecht - Sozialisation - Transformationen.
Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2015.
HQ1236EB.
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The Oldest Vocation : Christian Motherhood in the Medieval West / Clarissa W. Atkinson.
Ithaca, NY : Cornell University Press, [2019]. IMPRINT = 1994.
HQ759EB.
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Noble Bondsmen : Ministerial Marriages in the Archdiocese of Salzburg, 1100-1343 / John B. Freed.
Ithaca, NY : Cornell University Press, [2019]. IMPRINT = 1995.
HQ621EB.
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How to be childless : a history and philosophy of life without children / Rachel Chrastil.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
HQ734 .C5554 2019EB.
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Women's activism, feminism, and social justice / Margaret A. McLaren.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
HQ1236.5.I4 M395 2019EB.
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The politics of marriage in medieval India : gender and alliance in Rajasthan / Sabita Singh.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
HQ670.15EB.
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HT
Slavery, gender, truth, and power in Luke-Acts and other ancient narratives / Christy Cobb.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019].
HT915 .C63 2019.
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Possessed by the right hand : the problem of slavery in Islamic law and Muslim cultures / by Bernard K. Freamon.
Leiden ; Boston : Brill, [2019]. IMPRINT = 2019.
HT919 .F74 2019.
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Toward sustainable communities : solutions for citizens and their governments / Mark Roseland.
Gabriola Island, BC : New Society Publishers, 2012. IMPRINT = 2012.
HT169.C2 R67 2012EB.
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Multicriteria analysis for environmental planning and assessment / Davide Geneletti.
London : Anthem Press 2019.
HT166 .G46143 2019EB.
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Plantation slavery in the Sokoto caliphate : a historical and comparative study / Mohammed Bashir Salau.
Suffolk : Boydell & Brewer 2018.
HT1331 .B365 2018EB.
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HV
Rebuilding lives after genocide : migration, adaptation and acculturation / Linda Asquith.
Cham : Palgrave Macmillan, 2019. IMPRINT = 2019.
HV6322.7 .A87 2019.
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Orphans of empire : the fate of London's foundlings / Helen Berry.
Oxford : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HV847.G7 B47 2019.
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From freedom fighters to jihadists : human resources of non-state armed groups / edited by Vera Mironova.
New York, NY : Oxford University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HV6433.S95 F76 2019.
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Bribery and corruption in weak institutional environments : connecting the dots from a comparative perspective / Shaomin Li.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HV6768 .L57 2019.
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Terrore e modernit. English. TITLE = Terror and modernity / Donatella Di Cesare ; translated by Murtha Baca.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HV6431 .D5313 2019.
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After the Caliphate : the Islamic State and the future of the terrorist diaspora / Colin P. Clarke.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity Press, 2019.
HV6433.I722 C63 2019.
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Art from trauma : genocide and healing beyond Rwanda / edited and with an introduction by Rangira Ba Gallimore and Gerise Herndon ; foreword by Patricia A. Simpson.
Lincoln : University of Nebraska Press, [2019].
HV6322.7 .A78 2019.
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The historical roots of political violence : revolutionary terrorism in affluent countries / Ignacio Snchez-Cuenca, Carlos III University of Madrid.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
HV6431 .S2552 2019.
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Holding on : family and fatherhood during incarceration and reentry / Tasseli McKay, Megan Comfort, Christine Lindquist, and Anupa Bir.
Oakland, California : University of California Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HV8886.U6 M35 2019.
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ISIS and the pornography of violence / Simon Cottee.
London : Anthem Press 2019.
HV6433.I722 C69 2019EB.
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Policing citiziens : minority policy in Israel / Guy Ben-Porat, Fany Yuval.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HV8242.2.A2 B45 2019EB.
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Ambient integrated robotics : automation and robotic technologies for maintenance, assistance, and service / Thomas Bock, Thomas Linner, Jrg Gttler, Kepa Iturralde.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
HV1569.5 .B59 2019EB.
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Stiftungen, Zivilgesellschaft und soziale Differenz : eine qualitative Studie zu gesellschaftspolitischen Stiftungsprojekten / Nilgn Dalar-Sezer.
Opladen : Budrich UniPress, Ltd., 2019.
HV70EB.
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HX
Zoar : the story of an intentional community / Kathleen M. Fernandez.
Kent, Ohio : Kent State University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
HX656.Z8 F47 2019.
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JA
Modernity and the political fix / Andrew Gibson.
London, UK ; New York, NY, USA : Bloomsbury Academic, 2019.
JA71 .G537 2019.
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loge de la politique. English. TITLE = In praise of politics / Alain Badiou with Aude Lancelin ; translated by Susan Spitzer.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity Press, 2019.
JA71 .B26413 2019.
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Generation left / Keir Milburn.
Cambridge, UK ; Medford, MA, USA : Polity Press, 2019.
JA83 .M55 2019.
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Re-thinking contemporary political behaviour : the difference that agency makes / Sadiya Akram.
Abingdon, Oxon ; New York, NY : Routledge, an imprint of the Taylor & Francis Group, 2019.
JA76 .A4335 2019.
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State domination and the psycho-politics of conflict : power, conflict and humiliation / Daniel Rothbart.
London ; New York, NY : Routledge, 2019.
JA74.5 .R68 2019.
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Post-truth, philosophy and law / edited by Angela Condello and Tiziana Andina.
Abingdon, Oxon ; New York, NY : Routledge, 2019.
JA75 .P67 2019.
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Political order in changing societies / Samuel P. Huntington ; foreword by Francis Fukuyama.
New Haven, Conn. ; London : Yale University Press, 2006.
JA66 .H795 2006.
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Oxford studies in political philosophy. Volume 5 / David Sobel, Peter Vallentyne, and Steven Wall.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
JA71EB.
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JC
Human rights discourse in the post-9/11 age / Kanishka Chowdhury.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, [2019]. IMPRINT = 2019.
JC571 .C46 2019.
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A thousand small sanities : the moral adventure of liberalism / Adam Gopnik.
New York : Basic Books, 2019. IMPRINT = 2019.
JC574 .G67 2019.
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Populism and liberal democracy : a comparative and theoretical analysis / Takis S. Pappas.
Oxford : Oxford Universtiy Press, 2019. IMPRINT = 2019.
JC423 .P268 2019.
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Religion and human security in Africa / edited by Ezra Chitando and Joram Tarusarira.
London ; New York : Routledge, 2019.
JC599.A357 R45 2019.
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Foucault, neoliberalism, and beyond / edited by Stephen W. Sawyer and Daniel Steinmetz-Jenkins.
London ; Lanham, Maryland : Rowman & Littlefield International, [2019]. IMPRINT = 2019.
JC261.F68 F69 2019.
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Ill winds : saving democracy from Russian rage, Chinese ambition, and American complacency / Larry Diamond.
New York : Penguin Press, 2019. IMPRINT = 2019.
JC423 .D556 2019.
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Populist discourse : critical approaches to contemporary politics / edited by Encarnacin Hidalgo-Tenorio, Miguel-Angel Benitez-Castro, Francesca De Cesare.
London : Routledge, Taylor & Francis Group, [2019]. IMPRINT = 2019.
JC423 .P67 2019.
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Democracy may not exist, but we'll miss it when it's gone / Astra Taylor.
New York, New York : Metropolitan Books, 2019. IMPRINT = 2019.
JC423 .T28 2019.
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Human rights and U.S. foreign policy : prevarications and evasions / Clair Apodaca.
New York, NY : Routledge, 2019. IMPRINT = 2019.
JC599.U5 A66 2019.
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Krise der Demokratie und wie wir sie berwinden. English. TITLE = Democracy in crisis : the neoliberal roots of popular unrest / Boris Vormann and Christian Lammert ; translated by Susan H. Gillespie.
Philadelphia : University of Pennsylvania Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
JC423 .V6713 2019.
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Empire of democracy : the remaking of the West since the Cold War, 1971- 2017 / Simon Reid-Henry.
New York : Simon & Schuster, 2019. IMPRINT = 2019.
JC421 .R417 2019.
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Liberalism, diversity and domination : Kant, Mill, and the government of difference / Inder S. Marwah, McMaster University, Ontario.
New York : Cambridge University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
JC574 .M392 2019.
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Emerging threats to human rights : resources, violence, and deprivation of citizenship / edited by Heather Smith-Cannoy.
Philadelphia, Pennsylvania : Temple University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
JC571 .E44 2019.
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Republicanism and the future of democracy / edited by Yiftah Elazar, The Hebrew University of Jeruslem, Genevive Rousselire, Duke University.
Cambridge, United Kingdom ; New York, NY, USA : Cambridge University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
JC423 .R4256 2019.
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Me the people : how populism transforms democracy / Nadia Urbinati.
Cambridge, Massachusetts : Harvard University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
JC423 .U776 2019.
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Educating liberty : democracy and aristocracy in J.S. Mill's political thought / Chris Barker.
Rochester, NY, USA : University of Rochester Press, 2018.
JC223.M66 B37 2018EB.
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Tyrants : power, injustice, and terror / Waller R. Newell.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JC381 .N44 2019EB.
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The Anthem companion to Alexis de Tocqueville / edited by Daniel Gordon.
London : Anthem Press 2019.
JC229.T8 A57 2019EB.
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Undocumented nationals : between statelessness and citizenship / Wendy Hunter.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JC801 .H96 2019EB.
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Sovereignty in action / edited by Bas Leijssenaar, Neil Walker.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JC327 .I44 2019EB.
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The Public and the Private in Aristotle's Political Philosophy / Judith A. Swanson.
Ithaca, NY : Cornell University Press, [2019]. IMPRINT = 1994.
JC596EB.
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Ideas that matter : democracy, justice, rights / Debra Satz and Annabelle Lever.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
JC423 .I342 2019EB.
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JF
Disruptive democracy : the clash between techno-populism and techno- democracy / Peter Bloom, Alessandro Sancino.
London ; Los Angeles : SAGE Publications, 2019.
JF799.5 .B56 2019.
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Public governance and the classical-liberal perspective jose gregorio de la rivera espiritismo political economy foundations / Paul Dragos Aligica, Peter J. Boettke, Vlad Tarko.
New York, NY : Oxford University Press, [2019].
JF1351 .A295 2019.
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Insurgent universality : an alternative legacy of modernity / Massimiliano Tomba.
New York : Oxford University Press, [2019].
JF799 .T66 2019.
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Do parties still represent? : an analysis of the representativeness of political parties in Western democracies / edited by Knut Heidar and Bram Wauters.
Abingdon, Oxon ; New York, NY : Routledge, 2019.
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Citizenship / Elizabeth Cohen, Cyril Ghosh.
Cambridge, UK ; Medford, MA : Polity Press, 2019. IMPRINT = 2019.
JF801 .C588 2019.
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Leadership studies and the desire for shared agreement : a narrative inquiry / Stan Amaladas.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JF1525.L4 A63 2019EB.
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Rules and allies : foreign election interventions / Johannes Bubeck, Nikolay Marinov.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JF1083 .B83 2019EB.
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Parliamentarism : from Burke to Weber / William Selinger.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JF1051 .S4 2019EB.
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Information, accountability, and cumulative learning : lessons from Metaketa I / edited by Thad Dunning, Guy Grossman, Macartan Humphreys, Susan D. Hyde, Craig McIntosh, Gareth Nellis.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
JF60 .I54 2019EB.
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The politics of presidential term limits / Alexander Baturo and Robert Elgie.
Oxford : Oxford University Press, 2019.
JF255EB.
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JK
Surprise, kill, vanish : the secret history of CIA paramilitary armies, operators, and assassins / Annie Jacobsen.
New York : Little, Brown and Company, 2019. IMPRINT = 2019.
JK468.I6 J336 2019.
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Presidential privilege and the freedom of information act / Kevin M. Baron.
Edinburgh : Edinburgh University Press, 2019.
JK468.S4 B37 2019.
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The death of politics : how to heal our frayed republic after Trump / Peter Wehner.
New York, NY : HarperOne, [2019]. IMPRINT = 2019.
JK1726 .W395 2019.
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Polarized : the collapse of truth, civility, and community in divided times and how we can find common ground / Keith M. Parsons, Paris N. Donehoo.
Amherst, New York : Prometheus Books, 2019.
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Why cities lose : the deep roots of the urban-rural political divide / Jonathan Rodden.
New York : Basic Books, 2019.
JK1976 .R63 2019.
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The rise of the Republican Right : from Goldwater to Reagan / Brian M. Conley.
New York, NY : Routledge, 2019.
JK2356 .C655 2019.
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Can America govern itself? / edited by Frances E. Lee, Nolan McCarty.
Cambridge, UK ; New York, NY : Cambridge University Press, 2019.
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Good enough for government work : the public reputation crisis in America (and what we can do to fix it) / Amy E. Lerman.
Chicago : The University of Chicago Press, 2019. IMPRINT = 2019.
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The Jeffords switch : changing majority status and causal processes in the U.S. Senate / Chris Den Hartog and Nathan W. Monroe.
Ann Arbor : University of Michigan Press, 2019. IMPRINT = 2019.
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The long southern strategy : how chasing white voters in the South changed American politics / Angie Maxwell, Todd Shields.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
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Pork barrel politics : how government spending determines elections in a polarized era / Andrew H. Sidman.
New York : Columbia University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
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Philadelphia communists, 1936-1956 / Paul Lyons.
Philadelphia : Temple University Press, 1982.
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Presidential campaigning in the Internet age / Jennifer Stromer-Galley.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
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The United States and Canada : how two democracies differ and why it matters / Paul J. Quirk.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
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The long southern strategy : how chasing white voters in the South changed American politics / Angie Maxwell and Todd Shields.
New York, NY : Oxford University Press, 2019.
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JL
Understanding institutional weakness : power and design in Latin American institutions / Daniel M. Brinks, Steven Levitsky, Maria Victoria Murillo.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
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The women in the room : Labour's forgotten history / Nan Sloane ; foreword by Rt Hon Harriet Harman MP.
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Resilient reporting : media coverage of Irish elections since 1969 / Michael Breen [ and four others].
Manchester : Manchester University Press, 2019. IMPRINT = 2019.
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Imperial villages : cultures of political freedom in the German lands, c. 1300-1800 / by Beat Kmin.
Leiden ; Boston : Brill, [2019]. IMPRINT = 2019.
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Der Aufbruch der Frauen in der SPD : die Entwicklung der Frauenarbeitsgemeinschaft (ASF) whrend der 1970er und 1980er Jahre / Susanne Eyssen.
Opladen : Budrich UniPress Ltd., 2019.
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Indian democracy: origins, trajectories, contestations / edited by Alf Gunvald Nilsen, Kenneth Bo Nielsen and Anand Vaidya.
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Understanding governance in contemporary Japan : transformation and the regulatory state / Masahiro Mogaki.
Manchester : Manchester University Press, 2019.
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The corrupt elites : anatomy of power and wealth in Ghana / Kwame Akon Ninsin.
Dansoman, Accra : GAVOSS Educations Plc Ltd., 2018. IMPRINT = 2018.
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The failure of democracy in Iraq : religion, ideology and sectarianism / Hamid Alkifaey.
London ; New York, NY : Routledge, Taylor & Francis Group, 2019.
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African borders, conflict, regional and continental integration / edited by Inocent Moyo and Christopher Changwe Nshimbi.
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Cultural capital and prospects for democracy in Botswana and Ethiopia / Asafa Jalata.
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Rethinking pluralism, secularism and tolerance : anxieties of coexistence / Neera Chandhoke.
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Talkative polity : radio, domination, and citizenship in Uganda / Florence Brisset-Foucault.
Athens, Ohio : Ohio University Press, [2019].
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Recasting public administration in India : reform, rhetoric, and neoliberalism / Kuldeep Mathur.
New Delhi : Oxford University Press, 2019.
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Making an urban public : popular claims to the city in Mexico, 1879-1932 / Christina M. Jimnez.
Pittsburgh, Pa. : University of Pittsburgh Press, [2019].
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JV
The society for the oversea settlement of British women, 1919-1964 / Bonnie White.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, 2019. IMPRINT = 2019.
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Changing communities : stories of migration, displacement and solidarities / Marjorie Mayo.
Bristol, UK : Policy Press, [2017]. IMPRINT = 2017.
JV6225 .M39 2017.
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No human is illegal : an attorney on the front lines of the immigration war / J.J. Mulligan Seplveda.
Brooklyn, NY : Melville House, 2019. IMPRINT = 2018.
JV6456 .M85 2019.
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This land is our land : an immigrant's manifesto / Suketu Mehta.
New York : Farrar, Straus and Giroux, 2019.
JV6465 .M44 2019.
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Beyond the city and the bridge : East Asian immigration in a New Jersey suburb / Noriko Matsumoto.
New Brunswick, New Jersey : Rutgers University Press, [2018]. IMPRINT = 2018.
JV7039.F6 M38 2018.
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Foundations of migration economics / George J. Borjas and Barry R. Chiswick ; edited by Benjamin Elsner.
Oxford ; New York : Oxford University Press, 2019.
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Insurgent empire : anticolonial resistance and British dissent / Priyamvada Gopal.
London ; New York : Verso, [2019]. IMPRINT = 2019.
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Singe de Kafka et autres propos sur la colonie. English. TITLE = Kafka's monkey and other phantoms of Africa / Seloua Luste Boulbina ; translated by Laura E. Hengehold ; foreword by Achille Mbembe.
Bloomington, Indiana : Indiana University Press, [2019]. IMPRINT = 2019.
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Economistes and the reinvention of empire : France in the Americas and Africa, c. 1750-1802 / Pernille Rge.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
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The making of Japanese settler colonialism : Malthusianism and trans- Pacific migration, 1868-1961 / Sidney Xu Lu.
Cambridge : Cambridge University Press, 2019.
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Migration in Austria / Gnter Bischof, Dirk Rupnow (eds.).
New Orleans, LA : UNO Press, [2017].
JV7820 .M54 2017EB.
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Das Geschlecht der Migration - Bildungsprozesse in Ungleichheitsverhltnissen.
Leverkusen-Opladen : Verlag Barbara Budrich, 2013.
JV6225EB.
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JZ
International justice after the Cold War : essays with applications / Aleksandar Jokic.
New York, NY : Peter Lang Publishing, Inc., [2018]. IMPRINT = 2018.
JZ1306 .J65 2018.
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Believers, skeptics, and failure in conflict resolution / Ian S. Spears.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, 2019.
JZ5538 .S64 2019.
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The aftermath of defeats in war : between revenge and recovery / Ibrahim M. Zabad.
Cham, Switzerland : Palgrave Macmillan, 2019.
JZ6385 .Z33 2019.
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Regional security in the Middle East : a critical perspective / Pinar Bilgin.
Milton Park, Abingdon, Oxon ; New York, NY : Routledge, 2019.
JZ6009.M628 B55 2019.
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Theorizing international relations : a dialectical approach / Andreas H. Hvidsten.
Lanham, Maryland : Lexington Books, [2019]. IMPRINT = 2019.
JZ1305 .H85 2019.
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Resolving international conflict : dynamics of escalation, continuation and transformation / chase bank login to my account login by Isabel Bramsen, Poul Poder and Ole Wver. jose gregorio de la rivera espiritismo London ; New York : Routledge, Taylor & Francis Group, 2019.
JZ5601 .R47 2019.
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Nuclear disarmament : a critical assessment / edited by Brd Nikolas, Vik Steen and Olav Njlstad.
London ; New York, NY : Routledge, Taylor & Francis Group, 2019.
JZ5675 .N835 2019.
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Comparing peace processes / edited by Alpaslan zerdem and Roger Mac Ginty.
London ; New York, NY : Routledge Taylor & Francis Group, 2019. IMPRINT = 2019.
JZ6010 .C64 2019.
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Источник: https://cul.colgate.edu/node/3501
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ZOMBI ASTAL, ESPIRITU DE CAUSA. Anima Sola, Intranquil Spirit Known by many names in many cultures, such as Intranquil Spirits, Espíritus Intranquilos, Perturbados, Espiritu Endurecido, these lower lever Spirits or Espíritus de Bajo Astral are often the cause of many an individual’s minor problems, and if not dealt with accordingly by a well developed Espiritista, Brujo or Shaman, can cause an individual minnesota state university mankato clothing harm. El Espiritu de Bajo Astral or Espiritu de Causa also known as a “Zombie Astral” is a part of the human soul that is captured by a Muertero or a Bokor who practices Necromancy and uses the entrapped Soul to either enhance the Bokor’s or Muertero’s spiritual power, or as a Slave to harm an individual. It is believed both in Haitian Vodou and Puerto Rican Sanse. that, after a time, Bondye, Papa Dios Todopoderoso, (God) will take the soul back and so the Zombie Astral or Espiritu de Causa is a temporary spiritual entity. But with the help of a developed Medium, Espiritista one can speed up the process. It is believed that El Barón del Cementerio, Baron Samedi gathers the souls of the Dead from their grave to bring them to a heavenly afterlife in Guinea, unless they had offended him in some way, in which case they would be forever a slave after death, as a zombie astral.  The easiest way to offend the Barón del Cementerio, is through an unnatural death which is by either a violenr murder, or suicide, which causes the soul not to be able to cross the threshhold into the realm of the Ancestors, and linger close to the realm of the living. Legend tells the tale of how when men where crucified, women where in charge of taking a pale of water and from a sponge attached to a long wooden pole, they would soak it in water and would give the crucified victims water to quench their thirst. On the evening of Good Friday when Jesus Christ was crucified a woman by the name Maria Celestina Abdenago brought water to the three upon the cross. She gave Dysmas and Gesmas water but for some reason she feared the savior, and did not give him water to drink. When Maria Celestina Abdenago died many years later she was sent to purgatory for denying the savior water. Another legend tells the merrick pre qualify credit card of how Maria Celestina Abdenago was a sorceress who practiced the black arts and when Jesus was carrying the heavy wooden cross through the streets, as he passed her house she ran into the street, up to him and spat in his face. Thus going to purgatory for her offense and insult done to the savior. A popular Mexican and Spanish Anima Sola is el Anima Sola de Juan Minero, or John the Miner. For his sins on earth Juan Minero toils and labors hard in purgatory mining coal to feed the flames of both Hell and purgatory. His sin, tradition says that in a fit of rage he would enter into Holy Temples and shrines and defile the altars, by blowing out candles and stealing lanterns and spilling holy water on the ground. The most popular image of an Anima Sola depicts a woman in a dungeon set into flames as she looks up towards the heavens. Her chains are broken and she looks at peace, as if the flames consuming her soul do not bother her. She patiently awaits the saviors forgiveness of her sins, as her arms are stretched upwards as if the savior has sent the Queen of Angels to set her free from her torment. The infamous famous image of the Anima Sola is of Maria Celestina Abdenago. This is also known as la Anima Sola Más Desamparada. Many who don’t know much of the Anima Sola assume that there is only one, when in reality there are countless souls in the “Catholic’ purgatory or lower spiritual plane, cleansing there sinful souls before being forgiven and reaching a higher spiritual plane. The Lone Souls in Purgatory are not evil spirits, as their souls are not damned to a Catholic Hell persay, they are the souls of sinners who because of their mortal sins cannot reach the Kingdom of Heaven until there souls have been purified from their earthly wrong doings.  Many people in Latin American counties pray to the Anima Sola and they are often invoked in love spells. On Mondays they are offered water, a white candle to give them light and many offer them cigars, cigarettes and strong liquor such as rum, whiskey or a can of beer. The Anima Sola are venerated on el Dia de las Animas, November 2nd the day of All Souls Day, as special Masses are done in honor of them. In Mexico this day is called, El Dia de los Muertos, or Day of the Dead. In Haitian Vodou, Mambo Marinette is a cruel and vicious loa who was elevated to a lwa after her death. In her Petro form she is called Marinette Bras Cheche / Marinette Bwa Chech (Marinette of the Dry Arms) or Marinette Pied Cheche (Marinette of the Dry Feet) suggesting that she is skeletal. She is believed to be the Mambo who sacrificed the black pig at the culmination of the start of the first Haitian Revolution. While she is feared and tends to ride those she possesses violently, she can also be seen as one who frees her people from bondage. Mambo Marinette is represented by a screech owl and is often seen as the protector of werewolves. Her Catholic counterpart is the Anima Sola or the Forsaken Soul of Purgatory who can either free one from bondage or drag you back. Her colors are jose gregorio de la rivera espiritismo and deep blood red. Mambo Marinette is not cruel. She only gets cruel in possession, when people burn animals or humans. Her colors are red and black. She likes Salvia, black pepper, lavender and sweets. In Sanse she is viewed as Mambo Maiza, and works as an incubus / succubus that works under Papa Legba. In Cuban Santeria she is Antonia Gervasio. In the times of slavery, Antonia Gervasio was a beautiful some say mulatto others say black woman who was born and died in the Ocha Lukumi Santería faith. She had a lover who brutally rapped her and beat her, and then proceeded bind her to a tree and lit a bonfire and burn her alive. Before she died a painful and horrible death Antonia Gervasio cursed the lover and all his decendants. In the Venezuela tradition of Maria Lionza Espiritismo their exists many famous Animas such as Francisca Duarte, el ánima de Taguapire who is known as Mama Pancha, or Panchita Durante, others such as José Zambrano, el Anima de Pica Pica, Maximiliano González, el ánima de la Yaguara, Juan Salazar el Anima de Güigüe, Anima de José Gregorio Rivera, Anima de Juan Bautista Morillo, El Anima del Padre Magne, López Chirinos, el anima del Chaparro, Anima dw Flores Brito, Anima de Jacinta Flores, El ánima del Samán Llorón, Anima de María Francia and the now famous amongst young Venezuelan María Lionzero Espiritistas as Las Animas de la Corte Cale o Malandra, each with their own colorful history and legend. Vodou, Macumba, Quimbanda, Santeria, Espiritismo, Cruzado, Hoodoo, Ghede, Guede, Umbanda, Brujeria, Necromancy, Occult, Voodoo, Witchcraft, Witches, Zombi, Papa, Bokor, Boco, Boko, Sansista, Intranquil, Spirits, MUERTO PUESTO, MUERTO REPUESTO

Источник: https://elemental-witch.tumblr.com/post/151063720690/zancista-zombi-astal-espiritu-de-causa-anima

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